Cinco charlas de Mariologia (5 de 5)

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El Padre Gianni Colzani pertenece al clero diocesano, está adscrito a la arquidiócesis de Milán, es mariólogo, como especialidad suya, profesor de la Universidad Urbaniana, en Roma, escritor prolífico. Él nos ofreció un par de ponencias en el reciente Congreso de Teología Mariana en Chiquinquirá. Y voy a apoyarme en una parte de un escrito suyo para referirme al futuro de la Mariología, sobre todo en el siglo XXI, que ya es mucho decir.

Empieza diciendo el Padre Colzani: "El haber aceptado un título como este del futuro de la Mariología, es probablemente signo de inconsciencia; hipotizar la la tarea que la Teología desarrollará en los próximos noventa años, significa preguntarse cuáles serán las opciones estratégicas de la Iglesia del futuro; preguntarse sobre el servicio que la Teología podrá ofrecer a esas opciones e interrogarse sobre el valor que la piedad mariana podrá revestir en orden a dichas opciones, porque no soy profeta, -dice el Padre Colzani-, me consideraré satisfecho con partir del hoy y de proyectar la mirada un poco hacia adelante. No es fácil, no es sencillo hablar de la Iglesia del futuro en estas circunstancias".

Y un poco más adelante nos da una imagen, nos pinta un cuadro a grandes brochazos sobre lo que está sucediendo hoy y cómo puede impactar hacia el futuro, creo que fue la parte más interesante del trabajo que tuvimos en esos días. Dice el Padre Colzanni: "Sin entrar en un análisis de las transformaciones sociológicas y de las raíces culturales y filosóficas de estas transformaciones, bástenos reconocer aquí un dato pacífico, es decir que nos encontramos ante un cambio de época, un cambio radical de interpretación de la vida". Ese es como el centro de gravedad de la propuesta del Padre Colzanni: "Nos encontramos ante un cambio radical de interpretación de la vida".

Por supuesto, esta reflexión que él hizo, estaba destinada a los asistentes del Congreso, pero yo creo que adquiere como un eco particular cuando se pone frente de una de las formas de vida consagrada que tiene más estabilidad, por algo decía San Bruno, el del día de hoy, Patrono de mi hermano, porque así se llama mi hermano, Bruno, y se llama Bruno por el santo, ¿no? No es por otra razón. Decía San Bruno: "Stat Crux dum volvitur orbis", o en todo caso ese es lema de la Orden Cartuja, "Stat Crux", la Cruz permanece en pie y permanece firme, "dum vulvitur orbis", mientras la tierra o el mundo da y da vueltas, la Cruz permanece como referencia permanente.

Por eso digo, que esto que nos va a decir Colzani, creo que es bien interesante desde la perspectiva de la estabilidad propia de la vida monástica, y de esa referencia continua de la vida cristiana y religiosa al misterio de la Cruz.

Sigue él: "Me consideraré satisfecho recordando los fenómenos principales, dejando su explicación a quien le corresponda", y empieza la enumeración: "Son fenómenos que van desde la secularización postmoderna a la globalización y las reacciones que esta ha suscitado". Dos términos: "secularización postmoderna".

Recordemos un poco qué se quiere decir con postmoderno aquí. La modernidad se suele entender hoy como un proyecto, proyecto económico, social y filosófico a la vez, un proyecto que hunde sus raíces en la Ilustración y que tiene como características principales un profundo optimismo, una confianza irrestricta en la razón humana y una mirada hacia la historia como un ascenso, como un progreso; tal vez la palabra que mejor define a la modernidad es progreso, un progreso desde las fuerzas de la razón, un progreso desde las fuerzas del ser humano.

Por supuesto, como se plantea en términos de la razón, se espera que sea omnicomprensiva, y como se plantea desde la razón, se espera también que desconfié de lo que no pueda masticar suficientemente y digerir la razón, en concreto, la modernidad tuvo desde el principio esa tensión con todo lo que no cupiera en las leyes científicas y todo lo que no fuera susceptible de análisis, critica y, eventualmente, descarte de parte de la razón.

Una consecuencia que esto trae es que la institución eclesial, la Iglesia como tal, pues queda descartada, porque la Iglesia como institución reposa sobre una realidad que es sacramental; pero para aquel que no cree en los sacramentos, ¿qué es el clero? Pues es una casta que se perpetúa en el poder, eso es lo que es el clero, y resulta enormemente fastidioso. Ya esta semilla de enojo, de fastidio contra la Iglesia estaba presente en algunos de los grandes ilustrados. Recordemos el lema de Voltaire: "Hay que destruir a la infame", y la infame para él es la Iglesia, es la gran enemiga. El primer enemigo no es Dios, no es la religión, el primer enemigo es la Iglesia.

Pero la Iglesia se convierte en enemiga por el clero y por la Revelación, la Revelación que quiere ponerse como una autoridad más allá de la razón, y el clero que quiere sustentarse sobre una realidad sacramental que la razón no puede dominar. Entonces, la Iglesia resulta detestable.

La modernidad, según esta concepción, pues se convierte en un programa de vida, que es el que ha ciertamente empujado o potenciado lo que se llama el desarrollo. Hoy se habla de países desarrollados, pues buena parte del desarrollo tiene que ver con la modernidad.

Como la modernidad tiene esa estructura racional, entonces quiere tener grandes teorías. Dicen los filósofos de estos temas que es propio de la modernidad las grandes narrativas, una teoría que abarque todo, que explique todo. Ese proyecto optimista de la modernidad empieza sin embargo a hacer agua, como se dice.

En el siglo XIX ya hay un problema que es la fractura de la sociedad. La utilización de la razón en términos de tecnología produce obviamente la Revolución Industrial, que es ambigua, porque significa un gran progreso, como quería la modernidad, pero a un precio altísimo: el precio de convertir, en la práctica, en esclavos a muchísimos de los miembros de la sociedad. La Inglaterra del siglo XIX es un lugar sencillamente espantoso, es una gigantesca fábrica, es una máquina en la cual no se vive sino para alimentar otras máquinas y para aumentar el lucro.

La vida de la clase obrera se vuelve terriblemente miserable, y así surge dentro de la modernidad una escisión que es la propia del comunismo filosóficamente alimentado por Marx. El comunismo no es una respuesta a la modernidad, sino es una versión nueva de modernidad que intenta dar una respuesta racional al progreso y a la productividad, pero venciendo las falencias propias del egoísmo capitalista. La modernidad, sin dejar de tener su unidad, fractura a la sociedad, machaca a los pobres y a la clase obrera, se divide en dos brazos pero sigue siendo esencialmente una.

Así llegan las cosas al siglo XX, pero en el siglo XX ya el barco se encuentra con otro iceberg, y hace mucha más agua. En el siglo XX nos encontramos con lo que en esa época se llamó la Gran Guerra, que nosotros llamamos la Primera Guerra Mundial. Y la Primera Guerra Mundial de nuevo es ambigua, hay unos avances tecnológicos fantásticos, lamentablemente avances que están al servicio de la muerte. Por ejemplo, la aviación progresa de un modo exponencial, pero ese progreso está ligado a la capacidad de darle más duro en la cabeza al enemigo. Hay un progreso tecnológico, pero ese progreso ya es descaradamente homicida.

La química avanza, pero avanza, por ejemplo, para producir el espantoso, el infernal gas mostaza, que desfigura, que quema a las personas y que se convierte en un modo nuevo de luchar.

Entonces va apareciendo un rostro que era inesperado para la gente de la Ilustración. Diderot, por ejemplo, tenía un optimismo total sorbe la razón. Para ellos, "el fanatismo es el lenguaje propio de los que creen, de la gente religiosa, pero nosotros, los racionales, pues no vamos a caer en esos extremos", esa era la hipótesis, y sin embargo vemos que la Europa superracional cae en esos y en otros y peores extremos.

Unos años después, superada esa primera gran guerra, vuelve un poco el optimismo, pero viene la terrible crisis económica, el período de la gran depresión en Estados Unidos, -estamos hablando de mil novecientos veintiocho o veintinueve-, Estados Unidos entra en profunda depresión, cantidad de gente que se suicida, es decir, el sistema económico que parecía como una máquina que iba a dar la felicidad a todo el mundo, se muestra insuficiente para responder incluso a las necesidades básicas de las personas. Ya esos son golpes mucho más serios al proyecto de la modernidad.

Entonces viene otro golpe. Terminada la Primera Guerra Mundial, o apenas terminando la Primera Guerra, está la revolución Bolchevique del diecisiete, y entonces durante unos años está Lenin, todavía rebozando optimismo, y con ese mismo optimismo se recibe a José Stalin, y Stalin se presenta también como un racionalista: "Vamos a ser racionales, vamos a organizar la producción; y para ser lógicos, pues vamos a diseñar proyectos", son los famosos planes para cinco años, los planes quinquenales de Stalin.

Pero los planes quinquenales de Stalin significan el reacomodamiento de la vida y del trabajo de millones y millones de personas, y entonces es una operación de transformación demográfica forzada que lastima, que despedaza a mucha gente, y surge oposición. La respuesta de Stalin no tiene nada de racional, pues los enemigos de la revolución son enemigos del pueblo, y al pueblo hay que defenderlo de sus enemigos, entonces, "echen para Siberia".

Y se empieza a constituir una máquina espantosa de muerte que en el curso de pocos años mata a más personas que las que habían muerto en la Gran Guerra, en la Primera Guerra Mundial, y de nuevo esto se hace a nombre de la razón, ¿entonces qué está sucediendo? que el proyecto de la modernidad cada vez presenta más falencias, ese barco cada vez hace más agua, y cada vez se presenta un mayor desconcierto.

Luego viene la gran depresión, que ya mencionamos, que también deja muchos interrogantes: "Se suponía que nosotros teníamos manejado el tema de la economía y, sin embargo, fíjate cuántos pasan hambre y cuántos se encuentran insatisfechos". Y luego la democracia, que se supone que es el gran epítome de la razón, pies elige a Adolfo Hitler, en Alemania, esa fue una elección, para que se sepa para qué puede servir la democracia, pues Hitler fue elegido democráticamente, para los que alaban la democracia, pues que se sepa que no lo resuelve todo.

Hitler es elegido y empieza su campaña sistemática de extermino, no solamente de judíos, sino de polacos, de extranjeros y de todos aquellos que o adoraran sin reservas su proyecto racial y su proyecto económico.

Y también ahí hay mucha racionalidad, como hay racionalidad en el diseño de la bomba atómica, y como hay racionalidad en un avance industrial que produce basura, que destruye el planeta, que llega luego a Corea, que llega luego a Vietnam, que llega luego a la guerra fría, y durante décadas la mayor parte de los países son como convidados de piedra, mirando cómo discuten dos gigantes, que son Estados Unidos y Rusia, o mejor dicho, la Unión Soviética, mirando a ver cómo discuten muchos países, la mayoría, de hecho, de Europa Oriental, ven cómo, en sus pacíficas colinas y campos se instalan silos, en los cuales hay misiles nucleares.

Pues tal vez esa realidad no la hemos tenido cerca, o no sé si alguna de ustedes la haya tenido cerca, pero tratemos de hacer la composición de lugar. Tú trata de imaginarte que tú tienes tu terreno, tienes tu finca, de ahí ha comido y de eso ha vivido tu abuelo, tu familia toda la vida, y de repente tu vecino de toda la vida recibe una instrucción del Gobierno: "Te vamos a pagar tanto por tu terreno, pero tienes que salir ya", y lo mismo el otro, el otro y el otro, y tú te quedas perplejo: "Por qué el Gobierno les está haciendo eso?"

Les compran ese terreno, llega una cantidad de maquinaria, y tú doces: "¿Que están haciendo? ¿Esta es una fábrica?" No, esta no es una fábrica: están construyendo un depósito subterráneo, de manera que te cambian de vecino, ahora tu vecino no es don Antonio González, que conociste toda la vida, que se tomaba unos vinos con tu papá, ahora tu vecinos es una cabeza nuclear, queda ahí a trecientos metros, esperando el momento a que Washington o alguien determine cuándo hay que oprimir un botón para que salga eso, ese mensajero de la muerte y destruya millones en Rusia, o en Ucrania, o donde sea. ¿Qué lógica hay en eso? Es decir, ¿como se puede reconocer progreso de la humanidad en una locura de esas?

Todo esto es para indicar por qué el proyecto de la modernidad empieza a hacer crisis, una crisis hasta cierto punto irreparable. Entonces la gente reacciona de muchos modos, y una de las reacciones es despedirse de ese proyecto de la modernidad, y las despedidas son muchas.

Se suele asignar la fecha 1968 como la fecha de la crisis, de la gran crisis. Ahí es en donde la racionalidad estalla, estalla en París, porque parece que Francia tiene liderazgo en muchas de estas cosas. Estalla en París, viene la revolución de los estudiantes, el Gobierno intenta responder de un modo racional: " A ver qué es lo que tú quieres", y las protestas son muchas.

A esa generación de jóvenes todo le disgusta: les disgusta el mundo como está, les disgusta vivir bajo el miedo, les disgusta el imperio de la bomba atómica, les disgusta tener que construir tan pesadamente, tan dolorosamente lo que se despedazó en la Segunda Guerra Mundial, solo para esperar a que venga otra guerra peor y nos convierta en esclavos de quién, o nos deje mutilados, o nos deje deformes, o llenos de tumores, o incapaces de engendrar. Hay un descontento con la economía, con el Gobierno, hay una especie de sensación de caos.

Y la racionalidad estalla también en las protestas. En alguno de los famosos graffitis del París de mil novecientos sesenta y ocho, los estudiantes de la Sorbona escriben: "Queremos pupitres de chocolate", ¿detrás de esa frase qué hay? Es poesía, porque es al mismo tiempo indicar un descontento infinito y la imposibilidad de saciar ese descontento. A su modo, esa frase tan tonta lo que está diciendo es: "El mundo no nos gusta y no hay nada que pueda repararlo".

Entonces viene una revolución, en el mundo desarrollado, que junta muchas cosas: un nuevo tipo de música, entonces entra el rock, en todo el mundo; un nuevo tipo de cultura, que es la cultura hippy, y viene el consumo abierto de drogas, y viene una sensación de despedirse de todo, algunos, con el dramatismo de tomar su propia vida, de suicidarse, otros, en cambio, desde una actitud más bien cínica, que en el caso de España se puede identificar con la palabra pasota, es aquel que pasa de todo: "Paso de la Iglesia", "paso del Gobierno", "nada me importa", "nada me mueve", "nada me entusiasma", "no hay posibilidad de volverme feliz".

Pero los que no se suicidan, porque los que se suicidaron, hasta ahí llegaron, los que no se suicidan empiezan a trabajar en distintas causas, y esas causas configuran un abanico de fenómenos que se suelen llamar postmodernidad, esa es la posmodernidad.

Características de a postmodernidad, de acuerdo con los que siguen esta secuencia: pues la postmodernidad está centrada en la subjetividad. Si la racionalidad presume de ser objetiva, "nosotros tenemos la verdad", en la postmodernidad lo que interesa es "mi verdad". "Tú tienes tu gran Teología Moral, pero a mí eso me vale un cuerno, no me importa, yo tengo mi moral". "Tú tienes tu gran teoría filosófica, pero eso a mí no me dice nada, a mí lo que me dice algo es senderismo, o pintura psicodélica, o arte música", o, -y aquí viene otra característica-, la emergencia del grupo de amigos como único ámbito de existencia emocional, es decir, el pequeño grupo.

La gran narrativa, es decir, las grandes teorías se han fracturado y caen, lo único que queda son los pequeños relatos, esto está muy vivo. Y es impresionante, sobre todo cuando uno viene de otra cultura en la que las cosas han funcionado de otro modo, es impresionante cuando uno llega a Europa o llega a estos países, darse cuenta que un poco en todas partes ese lenguaje está vivo. La manera de predicar cambia, porque esto afecta a todas las realidades, la manera de predicar cambia.

El modo típico de predicar antes del sesenta y ocho es: "Mira, aquí está la verdad, lo voy a explicar despacio y entiéndelo de una buena vez: la verdad es esta, y esta, y esta, tu papel en el mundo es este, eso es lo que tú vas a ser, ahora que ya sabes, pues no es sino que agarres bien tu timón, acelera, y dale por ahí, eso es, no es más". Y ese es el modo de la gran narrativa, de la gran teoría.

En cambio, la predicación cambia radicalmente y se convierte más bien en: "Bueno, pues mira, de momento lo que a mí me ha funcionado es esto, quizás a ti te sirva". Fíjate el cambio tan total, por lo pronto, la frase "de momento", "de momento", que es la frase española que a mí me fascina, entre otras, "de momento" ¿qué quiere decir? Por ahora, es decir, "yo no pretendo que esta es mi verdad, ni que esto me define a mí, ni que esto te define a ti, ni que esto define nada". De momento, es decir, en este pedacito, en este reducto.

El hombre postmoderno y la mujer, por supuesto, el hombre postmoderno se siente como un explorador en un bosque de niebla: "Yo lo único que alcanzo a ver es aquí, entonces, de momento, esto, de para allá, pues qué se yo; el pasado, no se sabe, y el futuro, tampoco se sabe; arriba, no se sabe si hay cielo; abajo sí sabemos que está la tierra". Es el explorador, a veces amargado, a veces entretenido del bosque lleno de niebla. Y, por supuesto, si yo voy en un bosque lleno de niebla, ¿qué es lo mejor que me puede suceder? Encontrar buenos compañeros de camino.

Entonces viene un valoración extraordinaria de la amistad, pero esa valoración extraordinaria llega al punto de convertirse en un credo. Lo más espantoso que le puede suceder a mucha gente es que le fallen los amigos, más que la familia.

Es interesante ver en estas grandes luminarias y grandes celebridades, como decir, por ejemplo, la cantante Madonna, que es una de las profetisas de la postmodernidad, es muy interesante ver cómo ella predica, ella no solo canta, ella predica, predica un modo de vida, cualquiera diría que lo único que predica es libertinaje, pues no, Madonna, en los conciertos, yo he visto muy poco de ella, pero lo suficiente para poder decir con conocimiento de causa, les dice a los jóvenes: "Tienes tus amigos, tienes en ellos tu todo, esa es tu vida".

Entonces, los muchachos , los jóvenes se sienten desconectados de su familia, ¿por qué? Porque la familia habla de un pasado que ya es niebla; se sienten desconectados de unos hijos que no saben si tener o no tener, esa es otra niebla, "¿vale la pena tener hijos? Pues no lo sé, de momento, creo que no; si a ti te parece, allá tú", ese es el lenguaje de la niebla, la postmodernidad es la niebla: "Aquí, yo no sé, entre tú y yo hay una niebla, así que lo que a mí me sirve, quizás a ti no te sirve".

Hay algo positivo en ese modo de hablar, si lo miramos desde el ángulo del Evangelio, y es que es un modo mucho más humilde. Muy fácilmente en el lenguaje anterior al sesenta y ocho se caía en una arrogancia, ¿no? Es decir, el cura subido en el púlpito era un semidiós, lo que él dijera eso tenía que marcar la vida de poblaciones enteras, sobre todo en los pueblos sí que se veía eso, el cura era el semidiós, era el que lo sabía todo, el que lo entendía todo, él era el supremo, ahí está, el supremo: lo sabe todo, lo entiende todo, lo juzga todo, opina sobre todo; ahora es el otro extremo: nadie sabe nada, "no lo sé".

Y del "no lo sé", se pasa al "no me importa", o sea, "a mí ni me va ni me viene, de momento, lo que tengo es esto, y tú tienes lo que tú tienes, y no más". ¿Entonces lo único que existe qué es? Existe el presente, existen los amigos, existe el sentirse bien, existe el pasarlo bien. Por consiguiente, de ahí vienen las denuncias que hace Benedicto XVI, por ejemplo, cuando habla de la dictadura del relativismo.

Porque curiosamente, una vez de que uno está convencido de que la vida es tiniebla, pues uno se disgusta enormemente de cualquier persona que vaya a decir cualquier otra cosa; si yo veo que la vida es niebla y tú me dices: "-Mira, yo creo que el planeta Venus está asomando detrás de esa montaña", "-mira, ni se ve montaña, ni se ve Venus, ni se ve nada, así que no vengas a inventar, o si quieres, haz ficción, pero dinos que es ficción".

Entonces nuevamente la Iglesia resulta terriblemente fastidiosa, porque la Iglesia se presenta como una institución que tiene la pretensión de asegurar que, más allá de la niebla, están montañas, están valles, están ríos, están ciudades, están construcciones, castillos, templos, bibliotecas, autores, "¿tú qué sabes de todo eso, si aquí lo que tenemos es el bosque lleno de niebla? ¿Tú pretendes que te admitamos todo ese rollo? Tú lo que eres es un pesado, eso es lo que eres tú, un pesado, y de momento no quiero hablar contigo, se acabó el diálogo contigo. Tú, quédate con lo tuyo, respeta las reglas de la niebla".

Y, por consiguiente, "como no estamos seguros de nada, tenemos que declararnos agnósticos", esa es la otra característica de la postmodernidad, la postmodernidad es agnóstica, no se puede estar seguro de nada.

Una persona, en la modernidad, ¿qué actitud tomaría, por ejemplo, ante la vida consagrada monástica? Tomaría una de dos actitudes: "Oh, sublimes princesas, casi ángeles de la Corte celestial", esa es una, la otra es: "Amargadas, vendidas al sistema, mentiras vivientes", y otras impublicables. Es decir, la modernidad solo puede reaccionar con las vísceras, es una reacción visceral: o el monje es un ángel en esta tierra, o el monje es el príncipe de los hipócritas, no hay otra posibilidad; o el sacerdote es el alter Chritus, o el sacerdote es aquel que merece que se le torture y que se le mate.

Aquí, en España, por supuesto, esa es la situación que se vivió en la guerra civil, en los años treintas, esa fue la situación, esa es una reacción propia de la modernidad: "Los que están con Cristo es con cristo Rey, y que Cristo reine y que caiga quien caiga"; y los que están contra Cristo, pues, "se viola y se tortura sin piedad y sin compasión, monjas, curas, lo que sea, me da lo mismo", esas son las actitudes de la modernidad: radicalidad total: o a favor o en contra.

En cambio, la persona postmoderna mira todo como algo exótico. Entonces, los amigos postmodernos de Rocío, vale decir, María Sión, los amigos postmodernos llegan y la miran y dicen: "Pues, sí, si te sientes bien en eso, es decir, yo eso lo respeto, yo con eso no me voy a meter", lo primero que te asegura el postmoderno es eso: "Yo no me voy a meter en tu mundo; tú, allá, pues eso está bien para ti, es lo que tú has pensado y, bueno, -¿pero tú cómo te sientes?" Esa es la única pregunta del postmoderno, "-y tú como te sientes?" "-Yo me siento bien porque Cristo..." "-No, chisss, calla, calla, calla, nada, qué cuento de Cristo, tú, tú". "-No, pues bien, bien, sí, aquí estoy bien". "-Ah, bueno, eso es lo importante, eso es lo único importante".

"-¿Y estás comiendo bien? ¿Te dan buena comida ahí? ¿Se descansa y qué?" "- Pues hay algo de descanso, hay algo de trabajo, porque viene la Cuaresma, vamos a hacer algo de penitencia". "-¡Calla, calla, qué penitencia, chisss, calla! En resumen, estás bien". "-Pues sí". "-Bueno, ya , eso es", esa es la postmodernidad, eso es lo único que interesa, tú eres una persona exótica, es decir, si Rocío hubiera dicho: "Mira, me voy de hare krishna". "-Bueno, pues te vas de hare krishna, te vas de budista, te vas de lo que tú quieras, y lo importante es eso".

¿Qué es o que no se le puede creer a la postmodernidad? No se le puede creer esa especie de desparpajo y esa especie de neutralidad. La gente cree que está abierta a todo, eso no es verdad, la gente no está abierta a todo, ellos creen que están abiertos a todo porque reciben un elenco de posibilidades como decir: "Lo importante es que la gente se entienda; familia es ahí donde la gente se entiende, que son dos hombres, que son dos mujeres, que son tres mujeres y dos hombres, en realidad eso no importa". La gente cree que tiene esa apertura mental, cree.

Pero luego cuando se examinan las cosas se ve que el sistema postmoderno tiene sus propios dogmas, y que esos dogmas hay hay que respetarlos, y que si tú no respetas esos dogmas tienes problemas. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con el dinero, ahhh, ya el dinero sí no es relativo, entonces si alguien me va a quitar mi dinero, pues para eso existe la ley, el código, el detalle, el principio, el..., ¿qué quiere decir eso? Quiere decir, como ya lo han denunciado algunos filósofos, que el proyecto postmoderno en realidad es como una modernidad fracturada, es una modernidad en vacaciones.

Y hay algunos que dicen que simplemente no existe la tal postmodernidad, sino que simplemente existe la modernidad como tal, y algunos que pretenden algo así como darse descanso o darse vacaciones de la modernidad en excursiones de tipo cínico o de tipo hippy, esa es otra teoría que hay.

Entre los estudiosos de estos fenómenos hay que contar con nuestro querido Benedicto, que por eso sabe de lo que está hablando cuando denuncia el tema del relativismo o cuando denuncia la separación entre verdad y libertad, porque ya tú te puedes imaginar lo que va a significar la libertad en este contexto. ¿Libertad qué quiere decir? Pues libertad quiere decir que mientras yo no me meta contigo, tú no te metes conmigo, eso significa libertad. Entonces yo estoy haciendo lo que yo quiera.

Incluso el suicidio mismo se presenta como si hubiéramos dado la vuelta a los tiempos de la antigua Roma y la antigua Grecia, entonces el suicidio se presenta como una opción respetable y hay que darle todo su valor: "La persona ha decidido terminar con su vida, es un acto soberano por el cual la persona toma completa posesión de su historia; el suicidio es una opción respetable", así se presentan las cosas.

Pero ¿y qué pasa si hay un maestro que le empieza a inculcar a sus discípulos que se suiciden? "Ah, no, no, pues eso sería una secta". ¿Y por qué la secta, si cada uno puede tener su opinión, por qué la secta no vale? Esto es para indicar que la postmodernidad tiene sus dogmas, la postmodernidad se presenta como una gran apertura pero en el fondo, según vemos, tiene también sus requisitos de pertenencia y tiene también sus estructuras.

Yo considero que es muy importante para nosotros tener claridad sobre esto, porque las nuevas generaciones viene de ese mundo, y entonces ese es el mundo de la variación y de la experiencia. Una de las tentaciones que tendrán las personas de esta edad es que todo son experiencias, el postmoderno típico lo que hace es recorrer el bosque de niebla, entonces tiene muchas cosas que contar, muchos pequeños relatos que hasta cierto punto reemplazan el gran relato, la gran narrativa que tenía la modernidad, aquí lo que hay son muchos pequeños relatos, ¿y los pequeños relatos qué son? Las experiencias.

Entonces los muchachos tienen que tener muchas experiencias: ya estuvieron en el monasterio budista no sé dónde, fueron voluntarios en África, estuvieron haciendo buceo en las Canarias, fueron al Polo Norte, subieron a no sé qué montaña, se fueron con un grupo haciendo auto stop, o como se llame eso, por todas las carreteras de Europa oriental, es decir, tener muchas cosas que contar.

Y también, en el plano afectivo y sexual, tener mucha cosa que contar, de modo que se va convirtiendo casi en un dogma, por lo menos en ciertos ámbitos de la juventud, se va convirtiendo en un dogma eso de ser bisexual, es muy importante, ¿por qué? Porque si tú no eres bisexual, pues te has perdido un montón de experiencias, tú tienes que tener muchas, muchas experiencias, las experiencias no pueden ser solo de un lado de la montaña, tienes que conocer también el otro lado, entonces todo el mundo tiene que ser bisexual, y haber tenido tres abortos, y haber fumado de todo, y haber pasado por todo.

Pero claro, eso produce en el corazón humano una sensación final de hastío, y entonces surgen residuos de seres humanos que son las pandillas. Las pandillas y la violencia a ultranza es como el último eco de esa postmodernidad retorcida.

Fíjate la importancia de tener este cuadro para saber en dónde, en dónde puede estar sucediendo y en dónde creemos que va a suceder el Evangelio en las próximas generaciones.

Nos sigue enumerando Colzani: "Pluralismo cultural y religioso, desafío a la universalidad de la verdad", estas son realidades, esto está al orden del día. "Pluralismo cultural y religioso", con los tremendo retos que esto implica, porque una cosa es leer aquí sobre un papel "pluralismo cultural" y otra cosa es tener vecinos de otra lengua, de otra religión. Si a veces con nosotros, pensando en el caso, digamos, de España o de Europa, si a veces cuesta trabajo la convivencia con los que vienen de Latinoamérica, "y es que me parece que tienen no sé qué, y es que son como no sé cuánto", pues ahora imagínate cuando se habla de lugares muy, muy distantes.

Para mí, cuando se habla de pluralismo, la imagen que viene es la de los buses de Oxford, entonces en los buses de Oxford, que se supone que es algo así como el vértice de la civilización, imagínate, estás en la ciudad universitaria por excelencia, estás en el trono de la razón, estás en la Meca de la investigación universitaria, pero entonces hay que resolver un problema de convivencia. Hay un letrero que ponen el los buses de Oxford que dice, traducido mal y pronto: "Prohibido consumir comida que huela demasiado", eso es esto: pluralismo cultural y religioso.

Resulta que hay una cantidad de hindúes y pakistaníes y todos estos, que viven con sus esencias y sus aromas y sus currys, y eso huele así a cebolla y a ajo, y ellos comen en los buses, entonces llega un momento en que el elegantísimo y flemático inglés dice: "Esto ya no me lo aguanto más", y entonces bueno, "prohibido que huela tanto, está bien, que huela, que huela, pero que no huela tanto". Son las situaciones reales, ¿no?

Otra característica: "Afirmación de una mentalidad científica, imposición de una metodología matemático-experimental", esto es lo que nos encontramos, afirmación de una mentalidad científica". Es muy simpático, si uno lo quiere ver así, o muy espantoso, si lo quiere ver del otro modo, lo que le toca pasar a mucha gente. Porque imagínate que, por un lado, el rigor de la matemática y la ciencia, como en los mejores tiempos de la modernidad; pero por otro lado, la subjetividad, el capricho y la idea de libertad como lo que se me dé la gana, también está en juego.

¿Cómo logra la gente tratar de cruzar esas dos cosas? Pues no se cruzan. La gente, sobre todo nuestros queridos jóvenes, están rotos, están fracturados por dentro, porque al mismo tiempo su cerebro tiene que funcionar en dos claves distintas: si se trata de mi dinero, la ley, la justicia, los tratados, los resultados científicos, tengo que ser crítico hasta el último detalle y examinar una lógica impecable; si se trata, en cambio, de mis gustos, de mis afectos, de mi mundo social, o de cómo me siento, es el imperio de la anarquía, ahí no hay lógica ninguna.

La gente hoy está tratando de vivir al mismo tiempo las dos cosas: una lógica implacable cuando se trata de la Ley, la Ley civil, por supuesto, la ley matemática, la ley científica, una lógica radical-estricta, por ese lado; y por el otro lado, la anarquía y la falta de lógica en lo que tiene que ver con sus afectos.

Así se va configurando un modelo de persona que es esencialmente esquizofrénico en el sentido original de la palabra: "esquizo" alude a fractura, y "frenia" alude a la mente, a las operaciones mentales. Esquizofrenia es la división mental, es el estar en dos mentes, es el ser dos o más a un tiempo, y así vive la gente.

"Mientras estoy trabajando o currando, -como dicen aquí popularmente-, mientras estoy currando, tengo que ser lógico, mirar que nada falle, a ver, que el detalle, que la lógica, que todo esté impecable; se acabó el trabajo: ahora soy un loco, bebo, me acuesto con quien sea, tengo mis experiencias bisexuales, me drogo, ah, ahora ya llegó otra vez el trabajo: ahora, lógico, lógico, porque esto no puede fallar, luego loco, luego lógico", ¿cómo sobre vive la pobre gente? La pobre gente está rota, están rotos, y sus discursos se los hacen otros, como a los presidente, a todo presidente le hacen los discursos, ¡qué tiempo va atener un presidente para eso! Los discursos se los hacen otros.

Entonces necesito conectarme a la televisión, o necesito conectarme a la gente que estoy siguiendo en Twitter, o la gente que está en mi muro de Facebook, conectarme a ellos para ver qué es lo que tengo que pensar, se ha perdido la misma capacidad racional, la razón misma ha sido aplastada, reducida a su mínimo, cuadriculada, congelada en una operación matemática, y el resto de la vida queda sin ninguna queda sin ninguna racionalidad, queda abierta a todo tipo de anarquía, ¡y entonces cómo se vive así? Pues no se vive, no se vive, se muere.

Entonces muchas personas experimentan angustia, y experimentan temor, y experimentan lo que dice aquí el Padre Colzani: "Como prueba de estas transformaciones, quisiera recordar el cambio de paradigma del espacio y del tiempo. Dado que la comprensión del mundo se construye alrededor del sujeto, al centro del espacio no se encuentran los lugares sino las relaciones", totalmente cierto. Uno habla con jóvenes, que son obviamente los que primero viven estas cosas, y las historias de ellos no tiene lugares, lo que importa no es en dónde estaba sino con quién estaba, eso es lo que importa.

El espacio se ha desplazado del lugar, que es lo objetivo, calle tal con tal, eso no es lo que importa, lo que importa es con quién estaba, la relación de amistad, de interés, de trabajo. Por eso, el prójimo, el próximo, no es el vecino, sino es aquel que a mí me interesa, y eso sí que se nota mucho con este asunto de Internet.

Entonces mi prójimo es con el que me escribo todos los días, un amigo que conseguí en el chat, y entonces mi amigo vive en Finlandia, y yo vivo en España, y aquí estamos chateando todos los días, y lo que le suceda a mi amigo finlandés me importa un montón". Y mientas tanto, "que a la vecina se le murió la madre, bueno, pues a todo el mundo se le muere la madre, a ver, ¿el finlandés en qué anda?"

De la misma manera el tiempo, ¿qué pasa con el tiempo? "La experiencia del tiempo no gira alrededor de la duración y su articulación en un pasado, en un presente y en un futuro, sino sobre el instante, considerado en sí mismo y por sí mismo". Lo que pasa es que el Padre Colzani no podía ser perfecto, y por eso le faltó escribir, "de momento"..., porque eso es lo que la gente tiene, momentos, es lo único que tiene.

Bueno, ¿y con la Teología esto qué nos dice? "Que la Teología está cambiando, es dato evidente, Winglinn habla de una obra donde la Teología se encuentra en fase de reconstrucción, Geffré opina que se está dando una nueva época de la Teología; es difícil precisar los términos de este cambio, motivarlo en orden a la Teología manualística heredada de la escolástica, es fijar un término de referencia, pero no supone decir mucho sobre el cambio en cuanto tal".

Esto es totalmente cierto, y este es el drama de los seminarios, el dolor de cabeza de los obispos. Es decir, los obispos saben que la educación que la mayor parte de ellos recibió, educación a base de manuales establecidos, porque acuérdate que el cura en el púlpito y el obispo en su cátedra eran semidioses. Entonces el obispo determinaba: "Tú serás el encargado de los estudios en el seminario", y ya eso era más o menos como un decreto sempiterno, es decir, salió del cielo, eso fue así, ya no hay nada que hacer.

Y se sabía por cuáles manuales se iba a estudiar. Es que incluso eso se nota en el tipo de ediciones. Hay un autor famoso, famoso entre los antiguos, que es el Padre Grett, me parece que era benedictino, un benedictino alemán, que escribió mucho sobre Lógica clásica y Metafísica clásica, basada en Santo Tomás, o por lo menos en un modo de entender a Santo Tomás. Y tú miras los libros de Grett, obviamente en riguroso latín, un latín muy elegante, un latín bien refinado, y eso es pasta dura, dura es poco decir, durísima, ¿por qué? Porque tenía que aguantar veinte o treinta años de seminaristas dándole al libro, entonce ses pasta dura.

En cambio ahora, tú ves en qué lee y estudia la la gente y son ediciones en periódico, con cualquier cartulina ahí de portada, porque también eso está cambiando, entonces nadie está seguro cómo hay que estudiar o qué hay que hacer, y esa cantidad de incertidumbres produce dos cosas: en algunos produce una sensación de agradable caos, como cuando uno entra a un jardín enorme y ve que hay un poco de todo y dice: "Bueno, pues simpático esto; pero en otros, -y ahí también se encuentran muchos jóvenes-, produce una sensación de angustia: "¿Y entonces de qué me agarro?"

Y ahí viene una reacción dentro de la postmodernidad, que es una reacción hacia lo estable, hacia lo firme, entonces hay una cantidad de jóvenes, -y yo los he conocido, para gran sorpresa del alma mía, eso existe-, entonces hay una cantidad de jóvenes que sienten que "la Misa en latín esa es más Misa, esa sí es Misa, la otra, la que nos han venido vendiendo, humm, esa no se sabe. Mejor la Misa antigua".

Pero nos son ya viejos añorando sus tiempos, sino jóvenes desconfiando de este tipo de caos, de esta niebla, algo así como si uno de esos jóvenes dijera: "-Pues ahora que he encontrado un roble, entonces ya sé: el bosque está hecho de roble, y tiene que ser roble en todas partes y ahí no hay más que roble". "-Pero mira que ahí hay unos pinos". "-Qué pinos ni que ocho cuartos, lo que hay es roble".

Pero ahí lo que se produce es una reacción contra la niebla, una reacción que tiene mucho de fanático. Entonces hay que tener cuidado hoy en la Iglesia, porque existe siempre ese peligro del salto hacia atrás, un salto irresponsable que en el fondo lo que intenta es asegurar, sea como sea, algunas cosas.

Y eso tiene algo de bonito, ¿no? Yo creo que uno tiene que ser, ahí sí como los postmodernos, tiene que ser muy respetuoso y tiene que decir: "Pues si a ti eso te sirve...", pero ahí vienen muchas cosas, junto con eso viene muchas coas, ¿qué quiero decir con eso? Que entonces el latín tiene un valor casi absoluto, para otros la sotana tiene un valor casi absoluto, su clergyman tiene un valor casi absoluto.

Yo no digo que esas cosas no tengan valor, yo mismo, por supuesto, valoro los signos, y tampoco estoy diciendo que mi modo de ser o de comportarme tenga que ser modelo de otros, pero sí estoy diciendo que me llama la atención cómo se le da un valor exagerado, exagerado a eso. Ay, yo he visto gente, así, con el ceño muy fruncido, pensando y meditando bien si tienen que ser cuatro candelabros, seis candelabros, "a ver, cómo es que está el tema de los candelabros aquí? Porque el Papa celebra un un crucifijo gigante ahí delante del altar, ¿por qué es que esta gente no le pone aquí un bendito crucifijo bien grande, una cosa que se vea", y eso se le convierte en materia de conciencia. Fíjate cómo se da una reacción dentro de la reacción.

Y a nosotros nos corresponde vivir dentro de todo eso, porque esas tendencias van a seguir creciendo. Los seminaristas de estilo lefebvriano superaron en el año pasado a los seminaristas de los demás seminarios en Francia, eso no significa que nosotros tengamos que imitar a Francia en todo; pero de hecho, las vocaciones están llegando con abundancia para los que sienten que han superado la niebla: "Ahora ya sabemos qué es lo que hay que hacer, y lo que hay que hacer es vivir, así, así y asá, y esa es la única vida posible".

Es difícil, el tiempo que nos toca es un tiempo difícil, y es aquí donde la figura de María yo creo que puede decirnos más cosas. Si nosotros hablamos de un cambio de época, si hablamos de la transformación del mundo, por Dios, ¿qué tendría que decir María con el cambio del Antiguo al Nuevo Testamento? Ella fue la primera en vivir ese cambio, ¿su mundo en dónde quedo? Es decir, la figura humilde, sensata, amorosa, fiel, modesta, pura de María es la gran estrella en todo este cambio.

Es la invitación silenciosa que Dios nos hace a asumir el cambio, no desde la arrogancia de: "Yo o entiendo todo, yo he dado con el chiste, tú no sabes nada, tú cállate", eso no puede ser; pero tampoco lo contrario: "Eres tú quien tiene que callarse porque tú perdiste la ruta, porque tú no has encontrado, porque tú no has vivido, porque yo ya casi viví", esa clase de discusiones son estériles.

María nos llama a una vivencia sincera, a una vivencia humilde, muchas veces callada, muchas veces silenciosa. Que las primeras páginas del Evangelio que la gente encuentre sen tus día, "que cada día tuyo merezca ser incluido en la Biblia", dijo alguien, que cada día tuyo sea una página del Evangelio, esa es María. Y desde su sencillez, desde su poner como absoluto, yo diría como único absoluto a Dios, nos está mostrando la ruta. Si nosotros seguimos tirándonos los cabellos o tirándonos piedra y diciendo: "Es que tú..., es que tú...., es que tú...", ahí no hay posibilidad. Es Ella, la Virgen, la Virgen fiel, la Virgen caritativa, la Virgen del Evangelio y la evangelización, quien marca el camino.

"Pero la figura misma de María, -termina diciendo el Padre Colazani más adelante en el texto que ya tendrán en sus manos-, la figura misma de María también se mira de otro modo" ¿Tú recuerdas lo que decíamos al principio sobre aquello de la vocación única y a la vez universal de María? Antes se enfatizaba demasiado lo universal, ahora creo que estamos valorizando más la parte del único. Es decir, pues Ella tiene también sus aspectos y dimensiones en las que es sencillamente única, así como se oye, es única.

Entonces Ella es libre, no hay por qué secuestrarla, y secuestrarla es tratarla como si Ella fuera una religiosa, ¿no? No es religiosa, es una Señora, una Señora de su casa. Secuestrarla es sacarla de su mundo judío, es judío, déjala judía, judía es, déjala; secuestrarla es sacarla de su realidad de mujer, déjala ser mujer, déjala, que Ella sea íntegramente mujer.

Una de las conclusiones del congreso de Teología Mariana es: "No vamos a secuestrar a la Virgen. Déjala ser. Que en su unicidad maravillosa, es espejo purísimo y es guía segurísima de lo que significa el Evangelio.