Cinco charlas de Mariologia (2 de 5)

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Vamos a tomar algunos de los textos que se trabajaron en aquel Congreso de Teología Mariana, en concreto, me voy a referir a dos ponencias: una que sirvió como de marco general, lleva por título: "Como María y con María, camino hacia el Padre".

Quien ofreció esta reflexión fue el Padre Oswaldo Martínez Mendoza, él es Doctor en Teología y es encargado de formación y diaconado permanente y una cantidad de responsabilidades, en una arquidiócesis en Colombia, que es la arquidiócesis de Tunja, ese fue el tema de él. Y lo otro es el estudio bíblico de Lucas 1,28, realizado por el Padre Fidel Oñoro, que como les he dicho, es biblista.

Empecemos por el Padre Oswaldo. Él, lo primero que hace es destacar que la relación entre María y la persona divina del Padre, ha sido poco explorada. Es decir, se ha visto más a María en relación con el Hijo, por supuesto, porque es Madre del Hijo, en relación con el Espíritu Santo, porque el Espíritu está presente de un modo singular en el misterio de la Encarnación; pero la relación entre María y el Padre, salvo contadas excepciones, no se ha tenido tan en cuenta.

Para él esta es una falencia, que para corregirse, requiere que nosotros recuperemos la noción de María como hermana nuestra. Si Dios Padre es, por supuesto, Padre de María, y si es el que nosotros llamamos Padre nuestro, entonces María es ante todo nuestra hermana. Y muchas cosas cambian cuando miramos a María como hermana nuestra, sobre todo el verla como una persona en camino, como alguien que estuvo sobre esta tierra en proceso de respuesta, como nosotros mismos estamos. Es decir, la parte más novedosa del enfoque del Padre Oswaldo está en esa partícula, en ese "como" María.

Porque resulta que, al hablar de María como Madre del Hijo, queda tan completamente fuera de la órbita de nuestra vida ordinaria, que quizás lo único que se puede hacer es agradecerle y contemplarla, pero ya esos la sitúa muy por fuera de nuestro mundo de experiencias y de nuestro propio itinerario de fe. En cambio, cuando miramos a María en su relación con el Padre, lo que descubrimos es que Ella también tuvo que hacer un camino, Ella también tuvo que creer, Ella también tuvo que pasar por la oscuridad, por el dolor, por la precariedad, por la provisionalidad, por la ignorancia, y tantas otras cosas que están muy presentes en nuestro propio camino de fe y que necesitan también un modelo de respuesta. Esa es la importancia de esta partícula.

Hay dos textos especialmente que sirven al Padre Oswaldo para adelantar su reflexión, uno es el capítulo primero de la Carta a los Efesios, donde se presenta al plan de salvación. Sabemos ese cántico que está los lunes en la Vísperas: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo" Carta a los Efesios 1,3; y luego otro texto es de la Carta a los Gálatas, allí donde San Pablo nos dice: "Cuando llegó el tiempo, Dios, a través de esta mujer nos da la libertad, para nosotros los que somos nacidos de mujer, y nos hace libres del pecado y nos hace libres de la Ley" Carta a los Gálatas 4,4-5.

¿Qué hay que tener en cuenta en ese plan de salvación? Pues que ser trata de un plan universal, se trata de la redención, se trata de la recuperación del Universo. Las dimensiones de la redención en el Apóstol San Pablo, especialmente en sus cartas de la cautividad: Carta a los Efesios, Carta a los Colosenses, en esas cartas la redención adquiere para Pablo dimensiones realmente cósmicas. De lo que se trata no es solamente ni principalmente de ajustar la sociedad presente, esta es una noción teológica de enorme importancia: la redención no es un modo de ajustar la sociedad, es un modo de recuperar el Universo.

¿Y cuál es la importancia de esto? Cuando se mira la redención como un modo de ajustar la sociedad, es algo así como el que pone remiendos, el que pone parches a este mundo para que siga funcionando. Pero, en esa perspectiva, el mundo o el cosmos se convierte en una especie de absoluto. En cambio, en la perspectiva que ofrece Pablo, cuando se habla de la recuperación del universo, que es lo que está implícito en aquella expresión: "La recapitulación de todas las cosa en Cristo" Carta a los Efesios 1,10, se está hablando de la profundidad ontológica del pecado y se está hablando de la necesidad radical de la gracia.

¿A qué llamamos ajustar esta sociedad? Hacerle ajustes a la sociedad es encontrar razones, motivaciones, ejemplos, que sirvan para que las personas sean mejores personas, para que los ciudadanos sean mejores ciudadanos, para que sean más civilizados, para que sean más justos, más razonables, mejores papás, mejores amigos, mejores hermanos. Obsérvese que esta es la idea que mucha gente tiene de la redención, es decir, piensan que el cristianismo es para eso, es para mejorar el mundo, para lograr que este mundo funcione. Es decir, es como un apretar aquí, aflojar allá, mover esto un poco, poner aquí una pieza nueva, un tornillo más, y ahí sigue funcionando el mundo.

Pero Pablo, en sus cartas de la cautividad, lo que nos presenta es un plan diferente, es un plan de tamaño cósmico: de lo que se trata es de toda la creación. El pecado no es como el lunar en un rostro que sería perfecto sin él, el pecado no es como una manchita para que la quitemos; el pecado es como una grieta, que aunque la descubrimos ya en la superficie, se hunde profunda, profundamente, hasta lo más íntimo de nuestro corazón; y se hunde profunda, profundamente, hasta lo más hondo, hasta los pilares mismos de la creación.

Solo quien ha descubierto el tamaño de esa grieta, solo quien ha descubierto el poder increíblemente seductivo que tiene el pecado, puede llegar a tener un concepto justo de lo que significa la gracia. No se llega a un concepto apropiado de la salvación si uno no sabe de qué tenía que ser salvado.

Y esta es una de las realidades sociales, culturales, pastorales, si se quiere, en las que estamos más profundamente afectados hoy en día, especialmente en los países que llamamos "de Occidente", nuestra cultura occidental; y sobre todo, todavía más en lo que se rotula como "el primer mundo".

La gente no se siente culpable, la gente cree que simplemente pueden tener errores, pueden tener malos entendidos, puede que todo sea asunto de gustos, "pues tú tienes un gusto, yo tengo otro"; "tú eres heterosexual, yo soy homosexual"; "tú decides morirte en una cama, yo decido morir pegándome un tiro"; "tú decides vivir entregándote al trabajo por los niños de África, eso te hace feliz a ti, a mí me hace feliz ver pornografía todo el día". Es decir, es tu gusto contra mi gusto, y lo único que tú tienes que pedirme a mí es que yo te respete".

Observemos que en esa concepción de sociedad, que es prácticamente la sociedad en la que vivimos, ¿el cristianismo qué lugar podría ocupar? Pues el cristianismo sería una razón para ser buena persona. Es decir, "si tú quieres ser cristiano, bien, espero que seas coherente con el ejemplo, con las palabras de Jesucristo, pero eso queda para ti. Tú, no te metas conmigo, yo no me meto contigo".

Y las leyes básicas, lo que podríamos decir, la disposición de la sociedad, no tiene nada que ver con tus creencias. La sociedad la organizamos a través de otros métodos, a través de otros mecanismos, y esos otros mecanismos son básicamente los de la publicidad, los del consenso y los de la mayoría, así se organiza la sociedad.

La sociedad funciona por publicidad, consenso y mayoría. Y luego, dentro de ese entramado, dentro de ese esquema básico en el que todos nos ponemos de a cuerdo, si tú dices que quieres ser cristiano, pues tal vez esa es tu motivación para lograr conectarte con la realidad social que hemos creado todos a base del consenso que tomamos.

Fijémonos que esta manera de pensar sobre la sociedad no deja espacio para una verdadera noción de redención. La redención dentro de ese esquema, que es el esquema laicizado, es el esquema secularizado, dentro de ese esquema la redención sería únicamente como una especie de motivación completamente privada, completamente individual, que hace que una persona conviva dentro de ese determinado esquema. Lo más que se podría esperar de un cristiano dentro de ese esquema es que sea un buen hombre, sea una buena mujer y, sobre todo, sobre todo, que no se meta con nadie, que deje a cada uno según su camino.

La propuesta de San Pablo es extremadamente radical, y esto creo que nosotros debemos tenerlo claro y no llamarnos a engaño. La propuesta cristiana no se contenta con eso, la propuesta cristiana implica que el entramado de la sociedad, que los valores básicos, que los sueños más profundos, que el estilo de cultura, que la manera del descanso, que todo quede impregnado por Jesucristo en la sociedad humana. ¿Y por qué todo tiene que quedar impregnado por Cristo? ¿No es ese un reclamo, no es esa una pretensión desbordada de un grupo? Pues todo tiene que quedar impregnado por Cristo porque todo ha quedado impregnado por el pecado.

La noción de gracia, -y aquí vamos conectando con el título del Congreso, el Congreso acuérdate que se llama "Gracia y Libertad"-, la noción de gracia necesitamos ajustarla, necesitamos completarla para descubrir qué puede significar que se diga de alguien que es "La Llena de Gracia", ¿qué quiere decir eso? Pues estamos diciendo que es una persona que tiene una experiencia radical, una experiencia total, una experiencia integral de salvación.

Pero para nosotros, conectar con esa experiencia, para nosotros hacernos una idea de qué quiere decir eso, necesitamos primero ensanchar nuestra concepción de lo que quiere decir gracia, y esa es la importancia de un texto como la introducción de la Carta a los Efesios.

Bueno, ¿no es eso muy pesimista? Eso de pretender ver el pecado en todas partes, ¿no es esa una noción muy oscura, una noción pesimista, una noción deprimente de la sociedad y del mundo? Pues esto tiene que ver con lo que mencionábamos en la reflexión de Vísperas el día de ayer. Me parece que quizás eso pudo llegar como una sorpresa a algunos o a algunas, porque es que así parece que pensaba San Pablo: "El mundo está crucificado para mí" Carta a los Gálatas 6,14, es decir, "yo de este mundo no espero nada", eso es lo que significa, "de este mundo, como está, yo no espero nada".

Pero ahora completamos eso que dice el Apóstol, lo completamos con una razón: "Yo no espero nada del mundo, porque sé que en su raíz última, finalmente está viciado, está viciado por el pecado, por eso no espero nada del mundo. Por eso, de esta realidad creada, fracturada por el pecado, yo no aguardo salvación, yo no pongo mi esperanza ahí".

Una comparación infantil pero muy útil sobre este asunto es el de una silla, pero no como esta que se ve firme, sino como una silla que estuviera aparentemente bien pero con la pata partida, y uno sabe que eso está partido, en muchas casas hay sillas dañadas, pero no ha habido el tiempo, o no ha habido la voluntad, o no ha habido el dinero, o se espera que llegue el gran restaurador que va a arreglar la silla sin echar a perder el modelo.

Entonces, en muchas casa, y también en mi convento de Chiquinquirá, hay silla que llevan tiempo de estar dañadas, pero lo de casa saben que la silla está dañada, entonces nadie se sienta ahí. Está por ahí puesta en un rincón y nadie se va a sentar ahí porque saben que esa silla está dañada. Eso es el mundo para Pablo, es decir, podría tener una función, podría servir, hubiera podido servir, pero está esencialmente fracturado, y yo no voy a apoyarme en ese fracaso, en eso no voy a apoyarme.

Y luego, la otra contraparte que está en el otro fragmento del pasaje de ayer de Vísperas: "Y yo estoy crucificado para el mundo" Carta a los Gálatas 6,14, "yo sé perfectamente que el mundo tampoco me cree a mí".

Una de las personas, y esto me parece fantástico, es otra de las razones para admirar al Papa, una de las personas que tiene esto claro es Benedicto XVI. Yo seguí, como espero que muchos lo hayan seguido, seguí los pasos de su viaje al Reino Unido. Y él, desde antes de salir, ya sabía que había una cantidad de gente que lo iba a detestar, una cantidad de gente que lo iba a insultar, una cantidad de gente que ya tenía preparado el discurso con el que declaraba un fracaso la visita del Papa. No había salido el avión de Roma y ya había gente que tenía los discursos listos: "Lo del Papa fue un fracaso".

¿Pero qué pasa? Que Benedicto es un hombre sereno, es un hombre que conoce y que practica esto que estamos diciendo: es un hombre que sabe que un mundo en el que ha tomado dominio el pecado, es un mundo que solo puede mirar con infinito fastidio y desprecio al que cree en algo distinto. Porque ese mundo necesita sus propios dogmas, siempre se critica el dogmatismo de la Iglesia, pero como lo ha denunciado el mismo Benedicto, el mundo también tiene sus propios dogmas.

Y si tú no les admites sus dogmas, pues te insultan, y te gritan, y salen y protestan, y tú eres un excluido, y entonces viene todos esos reclamos, que en su punto más alto llegaban a decir: "Pues aprovechemos que llega el Papa y lo encarcelamos, y de una vez lo judicializamos porque este hombre es culpable de crímenes contra la humanidad", eso se dijo en la visita al Reino Unido: "Hay que juzgar al Papa por crímenes contra la humanidad, porque este señor está diciendo que se use el preservativo, y eso está ayudando a que se propague el Sida, y eso significa que hay miles, o decenas, o yo no sé si hay millones de muertos que tienen como directa causa el Papa, luego ese hombre está cometiendo genocidio y crimen contra la humanidad: hay que judicializarlo; cuando llegue aquí, lo apresamos".

Estas cosas parecen de ficción, hay quien me mira como diciendo: "Alucino". Pues, no estas no son alucinaciones, estas son cosas que se dijeron así tal cual. Y el Gobierno británico tuvo que responder por qué no iba a encarcelar al Papa: "-Que porque es jefe de Estado-. "-Bueno, es que ese no es un Estado, donde está él no es un Estado, eso no tiene valor de Estado".

Quien ve a Benedicto, en la recepción, en los discursos, en las Misas, en el encuentro con los jóvenes, lo ve sereno, pero sereno no significa distraído, sereno no significa despabilado, sereno significa que él es perfectamente consciente de lo que está sucediendo y sabe que él no le cree a ese mundo y sabe que ese mundo no le cree al él, pero avanza tranquilo. Esto es vivir en la fe, y esto es necesario para que comprendamos en dónde se inscribe una vida en la gracia, para que entendamos cómo se inscribe la vida de María, la vida de María fue eso: una percepción continua del orden de Dios y del desorden del mundo.

Ahora según eso, nos preguntamos dónde queda lo que nos ha dicho el Concilio Vaticano II, por ejemplo, de la autonomía de las realidades creadas, de los bienes que hay en la creación y en la sociedad, dónde quedan las semillas del Verbo, de las que también nos han hablado, pues desde San Justino en el siglo II, tantos autores, ¿dónde queda todo eso? Pues todo eso está ahí.

Porque nosotros no negamos que haya bienes, lo que negamos es que esos bienes sean lo suficientemente robustos para darles el corazón, para encomendarles el futuro.

Por supuesto que Pablo, el mismo Pablo que habla en términos tan pesimistas de la realidad del mundo, pues ese mismo Pablo escribe a los corintios diciéndoles que no tengan reatos de conciencia en utilizar la carne que se vende en el mercado, carne que sabemos que había sido ofrecida a los ídolos, esta es la polémica que aparece en Primera Corintios. Había discusión entre los fieles de esa primera comunidad cristiana sobre si había o no había que consumir carne que se sabía que había sido encomendada a los ídolos. ¿Y por qué los comerciantes encomendaban la carne a los ídolos? Porque no había neveras.

Entonces tú tienes que saber qué tanto sacrifica, porque si matas muchos animales, se te pierde la carne, o se te envejece, así la sale; y si matas muy pocos, entonces dejas de ganar. ¿Cómo saber cuántos animales tengo que sacrificar para la venta? La práctica usual de los comerciantes en Corinto y en muchos otro sitios era ofrecer, por lo menos una parte de la carne para que se quemara en honor de un ídolo, algunos de los dioses de aquel tiempo, y encomendar el trabajo de la venta a la protección de ese determinado dios. Los corintios se han convertido a Jesucristo y se preguntan si es lícito comer de esa carne.

Fíjate cómo Pablo, por una parte es tan radical como para decirnos: "El mundo está crucificado para mí" Carta a los Gálatas 6,14, "yo no tengo ninguna esperanza del mundo, yo de ahí no tengo esperanza"; pero por otra parte ese mismo Pablo les dice: "Lo que ustedes coman, dando gracias a Dios, no les puede hacer daño", bueno salvo, diríamos hoy, que tenga Salmonella o cosas de esas, pero en principio no te va a hacer daño, por razones espirituales no te va a hacer daño.

Y no hay contradicción entre estas dos cosas, porque observa que Pablo nos dice que: "Lo que tú tomes dando gracias a Dios". Es decir, Pablo sigue pensando que lo que el mundo nos da, de alguna manera, es una fruta envenenada, Pablo está convencido de eso, que del mundo no puedo esperar otra cosa, sino una fruta envenenada; pero el veneno de la fruta no va a ser más fuerte que el antídoto de Cristo.

Pablo no está proponiendo, como algunos locos fundamentalistas, sobre todo en Estados Unidos, Pablo no está proponiendo: "Mira, hagamos nosotros nuestras fincas propias donde tenemos nuestro ganado propio, donde tenemos nuestro trigo propio y un manantialcito propio", Pablo no está proponiendo que hagamos un recuadro dentro de la creación, sino está diciendo: "Lo que nosotros recibamos, por supuesto que llega envenenado, espiritualmente hablando, pero ese veneno no es más fuerte que lo que nosotros tenemos".

Y fíjate cómo aquí coincide Pablo con la enseñanza de San Juan y con la enseñanza de Pedro. En el famoso pasaje de Pentecostés, ¿cuál es la recomendación vehemente de Pedro a la multitud? Después de declarar el pecado que se ha cometido condenando a Jesucristo, que es el Mesías, entonces les dice: "Escapad de esta generación perversa" Hechos de los Apóstoles 2,40, eso está en el día de Pentecostés, Hechos de los Apóstoles, capítulo dos. Y si tú te vas a San Juan, ¿qué dice San Juan? "No Améís al mundo ni lo que hay en el mundo" 1 Juan 2,15.

Es decir, Juan, Pablo, Pedro nos dan el mismo mensaje. Todos ellos estaban convencidos de que la sociedad, de que el mundo, de que la realidad en la que vivimos está fundamentalmente viciada, ¿tengo que tener miedo? No, ¿Tengo que esconderme? no, pero tengo que saber que está envenenado.

Como el Papa Benedicto nos ha dado ese testimonio tan grande, así tenemos que obrar también nosotros. Aquí no se trata de que entonces el Papa se encierre en los muros del Vaticano y diga: "Todo el mundo quiere envenenarme, todo el mundo me detesta, todos protestan contra mí, pobrecito yo". No, él no hace eso, él va y aterriza allá en Edimburgo, donde sea, va a Glasgow, va a Birmingham, hace la beatificación de John Henry Newman, habla con la reina, habla con el Primer Ministro, se devuelve, y él sabe que mucha gente lo odia; y va, y se sabe odiado, pero también se sabe amado.

"Sí, habrá quien me odie, y hay muchos que me aman. Pero lo que importa no es ni si la gente me ama o ni si la gente me odia, ni si me aplauden o si me insultan, lo que importa es "el que está en vosotros, -dice la Primera Carta de Juan, el que está en vosotros es más fuerte que el que está en el mundo-" 1 Juan 4,4.

Es decir, queda clarísimo, clarísimo que en todos estos escritos apostólicos, una cosa ellos la tenían meridiana, y esa cosa que estaba con meridiana claridad era: "El mundo no me puede ofrecer sino manzanas envenenadas, de ahí no viene nada más. Pero yo no voy a tener miedo ni me voy a esconder". Es decir, los dos extremos son: comerme la manzana y en envenenarme y, en efecto, morirme, espiritualmente hablando, que es el pecado de muerte, del que habla San Juan; o la otra posibilidad es, llenarme de pánico y entonces paralizarme en un terror que me impide realizar el mandato del Señor, el mandato del Señor es ir a evangelizar.

¿La verdadera actitud cristiana cuál es? "Yo sé perfectamente que las cosas están envenenadas, lo tengo perfectamente claro; pero tengo claro que el que está en nuestra comunidad es más fuerte que el que está en el mundo. Tengo perfectamente claro que el que reina en mi corazón es más fuerte que el que reina en este mundo.

Entonces, yo vivo en acción de gracias, yo vivo en paz, yo vivo en alegría, yo vivo en alabanza. "-Pero que te odian". "-Pues sí, es que el mundo no podrá dar sino de sus frutos; que el mundo dé sus frutos de odio, y yo daré mis frutos de amor, y se acabó. Y el bien que hay en el mundo, pues ese bien que hay en el mundo es como el bien que hay en la manzana; por supuesto que la manzana tiene su propio bien y tiene su propio veneno. Entonces, para que yo pueda recibir el bien de la manzana sin el veneno de la manzana, lo que necesito es el antídoto de Jesucristo.

Con esto estamos diciendo que, en esta perspectiva, no se desprecia la autonomía de las realidades creadas, no se desprecia el bien de la creación, no se desprecia el bien de la tecnología, el bien de la ciencia, el bien de la Filosofía, pero yo tengo perfectamente claro que en principio, la filosofía que encuentre, y eso lo comprueba uno en cualquier librería, la filosofía que encuentre, está envenenada; el cine que yo vea, está envenenado, todo está envenenado.

¿Cómo puede uno vivir así sin volverse loco? Pues uno vive así sin volverse loco porque uno sabe, que así como es profunda la grieta, así también es profunda la sanación, uno está convencido de eso, y uno está convencido de que una sola acción de gracias al poder de Jesucristo, tiene más poder que cuanto encantamiento, maldición, superstición, o lo que sea, le quieren echar a eso. Es decir, mientras estemos en Jesucristo, somos invencibles, así de sencillo. Nosotros permanecemos en Cristo. Por eso dice San Pablo también: "Todo lo puedo en aquel que me conforta" Carta a los Filipenses 4,13.

Aquella gente que mira la redención únicamente como ponerle parches, remiendos a la sociedad "para que nos entendamos, para que seamos, a ver, un poquitín, un poquitín, mejores personas", quienes así piensan, explíquenme, por favor, dos cosas. Primero, ¿por qué Cristo tenía que llegar hasta ese sacrificio tan extremo? ¿Para dar palmaditas en la espalda, así como doy yo, y decir: "Mira, tú sé buena persona, pórtate bien"? Para eso no se necesita morir en la Cruz.

Y segundo, quienes piensan que la fe cristiana es solamente otro humanismo más, que ayuda a que la sociedad más o menos se ajuste, que respondan por qué Pablo utiliza esta expresión: "Todo lo puedo en aquel que me conforta" Carta a los Filipenses 4,13. ¿De qué clase de lucha, de qué clase de luchador viene esa frase? Esa frase, cuando la relacionamos con todo esto que venimos diciendo, pues inmediatamente se ilumina y toma pleno sentido. Pablo nos está hablando de una realidad de combate continuo, Pablo nos está hablando, entonces, de por qué la necesidad de orar es continua.

Apenas uno entiende esta antropología y esta sociología, si puedo hablar así, apenas uno entiende esta sociología de San Pablo, uno entiende que las recomendaciones de él no eran consejos piadosos, eran cantos de batalla. Cuando Pablo dice: "Orad sin cesar" Carta a los Tesalonicenses 5,17, eso no significa: "Volveos piadosos, volveos rezanderos".

"Orad sin cesar" Carta a los Tesalonicenses 5,17 significa lo mismo que vive el soldado en su batalla: "Necesitas tener tu arma lista, se necesita que estés en combate a todas horas; no tienes cuartel, esto es de continuo, y tienes que estar alerta". Pero es un alerta como el que nos dijo el profeta Isaías, que "estar alerta, pero sin temer" Isaías 7,4, sin el pánico. Nosotros tenemos que estar despiertos y tenemos que darnos cuenta de las cosas pero sin terror.

Por eso, la mirada penetrante, la mirada increíblemente penetrante de Benedicto XVI, yo creo que es una de las grandes bendiciones del Espíritu Santo. Mira, ese hombre yo creo que Dios no lo hizo tan bonito, también hay que decir las cosas. El Papa, qué hacemos, podría tener una voz más agradable, podría tener una cara más amable, podría tener unos ojos más bonitos, con menos ojeras, podría tener unas manos más agradables, nada de eso tiene. Pero en ese hombre, así como Dios lo eligió, hay una mirada de una penetración increíble en lo que es la sociedad. Yo digo que el Espíritu Santo nos ama muchísimo.

Y la manera de conocer a Benedicto no es verlo en muchas fotos, las fotos no le hacen justicia a su corazón, la manera de conocerlo es escucharlo, y ahí se da cuenta uno hasta dónde llega ese hombre a mirar. ¿Y la mirada de él cómo es? Lo que estamos diciendo: uno que sed a cuenta dónde está el mundo, uno que se da cuenta dónde está el odio, dónde está el abismo, pero que al mismo tiempo se da cuenta: eso no tiene poder en aquel que vive en Cristo.

Bueno, este es el esquema grandioso, este es el esquema cósmico que Pablo desarrolló. ¿Cómo llegó Pablo a esa percepción tan dramática, porque esa es la palabra que creo que hay que utilizar, esa percepción tan dramática de la redención? Porque la redención deja de ser un programa de superación personal, como la Programación Neurolongüistica, que se ha vuelto popular en muchos sitios, deja de ser una serie de bonitos consejos, pasa a ser un drama, un drama de proporciones realmente colosales, porque son del tamaño mismo de la creación.

Ahora entendemos por qué él dice en la Carta a los Romanos: "La creación aguarda la redención plena de los hijos de Dios" Carta a los Romanos 8,19, de cómo llegó Pablo a esa experiencia. Pablo llegó a esa experiencia en su diario enfrentarse con su propia debilidad y con la rebeldía del mundo. No sabemos qué tuvo mayor importancia, imposible saberlo, tendríamos que entrevistar a Pablo y quizás ni él mismo lo sepa.

Pero él legó a esa claridad por su propia situación, acuérdate lo que nos dice en Segunda Corintios: cómo él experimenta el aguijón de la debilidad, cómo él se hace esta pregunta: "¿Cómo es posible que yo mismo, conociendo, sabiendo, disfrutando y amando todo lo que amo, sin embargo sienta que el pecado tiene sus atractivos? ¿Por qué sigue teniendo atractivo el pecado en mí?" Y esa pregunta le obliga a sumergirse más y más y más en las aguas hondísimas de su propio ser y descubrir: "Oye, es que entonces la grieta va más hondo".

A través de la experiencia de la propia debilidad, Pablo descubre el tamaño de la grieta. Digámoslo de nuevo en una sola frase: aquel que ha conocido tanto del amor de Dios, pero se siente sin embargo atraído por el pecado en una o en otra forma, termina descubriendo que la obra del pecado es profundísima. "Pero, ¿y qué pecado puede haber en mí después de tantos años?" Bueno, pues muchos pecados, muchos, ojalá fuera uno, muchos pecados. Y esos pecados son los que los teólogos de la vida espiritual describen con las famosas "noches".

¿Por qué puede pasar que una persona, después de llevar años y años de oración, de pronto se pregunta: "¿Y qué tal que no haya nada? ¿Y qué tal que esté yo aquí perdiendo mi tiempo, y entonces ni una cosa, ni otra, ni nada?" Eso sucede. Y hay gente que ha vivido en un monasterio años y años, y está en su enfermedad y está en su lecho de muerte, y se confiesa y en su confesión dice: "Lo que pasa es que no estoy seguro si de esto sigue algo o no sigue nada".

¿Cómo puede, en una vida tan pura, tan amorosa, tan generosa, cómo puede entrar la duda? ¿O cómo puede entrar la envidia? ¿Por qué a veces, después de años y años de muchas penitencias, y oraciones, y meditaciones, y muchas experiencias deliciosas del amor de Dios, deliciosas, cómo puede ser que después de tantas, tantas experiencias del amor de Dios, sin embargo uno pueda sentir en algún momento que pierde la paz por una tontería? ¿Y cómo puede uno sentir que tiene envidia y que uno quiere desquitarse de alguien? Y desquitarse de alguien, eso no se llama venganza, pero ¿cómo puede haber venganza en mí?" Pues sí, sí. Y es que hay veces que, después de mucho, mucho tiempo, uno siente eso.

O en otros momentos, después de tantos años y tantas oraciones, y de nuevo, de tanta efusión del Espíritu, de tanto amor de Dios, sin embargo reaparece, en gente que ya tiene sus años, o que muchos o pocos, reaparece la seducción del placer de la carne? ¿Cómo puede suceder eso?

Y un buen cristiano, bien casado..., -es que para sorpresas no hay sino que vivir, no hay sino que vivir para encontrar sorpresas-. Yo me he quedado algunas veces así, estupefacto. Por ejemplo, el caso de una señora, que parecía tenerlo todo, pero tenía una cierta tentación, y una cierta tentación es que no tenía claro si era lesbiana.

Y ya con varios hijos, y con un matrimonio amorosísimo, y con toda la fachada de mujer bien casada, feliz, establecida, señora, ama de casa, todo lo que le quieras poner, pero por dentro tenía una cierta curiosidad con el tema del lesbianismo, y dice uno: "¿Pero cómo puede ser que después de todo ese tiempo esto subsista, cómo puede estar en mí?" La única explicación posible es: porque esas grietas siguen caminos tortuosos, extraños, y llegan hasta muy hondo. Y entonces a veces nos hieren en la fe, o nos hieren en la esperanza, o nos hieren en el amor. Y entonces se pasa por esas experiencias también.

Por eso, el mismo Pablo tiene expresiones como aquella de que: "El que esté en pie, mire no caiga" 1 Corintios 10,12, eso no lo dice porque sí, eso lo dice porque después de tantas experiencias positivas tiene que llegar a ese momento.

Y obsérvese una cosa: aquí no estamos hablando de una religión de la represión, aquí no estamos diciendo: "Claro, es que una persona psicorrígida, reprimida, pues en algún momento busca el encanto de la carne", no, estamos hablando de gente que ha tenido experiencias deliciosas, suavísimas, deleitables del amor de Dios, y que, sin embargo, en cierto momento se siente descontrolado y se siente extraño y dice: "Pero ¿cómo puedo ser yo el que siente esto?" Y las cosas suceden.

A veces, el prurito de ser diferente. Tenemos unos casos graves, poquísimos, pero los tenemos, en obispos rebeldes. Hay unos tres, cuatro casos graves hoy en el mundo de obispos en plena rebeldía, ¿y ahí qué hay? Ahí hay una caricia y un cosquilleo que viene del pecado. "-Mira, que tú no puedes ordenar obispo sin autorización y mandato expreso de la Santa Sede". "-Pero si yo tengo la plenitud del sacerdocio, ¿y yo por qué no voy a poder? ¿Qué tal que los que estén equivocados sean los de Roma? Más bien yo voy a ordenar", y así se ordenaron los cuatro obispos aquellos lefebvristas.

¿Y quién va a negar de las calidades morales, quién va a negar la fineza doctrinal de quienes estuvieron implicados en esa ceremonia? Acuérdate de lo que también dice San Agustín: "He visto caer cedros tan altos, que si me hubieran dicho que había caído un Atanasio o un Jerónimo, primero lo hubiera creído".

¿Qué demuestra eso? Demuestra que en la percepción de la fragilidad humana uno descubre que la grieta va honda, no es una cosa superficial, no es únicamente tema de que: "Tú me respetas, yo te respeto, seamos cordiales, me sonríes", no, espérate, que lo del pecado entra bien hondo, es como esas cavernas que hunden y hunden y hunden y siguen debilitando cimientos.

Pablo tuvo esa clase de experiencia, y Pablo tuvo también la experiencia de la rebeldía. Creo que ya he contado en otra ocasión, no sé si a ustedes mismas, he contado lo que me sucedió a mí mismo en una serie de diálogos larguísimos con un ateo que era profesor en una facultad de Psicología.

La historia esta es la del ateo con el que yo tuve varios diálogos, y finalmente el hombre dice: "Pues no se me ocurre qué más decirte, pero yo no creo"; y, sin embargo, me dice algo: "Yo no sé mucho de eso, pero yo creo que usted es una persona buena, ¿usted podría darle una bendición a mi hija?" Entonces, es ateo, pero pide una bendición, y sigue siendo ateo, y me despide de su casa, "hasta luego", y sigue siendo ateo. Eso es enfrentarse con la tozudez, eso es enfrentarse con la absoluta soberbia, es enfrentarse con el apego al mal, finalmente. Es decir,"no creo, porque no me viene en gana creer, se acabó, ¿Es suficiente razón para ti? No quiero creer, no me nace creer, no voy a creer".

Cuando uno se da cuenta de todos los bienes que trae Cristo, de toda la bondad que hay en Cristo, de toda la gracia, finalmente, que significa el Evangelio, y se enfrenta con un muro así de rebeldía, uno se da cuenta: tiene que haber algo muy hondo en el corazón humano para que esta persona no reciba a Jesús y no le interese".

Entonces, esta clase de experiencias, experiencias de evangelización y experiencias del poder de la tentación en sí mismo, seguramente fueron las que llevaron a Pablo a profundizar la noción de redención, a descubrir que lo del pecado va en serio, y a descubrir que lo del pecado llega bien hondo. Y una vez que se descubre que el pecado llega bien hondo, pues lo que sigue es descubrir que el poder de la gracia también llega bien hondo. Y ese es el tipo de gracia en el que ha vivido, del que ha participado María Santísima.

Terminemos con algunas anotaciones sobre Lucas 1,28. Lo más interesante, de muchas cosas que nos compartió el Padre Fidel, fue la relación que él hizo entre los pasajes de Anunciación y los pasajes de misión, Llámanse pasajes de anunciación aquellos en los que Dios, o algunos de sus mensajeros, anuncia un nacimiento, esos son pasajes de anunciación. Entonces, a Sara se le dice que va atener un hijo, a la esposa de Manoa, o sea, a la mamá de Sansón, se le dice que va a tener un hijo, a Zacarías se le dice que va atener un hijo, es decir, no son docenas de pasajes, pero sí que hay un número de pasajes de anunciación.

Y entre ellos está también, por supuesto "el pasaje de la anunciación", así lo llamamos nosotros, que es donde se le cuenta a la Virgen que Ella va a tener un hijo. Por otra parte tenemos los pasajes de misión, los pasajes de misión son aquellos en los que se le da un encargo a la persona.

Y resulta que hay dos características que están casi, sin excepción alguna, en los pasajes de misión. Primero, la expresión: "El Señor está contigo"San Lucas 1,28, esa expresión es una expresión de envío, y el Padre Fidel destaca, "es un envío a una misión ardua, incluso, una misión en la cual se juega la vida de la persona", esa es una característica de esa expresión.

Es decir, a la gente no se le dice: "El Señor está contigo", como una palabra de piedad, entendida en un sentido pobre de piedad. Se le dice como un bastión, se le dice como un escudo, algo así como: "Cuando llegue lo más duro, incluso cuando llegue tu propia muerte, acuérdate que también ahí el Señor está contigo".

Y también aquí hay una serie de pasajes. Por ejemplo, Dios le dice a Jeremías: "Yo estoy contigo" San Jeremías 1,8;San Jeremías 1,19, o Dios le dice a Moisés: "Yo iré contigo" Exodo 3,12; Exodo 33,14; Josué 1,9, Dios le dice a Abraham que camine en su presencia, Dios le dice a María: "El Señor está contigo" San Lucas 1,28.

La parte interesante es descubrir que el pasaje de la anunciación es las dos cosas: es un pasaje de anunciación, clarísimamente, porque se trata de un nacimiento futuro, pero es un pasaje de misión. Entonces, toda esta familia de pasajes de anunciación tiene una característica: nunca el Señor dice: "El Señor está contigo", porque lo que se le anunicia a una persona es simplemente una alegría.

Acuérdate cuando a Ana, la mamá de Samuel, se le asegura que va a ser mamá, pues a ella no se le dice: "El Señor está contigo", sino simplemente el sacerdote Elí la envía de vuelta a casa y le dice: "Que el Dios de Isarael te otorgue lo que has pedido" 1 Samuel 1,17, pero ella queda tranquila y, sin embargo, no escucha la frase: "El Señor está contigo".

Es decir, los pasajes de anunciación forman una cierta familia, y los pasajes de misión forman otra cierta familia. Y lo propio de los pasajes de anunciación es la alegría, es el regocijo, por eso Ana También tiene su cántico de alabanza, y no existe la expresión "el Señor está contigo" en los pasajes de anunciación.

En cambio, en los pasajes de misión, hay un dramatismo, hay una tensión, porque se trata de un entrar en batalla. Y lo que destaca el Padre Fidel es que, entre estos pasajes de anunciación y entre estos pasajes de misión, solo hay una persona que queda en ambos, y esa persona es María. Es decir, Ella, al mismo tiempo, está siendo llamada al gozo y al sufrimiento, a la gloria y a la luz, diríamos, por seguir la secuencia o los títulos de los misterios del Rosario. Ese es un hecho interesante, para que descubramos, en ese modo de expresarse Dios, descubramos que hay un llamado vocacional.

La otra cosa que es importante es que, si se trata de una vocación, y por eso he querido relacionar las dos ponencias, la del Padre Fidel y la del Padre Oswaldo, si se trata de una vocación, se trata de un camino que Ella recorrió y que nosotros tenemos que recorrer como María. Es decir, leer la anunciación desde una perspectiva misionera, es leerla desde una perspectiva vocacional.

Destacaba también el Padre Fidel cómo cuando nosotros nos referimos a la relación con la propia mamá, con la propia madre, siempre sentimos el tiempo presente, es decir, incluso cuando la madre ya ha partido, ya ha muerto, pues uno se siente amado por ella: "Mi mamá me ama", nadie diría, pues salvo casos, qué sé yo, de catástrofe familiar, nadie diría: "Mi mamá me amó", ¡eso suena tristícimo!"Mi mamá me amo", pues, "me amó", ¿qué quiere decir? Pues que ya no te ama, que eso quedó atrás. Uno no se expresa así.

Él destaca eso para decir que la vocación maternal de María es una vocación que se realiza en el día a día. Es decir que María va viviendo la anunciación desde que sucede hasta que Ella parte de esta tierra. "El Señor está contigo" San Lucas 1,28 es el estribillo de su vocación, y "el Señor está contigo" San Lucas 1,28 es también el soporte, el alimento que será necesario para recorrer el camino, sobre todo cuando llegue ese momento tan terrible, el momento de la Cruz.

Hay un cambio de nombre en los llamados vocacionales, un caso típico es el de Abram, que comienza a llamarse Abraham, o el de Jacob, que pasa a llamarse Israel. En el caso de María, el cambio de nombre es entre María y Kejaritomene. La palabra Kejaritoméne es, como suena en español, Llena de Gracia, es decir, en el texto griego, pues lo que suena es esto: "Jáire, Kejaritoméne, jo Kýrios meta su", Kejaritomene. También ahí hay un cambio de nombre, y ese cambio de nombre, de nuevo, significa la vocación que la persona vive.

Creo que ese es un pensamiento que nos inspira, creo que es una manera de hablar que nos ayuda a encontrar en Ella, pues, una peregrina, peregrina de la fe, peregrina de la esperanza y peregrina del amor.

En resumen, al llamar a María "Llena de Gracia", por favor, recuperar el tamaño de la palabra gracia, y para eso todo lo que hemos dicho sobre el mundo, y la sociedad, y el tamaño del pecado, y el tamaño de la gracia. Ese fue el primer punto. Y el segundo punto, más breve, para descubrir que María se encuentra en la intersección entre entre los pasajes bíblicos de anunciación y los pasajes bíblicos de misión, de manera que su ser madre es todo su ser.

Otro de los ponentes, el Padre Gianni Colzani, hablaba una cosa muy interesante y era sobre cómo, desde el momento en el que María adquiere esta vocación o recibe esta vocación de Madre del Salvador, de algún modo se "desprivatiza", -yo nunca había oído esa palabra utilizada a la Virgen-, se "desprivatiza"; la desprivatización de María es la kénosis de María.

A ver cómo nos podemos explicar. La palabra kénosois significa abajamiento o vaciamiento. La kénosis de Cristo es lo que cantamos en el capítulo segundo de a Carta a los Filipenses: "Se humillo hasta el extremo de la muerte, y muerte de cruz" Carta a los Filipenses 2,8. Entonces, la kénosis de Cristo es el vaciamiento, la entrega radical de su ser. Bueno, esa es la kénosis de Cristo. En su manera de vaciarse de su propio ser, en la capacidad de entregar todo de sí, en el desocuparse de sí mismo, Cristo revela que es Dios, esta es la gran paradoja de la Cruz.

Donde ni siquiera parece humano, ahí se muestra Dios; donde parece que estuviera en lo más hondo de lo hondo, de lo último, de lo profundo, sin embargo, está revelando lo más alto, lo más excelso, lo más celestial.

¿Cómo se revela Dios en la Cruz? Se revela en el vaciamiento de Cristo. Es decir, una de las cosas que realiza el pecado en nosotros, es que nos impide disponer de nosotros mismos, oye esa frase: el pecado nos impide disponer de nosotros mismos, y el pecado por eso le impide a uno desocuparse de sí; el pecado deja siempre un remanente fastidioso y ruidoso, que es el que hace que la persona se vuelva insoportable a sí misma, en el lenguaje de Santa Catalina de Siena.

El poder del pecado impide el vaciamiento de sí; pero en Jesús hay victoria sobre el pecado, entonces Jesús, de tal manera es Señor de sí mismo, que es Señor del universo; de tal manera es Señor de sí mismo, que puede entregarlo todo, y en el acto de entregar todo, de todo, en su kénosis, en su abajamiento, ahí se revela Dios, ahí se muestra que él es Dios. Solo desde la infinita caridad y desde la infinita omnipotencia divina es posible desocuparse así, tan completamente de sí mismo, como vemos que sucede en la Cruz. Esa es la kénosis de Cristo.

Pero hay una kénosis de María, la kénosis de María es lo que el Padre Colzani llama "la desprivatización de María", ¿y desprivatización qué quiere decir? Pues perder lo que nosotros llamaríamos la vida privada, ¿y a qué llamamos nosotros la vida privada? la vida privada es aquel rango de afectos, de gustos, de personas, de lugares que nosotros no entregamos. apenas decimos: "esta es mi vida privada", le estamos diciendo a la otra persona: "Tú, aquí, no entras. Esto es lo mío".

Pero en el momento en el que María recibe este cambio radical en su vida, -no tenemos completamente claro cuál era el plan que Ella pudiera tener para sí misma, a los trece, catorce años, o los que tuviera, cuando la anunciación-, pero cualquier cosa que Ella tuviera en ese momento, cambia radicalmente de dirección ante el nuevo nombre, Kejaritoméne, y la nueva vocación que tendrá que realizar día a día, es decir, desde ese momento Ella no tiene más vida que Cristo, desde ese momento Ella no tiene más proyecto que Cristo, desde ese momento no tiene más felicidad que Cristo. Ese desocuparse de su propio plan y ese ser habitada únicamente por el plan de Cristo, esa es la kénosis de María, esa es la desprivatización de María.

Y, por supuesto, esto tiene una hermosa aplicación a nuestra propia vida, porque uno inmediatamente ve que esta es la santidad, que la santidad es como la desprivatización de uno, como que todos los afectos que pueda haber en mi corazón, todos los pensamientos que pueda haber en mi mente, todos los sueños, incluso todas mis fuerzas, que todo esté únicamente para servicio, únicamente para honor, para gloria del Señor.

Y, por supuesto, esto conecta inmediatamente con nuestra vocación religiosa y, en el caso de ustedes, monástica: el monje es el que se consume, el que se entrega radical, totalmente, el que no reserva nada para sí. El monje es aquel a quien todo le sirve para dárselo a Cristo, ese es el monje; todo le sirve, pero le sirve solo para dárselo a Cristo.

Entonces, los dolores de la enfermedad final, si la tiene, o el martirio, si lo sufre, la salud, si la tiene, para servir a Cristo, y la enfermedad, para unirme a Cristo; y la alegría, para alabar a Cristo, y la tristeza, para encontrar a Cristo, esa es la desprivatización del monje.

Por eso los trapenses se desocupan incluso del propio nombre, ¿no? Por eso, en los cementerios de los trapenses solamente ponen cruces, no ponen el nombre del monje, el monje lo pierde todo, no le gastan tampoco un ataúd: "Lo lamento mucho: no hay ataúd para ti", no hay ataúd, simplemente ponen el cuerpo en tierra, le echan tierra encima, una cruz, y no queda ni el nombre, eso es impresionante.

Yo he podido visitar cementerios de trapenses, créeme que se siente algo, uno dice: "Realmente este que estuvo aquí lo perdió todo, perdió hasta su nombre, se desocupó completamente de sí".

La Kejaritoméne es la desprivatizada, Ella ya no tiene nada para sí, Ella ha entregado radical y totalmente todo. Es bellísimo este modo de examinar el camino vocacional de María, que Ella interceda por nosotros...