Co17001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19980726

Título: Seamos la oracion misma en persona

Original en audio: 27 min. 17 seg.


Amigos:

Hoy es domingo, ¡bendito sea Dios! Este es el día del Señor. La palabra domingo significa eso, “el día del Señor”. Recientemente, el Papa Juan Pablo II ha escrito un documento para recordarnos a todos lo que significa vivir el domingo, porque no es el rato del Señor, es el día del Señor.

En el día del Señor celebramos la Eucaristía, y este es el momento más importante del domingo, pero todo el domingo es para el Señor, de un modo especialísimo, pues en realidad toda nuestra vida es para Él. Para esto murió Cristo y resucitó.

Él dio su vida por nosotros, somos adquiridos por Él, le pertenecemos a precio de Sangre, como dice el Apóstol San Pablo en la Carta a los Colosenses: “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con Él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos” Carta a los Colosenses 2,12-13.

Un cristiano es alguien que ha creído en la fuerza de Dios, fuerza capaz de levantar un muerto del sepulcro; un cristiano pertenece a Dios, toda nuestra vida es de Él, pero especialmente en este día que es el domingo.

Y cada domingo venimos a la iglesia para escuchar la Palabra, oramos y nos alimentamos con la enseñanza y nos alimentamos con los sacramentos; cada domingo tienen sus propias vitaminas, tiene su propio alimento. Y nosotros hemos de venir a la iglesia con hambre, con anhelo, con deseo de escuchar la Palabra, de aprovecharla, de saciarnos en ella, de saborearla.

Hoy por ejemplo, la primera lectura del libro del Génesis y el texto del evangelio nos han hablado de la oración.

En la primera lectura hemos visto a Abraham orando, estaba suplicando por dos pequeños pueblos tristemente célebres por sus pecados, Sodoma y Gomorra, pueblos en los que la lujuria, especialmente el homosexualismo, la vanidad, la impiedad se habían adueñado de la mayor parte de la gente.

Abraham no pertenecía a estos pueblos, él no había nacido ahí; Abraham no había salido de ahí, ni esos pueblos eran parientes suyos, y era tan grave la situación de estos pueblos, de estas dos poblaciones que Dios se había resuelto a acabar con ellos, porque hay vidas que son peores que la misma muerte, y hay veces que la muerte es una medicina.

Abraham empieza a interceder, hemos escuchado las súplicas que hace: "¿Y si hubiera cincuenta justos? Tú" no vas a matar al inocente con el culpable" "¿Y si hubiera cuarenta y cinco o cuarenta? ¿Y si hubiera treinta, veinte o diez?" Génesis 18,24-32.

Y Dios le dijo: "Si hubiera diez justos no destruiría a la ciudad" Géneis 18,33, pero no alcanzó a ver a las diez personas.

Los únicos que tenían alguna noción y algún amor a Dios eran Lot, el sobrino de Abraham, y su familia, menos de diez personas; pero Dios no destruyó al inocente con el culpable, envió a unos Ángeles para sacar a Lot de aquella ciudad, ciudad adúltera y fornicada, ciudad orgullosa y vanidosa.

Sacó de ahí a Lot y fuego y azufre cayó sobre esos poblados, porque hay veces que la muerte es más leve que una vida de iniquidad y Dios, que es infinito en su piedad, hay veces que tiene que poner fin a una historia para que no sea todavía peor.

Pero nosotros quedémonos con la imagen de Abraham intercediendo, no eran ni siquiera familia suya, Abraham piensa en la gloria de Dios, y piensa en los inocentes, ora a veces con temor, con timidez, con pena y le dice que, "no se ofenda mi Señor" Génesis 18,30|Génesis 18,30.

¿Cuántos Abraham hay aquí? Debe haberlos, en una ciudad asesina como es Bogotá, que día a día destruye vidas inocentes en abortos, en un mundo adúltero donde nos pretenden volver a empacar la mentira de Sodoma y Gomorra, porque otra vez en nuestro tiempo, en nuestra cultura y en nuestro país nos están haciendo creer que la vida activa y lujuriosa de los homosexuales es normal, ¡no lo es!

Y si no quedara claro en el Antiguo Testamento, abiertamente lo dice San Pablo: “Os digo que esos tales no heredarán el Reino de Dios” 1 Corintios 6,9.

Pero los pueblos que parecen avanzados como Europa o Estados Unidos, nos venden la idea y nos repiten la idea de que sí es normal, que no pasa nada, que da lo mismo. Este no era el único pecado de Sodoma y Gomorra, pero era uno de los más graves, porque cuando se pierde el norte en la sexualidad, se pierde el sentido de la vida.

El intenso placer que trae el sexo no es malo, pero tiene su lugar y tiene su orden. La Iglesia no está en contra del placer, desde luego que no, pero ese placer tan intenso del sexo lo puso Dios en el cuerpo del hombre y en el cuerpo de la mujer para que sirviera como vínculo, como conexión con las fuentes de la vida, cuando se separa el ejercicio de la sexualidad de las fuentes de la vida, la vida misma queda despreciada, trivializada, instrumentalizada, utilizada.

Y por eso, el placer estéril, ya sea de una sola persona, y sabemos cómo se llama ese pecado, o el placer estéril de una pareja o más de homosexuales, el placer estéril de una pareja que se cierra a la vida por falta de dominio, de diálogo en la pareja o de oración.

Ese placer estéril separa al sexo de la vida y convierte lo que era una fuente de vida en una droga, en un elixir que enajena a las personas y que las encadena al placer de su cuerpo, no es malo el placer, pero tiene su lugar.

Este no es el tema principal del domingo de hoy, pero es que si no decimos estas cosas en la iglesia, ¿en dónde se van a decir? Los centros comerciales no los van a decir, ya andan por ahí publicaciones que abiertamente defienden el sexo estéril, ya se trate de homosexuales o no.

Amigos, nosotros que hemos recibido vida de Dios no podemos admitir esto, esto no quiere decir que nos llenemos de crueldad, de marginación o de desprecio hacia las personas, hombres o mujeres que tengan inclinaciones hacia su propio sexo.

Lo que sucede, y esto alguna vez hay que decirlo en las iglesias, es esto: así como la persona soltera está llamada a tener una cierta castidad, la propia de su estado, y así como la persona casada tiene que tener un cierta castidad que se expresará como fidelidad a su pareja, así también la persona que descubre que tiene inclinaciones homosexuales tiene también una castidad, no se trata de que despreciemos, hundamos, marginemos a estas personas, ¡no!

La amistad, la oración, la cercanía, la ayuda deben estar cerca de todos, pero lo que no podemos tolerar es que se nos presente el ejercicio de la homosexualidad como una cosa natural y que se nos venga a presentar que da lo mismo una pareja que otro, ¡no!, esas personas están llamadas a vivir en castidad, esto parece imposible, tal vez sí, como muchas otras cosas, para el que no conoce a Dios cualquier cosa se convertirá en un ídolo y ese ídolo tendrá poder en él.

El que no conoce a Dios dirá frases como: “Todo es plata” y creerá que la plata lo es todo y la plata tendrá poder en esa persona; pero cuando uno conoce a Dios, el que tiene poder en la vida de uno es Dios, cuando uno conoce y acepta y ama a Dios, el que tiene poder en la vida de uno es Dios y entonces todas las cosas de esta tierra, el dinero, el poder, los amigos, los placeres, no nos esclavizan, nosotros somos dueños de ellos y no ellos dueños de nosotros.

Cuando nosotros aceptamos y acogemos a Dios en nuestra vida, Él es el Señor nuestro, y entonces todas nuestras pasiones, todos nuestros anhelos y todos nuestros problemas adquieren su justo tamaño y ahí no crecen.

Sin embargo, este no es el tema principal de las lecturas de hoy. Dije que lo prediqué porque alguien tiene que hacerlo y porque nos estamos volviendo todos cómplices con eso y con muchas otras cosas, pero el tema principal de hoy es la oración, orar.

Los discípulos se encontraron con Jesús orando y el modo y la intensidad y la belleza de la oración de Cristo movieron a esa súplica que hemos escuchado “Señor, enséñanos a orar” San Lucas 11,1; ¡cómo es de importante decirle esto a Dios!

Nosotros podemos creer que sabemos orar porque sabemos fórmulas de oración, o podemos creer que sabemos orar porque sabemos canciones hermosas, pero hay un problema, los discípulos conocían salmos, conocían canciones y conocían formulas de oración, el problema no es sólo de formulas de oración, el problema es el corazón, el problema es como está tu corazón ante Dios.

Las fórmulas de oración no son malas, algunos protestantes nos hacen esta clase de predicación que tiene despistados a muchos católicos, les dicen a uno cosas como esta: "Ustedes los católicos repiten como loros y repiten unas novenas, y eso es rezar, nosotros, en cambio, los protestantes, oramos".

Amigos, no nos debemos de acomplejar, hay que afirmar dos cosas bien importantes aquí. Primera, las fórmulas de oración no son lo más importante, lo más importante es cómo está tu corazón, es decir, que tu corazón esté moldeado por el corazón de Jesucristo.

Fíjate que fue Cristo en oración el que llamó a orar a los discípulos, la manera de orar de Jesucristo se convirtió en un llamado para orar, de manera que, primero, las fórmulas no son lo más importante, de acuerdo.

Segundo, pero las fórmulas si son útiles o el mismo Jesús oró con los salmos, cuando Jesús estaba en la cruz dijo, por ejemplo, el salmo 22 que empieza con esas palabras desgarradoras “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” esas palabras que le alcanzaron a oír a Cristo fueron las que le alcanzaron a oír, pero no fueron las únicas que El dijo.

Jesús estaba orando un salmo, y minutos o segundos antes de morir Jesús estaba orando con otro salmo y dijo: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” Salmo 31,6, esto se encuentra en el salmo treinta y uno, tal vez.

Jesús estaba orando con los salmos. “A tus manos encomiendo mi espíritu” Salmo 31,6, dijo Jesús; si eso dijo, porque eso fue lo que le alcanzó a oír el que estaba ahí cerquita, pero Jesús siguió orando más cosas. Ese salmo dice: “A tus manos encomiendo mi espíritu; tú, el Dios leal, me liberarás” Salmo 31,6.

De manera que las dos cosas son importantes, que uno no puede quedarse en las fórmulas, pero que uno sí puede aprovechar las fórmulas.

Además, les cuento una cosa: algunas personas dicen: "Yo oro con mis propias palabras, yo no voy a orar con rosarios ni con novenas"; pero yo les voy a contar una historia sobre esto de orar con las propias palabras.

Hubo una época que viví en un convento que tiene mi comunidad aquí en Bogotá, el convento de San José, ahí era bibliotecaria una jovencita, una niña que en esa época tendría diecisiete años aproximadamente, muy simpática y muy vivaz.

Y hablamos varias veces y hablamos del Señor Dios, y ella me decía: “Sabe una cosa, Fray Nelson? Yo oro todo el día con mis palabras, yo no me pongo a orar con fórmula porque eso es repetir como loros, yo oro con mis propias palabras y yo le hablo a Dios”. Bueno, yo no le di mayor importancia a esa primera conversación.

Seguimos hablando y vemos qué clase de vida llevaba esta jovencita, resulta que la muchachita se había fugado de la casa dos veces, una en la que se había fugado con el novio, con él hizo de todo menos hogar, pero ella oraba mucho, continuamente oraba.

Y yo me dije, “¡oiga, qué oración tan rara de esta mujer!” Trataba a la mamá como un trapo sucio, pero ella oraba mucho, al papá lo humillaba y lo trataba como una cucaracha, pero seguía orando, de todo esto me fui enterando en las conversaciones.

Y el dinero que ganaba en el trabajo que tenía era todo para ella, los pobres que se pudran, mi familia que se las arregle, mi dinero es para mi y para mis cosas, entre otras cosas, para los anticonceptivos, pero ella oraba.

Yo dije: ¿Cómo será posible esto? Un día le dije: "Óyeme, ¿tú qué entiendes por oración? "Pues yo hablo con Dios así como estoy hablando contigo, le cuento mis cosas", y le dije: ¿Y sientes que Dios te responde? Y me dijo: "Sí, yo siento que Dios me habla, entonces yo siento que le hablo y yo siento que responde".

Yo dije: "¡Qué mujer para sentir cosas!" “Ella siente y el papá una cucaracha, y la mamá como un trapo sucio, y se va de la casa y cuando vuelve trata a su familia como lo peor".

Entonces dije yo: ¿Qué oración es esta? Hasta que un día saque mis conclusiones y le dije: “Mira, a mí me parece muy raro ese Dios en el que tú crees”.

Vamos a darle un nombre a esa niña aquí, obviamente, no voy a decir aquí su nombre, pero vamos a suponer que se llamaba Andrea, y yo le dije a Andrea: “Ese Dios tuyo está muy raro, porque yo veo que ese Dios piensa como Andrea, actúa como Andrea, aconseja lo que quiere Andrea y le aprueba todo Andrea, ese Dios está muy raro, Andrea".

De manera, amigos, que esa historia tiene una enseñanza, esas personas, entre las cuales hay muchos protestantes, esas personas que dicen: “No, yo oro lo que me salga del corazón, oro lo que me salga espontáneamente”,¡cuidado! Eso es bueno, darle puertas y ventanas al corazón para que hable, bendiga suplique, ¡maravilloso!

Pero cuidado, es también necesario volver a la Sagrada Escritura, a los salmos y a las oraciones de los santos, por una razón muy sencilla, si no haces así, quizá tú como Andrea, te estás inventando a Dios, un Dios a la medida de tus gustos.

Ese Dios de Andrea era un Dios chévere, le aprobaba todo: “Diosito, yo quisiera irme con mi novio como unos dos meses a sacar un apartamentito, ¿tú crees que esté bien eso, tú crees que esté bien? "Claro, Andrea, está muy bien todo lo que estas haciendo”; ¡ay, muy rico un Dios así! ¡No muy rico, sino una desgracia en realidad será?

De manera, mis amigos, que las enseñanzas tienen que ser prácticas y aquí estamos diciendo, uno no puede quedarse con las fórmulas, pero utilizar fórmulas como el Santo Rosario, como las novenas aprobadas por la Iglesia, los devocionales aprobados por la Iglesia, las oraciones de los santos y sobre todo los salmos y los cánticos de la Sagrada Escritura, orar así educa al corazón para que no me invente a Dios; yo necesito un Dios no sólo que me apruebe, sino que me corrija, no sólo que me consienta, sino que me guíe.

Y una última sugerencia con esto de las fórmulas, la mejor manera de aprender a orar, por ejemplo, con el Padre Nuestro, que hoy nos ha enseñado Jesucristo, o con otras oraciones semejantes; la mejor manera e aprender a orar se resume en una estrategia sencillita, orar despacio, es todo lo que se necesita, cuando uno ora a altas velocidades ni entiende uno ni logra nada.

Salga María, y entre Jesús, como dicen algunas personas, por favor, todos los actos de nuestra fe hagámoslo con amor, despacio, entendiendo qué hacemos y por qué lo hacemos.

Por ejemplo, ¿cómo nos trazamos la señal de la cruz? Hay personas que se trazan la señal de la cruz como si estuvieran espantando una mosca, hay personas que saludan al Santísimo como si se estuvieran cayendo, van a pasar frente al Santísimo y uno piensa que se estaban cayendo, pero no, estaban saludando al Santísimo.

Hay personas que rezan el Rosario y van traslapándose, eso que significa: que cuando unos van en “bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendita...", "Santa María"...., ya arrancó el otro; quítele velocidad, piense lo que está diciendo, que su corazón sepa sentir lo que dicen sus palabras, para que luego sus palabras puedan expresar lo que hay en su corazón.

Queridos amigos, Jesús nos invita hoy a orar, a orar con constancia, a orar con amor a orar con fuerza, a orar con fe, y Abraham nos ha enseñado que incluso en un caso tan grave como el de Sodoma y Gomorra, la oración de intercesión Dios la escucha, y Dios sabrá sacar a su pueblo adelante.

Sigamos nuestra celebración Eucarística.

Seamos personas de oración, o mejor, la oración misma en persona.