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Fecha: 20010617

Titulo: En la Eucaristía Dios vive en nosotros y nosotros viviremos en El

Original en audio: 1 5min. 4 4seg.


Queridos Hermanos:

Esta es la celebración del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, esta celebración podemos decir que es un eco que viene desde la Pascua. Todo lo que los cristianos celebramos se resume en una palabra: "Pascua", nuestras alegrías dependen de una sola fuente, de un gran acontecimiento, de una maravillosa noticia, la palabra que cambió nuestra vida, la palabra "Pascua".

Lo primero que celebraron los cristianos, lo más grande que celebramos los cristianos, lo que le da el centro a nuestra fe, sí, nuestro centro de gravedad se llama "Pascua", y hay un día en el año en el que celebramos la Pascua de Cristo, es el día de la gran Vigilia de la Pascua, y para celebrar esa vigilia nos preparamos en un camino que se llama la Cuaresma.

Y es tan grande esa Pascua que no cabe en un día, se prolonga en una semana que se llama la Octava de Pascua, pero desborda esa semana y se extiende a un tiempo que se llama el Tiempo Pascual, que a su vez llega hasta el día de Pentecostés.

Pero tampoco cabe en el Tiempo Pascual, rebosa, salta, salpica con su alegría a este otro tiempo en el que nosotros estamos, este tiempo litúrgico que a veces se llama el Tiempo Ordinario, el Tiempo Durante el Año.

La Pascua llena toda nuestra vida y tiene el perfume de la resurrección de Cristo, en la Liturgia de las Horas, en la oración de las mañanas.

Cuando vamos a la Misa, sobre el altar se celebra para nosotros el sacrificio, la liturgia de la Pascua, el Pan que sostiene nuestra fe es el Pan de la Pascua, la Eucaristía, y cuando caemos en pecado y vamos a confesarnos, el sacerdote, con la absolución, derrama sobre nosotros, según la expresión de Santa Catalina de Siena, "Sangre de la Pascua".

La Pascua no cabe en ninguna fecha, es como un manantial que todo lo desborda y de ese manantial salen cual gotas, fiestas y celebraciones que nos la recuerdan, por ejemplo, ésta. El día propio para ésta celebración de El Cuerpo y Sangre de Cristo, tendría que ser el Jueves Santo, el día de la institución de la Eucaristía.

Lo que sucede es que hay tanto que celebrar en la Semana Santa, que la celebración de hoy retoma este misterio eucarístico para resaltar su aspecto gigantesco, inmenso e inagotable. Así que lo primero que hay que tener en cuenta para vivir esta celebración, es que ella por sí misma dirige cariñosamente nuestra mirada hacia el misterio de la Pascua de Cristo, y específicamente, hacia la Última Cena.

En muchos lugares se celebra esta fiesta el jueves después de la fiesta de la Trinidad, pero en otras partes se ha pasado esta fiesta al domingo, con el criterio de dejar que el domingo sea siempre y sobre todo el día del Señor, y siendo esta fiesta la de El Cuerpo y la Sangre Santísimos de Cristo, tiene sentido así celebrarla en domingo.

Esta fiesta nació en la Iglesia hacia el siglo XIII, cuando empezó a haber confusión entre algunos teólogos, religiosos y fieles, sobre si se podía decir verdaderamente que Cristo, el que caminó en Galilea, el de los milagros, el que murió en la Cruz, el que resucitó de entre los muertos, el que está ante nosotros digno de ser amado, adorado, contemplado, obedecido, sobre si ese mismo Cristo está ahí; es un misterio tan grande que la mente humana duda.

La labor que hace la oración en el corazón humano, pudo afirmar con certeza absoluta, y así lo celebra la Iglesia: Sí, sí está, sí es Él, es Él mismo, tenemos a Cristo entre nosotros y nos da su vida, su amor, su alimento, de modo que ya no podemos decir: "Ay, si yo hubiera estado en el siglo I y me hubiera encontrado con Cristo", Él sigue con nosotros, Él está con nosotros.

Una mujer estaba enferma, nos cuenta el evangelio, y dijo: "Si yo logro tocar el borde de su vestido, voy a quedar sana" San Marcos 5,28 y quedó curada. Y nosotros leemos ese pasaje y decimos: "¡Qué dicha fuera para mí haber estado allá!"

La fe de la Iglesia a lo largo de los siglos, de los continentes, de las más diversas culturas y lenguas, nos dice sobretodo en esta fiesta: "Tu también puedes hacerlo, tú también puedes tocarle, tú también puedes recibirle. Aquella mujer tocó el vestido de Cristo y pudo tocar el cuerpo de Cristo; Es Él mismo"; este pensamiento nos llena de gratitud, nos llena de amor.

Hay personas, que por un milagro especial de Dios, han vivido alimentándose sólo de la Eucaristía, por ejemplo, aquella santa que yo mencioné, Catalina de Siena, quien durante meses sólo vivía de la Eucaristía, así Dios quiso confirmar que ahí estaba Él y que en Él está todo.

Y más recientemente, en el siglo XX, vivió una mística en Francia, llamada Marta Robin, quien duró años alimentándose solamente con la Eucaristía. Se puede decir entonces que la Eucaristía tiene un significado infinito y que hoy celebramos una afirmación, una verdad concreta, maravillosa, hermosísima y que se sintetiza en dos palabras "Es Él, es Él, Él mismo".

Esto trae gratitud al alma y trae esperanza, porque si Él está en el altar, en el Sagrario, en la Custodia, si Él está ahí, ¡qué vida tiene nuestra oración cuando se acerca Él". No es una imaginación, es Él.

Y la gran esperanza que trae saber que es ÉL, que Él está en medio de nosotros, que Cristo está en nuestra tierra, que Dios está aquí, la gran esperanza es saber que Él, que fue capaz de venir a donde nosotros estamos, tiene gracia suficiente para llevarnos a donde Él está.

Y por eso la dimensión más profunda de este misterio no es solamente cantar que Cristo vive entre nosotros, sino alegrarnos porque nosotros viviremos en Él. Así como Él en la tierra nos rodea de su amor, así en el cielo será plenitud de gozo, plenitud de salvación para nosotros.

Vivamos con alegría, vivamos este misterio eucarístico; estamos llamados a llevar una vida eucarística, recapacitemos ahora, es la parte práctica de esta predicación, ¿cuántas veces la Primera comunión queda sólo como una foto para el álbum de familia, como un recuerdo?. La Primera Comunión tiene que ser algo muy distinto.

Por eso yo no estoy de acuerdo con que se llame la Primera Comunión, debería decirse: "Estamos haciendo en la parroquia la preparación para los niños que van a empezar a comulgar", es distinto, empezar a comulgar, empezar a llevar una vida eucarística, una vida en unión con Cristo, para que el sacerdocio de la vida que Cristo llevó hasta sus últimas consecuencias, se viva también en nosotros, en nuestra vida personal, familiar y social.

Este es un día donde se acostumbra en muchos lugares sacar el Santísimo Sacramento para hacer una procesión, como proclamando abiertamente: "Sí está y creemos en Él y lo adoramos", eso es bello, pero así como Cristo en la procesión del Corpus, como se suele llamar, se pasea por nuestro barrio, por la ciudad, también quiere pasearse y esparcirse por las calles, por las oficinas, por las universidades, por los parques, impregnándolo todo con su amor, con su perdón, con su gracia, con su pureza y con su sinceridad.

Cristo quiere llegar hasta el último rincón porque todo le pertenece en virtud de la Pascua, ¡qué fiesta tan grande y tan bella! Sigámosla celebrando con gozo, dispuestos a salir de este templete eucarístico, llevando presencia de Cristo a todas las dimensiones, rincones y lugares de nuestra vida.

Amén.