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Fecha: 19971207

Título: Se necesita el hambre y el alimento. El alimento es Cristo y el hambre es el Adviento

Original en audio: 12 min. 32 seg.


Las palabras del Evangelista Lucas, sitúan en la historia y en la geografía los acontecimientos iniciales. Podríamos decir, el comienzo de la vida terrena de Jesucristo. Los cuatro Evangelistas nos hablan de Jesús, pero cada uno tiene su propio estilo.

Lucas, por ejemplo, tiene especial gusto por la historia, por dar las cosas con un cierto orden, es metódico, da información y datos, así como lo hemos escuchado.

"El año XV del reinado del Emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea...." San Lucas 3,1. Y luego nos cuenta cuál era la geografía de la época, cuál era la distribución política, entonces nos habla de regiones, las regiones en donde había gobiernos: Judea, Galilea, Iturea, Traconítide, Abilene, esas eran las regiones, esa es la geografía.

¿Cuál es el tiempo? Año XV del emperador Tiberio, ¿Quiénes eran los gobernantes? Poncio Pilato, Herodes Antipas, Filipo, Lisanias. ¿Cómo andaba la religión en esa época? Anás y Caifás eran los Sumos Sacerdotes. Como quien dice, este Evangelista quiere ubicarnos. Ubicarse viene de una palabra que significa responder: dónde, en dónde queda algo, ¿cómo lo puedo comprender, cuál es el contexto.

¿Y qué importa para nosotros, qué significa para nosotros esta serie de datos? Significa, en primer lugar, que Cristo Nuestro Señor llegó a una historia tan real y tan concreta como la tuya y como la mía.

Al principio de la vida de cada uno de nosotros se podría hacer un prólogo parecido a este que hace Lucas. Si una persona, por ejemplo, nació en 1957 entonces se diría: “Siendo Presidente de Colombia fulano de tal, en tal ciudad, en tal momento, con éste régimen democrático, etc., nació fulanito o nació menganito".

De manera que estos datos no sirven solamente para que nosotros sepamos cuándo pasó, sino hay detrás de ellos una proclamación de fe; lo que hay detrás de estos datos es que Dios llegó a nuestra historia concreta, así como nosotros tenemos una dirección, un teléfono, unas fechas, una cédula.

Aquí, Lucas, a su manera y a su estilo, nos cuenta que Cristo llegó a una historia, a una fecha, a un momento concreto de nuestra historia, como quien dice, nos está contando con esto aquello que nos dice San Pablo en la Carta a los Filipenses: "Se hizo como uno de nosotros" Carta a los Filipenses 2,7.

Si Cristo hubiera nacido en esta época, probablemente Lucas hubiera dicho: “Fue registrado en la notaría tal, con un número de cédula tal y vivió en esta dirección y este fue su numero telefónico”; probablemente serían esos los datos u otros semejantes.

Como quien dice, Cristo no es un fantasma, Cristo no es una tira cómica, Cristo no es un invento de la mente humana; se puede ubicar en la geografía, se puede reconocer en la historia de los hombres; es uno de nosotros.

Aquel a quien esperamos es uno como nosotros, y en Él, en la sencillez de ese comienzo está iniciándose, esta empezando una historia fantástica de fe y de amor. Esta es como la primera enseñanza que podemos compartir de este texto.

Pero la figura que aparece más claramente en el evangelio de hoy no es la figura de Jesucristo sino la figura de Juan el Bautista. Este es ya el segundo domingo del tiempo de Adviento. Como dije en otra ocasión, lo repito aquí: alegrémonos de poder celebrar Adviento. El Adviento existe en las iglesias. Fuera de la Iglesia no hay Adviento.

En los centros comerciales hay unos adornos lindísimos, además; pero son adornos de Navidad. ¿Ustedes han visto que por ejemplo en “Centro Andino” o “Galerías” o “Sur y Centro” digan: estos son nuestros adornos de Adviento?

No, el Adviento no existe en los centros comerciales. Ustedes han visto que en estos días que le llega a uno aquí también al convento cantidad de papeles impresos de todos los grandes supermercados y también de algunos pequeños: “Casa Grajales” le manda a usted un folletico muy bien impreso, las promociones de Navidad; “Iserra”, “Makro” y no digo más por que sería publicidad no pagada.

Pero, en todo caso, mandan publicidad. ¿Y esas son las promociones de qué? De Navidad. El Adviento no existe para los almacenes, para los folletos; el Adviento no existe. Revise Usted los periódicos de los últimos diez días, quizá no encuentre la palabra Adviento, si acaso este reverendo Padre jesuita que tiene una columna los domingos, el padre Llano, tal vez haya utilizado la palabra Adviento y tal vez algún otro.

Pero para los periódicos lo que existe es la Navidad: "Navidad, llegó Navidad, oh,oh,oh, alegrémonos". Adviento, eso sí no hay. El adviento existe para la Iglesia Católica y algunas otras confesiones cristianas. El Adviento existe dentro de los templos.

El adviento existe aquí, al pie de la Biblia, el Adviento existe aquí junto a la Santísima Virgen María. El Adviento no existe para los periódicos ni existe para Internet, porque esta mañana revisé y no había nada de Adviento, salvo las páginas católicas.

El Adviento no existe, yo creo que prácticamente ni para la televisión ni para nadie, y por consiguiente, como no existe Adviento, no existe hambre de Cristo, no existe hambre de Cristo, no existe “Christ”, existen “Christmas”. Cristo no importa, importa la Navidad, las fiestas, la temporada, “these holydays”, pero Adviento no existe.

¿Sabe usted cómo se quita a Cristo? Quitando el hambre de Cristo. La comparación que puede servirnos es esta: si una persona tiene hambre, pero no tiene alimento, no puede comer; pero si una persona tiene alimento, pero no tiene hambre, tampoco puede comer.

Se necesita el hambre y el alimento. El alimento es Cristo y el hambre es el Adviento. Si no hay Adviento, si no hay hambre de Cristo tampoco llega Cristo. ¿Usted cree que es casualidad que el Adviento haya desaparecido de los periódicos, los centros comerciales, la televisión? Hombre, lo que pasa es que el Adviento es hambre de Cristo y si no hay hambre de Cristo tampoco hay Cristo.

Vamos a comparar a dos niños, ambos se llaman Juan, Juan número uno y Juan número dos. Juan número uno vive en un barrio de estrato cero o menos uno, este Juan número uno que vive en el estrato cero, no tiene cómo comer. Juan número dos tiene estrato seis o siete punto cinco; tiene una despensa con unos súper chocolates, unos súper helados fantásticos; pero resulta que Juan número dos no tiene hambre. Conclusión: Juan número dos no come nada.

El Adviento es el tiempo para que a nosotros nos dé hambre, es el tiempo para que nosotros reconozcamos que Cristo nos hace falta; y si la Iglesia nos presenta hoy a Juan Bautista, es por que Juan Bautista es un hambre en forma de hombre. Juan el Bautista es el hambre de la humanidad que se da cuenta de su límite, que se da cuenta se su necesidad.

¿Cuál es el fruto práctico de esta celebración entonces? Una sola pregunta: ¿Qué de Cristo me hace falta a mí? Me echaron un chiste: está un niño narco, o sea un narco niño, un niño narco fue a escribir la carta de Navidad al Niño Dios y entonces escribió: “Niño Dios: ¿qué quieres este año?”

El narco niño le escribe al Niño Dios y le dice eso. Ese es un narco niño. Ese narco niño no tendrá Navidad cristiana, por lo menos. Tendrá “christmas”, pero no va a tener Navidad cristiana, no va a recibir a Cristo, ¿por qué? Está repleto, está atosigado, está hastiado y por consiguiente no recibirá a Jesús.

Percibir que me hace falta Jesús en mi vida, que me hace falta orar, que me hace falta corregir muchas cosas, que me hace falta sanar muchas relaciones en la familia, que le hace falta pureza a ese noviazgo, que le hace falta alegría y generosidad a esa vida, que le hace falta perdón a esa familia, eso, precisamente eso, mis hermanos, eso es el Adviento.

Eso es lo que trae Juan el Bautista para nosotros. Esa voz, ese grito, esa necesidad, esa hambre que nos recuerda que nosotros, sin Cristo, podemos hacer nuestros propios caminos, pero esos no serán los caminos de Dios.

Cada uno encuentre en su propia vida y en su propio camino dónde falta Cristo, no se pierda el Adviento, el Adviento sólo existe en las Iglesias. Feliz usted que vino hoy a la Santa Misa. Alegrémonos porque vinimos a Misa y así supimos que el Adviento existe. Fuera de la Iglesia no le iban a contar esto.

Aquí sabemos que nos hace falta Jesús, tenemos hambre de Él y recibimos en la Eucaristía una señal de su presencia, de su amor y de su salvación.