Ca04008a

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La segundo lectura en este cuarto domingo de Adviento está tomada de la carta a los Hebreos en el capítulo décimo, el pasaje que hemos escuchado destaca una frase, aquello que el Hijo de Dios dice cuando llega a nuestra tierra: “aquí estoy para hacer tu voluntad” (Heb 10,7). La vida entera de Cristo está descrita en esa frase, una frase que nos hace recordar a un versículo del Evangelio según san Juan, allí donde dice nuestro Señor: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre” (cf. Jn 4,34). Cristo, quien no tiene otro programa de vida sino hacer la voluntad de Dios; Cristo, quien se alimenta de hacer la voluntad de Dios; Cristo, quien dice en su oración y nos enseña a decir: “hágase tu voluntad” (cf. Mt 26,39). Esa manera de vivir, de hablar, de orar y de obrar de Cristo tiene que significar mucho para nosotros, porque precisamente el pecado es darle la espalda a la voluntad de Dios; pecamos cuando omitimos el querer de Dios y nos concentramos solamente en lo que a nosotros nos parece, nos gusta, nos interesa, lo que creemos que para nosotros es ganancia y con eso nos quedamos; pero Cristo muestra el camino del retorno al Señor. Si nos hemos alejado de Dios buscando nuestro propio gusto y nuestra propia voluntad, el camino de nuestro retorno será buscar la voluntad de Dios, hacer de ella nuestro alimento, nuestro programa, nuestro plan de vida.

Otro aspecto que se puede destacar en esa frase de la carta a los Hebreos es descubrir que el designio de nuestra salvación, el propósito por el que Cristo está en esta tierra brota de lo más profundo del corazón de Papá Dios, dicho de otra manera, hay a quien agradecerle que Cristo esté en nuestra tierra, es un regalo, un don, una concesión de Dios nuestro Padre. Si Cristo, según la expresión del pasaje de hoy en la segunda lectura dice: “aquí estoy para hacer tu voluntad” (Heb 10,7), si Cristo se alimenta de esa voluntad está indicando que es el deseo del Padre que nosotros recibamos a este Cristo, es la bondad suya dándonos a su Hijo. Dios nuestro Padre nos ha expresado todo su amor, todo su mensaje, toda su bondad. Dice San Juan de la Cruz: “Dios Padre ha quedado como mudo porque en Cristo que es su Palabra, nos lo ha dicho todo”; más no podía entregarnos, nos lo ha dado todo.

Recibamos, entonces a este bendito Señor, acojamoslo en la humildad de ese pesebre que ya sentimos tan cercano y bendigamos a Aquel, que en un derroche de ternura y compasión nos ha entregado a su Hijo, como dice el pregón pascual: “para rescatar al esclavo, diste a tu Hijo”.

¡Gracias Papá Dios, enséñanos a recibirlo, enséñanos a tener navidad!.