Ck03008a

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Este es el tercer domingo de Cuaresma, recordemos que los domingos tienen ciclos de lecturas; por ejemplo, este año nos encontramos en el Ciclo C y el autor que más escuchamos es san Lucas, luego vendrá el Ciclo A el año entrante en el cual nos va a guiar san Mateo, y luego el Ciclo B de san Marcos. Sin embargo, el primer domingo de Cuaresma tiene un tema común, no importa si nos encontramos en el ciclo A, B ó C; el primer domingo de Cuaresma siempre se habla de las tentaciones, por supuesto en el ciclo A, serán las tentaciones de Cristo en el desierto según san Mateo; en el ciclo B las tentaciones según san Marcos; y en este ciclo C las tentaciones de Jesús según san Lucas. Algo parecido sucede en el segundo domingo de Cuaresma, la escena en este segundo domingo es la Transfiguración, ciclo A Mateo nos presenta la Transfiguración; ciclo B Marcos nos habla de la Transfiguración y en ciclo C encontramos a san Lucas presentando su versión sobre esa escena bellísima. Es decir que el primer domingo de Cuaresma siempre nos trae las tentaciones, el segundo domingo siempre nos trae la Transfiguración. Pero ya estamos en el tercer domingo y en este día ya cada Evangelio sigue una ruta diferente, así por ejemplo encontramos en este ciclo C un pasaje del capítulo 13 de san Lucas, ¿A qué nos llama este texto?, es una invitación a la conversión.

La escena completa es: algunos se acercan donde Cristo para contarle una noticia dramática, una noticia bien triste, ha sucedido un accidente y en éste ha muerto mucha gente, una catástrofe. Es difícil saber qué era lo que quería la gente que compartía esa mala noticia, lamentablemente hay muchas personas que tienen un cierto gusto, un gusto morboso en compartir malas noticias, hay gente a la que parece encantarle eso, el ver malas noticias y el compartir malas noticias. Quizás porque cuando compartimos algo realmente trágico damos la impresión de estar muy bien informados, o quizás porque nos gusta ver el impacto que nuestras palabras tienen en las demás personas. Sea por lo que sea, le llegan a Cristo con esta mala noticia, pero Él no muestra mayor impacto y más bien nos da un par de enseñanzas que son muy útiles para el tiempo de Cuaresma. En primer lugar Cristo les dice que ese tipo de tragedias, sucedidas en los accidentes, o las sucedidas por crueldad del ser humano no son necesariamente pago por obras malas, por cosas malas que la gente ha hecho, porque ya en tiempo de Cristo y también en nuestra época hay algunos que consideran que si alguien le pasa algo malo, debe ser como una especie de compensación, como una especie de factura que la vida le pasó, “como él hizo algo malo antes entonces la vida le pasó factura y ahora le sucedió algo malo a él”. Esa idea de la retribución inmediata de nuestros males en esta vida es una idea que estaba muy presente en la época de Cristo, y repito tal vez también en nuestra propia época; hay gente que cuando sucede una tragedia se pregunta: “bueno pero qué mal ha hecho esa persona”. He encontrado personas, por ejemplo, que si tienen noticia de una grave enfermedad, se preguntan: “¿pero por qué me pasa esto a mí”, como diciendo: “que le pase a otro es natural, pero ¡que me pase a mi! yo no he hecho nada malo”. Cristo nos saca de esa idea, nos dice: “los que sufren esas catástrofes no son ni más pecadores, ni menos pecadores que el resto de la gente”, es decir déjate de estar buscando explicación a las tragedias en términos de los pecados que la gente allá cometido.

La parte más hermosa del mensaje que Cristo nos da hoy, es que nuestro Padre del cielo, muy al contrario de la imagen que pudiéramos tener de un ser implacable que está buscando en dónde puede encontrar cómo acusarnos, nuestro Padre del cielo tiene una actitud de paciencia, una actitud de misericordia. Dios está buscando caminos para que su amor dé fruto en nosotros.

Así que aprendamos para esta Cuaresma: quitar esa idea de que las tragedias son una especie de pago por las malas obras pasadas, y sobretodo agradecer y aprovechar en el tiempo presente la infinita ternura y misericordia de Dios.