Co02011a

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¡Feliz domingo para todos!. Este es el segundo domingo del tiempo llamado Ordinario y de manera ordinaria, los domingos de este año tomamos el Evangelio de san Lucas, porque nos encontramos en el Ciclo C, esta palabra “ciclo” indica como una vuelta, y eso es lo que hacemos durante los domingos, hacemos como un recorrido alrededor de Jesucristo, porque queremos conocerlo y nuestro guía este año es el evangelista san Lucas, el año entrante si Dios permite estaremos en el Ciclo A y será san Mateo quien nos guíe, y luego el año siguiente estará san Marcos en el Ciclo B. Pero resulta que hay excepciones, con alguna frecuencia estas disposiciones litúrgicas tienen sus excepciones, hoy es un caso, efectivamente nos encontramos con que hay un texto del Evangelio según san Juan, se trata de las bodas de Caná. ¿Por qué aparece san Juan? y ¿por qué ese pasaje específico ya que los textos durante este año deberían ser de san Lucas?. Podemos decir que es un eco de la fiesta del domingo pasado, el Bautismo del Señor, que a su vez hay que leerla como una epifanía más, es que la palabra epifanía es mucho más importante de lo que nosotros usualmente pensamos, la palabra epifanía indica que Dios nos se ha escondido, sino que se ha revelado, no ha dejado oculto ni su amor ni su gloria, sino que las ha manifestado a nosotros y esa manifestación de la gloria, del amor y de la verdad de Dios es algo tan importante porque todo el Evangelio, si lo miramos bien, la Biblia entera quiere ser precisamente “manifestación” de la verdad de Dios; Jesucristo dice que la vida eterna consiste en conocer al Padre celestial y conocer al que Él envió (cf. Jn 17,3), es decir a Jesucristo, y ese conocimiento nos llega a través de la revelación del amor divino, tanto en las palabras como en las obras, tanto en las enseñanzas como sobre todo en la vida de la Iglesia, así que la razón por la que tenemos las bodas de Caná, es porque estamos haciendo como un eco a esa palabra tan importante, subrayó esto porque para muchas personas el tema de la epifanía se queda simplemente en el día de Reyes y mucho más que eso, la epifanía indica esa bondad, esa misericordia de Dios que continuamente busca mostrarse al ser humano sin violentar ni su inteligencia ni su voluntad, lo atrae, lo llama, lo sana, lo mima, lo cuida, lo guía y todo eso finalmente es epifanía. Así que las bodas de Caná son una expresión de la epifanía de Dios, del amor portentoso del Señor, con una clave muy especial en este domingo, una clave que nos viene claramente enunciada en la primera lectura del capítulo 62 de Isaías, y esa clave es el amor esponsal, el amor que es propio de los esposos. Observemos como en la primera lectura está esta frase hermosa: “la alegría que encuentra el marido con su esposa esa la encontrará tu Dios contigo” . Es decir, ese amor dulce, tierno pero también apasionado, exclusivo, dedicado, ese amor que es la identificación propia de los novios verdaderamente felices de estar cerca de su amada, ese es el amor que Dios tiene por nosotros, y por eso en esa clave esponsal, las bodas de Caná nos están recordando que con Cristo ha llegado la manifestación plena de ese amor, por eso el vino nuevo es mejor que el anterior, por eso el vino que Cristo nos da, vino señal de amor, vino señal de alegría, es superior a cualquier otro vino, por eso solo con Cristo se hace abundante ese amor, porque con Cristo como Él mismo lo dice: “ha llegado el novio, con Él ha llegado el esposo”. El libro del Apocalipsis mira a Jesucristo como “el esposo” y a la Iglesia como a “la esposa” (Apo 19,7) y en las bodas de Caná, donde precisamente se celebraba amor humano, Cristo el hombre y Dios, hace presente el amor nuevo, fidelísimo, intensísimo, purísimo, el que viene solamente de lo alto y que trae vida, salvación, alegría incomparable a todos los que le reciben. Que ese sea el sello entonces de nuestros domingos, ese sea el sello de nuestra fe, sabernos tierna, intensa, maravillosamente amados por Dios y saber que nosotros en cuanto miembros de la Iglesia vamos anunciando ese amor, vamos manifestándolo para que nuestra vida sea epifanía.