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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980301

Título: Con la tentacion en el desierto lo que el Demonio intenta es destruir el nexo entre Jesus y Dios.

Original en audio: 12 min. 57 seg.


Queridos Hermanos:

Como Dios es el inspirador de toda la Escritura, y como todo lo que Dios quiere decirnos se resume en Jesucristo, a veces para entender mejor un pasaje de la Escritura, es bueno relacionarlo con otros.

Por ejemplo, es bueno relacionar este evangelio de las tentaciones de Jesucristo con aquel texto del capítulo tercero del libro del Génesis, cuando se cuenta el pecado de nuestros primeros padres.

Esta relación no es caprichosa. Nuestros primeros padres son precisamente las primicias de la humanidad creada por Dios. Son, por decirlo así, el comienzo de la obra de Dios en la historia humana, y Cristo, el Señor, es el nuevo comienzo de la historia de Dios, es un nuevo comienzo de la obra de Dios en la historia de los hombres.

Hay una comparación entre Adán y Jesucristo, que ya la hace el Apóstol San Pablo, por ejemplo, en su Carta a los Romanos.

Además, en un cierto paraíso creado por Dios hay una criatura que es también obra de Dios, pero que se ha pervertido a sí misma y que quiere echar a perder el plan de Dios. Esa criatura aparece ahí en figura de la serpiente, se trata del diablo, de Satanás, como nos lo explica el Apocalipsis.

Esa misma criatura es la que ha aparecido en el evangelio de hoy. Así como Satanás tentó a Adán, así como Satanás tentó a nuestros primeros padres, así también ahora tienta a este nuevo comienzo de la humanidad en la persona de Jesucristo.

Entonces ahí hay otro parecido. Lo que aquí no es parecido es que en el primer caso Adán y Eva se encuentran en el paraíso, mientras que aquí Jesucristo se encuentra en lo que podríamos llamar es la antítesis del paraíso, lo contrario del paraíso, se encuentra en el desierto.

Y tampoco son iguales los resultados porque dolorosamente en el primer caso, en el de Adán y Eva, la humanidad reporta derrota, pierde; mientras que en este segundo caso con Cristo, nuestra humanidad, en la Carne de Jesucristo, reporta victoria; esta vez el triunfo es de Dios.

Son dos escenas que tienen mucho que enseñarnos en su comparación, entre otras cosas porque yo creo que muchos de nosotros tomamos la Biblia, especialmente en esos primeros capítulos del Génesis, como una especie de cuento para niños.

El hecho de que el lenguaje sea esencialmente simbólico no quita que ahí hay una verdad, una realidad profunda que tiene que ver tan sólo con nuestro pasado, sino con lo más profundo de nosotros.

Porque estos son los dos sentidos que tiene la palabra "origen". El origen de algo puede ser lo que sucedió hace mucho tiempo, pero el origen de algo también puede ser lo que está sucediendo en lo profundo. El origen de una fuente no está solamente hace muchos años, el origen de una fuente está en lo profundo.

Así también, cuando la Biblia nos habla de nuestros orígenes, no nos está hablando de hace muchos años; nos está describiendo lo profundo del corazón humano.

Y por eso, cuando nosotros leamos sobre Adán, sobre Eva, o cuando leamos sobre Cristo tentado, sepamos que se nos está hablando de lo profundo de nuestro corazón; se nos está hablando de las escenas que suceden en los sótanos del alma. Sepamos que se nos está describiendo qué clase de drama se vive allá en lo íntimo del corazón.

Pues bien, en el primer caso se trata de una derrota, y en el segundo caso se trata de una victoria. Pero el ataque del Diablo es muy semejante en ambos casos. Ante todo hay que saber por qué pretende el Demonio atacar a esta criatura. El Diablo no intentó destruir los mares, no intentó apagar las estrellas, no quiso tocar los ríos. El Diablo no intentó eso.

El Diablo intentó destruir la obra de Dios en aquél que lleva la imagen de Dios, es decir, en el ser humano.

El adversario propio de Satanás es Dios, y si Satanás ataca al ser humano es porque en él ve la imagen de Dios, porque quiere exterminar la imagen de Dios, porque quiere, por describirlo con una palabra misteriosa, devolver la creación. Quiere que la creación no exista. Quiere devolver la creación, anular el espacio del ser.

Pues bien, esto quiere decir que el tipo de tentación de Satanás en todo ser humano es relativamente semejante. Y quiere decir también que hay un parecido entre la obra de tentación que el Diablo tiene con Adán y el que tiene con Cristo.

El pasaje que hemos escuchado, hermanaos, no es desconocido para nosotros, más bien lo hemos oído muchas veces: las tentaciones de Cristo, Cristo en el desierto tentado por el Diablo. Pero a veces, con las cosas que oímos muchas veces, nos pasa que no las escuchamos nunca. De creer que ya las hemos oído, de afirmar que ya las hemos oído, en realidad no las oímos.

Salimos de la iglesia pensando: “Ah, sí, era el evangelio de las tentaciones, sí, el cuento aquel”. Para nosotros se nos vuelve fácilmente cuento, cuentecito. Y la verdad que Dios quería comunicarte ¿qué? Y el alimento para tu alma ¿qué?

Y resulta que hay mucho alimento aquí. De lo que podríamos decir de esta Palabra quiero compartir con ustedes solamente una última enseñanza que me parece bella, porque describe tanto el género de ataque de Satanás como el género de victoria de Dios.

El Diablo le dice a Jesucristo: “Si de veras eres el Hijo de Dios, manda que esta piedra se convierta en pan” San Lucas 4,3. Esa frase tiene una condición: "Si eres Hijo de Dios, manda que esta piedra se convierta en pan" San Lucas 4,3.

Nosotros muchas veces nos hemos olvidado de esa condición, del condicional, y nos hemos quedado sólo con lo que específicamente sugiere Satanás. Quiero decir: nosotros nos hemos quedado pensando que lo que el Diablo le estaba diciendo a Cristo era simplemente que produjera como una especie de acto de magia: "Vuelve esta piedra pan".

¿Era esa realmente la tentación? ¿La tentación del Diablo era simplemente: "Haz un acto de magia aquí porque yo te lo estoy pidiendo?" La cosa es más profunda. El problema es este: "Si eres Hijo de Dios, manda que esta piedra se convierta en pan" San Lucas 4,3.

La clave está el condicional: "Si eres Hijo de Dios" San Lucas 4,3. Lo que intenta destruir el Diablo en su tentación frustrada, ciertamente, contra Cristo, es eso: "Si eres Hijo de Dios" San Lucas 4,3.

En lógica matemática y en lógica formal hay un enunciado general: que la proposición P implica Q, es equivalente a la proposición no Q implica no P. Eso tiene que ver con este evangelio: "Si eres Hijo de Dios, manda que esta piedra se convierta en pan" San Lucas 4,3.

No Q implica P ¿qué quiere decir?: "Si esta piedra no se convierte en pan, es que tú no eres el Hijo de Dios.

No se trataba solamente de que Cristo se concentrara, sacara energía de por allá lo que se imaginan los metafísicos de hoy o la Nueva Era, sacara energía, se concentrara y pum: "¡Un pan!" La tentación no era esa. La tentación era: "Si esta piedra no se convierte en pan, es que tú no eres el Hijo de Dios".

La gran tentación del Demonio es romper, lijar, limar, aserrar el vínculo que une a Jesús con Dios. Lo que él intenta es destruir el nexo entre Jesús y Dios. Lo que intenta es que el bien de Cristo, concretamente, el bien de un pan para calmar su hambre, esté en contra, sea distinto, sea opuesto al bien de Dios, es decir, a la obediencia a Dios.

La estrategia de Satanás fue así, tal cual, con nuestros primeros padres. Si recordamos el diálogo que tiene la serpiente con Eva, lo que le dice es: “¿Verdad que Dios os dijo que no comierais de ninguno de los árboles?" Génesis 3,1. Empieza mintiendo porque es el príncipe de la mentira.

¿Y qué intenta con esta sugerencia maliciosa? Que la mujer, es decir, que el ser humano, porque en esos primeros padres tenemos que vernos representados nosotros, que el ser humano sienta: "Una cosa es mi bien y otra cosa es lo que Dios quiera de mí. Luego, para obtener mi bien, tengo que romper mi relación con Dios; esa es la estrategia del Demonio.

Que uno piense que obtener el bien de uno supone romper con Dios. Eso es lo que lleva haciendo Satanás generación tras generación, día tras día, en una y en otra persona, en hombres y en mujeres. Tratar de convencernos de que nuestro bien es distinto de lo que Dios quiere para nosotros.

Y esta es la primera tentación que le pone a Jesucristo: “Si tú eres, dizque el Hijo de Dios, entonces haz que esta piedra se convierta en pan" San Lucas 4,3. "O sea que si no se convierte en pan, tú no eres el Hijo de Dios, entonces rompe tu relación con Dios, y haz pan aquí. Que tu bien para calmar tu hambre sea distinto del bien que Dios quiere para ti.”

Jesucristo responde: “No solamente de pan vive el hombre” San Lucas 4,4. Con eso está mostrando que su vida tiene un nexo que está por encima del pan. Con eso está mostrando que la fuente de su ser no está mediada por la creación.

Aquí hay una realidad incluso filosófica, ontológica. Está mostrando que el nexo entre el Creador y la creatura racional, entre el Dios creador y el ser humano, ese nexo no está mediado por ninguna otra creatura.

Entre otras cosas, esta es una de las pruebas escriturísticas de la creación del alma humana directamente por Dios y de la debilidad de toda persona humana.

Queridos hermanos, Jesús muestra que su vida no está mediatizada por el pan; que no está unido a Dios más allá de todo pan, que su vida brota directamente de Dios, y así vence la tentación del Diablo.

Nos habíamos entristecido cuando nuestros padres perdieron ante la tentación. Consecuentemente, alegrémonos de Cristo haya vencido esta tentación, y aprendamos de Él a estar tan vivamente unidos a Dios, que ningún pan, que ningún interés nuestro nos pueda separar de la gloria de nuestro Padre Celestial, a quien sea la alabanza por los siglos.

Amén.