Co13003a

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Fecha: 20100627

Título: Acompanar a Cristo en su camino es acompanarlo hasta la cruz, caminando a su ritmo y no al nuestro

Original en audio: 21 min. 7 seg.


Queridos Hermanos:

Estas lecturas tienen un marcado tono vocacional. La palabra "vocación" significa llamado, llamar, Cristo que llama, Dios que llama.

En la primera lectura aparece el llamado que Dios le hace a un hombre llamado Eliseo. Dios llama a Eliseo a través de otro, un gran profeta, llamado Elías, es una vocación.

En el evangelio es Jesucristo el que llama: llama con su manera de vivir, que despierta admiración y entusiasmo, y llama también con su palabra, por eso oímos que Cristo le dice a alguno: "Sígueme" San Lucas 9,59.

El llamado de Cristo, el llamado de Dios. Un llamado a ponerse en camino, por eso se habla del "seguimiento de Cristo"; Él es nuestro líder, nosotros vamos detrás; Él va marcando el camino y la pauta, nosotros, tras sus huellas, vamos haciendo también nuestro propio camino.

El seguimiento de Cristo implica que nosotros participemos de lo bueno y de lo malo de ese camino. Recordemos la época de las romerías: venía la gente caminando desde largas distancias, tenían que pasar por lugares difíciles, o con mucho frío, o con mucho calor, o con falta de alimento. Hacer un camino es eso, es pasar por todo: por lo bueno y por lo malo.

A veces uno quiere participar de la vida de Cristo, pero sólo la parte bonita. ¿A quién no le gusta la parte de los milagros? ¡Qué hermoso cuando brillan los milagros de Cristo! Todavía hoy la gente vive fascinada por los milagros.

Cuando se organiza un encuentro de oración, y tal vez hay un predicador o alguna persona que viene y que tiene como ese don de sanar, de llenan los lugares, se llenan estadios completos. ¿A quién no le gusta ese momento de la vida de Cristo? Los milagros, ¡qué hermosura! Pero el camino de Cristo no sólo tiene esos pasajes agradables y hermosos; el camino de Cristo también tiene la soledad y el rechazo.

Precisamente el evangelio de hoy empieza contándonos un rechazo: iban por una población de Samaría, y los samaritanos tenían esa inquina, esa pelea, esa diferencia con los judíos. Cuando supieron que Jesús y sus Apóstoles iban hacia la capital de Judea, es decir Jerusalén, les negaron hospedaje.

Va uno bien cansado del camino, y ya cree que puede encontrar un lugar donde recogerse, y "que no, que aquí no te recibimos, vete"; y eso significa caminar todavía otra hora, otras dos horas hasta encontrar otro poblado; y uno con los pies hinchados, agotado del camino.

Ese momento no fue amable. Fue tanto el disgusto que les causó a dos de los Apóstoles, llamados Santiago y Juan, que ahí salió a relucir el mal temperamento que tenían: "Señor, ¿mandamos que les caiga un rayo?" San Lucas 9,54.

Estaban disgustados y cansados, se ve que ese trecho del camino les costó mucho trabajo, pero ese trecho del camino también tenían que recorrerlo.

El seguimiento de Jesucristo es pasar por todas: por las bonitas y las feas, o como decimos, "por las duras y las maduras"; el seguimiento de Jesucristo implica que es Él también el que pone el ritmo, porque a veces uno sí quiere hacer la voluntad de Dios, pero sin prisa, despacito, a mi ritmo.

De nuevo el ejemplo de los antiguos peregrinos sirve para este caso. Cuando uno va caminando con un grupo de personas, si uno quiere descansar cada cinco minutos, el grupo lo deja y se va y se perdió.

Estar con Cristo es caminar al ritmo de Cristo, y parece que Cristo, a veces, camina con ritmo fuerte, porque así nos dice el evangelio de hoy: "Jesús tomó decididamente el camino de Jerusalén San Lucas 9,51.

Esta resolución de Cristo sin duda alguna significa un ritmo intenso de camino, y a veces las fuerzas parece que nos abandonan. Pero sobre todo nos interesa hacia dónde va Cristo: iba hacia Jerusalén.

Pero la primera frase del evangelio de hoy nos da más pistas: "Cuando estaba para llegar el tiempo de ser llevado al cielo". Jesús iba para Jerusalén, pero iba para el cielo, o sea que ¿cuándo termina el seguimiento de Cristo? En el cielo, ¿pero qué hay entre Jerusalén y el cielo? La cruz.

De modo que acompañar a Cristo en su camino es acompañarlo hasta la cruz y acompañarlo hasta el cielo; la pasión y la gloria; la cruz y el cielo. Ese es el objetivo del seguimiento de Cristo.

Cuando uno descubre esa meta final, se entusiasma, por eso le dijo uno a Cristo: "Te seguiré adonde vayas" San Lucas 9,57. Bien se veía, en los ojos de Cristo, ya esa pureza del cielo; ya se miraba en las manos de Cristo el poder del cielo; ya se sentía en el corazón de Cristo el amor del cielo.

Porque Cristo, nos dice San Lucas, "iba completando su tiempo para ser llevado al cielo, pero Cristo ya tenía tanto cielo dentro". Y por eso este hombre le dice: "Te seguiré adonde quiera que vayas" San Lucas 9,57.

Cristo le recuerda que es un camino lleno de precariedades, es un camino con gran escasez; y esta escasez no debe extrañarnos, porque significa ante todo dependencia de Dios, es un camino en la fe, es un camino en la Providencia divina.

Seguir a Cristo, seguir el camino de Dios implica grandes incertidumbres pero una sola certeza: que Dios estará, que Él cumple sus promesas, que Él no nos abandonará.

Cristo tiene prisa, prisa para llegar a Jerusalen, prisa para llegar a la cruz, prisa para pasar por el misterio de la cruz, prisa para llegar a la Casa del Padre; Cristo tiene prisa, y por eso no admite dilación alguna: "Que voy a esperar hasta que mi padre se muera", "tú deja que los muertos entierren a sus muertos, hay que anunciar el Reino de Dios" San Lucas 9,60.

Y ahí aprendemos otra cosa: que aunque en todo camino lo que importa es la meta, vemos que en este caso también importa la manera de caminar, y la manera de caminar, según la quiere Cristo, es como un anuncio continuo de que Dios y sólo Dios reina.

El mismo peregrino que sabe que depende de Dios y que pone su confianza en la Providencia divina, anuncia, con su caminar y con su palabra, que sólo Dios es importante, que sólo Dios basta, que sólo Dios reina. Caminar es anunciar el Reino de Dios; seguir a cristo es anunciar que sólo Dios reina.

Y otro todavía quiere poner como en balance el afecto por Cristo y el afecto de esta tierra: "Voy a ir a despedirme de mis padres" San Lucas 9,61, dice. A Jesús no le parece suficiente: "El que empuña el arado, y mira para atrás, no sirve para el reino de Dios". San Lucas 9,62.

¡Qué palabra tan dura! Pero demuestra algo importante: que Cristo no se puede comparar con nada, que la oferta de Cristo no tiene comparación posible. Porque claro, el que dice que tiene que despedirse, está diciendo que tiene que comparar; el que dice que tiene que despedirse, está poniendo a un lado de la balanza lo que Cristo ofrece, y en el otro, su pasado.

Pero Cristo nos enseña que el pasado y el futuro no se pueden comparar, porque Cristo nos ofrece un futuro incomparable, y sin embargo un futuro que se esconde a nuestra mirada. No, no se pueden comparar los afectos que tenemos a Cristo con los afectos que tenemos a la familia, o a los amigos, o al trabajo.

Porque la familia, los amigos y el trabajo pertenecen a nuestro pasado, mientras que Cristo pertenece a nuestro futuro, y el futuro que Cristo nos ofrece e incomparable, y sin embargo un futuro que se esconde a nuestros ojos.

Y por eso fácilmente se equivoca uno. Bien decía Santa Teresa de Jesús: "Sufrir pasa, haber sufrido queda"; y decía Santa Catalina de Siena: "El sufrimiento se parece a la punta de un alfiler: por supuesto que duele, pero dura poco".

"Haber sufrido queda", dice Santa Teresa. Pero cuando uno está entrando en el sufrimiento, le parece que el tiempo se alarga, le parece que es una eternidad. Por eso es muy peligroso comparar la oferta de Cristo con cualquier otra, porque la oferta de Cristo supone pasar por esa clase de alfileres, y ahí es en donde la mirada se enturbia, ahí donde uno se equivoca.

La única manera de superar el sufrimiento es viendo más allá de él, y para eso es necesario suspender toda comparación que uno quería hacer.

Digamos una última palabra, mis hermanos, sobre este seguimiento de Cristo y la vida cristiana en general. Porque a veces se cree que los únicos que siguen a Cristo son los religiosos, o las religiosas, o los sacerdotes, sobre todo si son buenos sacerdotes, o si son buenas religiosas.

Pero el seguimiento de Cristo es para todos, porque ser cristiano es seguir el camino de Cristo, la voz de Cristo, la inspiración de Cristo. Y la verdad es que hoy por hoy necesitamos cristianos fascinados por Cristo en todos los caminos de la vida, en todas las áreas de la sociedad.

Imaginémonos un médico que quiera ser completamente fiel a Cristo, él también tendrá que pasar por la cruz. Por ejemplo, resulta que si un médico se niega a realizar un aborto, pues en algunos países del mundo y también en ciertas circunstancias aquí en Colombia, puede ser penalizado, y eso es pasar por la cruz.

Imaginémosnos un político que quiere servir al pueblo con total transparencia y honradez, encontrará muchos enemigos y tal vez verá su popularidad disminuida, porque mucho de la popularidad consiste en promesas falsas, como todos lo sabemos, y consiste en alianzas turbias, como también lo sabemos.

Así que un político que quiera seguir el camino de Cristo experimentará la cruz, pero necesitamos políticos crucificados, y necesitamos médicos crucificados, y abogados crucificados. Imaginémonos un padre de familia que tome en serio su fe, ¿experimentará sí o no la cruz? Claro.

Un buen papá tendrá que realizar muchísimos sacrificios, años y años de desvelos, y muchas veces el único pago son unos hijos que ni siquiera e acuerdan de levantar el teléfono para llamar. Así que la cruz es para todos, Jerusalén es para todos, el cielo es para todos y el seguimiento de Cristo es para todos.

¿Que es difícil un voto de pobreza? Sí, es verdad, es difícil renunciar a la posesión personal de los bienes, pero eso no significa que sea fácil la vida de los que no hacen ese voto, quienes muchas veces tienen que pasar por incertidumbres y por pobrezas mayores.

¿Que es difícil hacer un voto de castidad? Sí, es difícil, puede ser extremadamente difícil en algunos momentos de la vida, pero también nos dice San Pablo que el que opta por el Señor, el que se queda con Dios se ahorra una cantidad de problemas, por ejemplo no tiene suegra.

Entonces sí, uno puede decir que la vida religiosa es seguimiento de Cristo, pero así como tiene renuncias tiene ventajas, y nadie las va a anegar. Así que no tenemos que considerar simplemente héroes a los que optan por la vida religiosa, o por el sacerdocio.

A esta altura de mi vida, mi convicción es que toda vida bien vivida es difícil, cuesta trabajo, pasa por la cruz y llega a la gloria. Todos llamados al seguimiento de Cristo.

La persona que pasa por una enfermedad está viviendo el seguimiento de Cristo, está experimentando la cruz del Señor. En su soledad, en su dolor, puede decir perfectamente lo que decía San Pablo: "Estoy crucificado con Cristo" Carta a los Gálatas 2,19.

Así que si uno por ejemplo se encuentra, como muchos de ustedes, en un lugar como éste, en un hogar para ancianos, pues un anciano puede decir: "Yo aquí solo y amargado", o puede decir: "Yo aquí unido a Cristo, unido a mi Maestro, esperando a entrar con Él al banquete del Reino Celestial".

Uno puede decir, cuando se encuentra en un hogar de ancianos: "Nadie me pone cuidado, yo no valgo nada, a nadie le importa si yo existo", o uno puede decir: "Bendito sea Dios que puso sus ojos sobre mí y me escogió para que yo siguiera el camino de mi Señor; me eligió para que yo participara del dolor de mi Salvador".

Quien así hablara estaría repitiendo las palabras de San Pablo: "Completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo" Carta a los Colosense 1,24.

Así que todos tenemos ocasión de vivir este misterio del seguimiento del Señor: los religiosos y los seglares, los sacerdotes y los laicos, los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, los enfermos, los casados, los solteros, todos. Todos seguimos a un mismo Cristo, todos bebemos de una misma fuente, y por la misericordia de Dios, todos cantaremos una misma alegría