Co15005a

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La primera lectura de hoy, nos habla de los mandamientos de Dios y el Evangelio de hoy, tomado del capítulo décimo de San Lucas, nos habla de nuestro prójimo, pero hay algo que tienen en común la primera lectura y el Evangelio: en ambos casos se habla de lo que está cerca. Nos dice Moisés en el Deuteronomio: “El mandamiento está muy cerca de ti” (Dt 30,14); y nos dice el Evangelio, que el prójimo está muy cerca, aquel que tiene necesidad, aquel que requiere algo de ti, está muy cerca (cf. Lc 10,29-37). Esa cercanía es entonces el vínculo entre la primera lectura y el Evangelio: lo que Dios quiere no está lejos, nos dice Moisés; y el hermano que te necesita, no está muy lejos. Es decir, que el puente al que somos invitados hoy, es descubrir que el camino de la voluntad de Dios, es también el camino del servicio al prójimo. Moisés decía que el mandamiento de Dios no es algo que esté remoto, no es algo que está lejísimos, porque si estuviera muy lejos, sería inalcanzable; ¡no!, no está tan lejos, el mandamiento está próximo (cf. Dt 30,11-14). Dios sabe que nosotros para poder cumplir su voluntad, necesitamos eso, lo que está cercano, lo que está próximo. Es lo mismo que sucede al caminar; al caminar para llegar allá, tengo que dar unos cuantos pasos, pero el primer paso que doy, está cerca de donde yo me encontraba, y el siguiente paso está cerca del primero. La vida funciona así: paso a paso; el amor funciona así: detalle a detalle; la fe funciona así: una obediencia tras otra; y el amor de Dios, funciona así.

Dice San Juan en algún lugar, que en Cristo hemos recibido gracia sobre gracia, paso a paso vamos caminando, y el camino del servicio a Dios, es también el camino del servicio a nuestros hermanos. Hay algo, sin embargo, que debemos destacar, y es que servir al prójimo, es precisamente servirlo de parte de Dios, en razón de Dios y para Dios. No limitemos la caridad únicamente a lo que ven nuestros ojos, porque el primero que nos mostró que la caridad va más allá de lo que ven los ojos, fue el mismo Cristo. Recuerda cómo, por ejemplo, en el caso de un paralítico, la parálisis la veían todos, pero Cristo fue el único que se dio cuenta que ese corazón estaba en pecado, lo cual quiere decir que el amor no debe limitarse únicamente a lo que ven nuestros ojos.

En resumen podemos decir que el camino del servicio a Dios, se confunde con el camino del servicio al prójimo, entendiendo que el amor con el que amamos al prójimo, viene de Dios y a Dios quiere retornar. Y así, paso a paso aprendemos a ser discípulos del Señor.