Co13002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20070701

Titulo: Valoremos nuestra fe

Tiempo de audio: 15 min. 5 seg.


Amigos Queridos:

Con respecto al evangelio de hoy, vamos hacer una pequeña aclaración. Pero la mayor parte de la predicación que quiero compartirles se refiere a la segunda lectura. Pocas veces los domingos predicamos sobre la segunda lectura, pero creo que este domingo es especial y ya veremos por qué.

Lo que quiero aclarar es esa frase misteriosa. Jesús le dice a alguien: "Sígueme" San Lucas 9,59, y él dice: "Permíteme que vaya a enterrar primero a mi padre" San Lucas 9,59,, y Jesús se muestra intransigente.

Y nos puede parecer muy extraña esa reacción de Jesús; este hombre sólo le dice, voy a enterrar a mi papá, y Jesús: “Nada, que los muertes entierren a sus muertos” San Lucas 9,60. Pero hay que hacer una aclaración.

Cuando este hombre le dice "voy a ir a enterrar a mi padre", no es que se hubiera muerto el papá de él. Esa es una expresión que existe en arameo, y que existe en hebreo, y que lo que quiere decir es: "Voy a esperar a que mis padres mueran, y cuando ellos mueran, y yo los haya enterrado, entonces hay vuelvo y te sigo".

Y entonces Jesús lo que le está diciendo es: "De aquí a que tú vayas, y tus padres mueran, y todo eso se arregle, y la herencia, y todo lo que está sucediendo, y después tú vuelvas, ya se hizo tarde.

Entonces esto es para que comprendamos el sentido de la expresión de Cristo. Lo que en el fondo esta diciendo es: “El evangelio merece tu respuesta hoy, ahora, el mañana es incierto; si le vas a decir "sí" al Señor, dile que "sí" en este momento" .

Y quiero ahora, junto con ustedes, dirigir mi atención a la segunda lectura. Aquí está escribiendo el Apóstol San Pablo a los cristianos de Galacia, los que solemos llamar “Gálatas”, y Pablo insiste mucho en el tema de la libertad en esa Carta.

Resulta que Pablo mismo había sido el primer evangelizador de los gálatas. Y ellos habían empezado bien su camino como comunidad cristiana. Pero después de que Pablo se fue, llegaron otros predicadores, y empezaron a decirles: "Pues muy bonito lo que ustedes han oído, pero si ustedes no van a practicar toda la Ley de Moisés, ustedes no pueden ser salvos".

Y entonces los gálatas, que ya habían oído a Pablo, y que ya habían creído el Evangelio que Pablo les había predicado, entonces cambiaron, y empezaron a creer ellos mismos, que tenían que practicar toda la Ley de Moisés como los judíos porque si no, no se iban a poder salvar.

Esta Carta que San Pablo escribe a los gálatas, es una Carta muy fuerte, es casi como un regaño, los trata de necios, de insensatos, "¿pero cómo así? Si ustedes iban bien, ¿qué nos paso? ¿Qué nos paso?"

"Ustedes habían aceptado el Evangelio de la gracia, habían aceptado que somos salvados por el puro amor misericordioso de Dios, no por las cosas que nosotros hiciéramos. Y ahora empiezan a poner su confianza en la obediencia en la Ley de Moisés. ¿Qué pasó con ustedes?"

Ese es el tono general, ese es el contexto de la Carta a los Gálatas. Y esa controversia, esa discusión le sirve a San Pablo para enseñarla a los gálatas dos cosas:

Primera: que uno no puede estar abierto a todos los predicadores y a todas las predicaciones; segunda: que hay que entender muy bien la relación entre el régimen de la Ley, o sea el régimen de Moisés, y el régimen del Espíritu, o sea el régimen de Cristo. Son como dos etapas, y hay que saber cómo se relacionan y en qué se diferencian.

Entonces lo primero, que entendamos que no se puede estar oyendo a todos los predicadores. Yo sí quisiera que esto, por lo menos en América Latina se dijera en todas las iglesias. Porque la gente tiene oídos atentos, pero a veces tiene demasiados oídos.

Y van las gentes de las sectas, van mormones, testigos de Jehová, evangélicos, pentecostales; “Pare de Sufrir” es una secta que nació en Brasil, es una derivación de los pentecostales .

La predicación de los "Pare de Sufrir", es: "Usted verá milagros, usted verá el poder de Dios". Y la gente se reúne en unos salones inmensos, miles, y miles de personas. Y dan unos diezmos maravillosos, sólo comparables con lo que se recibe en Dublín. Y bueno, ahí supuestamente suceden una cantidad de milagros y maravillas, y la gente fascinada con eso.

Entonces San Pablo es muy fuerte con los gálatas, diciéndoles: "¿Ustedes es que no conocen la fe? ¿Ustedes es que no saben lo que han recibido?.

A mí me aterra cómo que tantos católicos asisten a Misa, diez, quince años, veinte años, y de pronto llega otro y les dice: "-No, la Misa no es nada"; "-ah, bueno, entonces la Misa no es nada, entonces ya suspendo la Misa. Oye, ¿pero cómo puedes vender tu fe tan barato? Y hay gente que es así.

Nos quitan, llegan un predicador y nos quita la confesión, "ah bueno, ya no tengo que confesarme"; ah, bueno, mejor para mí, porque vaya si era incómodo, vaya si era vergonzoso eso de confesarme, ya no tengo que confesarme más". Entonces ese punto es importante en la Carta a los Gálatas.

Yo no puedo estar abierto a lo que cualquiera me diga. Y ojalá todos fueran Cristianos; en este momento hay muchas otras sectas, muchos otros grupos. "No, que mira, que en realidad Dios es todo. Y si tú bajas a la profundidad de tu yo, tú eres Dios, y Dios es tú, y el cosmos es Dios y todo es Dios; tu perro es Dios".

"Tú eres tu perro, tú perro es tu concentrado, el concentrado eres tú, y tú eres Dios y todo es todo con todo". Y la gente, "si, sí; "abre los ojos", "oye sí, tan interesante todo, cómo se conecta todo, yo nunca había pensado que yo era como un perro, a mí si me decía la gente perro, y verdad; si, sí todo esta conectado"

Entonces la gente, acepta cualquier predicación, cualquiera. La Carta a los Gálatas es: "valora tu fe, no te vendas barato, no vendas lo que conoces; no es que llegó otro predicador y ya cambias".

Bueno, el punto principal y el plato central no es ese. El punto principal es la relación entre la ley de Moisés y el nuevo régimen del Espíritu. Y esto lo vamos a explicar muy brevemente.

La Ley de Moisés es cuando a uno le cuentan desde afuera qué es lo bueno y qué es lo malo; la Ley de Moisés, dice San Pablo, es escrito en piedra. Más que referirse a que fue escrita en tal o cual roca, lo que quiere decir es que está afuera de ti. La Ley de Moisés está afuera de ti. Es cuando otras personas te cuentan, y así empezamos todos, todos empezamos por ahí.

Cuando éramos niños, o cuando somos niños, los papás no tienen que enseñar muchas veces sobre lo bueno y lo malo; si un niño hace un daño en la casa, sin que nadie le enseñe, o mejor dicho, enseñado por el demonio en el fondo, el niño dice: "Voy a decir una mentira".

Pero entonces los papás son inteligentes, y se dan cuenta que el niño está diciendo una mentira, y le dicen: "No me digas mentiras, prefiero que me digas la verdad, así yo me ponga bravo".

De esos y de otros modos, nosotros aprendemos de afuera hacia a dentro qué es lo bueno y qué es lo malo. Aprendemos que vale la pena ser honrados, sinceros, perseverantes, que es bueno orar. Por ejemplo, a la mayor parte de los niños no les llama la atención ir a Misa.

Por eso unos se "sindicalizan" y protestan en la iglesia. A muchos niños no les gusta ir a la Misa. Entonces los papás tienen que persuadirlos un poco y arrastralos otro poco, mientras se puede, ya después los hijos se vuelven demasiado grandes y ya tendrán que decidir ellos.

Eso es Ley de Moisés, otro me dice lo que yo tengo que hacer, otro me dice lo que es bueno y es malo, está afuera de mí esta Ley; esa Ley es necesaria porque le ayuda a uno a formarse la conciencia.

Sí, mi papá me dijo muchas veces que yo no debía de decir mentiras pasara lo que pasara; cuando crezco me siento mal al decir una mentira, aunque no tenga tanta razón, porque algo queda de lo que me dijo mi papá tantas veces.

La Ley de Moisés, es decir, ese régimen de afuera hacia adentro, es muy bueno, es muy necesario, muy útil, porque es el aprendizaje por el que todos pasamos, es el aprendizaje que significa el despertar o el formarse la conciencia.

Formar una conciencia, qué es bueno y qué es malo. Pero la Ley de Moisés, no es suficiente, es decir, ese estilo de afuera hacia adentro no es suficiente, mis hermanos.

Porque resulta que un día uno crece, y entonces ya uno dice: "Ya, a la edad que tengo, ya mi papá no me puede arrastrar a la iglesia, ya no voy a la Misa". Ahí ya toma uno la decisión. O también pasa otras veces que uno sabe que una cosa esta mal hecha, pero le reporta tanto beneficio, por lo menos aparente, que uno cae en eso.

Entonces por eso hay adultos, bien adultos, que dicen mentiras, y grandes mentiras, saben que están mintiendo, pero les trae tantas ventajas mentir, que lo intentan y a veces hasta les funciona.

La Ley de Moisés tiene el problema de que no cambia el corazón. El gran problema de la Ley de Moisés es que uno puede saber lo que es bueno y lo que es malo, pero la fascinación, el poder, la atracción que tiene lo pecaminoso, no termina de morir con la Ley de Moisés. Hasta cierto punto, uno queda en una condición peor.

Porque ahora ya sabe qué es malo, y sin embargo se siente inclinado de hacerlo y no logra cómo vencerlo. Especialmente, cuando se trata de cosa más profundas, como por ejemplo, el afecto la fidelidad, la sexualidad, en esa clase de fuerzas que son tan profundas en todas nosotros, es muy difícil mantenerse uno fiel únicamente con la cabeza.

Porque uno siente, como dice San Pablo, que la carne lucha contra el Espíritu, el Espíritu lucha con la carne. La carne no es solamente cuerpo, pero no entremos en esa explicación ahora.

El hecho es que uno se siente dividido, y uno siente, "caramba, yo no debería de hacer esto pero, ay, lo voy hacer". Está dividido, porque hay una atracción hay un poder. Hay una especie de poder interno en el corazón que el mal tiene.

Y por eso se necesita una nueva situación, un nuevo régimen, que fue lo que trajo Cristo. Esto es lo que explica Pablo en la Carta a los Gálatas.

El nuevo régimen es el régimen del Espíritu, es el poder del Espíritu, ¿en qué consiste la Ley del Espíritu? No es algo que yo aprendo afuera de mí, sino es algo que viene a mi corazón.

La gran obra del Espíritu Santo, se resume en esta frase: que el bien me sepa bueno, esa es la obra del Espíritu Santo, y por consiguiente, que el mal me sepa mal.

Cuando nosotros recibimos esa Ley Nueva, que es una ley interior, que es la Ley del Espíritu actuando en nosotros, el bien sabe bueno, así sea difícil, y el mal sabe feo, así sea fácil.

Y por supuesto, en esta Nueva Ley, en esta Ley del Espíritu, entonces es posible lograr lo que no se lograba con la Ley de Moisés. La ley de Moisés es como cuando tratan de convencerlo a uno a base de castigo y cárcel, hasta cierto punto, uno obedece; pero como siempre deseando haber cómo podría yo escapar de ese castigo: "A ver, cómo podría yo hacer de todas maneras lo que de todas maneras yo quiero hacer.

En cambio, la Ley del Espíritu. La ley el Espíritu sí nos transforma adentro; la Ley del Espíritu sí nos cambia interiormente, sí nos da un nuevo corazón.

Todo esto, mis hermanos, para que aprendamos a valorar lo que significa la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas, y no dejemos de pedir la ayuda de ese aliado poderoso. Sin ese Espíritu, a lo más que uno llega, es a saber: "Esto está muy mal, ¡ay, pero está tan delicioso!", que así no hay conversión posible.

Necesitamos que obre el Espíritu en nosotros, para que el bien sepa delicioso, para que nos guste, para que nos encante, para que nos fascine, nos atraiga, nos posea; y el mal, así sea aparentemente seductor, no tenga ese poder en nosotros.

Sigamos esta celebración después de haber sido enseñados por San Pablo, y sigamos valorando nuestra fe católica. No vendan su fe a precio barato; no oculte su fe en Cristo; no oculten su pertenencia en la Iglesia católica. No porque yo estoy aquí en otro país donde uno no puede decir nada. Sí puede decir, con respeto, con amor; pero uno no va a vender nuestra fe por un plato de lentejas.