Co17002a

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Fecha: 19980726

Título: La oracion que Cristo nos ensena

Original en audio: 12 min. 29 seg.


Queridos Amigos:

Las lecturas de este día nos hablan de oración, y nos invitan a orar.

Abraham, que intercede casi tercamente ante Dios, pide la salvación de los justos, incluso en ese ambiente tan corrupto de Sodoma y Gomorra.

Jesús, que nos invita a perseverar orando, nos da como una fórmula de oración, el Padre Nuestro. Nos dice que pidamos, y recibiremos; que llamemos a la puerta, y se nos abrirá; que busquemos, y así llegaremos a encontrar.

¡La oración! Probablemente nosotros, lo mismo que este discípulo que vio a Jesús orar, tendríamos que decirle al mismo Señor: "Enséñanos a orar".

Estamos aturdidos de ruido y de prisa; vivimos de afán; tenemos que trabajar muy fuerte para poder descansar muy intensamente. Yo creo que desde la universidad, muchas personas se acostumbran a trabajar muy duro para poder descansar muy duro.

Un caso típico es una semana de estudio que termina en un viernes de licor, en un sábado de fiesta, en un domingo de paseo. Huimos del trabajo descansando, y volvemos del descanso a seguir trabajando. Pero, probablemente, en ambos lugares estamos ausentes de nosotros mismos, probablemente, estamos lejos de nosotros.

Cuando San Agustín se encontró con Dios, le dijo a Dios: "Tú estabas dentro de mí, y yo estaba afuera". En otra ocasión, el mismo Santo dijo: "Dios está más dentro de nosotros que nosotros mismos".

Nuestro tiempo requiere de maestros de oración. Lamentablemente, no hay muchos maestros de oración, o tal vez sí los hay, pero no los conocemos, o no nos interesan. Y por eso estamos buscando cosas que se parecen a la oración: por ejemplo, la meditación trascendental.

Decir uno en la empresa, en la oficina, en la universidad, que es una persona de oración, eso puede sonar ridículo; pero decir uno, que está haciendo un curso de meditación trascendental, eso tiene cierto caché, tiene cierta altura.

Decir uno, que uno reza el rosario, puede suscitar risas; pero decir uno, que está aprendiendo a meditar, o que hace ejercicios de relajación, de concentración, de visualización, de todo ese tipo de cosas, eso tiene como más salida, tiene como más popularidad, tiene como mayor aceptación en nuestro medio.

Y por eso vale la pena que dediquemos un instante a ver cuál es la diferencia entre la oración que Cristo nos propone, y este género de ejercicios. Supongamos, por ejemplo, una persona que llega a una iglesia, y ora.

¿De qué manera ora? No sabemos, por el momento; no es el caso. Y supongamos otra persona, que se sienta, por ejemplo, junto a una quebrada a meditar, a descubrir la armonía con el universo, o algo parecido.

¿En qué se parecen, y en qué se diferencian esas dos personas? Se parecen en que ambas han sacado un tiempo de sus actividades. La oración se sale del ritmo frenético del trabajo, pero se sale también del ritmo del descanso.

Porque el descanso, el paseo y el disfrute hoy, son tan pesados, que muchas personas sienten cuando llegan de vacaciones, que tienen que descansar de las vacaciones antes de poder entrar a trabajar. ¡Son pesadas las vacaciones!

Entonces las dos personas se parecen en que han sacado un tiempo de sus actividades normales, un tiempo como de recogimiento, un tiempo en el que se retiran, se separan de lo que les rodea. En eso se parecen.

Pero ¿cuál es el principio de todas las relajaciones, y de todas las meditaciones? Siempre es el mismo: "¡Respire! ¡Respire! ¡Sienta su respiración, no piense en nada, deje la mente en blanco! Si le queda muy difícil, intente visualizar una escena amable, tranquila; por ejemplo, una cascada; por ejemplo, la suave brisa sobre un trigal. Usted esté tranquilo, esté sereno, respire, deje su mente en blanco".

Yo no digo que esto sea ni bueno ni malo. Lo que digo es que esa no es la oración. Esa no es la oración que nos enseña Cristo; porque la primera y fundamental diferencia es que en esos ejercicios de meditación, la persona va como detrás del vacío, de la nada en el todo del universo, de la luz.

Ahí no hay alguien. Y resulta que lo primero que aparece en la oración cristiana, es que está dirigida a Alguien, ese Alguien a quien llamamos Padre. Nuestra oración es un encuentro, no es un estado mental.

Algunas personas pueden creer que porque tienen ciertas experiencias en sus estados mentales, eso reemplaza la oración. Muchas señoras están hoy haciendo cursos de yoga. Y en los cursos de yoga, pues, obviamente, les enseñan la relajación: "Respire, ponga la columna derecha, respire profundo, descanse, deje la mente en blanco".

Y esta experiencia le hace sentir a la señora que hizo algo parecido a la oración, y a veces creemos que esas son experiencias espirituales. Bueno, ustedes ya se imaginarán que toda esta confusión proviene del lenguaje de la Nueva Era. Porque creemos que eso es espiritualidad. Ahí también hay una gran confusión.

La espiritualidad no es un estado mental, no es una manera de sentirse uno. La espiritualidad cristiana es la obra de una Persona que es el Espíritu Santo, que obra como Señor y Dador de vida, que transforma, que denuncia, que consuela, que intercede. San Pablo dice que "gime en nosotros con gemidos inefables" Carta a los Romanos 8,26.

Entonces estamos viendo diferencias. En la oración cristiana nos encontramos con Alguien, es Alguien distinto de mí. No es una sensación en mi mente, en mi cerebro. ¡No! Es un encuentro con Alguien.

Y segunda diferencia: La espiritualidad de la que nos habla la Nueva Era, la espiritualidad de la que hablan muchas personas hoy, no es tal espiritualidad, sino es simplemente que la persona es menos materialista que otros.

La espiritualidad de la Nueva Era se define por oposición con la materialidad. Si una persona no está tan obsesionada como yo con la plata y el trabajo, entonces, de pronto, diré, que es espiritual.

La espiritualidad cristiana no se define por ser antimateria, antimaterial o anticorporal, sino por ser el encuentro con una Persona, que es regalo, que es don, que es gracia, y que es el Espíritu Santo.

Hay otra diferencia. En la Nueva Era, y en general en esos métodos de meditación, en el fondo, de lo que se trata, es de enchufarse como a una fuente de poder. La persona va encontrando una armonía, se va como sumergiendo en un océano de fuerza, de vida, que va saliendo. Y de ahí, la persona encuentra como luz, y encuentra como energía para su vida.

Es decir, en ese esquema no hay una petición, propiamente. Y esto es lógico. Si no me estoy encontrando con nadie, pues no tengo tampoco a quien pedirle.

En la oración cristiana hay agradecimiento, hay alabanza, hay súplica, hay intercesión.

Es muy importante que sepamos, que los ejercicios de meditación de la Nueva Era o cosas parecidas, son ejercicios de perfeccionamiento espiritual, mientras que los ejercicios espirituales, en razón del Espíritu Santo, los ejercicios espirituales como el orar cristiano, son ejercicios que sensibilizan el corazón a la gloria de Dios, es decir, que Él sea más conocido, que Él sea más amado, y a las necesidades de los hermanos.

Los métodos de meditación han nacido todos del budismo, todos o casi todos. Y el ideal budista es que yo me disuelva en el ser, y así alcance mi plenitud. El budismo es muy elegante, sobre todo cuando uno lo mira en películas como las de Kung Fu.

Es muy elegante y parece muy humanitario. Pero la palabra misericordia, el gastarse por alguien, el darse a alguien, el que yo pueda ser perdonado como un regalo; regalo, gracia, cruz, perdón, misericordia, estas palabras no existen, propiamente, en el budismo.

Por consiguiente, nosotros hemos de estar como este discípulo, cerca de Jesús, orando. La oración más perfecta que tiene la Iglesia Católica es esta, en la que estamos, una oración que tiene distintas dimensiones y momentos, pero que tiene una gran unidad, y que se llama la Eucaristía.

En ella pedimos perdón por nuestros pecados, agradecemos los bienes, nos ofrecemos a Dios, le alabamos por sus beneficios, le pedimos que nos proteja con su providencia.

El mensaje entonces es: "¡No se deje engañar! ¡No pierda el contacto con Alguien, con el Dios vivo, buscando estados mentales!"

Lo que Dios promete es mayor, y Él no te va a negar el Espíritu Santo, Espíritu de Dios vivo, que orará en ti si tú se lo pides.