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Feliz domingo de Pentecostés para todos, esta es la fiesta para la cual nos hemos venido preparando durante estos 50 días del tiempo Pascual, precisamente ese es el origen de la palabra Pentecostés, hace referencia al número 150 y ese es el número de días entre la fiesta de la Pascua y la fiesta que hoy nos congrega.

La primera lectura del día de hoy, ha sido tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo segundo y hoy quisiéramos que reflexionáramos en el verbo “hablar”, porque una de las características del Espíritu Santo es que, según nos dice el texto sagrado, los Apóstoles empezaron a hablar. Podemos decir que la mudez propia del temor se rompe y por el contrario la alegría propia de la libertad hacen que puedan hablar; esto lo necesitamos también nosotros, hay muchas fuerzas que quieren silenciar el mensaje de Cristo, hay muchas personas que quieren hacer irrelevante a Cristo, hay centros de poder que quieren quitarse el estorbo de Cristo. Sucede que nuestra fe cristiana y nuestra Iglesia Católica son en muchos casos la única barrera que es capaz de oponerse a los enormes intereses, a las inmensas ganancias que algunos quieren obtener, por ejemplo con la industria del aborto o por ejemplo con la legalización de la marihuana; desde el momento en que se legaliza un negocio, el negocio de matar bebes o el negocio de drogar a la gente, o el negocio de los casinos, en el momento en que se legaliza un negocio, en el que se legaliza un vicio, de ese momento en adelante son inmensas las ganancias para los gobiernos, para los intermediarios, para los contratistas. Allí donde el aborto está aprobado, pues es considerado un derecho y por consiguiente el estado queda en obligación de pagar, de subsidiar ese derecho, la única fuerza que se opone a estos negocios criminales a estos negocios de muerte es la Iglesia Católica y por eso hay fuerzas que quieren asustarnos, encerrarnos y aprisionarnos; así como las fuerzas de aquellos judíos, autoridades judías de los principios del cristianismo, pretendían silenciar la voz de los Apóstoles y silenciar la voz de toda la Iglesia por eso necesitamos de la acción del Espíritu, necesitamos de este Espíritu que nos dé amor, que nos dé fuerza, que nos dé conciencia, que nos dé capacidad de respuesta para salir de nuestro encierro, para hacer oír nuestra voz.

Además de las presiones propias de algunos gobiernos y algunos centros de poder hay otras presiones que también nos limitan enormemente, a veces los sacerdotes por ejemplo, nos callamos por tratar de caerle bien a los demás o por no parecer anticuados, o por no parecer demasiado conservadores y entonces en ese intento de simpatizar y de congraciarnos con la gente terminamos haciendo un daño muy grande; por eso necesitamos esta acción del Espíritu, que no nos detenga algo tan sencillo como el respeto humano, como el temor al ridículo, pero que tampoco nos detengan las presiones de los grandes grupos económicos que quieren que a base de multas y a base de restricciones, leyes, que se se asfixie, se estrangule la voz del cristianismo; que venga esa fuerza del Espíritu sobre nosotros, que podamos salir de nuestros cenáculos con la fuerza, con el poder del Espíritu Santo de Dios, para denunciar lo que hay que denunciar y para anunciar que el Amor está vivo, que ha triunfado Jesucristo, que suyo es el poder y la gloria por los siglos. Amén