Casc008a

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Este es el domingo de la Ascensión del Señor. Hay dos maneras o dos fechas para celebrar la Ascensión del Señor, según la región en la que uno se encuentre. Muchos países, como por ejemplo, Colombia, celebran la Ascensión del Señor en el domingo séptimo de Pascua. La razón es que el domingo es el día del Señor, y muchas fiestas, muchas solemnidades que miran directamente al misterio de Cristo, han sido trasladadas al domingo, precisamente, para darle realce a ese hecho: el domingo es el día del Señor.

En otros sitios, como por ejemplo, en Italia, la Ascensión se sigue celebrando el jueves de la sexta semana de Pascua; el criterio es, principalmente, numérico. En efecto, nos dice la Escritura, que cuarenta días después de la Resurrección, sucedió la Ascensión del Señor. Así que, es posible que estas palabras lleguen un poco tarde a aquellos que ya celebraron la Ascensión; pero, nunca van a llegar tarde a nuestro corazón, porque el mensaje de esta fiesta interesa por igual a todos.

En este ciclo C, de lecturas para el domingo, por ejemplo, encontramos aquella frase del Evangelio según San Lucas: “Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.” (24,51). Me parece una preciosa descripción del misterio de Cristo; Cristo, que asciende; pero también, Cristo, que hace descender la bendición sobre nosotros. Él asciende, y la bendición desciende. Yo creo que esta simultaneidad de movimientos, tiene un hermoso mensaje para nosotros, nuestra vida será más bendecida, experimentaremos mayor bendición, cuanta mayor claridad tengamos, en que es nuestra frágil naturaleza humana, la que ha ascendido con Cristo hacia el Padre.

Muchas veces utilizamos, como disculpa para nuestros mediocridades el hecho de que todos somos humanos: “errar es humano, yo no soy ningún santo”; usamos esas expresiones, como justificando nuestro apego a niveles muy bajos de comportamiento. Pero, lo que nos dice el Evangelio de hoy, es que la fuerza de la bendición se percibe, cuando se descubre la fuerza de la Ascensión. Mi naturaleza, lo que yo soy, está en Cristo, y en Cristo asciende hacia el Padre; ese es mi camino y no es otro. El descubrimiento de la Ascensión de Cristo, es decir, el descubrimiento de que en Cristo puedo entrar en plena comunión con el Dios eterno, poderoso, y santo, es lo que le da una ruta a nuestra vida cristiana.

¿Quieres experimentar bendición en tu vida? Entonces, ya sabes a qué nos llama la Escritura: a levantarnos, a crecer, a ascender, a no quedarnos simplemente con los bienes, las ventajas o los placeres inmediatos. Cristo marca la ruta, y el que quiera recibir bendición, que lo contemple y que lo siga.