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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20061203

Título: El Adviento es una manera de recuperar el hambre de Cristo.

Original en audio: 15 min. 48 seg.


Hermanos Queridos:

Con esta Eucaristía estamos dando comienzo al tiempo del Adviento. Considero que es una gran alegría y es un privilegio celebrar el Adviento. Es un privilegio porque hay gente que ignora por completo que existe el Adviento, no conocen este tiempo, tal vez han oído la palabra pero no conocen que esto existe.

Si nosotros lo conocemos, si nosotros lo podemos valorar y si nosotros lo podemos celebrar, sintámonos felices porque es mucho lo que podemos recibir en este tiempo de Adviento. Adviento, como sabemos, significa llegada, y lo que estamos celebrando es la llegada de Cristo, que Cristo viene. Y en realidad celebramos dos llegadas de Cristo, dos visitas de Cristo.

Y el Adviento en nuestra Iglesia Católica mira a esas dos visitas del Señor: una que será la última en poder y majestad, que será gloriosa y en cierto modo terrible, es la que aparece mencionada en el evangelio de hoy. Es el episodio último de la historia, es Cristo que retorna glorioso, algo que decimos continuamente en el Credo.

Nosotros decimos que Él vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos. Ese es un Adviento, Él vendrá. Y nosotros celebramos ya en esperanza que Él vendrá. Que la última palabra sobre la historia humana no la tiene el imperio de turno.

La última palabra sobre la historia humana la tiene el Hijo del Dios vivo. Esa última palabra está reservada para Jesucristo, el Crucificado, el Resucitado, el que está con nosotros también en cada sacramento.

Esa es una venida, esa es una llegada, la última. Pero también celebramos en el Adviento haciendo memoria de otra venida: la humilde llegada de Jesús a nuestra tierra, nacido de las entrañas de la Virgen Santísima en la humildad del pesebre. Esa otra llegada humilde también la celebramos.

Entonces el Adviento al mismo tiempo nos lanza hacia el futuro invitándonos a mirar el episodio último de la historia, y nos lanza hacia el pasado invitando a contemplar con agradecimiento, con humildad y con adoración al Hijo de Dios en nuestra carne.

Como ustedes pueden ver, es un tiempo que tiene un horizonte tan grande como prácticamente la historia del mundo. Lo que estamos mirando es que Jesús viene, que Jesús vino y que Jesús vendrá.

Y estamos abriendo nuestros ojos, y estamos contemplando esa llegada del Señor, y estamos admirando la grandeza y a la vez la humildad de Cristo. Estamos contemplando cómo es de poderoso, pero también cómo se hace manso, cómo se hace pequeño, cómo se hace indefenso. ¡Cuán pequeño, cuán indefenso nos parece cuando lo miramos en la Navidad! Ese es el Adviento.

¿Cuál es la ventaja de celebrar el Adviento? El propósito mío con esta predicación es que cuando usted salga por esa puerta, usted lleve la cabeza más en alto y diga: “Soy un privilegiado, yo sí celebro Adviento.”

Es muy grande celebrar el Adviento. ¿Por qué es grande? Es muy grande porque es el tiempo en el que nosotros hacemos hambre. Es el tiempo en el que nosotros encontramos nuestra hambre más profunda.

Hablábamos con el padre William Murphy de la parroquia donde me estoy hospedando y él, al saludarme cuando llegué, me decía: “Ya pronto es el primer domingo de Adviento”, yo vi que brillaban sus ojos con alegría y sentí: "Aquí hay un corazón con el que yo puedo conectar porque yo siento lo mismo sobre el Adviento, es mi tiempo preferido.

Teniendo todo respeto y cariño por la Navidad, la Cuaresma, la Pascua, todo lo demás, el Adviento despierta en mí algo que no lo despierta nada más.

Porque el Adviento es como una excursión a lo profundo del corazón humano, allí donde uno siente que necesita del amor de Dios, que necesita de la gracia de Dios, y descubrir esa hambre, descubrir que necesitamos del Señor, es descubrir lo más auténtico de nuestra condición humana, y es descubrir por cuál puerta podemos llegar a ser divinizados por el mismo que se humanizó.

Porque la razón por la que Cristo vino a esta tierra no fue para pasear, Cristo no vino a esta tierra únicamente para conocer cómo era ser humano, Cristo vino a esta tierra para restaurar el plan de Dios en nosotros, para que Dios pudiera habitar en nosotros, para que pudiéramos realmente ser como dice la Escritura: “Imagen suya y semejanza suya” Génesis 1,26.

¿Se imaginan lo que es eso?: para que pudiéramos parecernos a Dios. Nosotros estábamos desfigurados por el pecado; el pecado desfigura a la especie humana. El egoísmo nos desfigura, la violencia nos desfigura, el libertinaje nos desfigura, hemos perdido nuestra figura, y Jesús vino a que pudiéramos recuperar esa figura y pudiéramos ser verdaderamente semejanza de Dios.

Entonces el Adviento nos lleva como a la verdad. Yo digo: la verdad más profunda de la especie humana y nos muestra la puerta para que podamos saber cómo podemos ser verdaderamente imagen de Dios. El adviento hace el trabajo de despertar el hambre, y esto es muy grande y esto es muy bueno. Porque cuando uno tiene hambre, come. Y viene un alimento muy grande que se llama Jesús.

Jesús viene, lo vamos a celebrar en la Navidad; Jesús viene, está llegando cada vez que lo predicamos, Jesús viene, se ofrece en la Eucaristía. Jesús está, lo que falta es hambre, hambre para comerse a Cristo, hambre. El mundo tiene a Cristo pero el mundo no tiene hambre de Cristo. Y el Adviento es una manera de recuperar el hambre de Cristo.

Si yo quisiera y si yo pudiera hacer algo grande por la Iglesia Católica, yo quisiera, sobre todo, que nosotros valoráramos el Adviento, que nosotros pudiéramos predicar el Adviento. Tenemos un Cristo, un Cristo grande, un Cristo hermoso, sabio, compasivo, bello.

¿Qué pasa, que la gente no adora a Jesús? ¿Qué pasa que la gente no obedece a Jesús? ¿Qué pasa que la gente no se encuentra con Jesús? Pasa que no han encontrado a su hambre. Cuando descubran su hambre, hambre profunda de Cristo, descubrirán a Cristo, y cuando descubran a Cristo toda su vida cambiará.

Por eso el Adviento es un tiempo muy grande, es un tiempo muy importante, yo personalmente me siento muy feliz, muy agradecido, o como a veces dicen en este país, me siento orgulloso de celebrar el Adviento, y yo quiero que ustedes se sientan felices, agradecidos y orgullosos de celebrar el Adviento. Porque estoy encontrando lo más puro, lo más auténtico, de mi hambre, de lo que yo espero de la vida.

Es muy grande y por eso necesitamos ayuda. ¿Quiénes nos van a ayudar en el Adviento? En el Adviento nos van a ayudar varios personajes. En el Adviento nos va a ayudar el profeta Isaías, en el Adviento nos va a ayudar Juan el Bautista, pero especialísimamente en el Adviento nos va a ayudar la Santísima Virgen.

Adviento significa llegada; el Adviento trae en nosotros la virtud de la espera, de la esperanza. Ustedes saben que cuando una mujer está embarazada decimos: “Está esperando”. María, embarazada, especialmente mirarla así.

María, en su embarazo, es el Adviento, es el Adviento visible. Nadie puede guiarnos mejor hacia las riquezas de Jesucristo como la Santísima Virgen María. Por eso este es un tiempo especialmente apropiado para leer al profeta Isaías.

Casi todas las lecturas de Adviento con pocas excepciones tienen que ver con Isaías. Una de las excepciones es hoy que está este hermoso texto de Jeremías. Pero durante los días entre semana e incluso los domingos vamos a tener varias lecturas de Isaías.

Él nos va a ayudar mucho. Y vamos a encontrarnos con Juan Bautista, que fue el precursor del Señor. Y vamos a acompañarnos de la oración, vamos a acompañarnos del corazón, vamos a acompañarnos del amor y del ejemplo de María.

¿Y de nosotros qué se pide? Esos son los guías que tenemos: Isaías, Juan Bautista y María, ¿y de nosotros qué se pide, qué se espera? Se espera que nosotros seamos disponibles, que nosotros le demos una oportunidad a Dios para que nos use, que nosotros le digamos al Señor: “Aquí estoy, y puedes contar conmigo”.

Para eso celebramos el Adviento. Le estamos diciendo al Señor: “Tú puedes contar conmigo, yo no estoy terminado de hacer, tú me puedes hacer a tu manera”.

Por eso esta parte del año lo rejuvenece a uno, porque la vejez del corazón es considerarse uno ya hecho, terminado, acabado. El Adviento viene a recordarte que no estás terminado, que no estás acabado, que hay mucho que puede renovarse, rejuvenecerse, transformarse, embellecerse, en fin.

Dale esa oportunidad a Dios, dile que quieres vivir este Adviento como un tiempo de transformación, dile que quieres encontrar la novedad de su ser cuando llegue la Navidad. Ese es el regalo que Jesús trae para ti.

Yo le doy gracias a Dios por esta celebración, por permitirme estar aquí en este momento compartiendo mi fe y mi esperanza con ustedes y recibiendo de ustedes la generosidad, la alegría, la disponibilidad con que ustedes quieren iniciar esta experiencia de una Misa en español.

Le pido a Dios, vamos a ver cómo se dan las cosas, depende de muchos factores pero si es su voluntad sería muy bello que pudiera tenerse aquí esa celebración en español.

Sería muy bello que muchos hermanos no sólo de esta parroquia sino que viven en los alrededores supieran que aquí pueden de una manera de pronto más cercana, más confortable, más próxima a su corazón, pueden adorar al Señor y pueden experimentar su bondad.

Yo le doy gracias al padre Dominique porque él nos está dando ejemplo de esa docilidad. Es maravilloso que una persona diga: “Yo quiero ponerme en el riesgo de no expresarme bien, yo quiero ponerme en el riesgo de equivocarme”.

Eso es maravilloso, y eso es lo que está haciendo el Padre Dominique. Y eso renovará y rejuvenecerá el corazón y el sacerdocio del Padre, y se renovará y rejuvenecerá esta parroquia.

Les deseo extraordinaria bendición, les deseo mucha alegría y que todo el tiempo que ustedes están gastando con el canto y preparando todo este ambiente para recibir a los hermanos hispanohablantes, que todo ese esfuerzo, que toda esa oferta y ofrenda que ustedes le hacen a Dios, que todo eso el Señor lo retorne a ustedes multiplicado en las bendiciones que ustedes estén necesitando en sus hogares, en sus parientes.

Sigamos esta celebración, un poco más conscientes de la riqueza del Adviento y sobre todo un poco más felices de poder contar con Jesucristo, y hacer hambre para recibir los bienes que Él trae.

No puedo terminar sin mencionar a mi querida amiga Santa Catalina de Siena, una dominica consagrada, laica del siglo XIV. Ella decía que cuando uno viene donde Cristo cada persona trae una vela, un cirio; pero que algunos llegan con unas velas como las de los cumpleaños y se llevan sólo un poquito de luz, porque trajeron poquito.

Y dice hay otros que traen velas o cirios de este tamaño, y hay otros que traen velas más grandes, y hay gente que trae cirios gigantes.

El Adviento lo que hace es agrandar tu vela, prepárarte para que recibas la extraordinaria luz que sólo Jesús podía darte.