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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970413

Título: La Pascua de Jesucristo y nuestro pecado

Original en audio: 8 min. 45 seg.


Podemos decir que las lecturas de este domingo nos presentan a la Pascua de Jesucristo en relación con el pecado, o mejor, nos presentan a la Pascua de Cristo como victoria sobre el pecado.

¿Qué hacer con el pecado? Normalmente lo que hacemos es buscar un culpable, pero la destrucción o la venganza contra el culpable, no resuelve nada del daño hecho; más bien, el juicio y la condenación del culpable, y eventualmente su ejecución, lo que hace es declarar que no podemos resolver lo que estaba mal hecho.

Hasta ahí llegan nuestras fuerzas, hasta ahí llegan nuestras posibilidades. Nuestros juicios, también los que se suceden en los juzgados civiles o penales, son juicios para que le suceda un mal a alguien, o para que se detenga el mal contra el bueno. ¿Pero cuál es el juicio que le produce bien al bueno? ¿Cuál es el juicio que de alguna manera restablece lo que estaba dañado?

En últimas lo que se logra a través de multas o cosas parecidas es que el que había recibido un mal, ahora reciba un determinado bien. Pero sobre el mal cometido como tal ¿qué? ¿qué se puede hacer con el mal que ya sucedió?

Si miramos con atención descubriremos que ese tema está en las tres lecturas que nos ofrece la Iglesia hoy.

La denuncia que hace el Apóstol Pedro ante el pueblo y los dirigente judíos es supremamente clara, no podría serlo más: "Dios ha glorificado a su siervo Jesús" Hechos de los Apóstoles 3,13, ¿a cuál Jesús? Al que vosotros entregasteis" Hechos de los Apóstoles 3,13.

El sentido es: "Traicionasteis, abandonasteis y rechazasteis ante Pilato cuando había decidido soltarlo" Hechos de los Apóstoles 3,13.

Con lo cual queda, como principal responsable y como principal culpable, el pueblo. "Rechazasteis al Santo, al Justo y pedisteis el indulto de un asesino. Matasteis al autor de la vida" Hechos de los Apóstoles 3,14-15. Tiene todos los agravantes, es el pecado más horrendo.

Esto que describe el Apóstol Pedro es lo que el sepulcro es para el cuerpo de Cristo. Así como Cristo no podía llegar a una ignominia y a un desastre existencial peor que el del sepulcro, el ser humano no podía llegar a un desastre moral peor que la condenación de Cristo, ¿por qué? Por la persona que es: es el Santo y el Justo.

¿Por qué? Porque es inocente. ¿Por qué? Porque somos totalmente culpables. ¿Por qué? Porque impedimos que Pilato lo salvara. ¿Por qué? Porque preferimos a un asesino. ¿Por qué? Porque quisimos matar al que nos da la vida. Tiene todos los agravantes

Lo que hace Pedro en estas breves palabras es mostrar el sepulcro moral en el que está el ser humano, precisamente por su incapacidad para el bien. Y dice: "Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos" Hechos de los Apóstoles 3,15.

Hasta ahí, hasta donde dice: "Matasteis al autor de la vida" Hechos de los Apóstoles 3,15, se parece a los juicios que nosotros hacemos en esta tierra: "Todo por su culpa, ¿vio? ¿Se dio cuenta? Se tiró todo. ¿Se da cuenta? No sirve para nada. Inútil, vaya, púdrase". Ese es el juicio.

¿Pero cuál es el desenlace de este extaraño juicio que hace Pedro? El desenlace no es: "Puesto que ustedes son sepulcros morales apestosos, ahora vayan y acaben de pudrirse". No.

El desenlace es: "De ese sepulcro al que ustedes enviaron a Cristo, porque ustedes están también en un sepulcro, de ahí lo ha sacado Dios, y el Dios que sacó a Cristo de ese sepulcro, lo puede sacar a usted de su sepulcro moral, de su desastre existencial"

"Así como Jesucristo fue levantado de su fracaso, porque le salieron mal las cosas, así también usted, que ha hecho mal las cosas, puede ser levantado de su fracaso, y nosotros somos testigos".

Y aquí viene una sorpresa: "Sé, hermanos, que lo hicisteis por ignorancia, y vosotros y vuestras autoridades lo mismo" Hechos de los Apóstoles 3,17. "Lo hicisteis por ignorancia" Hechos de los Apóstoles 3,17.

¿Y cómo puede decir que había ignorancia, si ya les había hablado que se trataba del Santo y del Justo? Es que no se le veía la santidad? ¿Es que no aparecía su justicia? ¿Por qué habla de ignorancia? Porque el entendimiento humano, lo mismo que la voluntad humana, lo mismo que la memoria humana, lo mismo que todo lo humano, está herido, está oscurecido, esta entenebrecido, es frágil, está débil.

Y precisamente lo que viene con la Resurrección de Cristo es la fuerza, y la medicina, y la sanación.

Cuando nosotros somos tan duros en el juicio de otras personas, es porque suponemos que ellas por sus propias fuerzas sí podían ser buenas, y fue que no quisieron serlo. El que ya ha experimentado la gracia que viene del Espíritu del Resucitado, sabe que por las propias fuerzas nadie puede ser bueno.

Y por eso extrañamente esta justicia se vuelve misericordia: "Sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo" Hechos de los Apóstoles 3,17.

Así también Jesucristo, en el evangelio que hemos escuchado, les hace una especie de juicio: "Me están viendo, yo no soy un fantasma, tengo carne y hueso, como pescado, y ustedes siguen dudando. Esto es lo que decía cuando estaba con vosotros, que todo lo escrito acerca de mí tenía que cumplirse".

Pero no terminan de entender, hasta que el entendimiento es sanado. "Entonces les abrió el entendimiento" San Lucas 24,45, es que la Resurrección tiene que sanar a todo el ser humano, no es que uno ve las cosas claras y o quiere hacerlas, es que uno mismo no entiende, uno no sabe ni lo que está haciendo, uno no sabe ni la oscuridad en la que vive.

Cómo es de elocuente el pensamiento aquel de San Agustín: "Señor, qué ignorancia la mía, no sé ni cuánto ignoro". Si uno supiera siquiera cuánto ignora, es que no sabemos, no sabemos ni para qué riquezas, ni para qué bondades, ni para qué luces hemos sido creados, no lo sabemos.

Es realmente grave la postración del ser humano en el pecado. Por eso, es necesario que sea abierto el entendimiento.

Y la segunda lectura de la Primera Carta de San Juan, nos da otro enfoque sobre el pecado y la Pascua:"Os escribo para que no pequéis, pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre, Jesucristo, el Justo" 1 Juan 2,1. El que es tan justo que no sólo es justo él sino que justifica, sino que hace justos.

"Os escribo para que no pequéis, pero puesto que no está en vuestras fuerzas no pecar, sabed que incluso en ese caso hay quien aboga por vosotros" 1 Juan 2,1. "Él es víctima de propiciación por nuestros pecados. No sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero" 1 Juan 2,2.

Se ve que el lenguaje de la Pascua sabe hablar del pecado, pero ya no habla con dureza, sí con claridad, pero no con dureza; no habla con crueldad, habla con justicia, pero también sabe hablar de misericordia.

Este lenguaje de la Pascua trata a la otra persona, pero de tal modo es consciente de las limitaciones de esa otra persona, que sabe no castigarla más allá de lo justo, sabe no empeorar la situación. Porque hay veces que nuestra manera de juzgar es una manera de acabar de empeorar la situación.

En verdad, un juicio que fuera totalmente claro llevaría a la conclusión de que el reo, que somos nosotros, ni siquiera entendía qué era lo que estaba haciendo.

Que venga el Espíritu de Jesucristo a sanar nuestro entendimiento, a abogar en nuestro favor y a levantarnos a la dignidad de hijos que quiso regalarnos en la Cruz, en el sepulcro y en la gloriosa Resurrección.