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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060611

Título: No es desde fuera como se descubre el misterio de la Trinidad

Original en audio: 11 min. 34 seg.


El domingo pasado en la fiesta de Pentecostés, decíamos que al Espíritu Santo nunca lo tenemos completamente delante de nosotros. El Espíritu Santo lo descubrimos más bien, porque nuestros ojos empiezan a mirar de una manera nueva.

El Espíritu Santo no es algo nuevo que ven nuestros ojos viejos, sino el Espíritu Santo lo descubrimos, porque nuestros ojos se vuelven nuevos y hallan una manera nueva de mirar.

Lo mismo pasa con nuestro corazón. Nosotros amamos al Espíritu de Dios; pero, sobre todo, descubrimos su presencia porque percibimos en nosotros una fuerza de amor que no teníamos, una manera de amar que no se dirige al propio interés, al propio provecho, a la propia satisfacción.

Se trata de una manera de amar que es capaz de crear en las demás personas, incluso en las que no nos aman, una realidad maravillosa de vida, de luz, de amor, algo como lo que tuvo Jesucristo.

Porque, el mismo Espíritu que ungió a Jesucristo, es el Espíritu que está actuando en nosotros.

Si nosotros nunca tenemos al Espíritu Santo exactamente al frente como para mirarlo, -no está al frente de nosotros, sino obrando en nosotros-, entonces tenemos que decir que este misterio del domingo de hoy, el misterio adorable de la Santísima Trinidad, no consiste en que nosotros nos ponemos al frente de Dios para señalar como las tres esquinas de un triángulo y decir: "Así es Dios".

Aunque, la imagen del triángulo ha servido para explicar algunas cosas de la Trinidad, porque, en el fondo, cada ángulo ocupa todo el triángulo. Es un triángulo y son tres ángulos. Entonces, puede servir para decir algo sobre Dios. Pues, es un Dios y son tres personas.

Pero me parece más interesante ver que el misterio de la Trinidad, únicamente lo descubrimos cuando estamos adentro de él. Nosotros solamente descubrimos este misterio, qué significa el Hijo de Dios, cuando nos descubrimos hijos de Dios.

Y descubrimos cuál es el Espíritu de amor, cuando descubrimos que empezamos a amar un poco a la manera de ese Hijo de Dios, ese Hermano mayor nuestro, que es el Señor Jesucristo.

Esto se parece a muchas otras cosas que existen en esta vida, como por ejemplo, la experiencia de amar. Trate de explicarle a alguna persona que no se ha enamorado lo que es enamorarse. Puedo apostarle a que usted termina diciéndole: "Tiene que vivirlo, hermano, porque si no, no lo va a entender". Es decir, enamorarse sólo se puede entender desde dentro, desde adentro.

Hace poco vi una propaganda de una fiesta en Escocia. Como yo vengo de una cultura muy distinta, vengo de Suramérica, no entendía ni entiendo nada de la fiesta en Escocia. Yo miro la alegría de la gente, me parece que están contentos, pero no sé qué están celebrando.

No sé por qué bailan así, no sé qué música es ésa. Sé que están contentos, mas no entiendo nada. Tocaría estar dentro de la cultura escocesa, para ver qué significado tienen los vestidos y la música, las velas y el ambiente que se crea.

Hay cosas que sólo se entienden desde adentro. Y no podemos decir menos del misterio de Dios. Nosotros nos asomamos al misterio de Dios como desde dentro. Desde fuera, todo parece ridículo y todo parece contradictorio.

Eso es lo mismo que pasa con el amor. Las peleas de los papás con las hijas adolescentes enamoradas, son: "Pero, ¿por qué, si se acaban de ver, tienen que llamarse por teléfono una hora? ¿No les alcanzó la tarde para conversar?"

"¡No se les acaba nunca el tema! Tienen que hablar y hablar. ¿Y qué más hablan? ¿De qué hablan? ¿Qué es tan importante para que se ponga usted al teléfono a hablar ahora, si no ha hecho sus tareas?"

El amor está lleno de cosas extrañas, cosas aparentemente contradictorias; no sólo el amor de pareja, sino muchos otros amores.

En esta semana fue noticia, noticia triste, ciertamente, aquí en Irlanda, la de tres miembros de una familia, -si no me falla la memoria, fueron la mamá y dos hijos-, que se ahogaron.

¡Es muy triste! ¡Se ahogaron! Este es un tiempo del año en que la temperatura de las aguas anima a muchos irlandeses y a unos pocos no irlandeses, a meterse al mar. Por distintas razones, -bueno, el agua es siempre traicionera-, pero, por distintas razones pueden pasar accidentes, y aquí sucedió un accidente.

No obstante, en medio del dolor de esa triple muerte, los testigos coinciden en que, lamentablemente, ellos se murieron, -claro, ese es un dolor-, pero se dio algo hermoso: cada uno estaba tratando de ayudar al otro para que no se ahogara.

Es una tragedia que se hayan ahogado los tres, y en el fondo es una contradicción. De pronto, si el que sabía nadar mejor de ellos, -vamos a suponer que era uno de los tres hijos-, dice: "Yo dejo a mi mamá que se ahogue, dejo a mi hermano que se ahogue y lucho por mi vida", únicamente hacer fuerza y fuerza para llegar a la playa, tal vez se hubiera podido salvar él.

Mas, él no se sintió capaz de abandonar a la mamá y al hermano. Lo mismo le pasó al otro hermano y lo mismo le pasó a la mamá. ¡Es algo trágico! ¡Es algo muy doloroso!

Sin embargo, en medio de ese absurdo, también uno descubre que hay algo bello. Y el padre que predicó en ese funeral, hablaba hermosamente del amor de esa familia, en la cual nadie se sintió capaz de dejar morir al otro.

Ese tipo de amor, mucha gente lo puede considerar absurdo: "¡No! ¡Yo mejor me salvo!" Pero, ¿sí podrás decir eso, si sabes que un hijo tuyo o que tu mamá se está ahogando en ese preciso momento?

El amor nos mete en una cantidad de misterios de los cuales no es posible entender nada desde fuera. Cuando uno está adentro de ese misterio de amor, algo alcanza a comprender.

Así nos pasa con el misterio de la Santísima Trinidad. Desde fuera, la gente que tiene una cabeza muy llena de lógica, entonces dice: "¡Eso es absurdo! Al fin, ¿es un Dios, o son tres Dioses?"

Hace mucho tiempo, judíos y musulmanes, por no mencionar ateos, se burlan del misterio de la Trinidad. Se burlan, o atacan, o blasfeman, o son agresivos con el misterio de la Trinidad muchos de ellos: "¡Eso es absurdo! ¡Es una contradicción!"

Pero, cuando uno va entrando un poco en el misterio, de pronto ya no le parece tan absurdo. Porque uno empieza a descubrir que el mismo Espíritu que obró en Jesús, obra también en uno, y que ese Espíritu es un Espíritu que le permite a uno percibir la unidad.

A medida que nos vamos uniendo más con el amor de Dios, que nos vamos como fundiendo más en el amor de Dios, también entendemos que Dios es uno.

¡Es algo maravilloso! Los poetas y los teólogos han utilizado expresiones como ésta: Si usted toma una pieza de hierro, por ejemplo, y la calienta en el horno, hay un momento en el que está tan caliente el hierro, que empieza a emitir luz, entonces se ve rojo.

Pero después, si se sigue calentando, llega a una temperatura que llaman del "rojo blanco", y a un momento en el que el hierro tiene la misma temperatura y el mismo aspecto del fuego. Ya no se puede distinguir el fuego del hierro, a una altísima temperatura.

Luego, algo así como que le sucede al corazón humano a medida que va siendo poseído por el Espíritu de Dios. San Pablo dice, que, "uno empieza a tener como el pensamiento de Dios, como la manera de amar de Dios" Carta a los Filipenses 2,5.

Fíjese lo que le pasó al primer mártir de la Iglesia, que se llamaba San Esteban. Cuando lo estaban matando, él reaccionó de la misma manera que Jesús. Era como si Jesús estuviera nuevamente ahí.

Esteban, cuando lo estaban matando, -que lo hicieron de una manera horrible, a pedradas-, estaba rezando por sus enemigos, igual que Jesús en la Cruz.

Entonces, esa clase de experiencias de amor le llevan a uno a descubrir, que aunque Jesús es el Hijo y no es el Padre, aunque el Padre es el Padre y es el que envió al Hijo, nosotros no creemos en dos Dioses, sino creemos en un sólo Dios.

Y sin embargo, el Hijo es el Hijo, y el Padre es el Padre. Dicen los teólogos: la única diferencia entre Ellos, es la diferencia de la relación.

Todo lo que tiene el Padre lo tiene el Hijo, y todo lo que tiene el Hijo lo tiene el Padre. La única diferencia es que el Padre es el Padre del Hijo, y el Hijo es el Hijo del Padre. Si usted siente que entendió un poquito más, alégrese.

¡Eso dicen los teólogos! Pero, en realidad, nuestras explicaciones quedan cortas. Como no podemos entender mucho, no obstante, sí podemos amar mucho.

Sobre todo, podemos entrar, atraídos por la Palabra de Cristo y atraídos por el amor del Espíritu, en este misterio. Eso sí, les puedo garantizar, que cuanto más entramos en Él, mejor comprendemos y mejor nuestra vida refleja esa riqueza interior de la vida de Dios.

¡Sigamos esta celebración! Precisamente, el Credo que vamos a decir ahora, es la proclamación de nuestra fe en el misterio del Padre, el Hijo y el Espíritu.