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De Wiki de FrayNelson
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El domingo después de la Santísima Trinidad, nuestra Iglesia Católica celebra la solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo. Cuerpo de Cristo, en Latín, se dice: “Corpus Christi”; y muchos católicos recuerdan esta solemnidad, con ese nombre: La fiesta de Corpus Christi.

Hoy quisiera que reflexionáramos sobre uno de los aspectos más visibles de esta celebración litúrgica. En muchos lugares, la fiesta de Corpus Christi es ocasión de procesiones con el Santísimo Sacramento, en público y por las calles; Cristo que se hace presente en las calles de nuestras ciudades, en los campos, en las veredas, es decir, Cristo que sale del recinto sagrado del templo, y recorre nuestros caminos. La pregunta que nos hacemos es: ¿cuál es el significado de esta práctica, de este tipo de procesiones? Resulta muy oportuna esta pregunta cuando recordamos que para muchas personas la religión es algo que debe quedar confinado completamente en la vida privada, es decir, para mucha gente, la religión es un acontecimiento únicamente privado, subjetivo, y debe quedar recluido en los templos.

Pero, Corpus Christi es una celebración, podríamos llamarla “rebelde”, según la cual nosotros optamos por salir con Jesús a las calles. ¿Cuáles son nuestras razones para este salir del templo?, ¿para este proclamar la gloria de Cristo, también en los lugares que normalmente no son visitados por esta presencia del Señor? Hay tres razones principales: la primera, es que el mismo Señor Jesucristo dijo: “Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas” (Mt 10, 27). Es decir, nuestra fe es profunda, pero, nuestra fe no es una vergüenza; nuestra fe es íntima, pero, no es algo para esconder. Nosotros proclamamos con gozo, con respeto hacia las demás personas, con respeto hacia las otras creencias, pero, proclamamos abiertamente y con júbilo, con gozo, con amor, proclamamos aquello que creemos. Esa es la primera razón.

La segunda razón, es que cuando nosotros permitimos que nuestra fe se recluya únicamente en el templo, estamos diciendo que la sociedad puede, e incluso debe ser organizada al margen de la religión, y esto es algo con lo que jamás estaremos de acuerdo, ¡no podemos soportar que la religión quede recluida en los espacios sagrados! ¡No!, la organización de la sociedad humana, requiere también de las luces propias, del aporte propio de nosotros los creyentes. Cuando se niega el papel de la religión en la vida pública, lo que se le está diciendo a los creyentes es: “si quieres discutir esto, tienes que dejar de ser creyente; olvídate de tu Dios, si queremos hablar de los temas de la vida pública”. Y nosotros no tenemos que dejar de ser lo que somos, para discutir, con pleno respeto a los demás, desde nuestra propia perspectiva, lo que nosotros creemos, las convicciones que tenemos. ¿Por qué se le pide a un grupo de personas que olviden sus convicciones, cuando son esas mismas convicciones las que hacen que ellos busquen el bien para la sociedad? La primera razón para estas manifestaciones públicas y externas de la fe, es que tenemos que evangelizar; y la segunda razón, es que creemos que como creyentes, desde nuestra calidad de creyentes, tenemos un aporte específico que dar a la sociedad.

Y la tercera razón, es que, precisamente, en nuestra fe y en nuestra convicción, la proclamación del Evangelio no es un acontecimiento que se queda en la vida personal. Quiero decir, nosotros proclamamos en Jesucristo, a aquel por quien fueron hechas todas las cosas, no solamente las iglesias; y para quien fueron hechas todas las cosas, no solamente las iglesias. Es decir, Cristo es Señor, no solamente de las iglesias, las capillas, los sagrarios y los altares; Cristo es Señor, de toda realidad humana. Esto no lo entenderán muchos, en esto no estarán todos de acuerdo; nosotros no lo estamos imponiendo a otros, pero, tenemos derecho a decirlo, y lo decimos con respeto, pero, también con claridad y con gozo.

Feliz fiesta del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo.