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Fecha: 20070722

Título: Estar siempre dispuesto a conocer y a escuchar a Cristo en el projimo, abriendole la puerta de nuestro corazon

Original en audio: 25 min. 1 seg.


El texto del evangelio que hemos acabado de escuchar, muchas veces se utiliza para enfatizar la importancia de una vida de adoración, una vida de contemplación.

Por encima de una vida, llamémosla de mayor actividad o incluso de apostolado, siempre parece que es más importante dejar que Dios obre en nosotros, antes que presentarle nosotros obras a Dios. Las obras que nosotros le presentamos a Dios, pues son del tamaño nuestro; las obras que El hace en nosotros, son del tamaño de Él.

Cuando nosotros estamos siendo transformados por la oración, ahí Dios está obrando a su tamaño; cuando nosotros estamos presentándole obras al Señor, muchas veces son únicamente de nuestro tamaño.

En este sentido la Iglesia siempre ha reconocido el valor que tiene lo que se llama la vida contemplativa, es decir, esa actitud del corazón abierto que se enamora de la Palabra, así como María de Betania en este pasaje.

Esta María era hermana de Marta y hermana de Lázaro, estos tres hermanos eran como una familia para Jesús, entonces María representa aquí esa actitud de la persona que tiene hambre de Dios, que quiere escuchar su palabra, que quiere dejarse formar por El, y esta actitud recibe un elogio de parte de Cristo.

Sin embargo, el énfasis en las lecturas, en el conjunto de las lecturas de este domingo, no está en ese solo aspecto, en esa comparación, más bien parece que la palabra que nos puede ayudar a unificar las lecturas de hoy, por lo menos la primera y en el evangelio, es la palabra "acogida", la palabra "hospitalidad".

Lo que hace Abraham, en el texto de la primera lectura tomada del Génesis, es acoger, brindar hospitalidad a esos hombres, esos personajes que iban de camino.

Abraham abre su casa, da de su tiempo, saca de sus bienes y se pone al servicio, todo esto implica la hospitalidad. Abre su casa, da de su tiempo, saca de sus bienes y se pone al servicio de aquellos desconocidos. Eso es la hospitalidad.

Y en el evangelio lo que encontramos es una familia que fue hospitalaria, una familia que fue acogedora para Jesús, una familia que supo recibir a Jesús, no aparecen ni el papá ni la mamá sino sólo los tres hermanos, Lázaro Martha y María.

Pero estos tres hermanos recibieron a Jesús como uno de su familia, abrieron su hogar a Jesús, también ellos abrieron su casa, dieron de su tiempo, sacaron de sus bienes, se pusieron al servicio de Jesús.

La hospitalidad aparece recordada en una de las obras de misericordia materiales. Cuando yo aprendía catecismo, allá en aquellas épocas, -eso fue el siglo pasado-, cuando yo aprendía catecismo en esas épocas se hablaba de obras de misericordia corporales y espirituales; y las obras de misericordia corporales incluían dar posada al peregrino.

Varias veces he escuchado, -de eso hablan las lecturas de hoy-, "dar posada al peregrino", Jesús era un peregrino, le dieron posada. Esos tres personajes del libro del Génesis eran peregrinos y Abraham les dio posada.

Varias veces he escuchado que esas obras de misericordia poco se puede practicar el día de hoy, porque si uno le da posada al peregrino, el peregrino arrasa con todo; es muy difícil dar posada al peregrino el día de hoy, por lo menos materialmente es un poco difícil.

Pero yo quiero destacar el valor de esta obra de misericordia corporal y quiero destacar también cómo la podemos practicar hoy, tanto en su dimensión corporal como en su dimensión espiritual, porque resulta que tampoco es que sea solamente corporal, material.

A ver, nosotros, en nuestras casas, no podemos seguramente acoger a la primera persona que llegue y toque a la puerta, pero nosotros sí podemos apoyar las obras que tiene la Iglesia a nombre de todos nosotros, obras a las cuales se acogen a esas personas.

Es decir, cuando tú apoyas, por ejemplo, una casa de misericordia, una casa de acogida, un orfanato, un hogar para indigentes, un lugar para huérfanos, tú no puedes seguramente tomar a un desconocido y meterlo en tu casa; pero tú sí puedes apoyar esa clase de obras, y así, a través de esas obras, tú estás dando posada al peregrino.

Entonces, por favor, no tomemos la solución cómoda de decir: "Bueno, esa ya no vale", como el famoso chiste del gitano al que le llegó el “run run” que ya iban a quitar de pecado algunas cosas, "como me llegó el “run run”, entonces yo ya quité eso de mi lista de pecados".

Nosotros no podemos aquí quitar de las obras de misericordia, "dar posada al peregrino", simplemente que hoy toca hacerlo de otra manera, ¿como? Apoyando a las comunidades religiosas, o también otras comunidades que hacen esa obra, a través de nuestra solidaridad lo estamos haciendo.

Mucho mejor si no nos limitando a dar un poco de dinero, incluso si fuera una donación periódica; mucho mejor si vamos ahí, a esos lugares, si ofrecemos un poco de nuestro tiempo.

Porque fíjate que dijimos que la hospitalidad consiste en abrir la casa, en dar del propio tiempo, en sacar de los propios bienes y en ponerse uno al servicio, todo eso es hospitalidad.

Entonces no nos quedemos en la solución cómoda de que "no, yo cómo yo voy a meter gente a la sala de mi casa y qué tal ahí arriba está el dormitorio de la niña, no, no, no, eso no lo vamos a hacer".

Si esa parte no la puedes hacer, sí la puedes hacer a través de otras personas, por una parte; y por otra parte, tú puedes dar de tu tiempo, y puedes sacar de tus bienes, y puedes ponerte al servicio de esas personas, y hay gente que lo hace.

Por destacar solamente una obra, mi querido amigo, el padre Ignacio Ortega, el de la casa de la Santa Trinidad aquí en Bogotá, hay muchas obras en Bogotá que hacen eso. El padre Ignacio es uno que abre la casa, y ahí llega de todo, yo también llegué ahí una vez, ahí llega de todo.

Ahí han llegado indigentes, ahí llegan locos, ahí llegan enfermos de sida, llegan distintas personas. Y este padre, como otras personas, no es que él sea el único en Bogotá, él hace una obra hermosa en la casa de la Santa Trinidad.

Pero yo no me voy a limitar a darle un dinero al padre Ignacio Ortega, sino que yo voy también allá, y hablo con esas personas, entonces todos podemos ejercer la obra de misericordia que se llama "darl posada al peregrino".

¿Y por qué es tan importante esta obra de misericordia? Por muchísimas razones. Para comprenderlas, miremos también cuál es la dimensión espiritual que esto tiene. Porque cuando yo era niño, allá por el siglo pasado, a mí siempre me decían: "Mira, estas son obras de misericordia corporales".

Pero resulta que también tienen una dimensión espiritual muy grande. Acoger a una persona es abrirle espacio en mi corazón, es hacer que me importe a esa persona, eso es la acogida, eso es la hospitalidad.

Y por eso, la obra de misericordia: "dar posada al peregrino", o abrir la casa, o en fin, tiene que ver también con el tiempo que yo le doy a la persona que requiere un poco de ese tiempo mío, la persona que me invita a salir de mi egoísmo, la persona que me saca de mi mundo armado y cómodo.

La grandeza que tiene la hospitalidad es que me ensancha el mundo. El mundo tiende a cerrarse, y nosotros vivimos asustados por la inseguridad, vivimos preocupados porque ningún dinero nos alcanza, y cada vez nos aislamos más, y cuanto más aislados estamos, más aprendemos a detestar a la humanidad, porque no recibimos la ayuda que necesitamos.

El mundo en el que estamos es el mundo de los "aparta estudios", cada persona metida en una caja muriéndose sola, ese es el mundo en el que quieren que vivamos, en la lógica de este mundo quiere llevarnos a eso, al aislamiento, a que cada uno esté metido en su proyecto, esté metido en su "aparta estudio", esté apoderado de su sueldo, y esté soñando únicamente conn sus placeres y sus vacaciones.

y así cada uno se mete en su propio pequeño feudo, y en ese propio y pequeño feudo ya tiene su pequeña tumba, y la gente vive muerta en vida.

Porque cuando tiene un verdadero problema, porque el problema no es con quién voy a rumbear el próximo fin de semana, ni con quién me voy a acostar la semana entrante, el problema serio es cuál es el sentido de mi vida, el problema serio es qué hago con mi soledad, el problema serio es me siento deprimido, quisiera conversar con alguien.

No todas las veces la solución es tan fácil como comprar sexo o como pasarla bien con unos tragos. Cuando los problemas van más allá de sexo pasajero, o de unos tragos, o de un poco de droga, cuando los problemas tienen que ver con lo profundo de la vida, ahí necesitamos que alguien nos acoja y ahí necesitamos esta obra de misericordia que aparece en el evangelio de hoy.

Acoger es aprender a hacer puentes con las demás personas; pero yo sé que esto suena a chino enseñado en griego, esto suena a chino enseñado en griego así porque la manera como estamos viviendo cada vez es más aislada.

Nos metemos dentro de un conjunto residencial donde quede el portero allá, de manera que nadie toque a mi puerta, y una vez que estoy metido en mi apartamento, no quiero saber quién vive arriba, sino que no me haga ruido; y el de abajo, que se calle; y el de aquí, que se muera; y el otro, que se calle, silencio todo el mundo, aquí estoy yo.

Y en ese silencio, que nadie me perturbe y que yo viva solo, la gente empieza a sentir que está en un ataúd, y luego dicen: "-Padre, ¿y yo porque estoy deprimido?" Y a mí me provoca decirle: "-Es posible que tenga que ver con el ataúd en el que usted lleva viviendo ya mucho rato".

Esto no quiere decir que el hecho de vivir solo sea equivalente a vivir en un ataúd, el problema no es corporal, repito, el problema es espiritual. La gran soledad no es si yo duermo solo o acompañado, la gran soledad no es si entran muchas o poquitas personas a mi casa, la gran soledad es con quiénes conecto, a quiénes acojo, de quiénes me siento acogido, esa es la gran soledad.

Y en este sentido, tenemos que hacer la revolución de la hospitalidad, mis hermanos, y esa revolución únicamente van a poderla hacer los grupos, las comunidades.

Estamos en un mundo donde mucha gente no se habla con el papá: "-Yo no hablo hace mucho con ese señor porque tuvimos una pelea y él me cortó el saludo", "-¿y por qué no habla con la mamá? "-No, yo no hablo con mi mamá porque es una vieja amargada que no comparte mi modo de vida".

Entonces la gente se desconecta de la familia y únicamente se conecta, y eso, superficialmente, con cuatro o cinco amiguitos, que son únicamente los amigos de la rumba; pero cuando mi vida no es rumba, ¿a quién tengo? Ese es el problema.

Cuando no tengo dinero para gastar y para gustar, cuando no tengo dinero ni para ganar ni para gustar, cuando no tengo un chiste a flor de labios, cuando me siento triste o cansado, cuando quiero ser escuchado, cuando quiero alguien que llore conmigo, ¿ahí qué pasa conmigo?

Ahí no pasa nada, únicamente existe TV Cable con ochenta y cinco canales, o con ciento treinta canales, o con doscientos cincuenta canales, pero ninguno de esos canales quiere otra cosa sino sacarme mi dinero y que yo siga comprando y siga gastando, hasta que sale una propaganda: “Compre su tumba ya”, entonces digo: “Eso es lo que me hace falta, voy a salir de esto de una vez”. Ese es el mundo moderno.

Les voy a contar una historia que yo quisiera que fuera falsa, pero no lo es. Muchos de los ingleses que tienen dinero, y hay muchos de ellos que tienen dinero, están comprando propiedades en Portugal y en España por el clima. El clima de Inglaterra no es tan agradable, el clima seco, soleado del Mediterráneo es supremamente grato para los europeos del norte.

Entonces muchos de ellos están comprando propiedades y, por supuesto, que en el mundo actual esas propiedades se compran vía Internet. Entonces tú miras cuáles son las coordenadas, entras a Google Earth, y entonces encuentras dónde vas, miras ahí dónde queda, y cuáles van a ser tus vecinos, y cómo se llega allá, y cuánto vale eso, y finalmente la palara mágica: “¡Click, compraste!”.

Así hizo uno de estos señores, un británico, compró una excelente propiedad en España y al siguiente verano fue a visitar su propiedad, ya era de él, recogió sus llaves, hizo el recorrido respectivo y llegó a la puerta, abrió la cas y oh, sorpresa: ¡una momia!

Resulta que el anterior dueño se había muerto sentado en un sofá delante de un televisor, y ahí se había quedado, y en el clima seco del Mediterráneo, una parte se había descompuesto, pero la mayor parte de su cuerpo se había momificado. Yo quisiera que eso fuera un cuento de terror, pero no, es una realidad.

El banco vio que este señor dejó de pagar las cuotas, ¿y qué hizo? Lo llamó por teléfono, pero no respondió; le puso un texto, allá la secretaria ejerció el pulgar y le puso un texto: “Oiga, que pague”, pero el hombre no respondió al texto; le mandaron un e-mail, y el hombre no respondió el e-mail, entre otras razones porque estaba muerto.

como no respondió a nada, entonces el banco le mandó una carta, la cual carta quedó sin abrir debajo de la puerta, el hombre nunca abrió la carta porque tenía un grave impedimento, estaba muerto.

Conclusión, el banco dijo: "Bueno, puesto que usted ni paga, ni responde, ni hace nada, entonces nosotros vamos a cobrarnos por la derecha", y le mandaron otra carta, y esa carta quedó ahí también acumulada.

Y finalmente entonces le mandaron un abogado, el cual abogado le mandó e-mails, textos y de todo y finalmente dijo: “Usted acaba de perder la casa”, y él no respondió nada, porque tenía una gran dificultad, se había muerto.

Es una historia de terror pero es una historia real, conclusión, el banco dijo: “Bueno, ahora eso es nuestro”, pero nadie fue nunca a allá, nadie descubrió que el hombre estaba sentado en un sofá momificándose. Ese es el mundo moderno: tenemos todos los medios de comunicación para estar perfectamente incomunicados.

Tenemos fantásticos recursos, podemos mirar en Google Earth, a ver dónde queda la casa, pero no sabemos quién se está muriendo de tristeza en esa casa. Ese es el mundo moderno.

El mundo moderno es poder uno pasearse por una avenida y ver un maravilloso conjunto residencial que han hecho, donde están muchas personas destruyéndose con insultos, sin saber uno eso; y son bellos los vidrios, preciosos los acabados, lindísimas las cortinas, bellísimas, pero son horribles, detestables mal olientes las conversaciones y los insultos.

Entonces, me pregunto yo, en este mundo en el que vivimos, ¿será que hay algún deber más importante que este, el santísimo deber de aprender a conectar con otros seres humanos? Aunque sea sólo por supervivencia psicológica, yo te invito hoy, en el nombre de Cristo, por supervivencia psicológica, aprende a conectar con los hermanos, aprende a abrirle un espacio a la otra persona, aprende que te importe esa otra persona.

Es difícil, a veces no se logra en la geografía, porque si tú llegas y buscas geográficamente quién es tu vecino, entonces tú llegas allá al apartamento de al lado, tocas: "-¿quién?" "-Mira, vengo a abrirte mi corazón", tal vez no funcione, aunque es posible que llegue el momento en que se encuentren o se dé la oportunidad y lleguen a ser buenos amigos, y esa es la idea.

Pero mira, sea con tus vecinos geográficos o no sea con ellos, tú necesitas recibir otras personas en tu vida, abrir, ensanchar el corazón, el corazón que se encierra empieza a apestar, es una ley de todo tejido vivo; si tú cierras todo tejido vivo, si impides la circulación del aire, se descompone, apesta; vida significa movimiento, intercambio, dar-recibir, recibir–dar.

Vida es intercambio, si tú no conectas con otros seres humanos, si te cierras, si te aíslas y te metes en tu cajón a ver televisión, un día te empiezan a enviar un texto: “Se ha atrasado un pago”, y luego te mandan un e-mail, me encanta esa palabra: e-mail, y te dicen: “Ojo, hermano, que va a perder el apartamento”, y ya tu tal vez tú estés momificado delante de un televisor.

Yo creo que si yo fuera a describir la tristeza de esta tierra, la tristeza de este mundo en el que estamos, yo no encontraría una imagen mejor que una momia delante de un televisor.

Porque hay mucha gente que ya se está convirtiendo en eso, momias delante de televisores, mirando ahí: "A ver, que la televisión me enseñe ahora qué tengo que comprar, que la televisión me enseñe ahora de qué me tengo que reír, que la televisión me enseñe quiénes son los buenos y quiénes son los malos, que la televisión me enseñe quién es el Dios el que ahora hay que celebrar, que la televisión me enseñe hasta el día en el que yo me momifique".

Llevaba un poco más un año de muerta esta persona, para consuelo mío el televisor se había dañado, porque hubiera sido el colmo que el televisor hubiera estado despierto; si el televisor hubiera estado encendido mi tristeza hubiera sido mayor, porque entonces el televisor le ganó a la persona.

Hermanos, el mundo de hoy necesita de esto, necesitamos a aprender a abrir nuestra casa, "ah, pero yo no voy a meter gente extraña a mi casa", bueno, entonces busca la casas donde sí meten gente extraña. Aprende a abrir tu casa, aprende a abrir tu corazón, si no lo haces te momificas delante de un televisor, si no lo haces te descompones, si no lo haces te mueres.

Cristo, ¿quién es Cristo, mis hermanos? Es el Hombre del corazón inmenso, nosotros hablamos del Sagrado corazón de Jesús, pero también podríamos hablar del Bellísimo Corazón de Jesús, del Santo Corazón de Jesús, o del Inmenso Corazón de Jesús. Cada vez me gusta pensar más en Jesucristo como aquel que tiene el corazón inmenso, el corazón sin fronteras, el corazón sin barreras, ese es Jesucristo.

Jesucristo es aquel que supo abrirle espacio a todos, a la prostituta, y al publicano, y al leproso, y al excluido; Jesucristo es el que no esconde la mirada cuando el leproso le dice: “Oiga, yo existo”; Jesucristo es el que no retrae los pies cuando la pecadora lo besa; Jesucristo es el que no se esconde cuando Zaqueo, el publicano, pecador quiere abrazarlo; Jesucristo es el que está ahí para recibir el abrazo del pecador y el beso de la prostituta.

Y yo me alegro de que ese sea Jesús, porque eso significa que yo también puedo besarlo, y yo también puedo abrazarlo. Ese es mi Jesús, ese es mi Señor, ese es mi Salvador.

Aprender a recibir, aprender a acoger personas, aprender a abrirle espacio a las personas, es algo que a mí me llama mucho la atención, es algo que a mí me impresiona, especialmente de la misión del Papa.

Uno tiende a pensar que los Papas viven solamente en un mundo de diplomacia, eso no es cierto. Este hombre, por ejemplo que tenemos, con el cual hay muy mala prensa a veces, Joseph Ratzinger, Cardenal un tiempo, ahora Papa Benedicto XVI, es un hombre que es capaz de sentir, es un hombre que es capaz de ensanchar más y más su mundo, es un hombre que es capaz de sufrir por los católicos. en China los sacerdotes de la Iglesia de las catacumbas en China.

A mi eso me parece fascinante, yo a veces siento ganas de ser Papa la verdad, ¿sabe por qué? Porque me parece fascinante eso, en realidad no necesito ser Papa, lo que necesito tener un corazón así, yo quiero tener un corazón que cuando haya un dolor en alguno de mis hermanos en cualquier parte del mundo, eso represente algo para mi.

Si no aprendemos a ser así, no hemos aprendido la lección de la hospitalidad. Cuando ponemos en primer lugar, "no, que mi cultura, o que mi género, o que mi clase social", ahí no hemos aprendido; no se puede ser de Cristo sin empezar a pensar como Cristo; no se puede ser de Cristo sin empezar a sentir lo que sintió Cristo, y ese es un mundo que no conoce fronteras.

Demos gracias, mis hermanos, por el santísimo, bellísimo, pero también inmenso corazón de Jesucristo, porque sólo un corazón así podía salvarnos.

A Él la gloria y el honor por lo siglos.

Amén.