Co18006a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy está tomado del capítulo doce de San Lucas. Es una parábola, un mensaje que Cristo da y que tiene una relación inmediata con las riquezas de este mundo; pero, si lo pensamos mejor, tiene que ver también con cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros tiene alguna forma de riqueza. Recordemos que es lo que plantea esta parábola: es el caso de un hombre que tiene una gran cosecha y que mira su propio futuro asegurado por los muchos bienes; y piensa: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida" (Lc 12, 18-19); y en todo ese discurso, y en todos esos pensamientos, este hombre, solamente, está pensando en sí mismo, no hay espacio para nadie más, no hay otra consideración, no hay ni siquiera un cuestionamiento sobre su propia postura, le parece tan completamente natural, parece estar tan absolutamente concentrado en su propio yo, que ni siquiera se pregunta si las cosas pueden ser o deben ser de otra manera; esa es la parábola (cf. Lc 12,16-21).

Ahora bien, ¿qué tiene que ver eso con cada uno de nosotros? Démonos cuenta de cómo esa manera de estar completamente centrado en su proyecto, en sus objetivos, en su felicidad, es algo que nos tienta a todos; quizá nosotros no tenemos una gran cosecha, quizá no tenemos asegurados nuestros bienes para muchos años; pero, tal vez, sí vivimos super-centrados únicamente en nuestros objetivos. A mí me llama la atención cuando escucho, por ejemplo, a algunas personas jóvenes hablar sobre su futuro, y entonces dicen: “voy a estudiar tal carrera, porque quiero lograr tales metas, porque después quiero hacer este estudio, porque entonces quiero tener este trabajo”; y yo me pregunto, si esa persona, que tal vez no tiene todo el dinero del hombre de la parábola, sí, en cambio, tiene la misma lógica del hombre de la parábola, porque esa persona está únicamente mirando por sí misma y por su propio futuro. Y el problema es que cuando uno está completamente centrado en sí mismo, pues, en el fondo no tiene prójimo, y si no tiene prójimo, ¿cómo ve a los otros seres humanos? Pues, los otros seres humanos son mi competencia, o son mi herramienta, o son mi juguete, o son paisaje, o son estorbo; pero, no llegan a ser nunca hermanos.

Por supuesto, si dos personas que tienen esa manera de pensar, se encuentran supuestamente para formar un hogar, pues ya te darás cuenta lo que va a pasar: cada uno está pensando solamente en avanzar en su proyecto, en hacer las cosas a su manera, y desde luego, tarde o temprano, esos intereses no van a coincidir, y entonces, “espérate, tú vas hacia allá, yo voy hacia acá, eso significa que esto se acabó”. No puede haber estabilidad, no puede haber solidez, no puede haber verdadero amor, no puede haber verdadera unidad. Si este análisis es correcto, debemos suponer, que hombres y también mujeres con la lógica de la parábola que nos plantea Cristo, son demasiado frecuentes en nuestro tiempo; hay demasiadas personas, que tal vez están viviendo con esa manera de pensar; hay demasiadas personas que al parecer, son esclavas de ver únicamente hacia sí mismas, y por eso conviene regresar al mensaje del Evangelio, conviene regresar a aquel que nos dio el Evangelio, regresar a Jesús, y decirle: “Mira, mi cosecha, mis talentos, mis bienes, mi futuro, eso son mis tesoros; dame la luz, dame la gracia, dame el camino, porque no quiero terminar mis días en la soledad y el absurdo, de aquel que finalmente no supo para qué había venido a esta tierra.