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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060423

Título: Amor, fe y esperanza en Cristo

Original en audio: 10 min. 12 seg.


Hermanos Muy Amados:

Para mí, este es el evangelio de la fe, de la esperanza y del amor. Es el evangelio de la fe, porque Jesús invita a Tomás y a cada uno de nosotros: "Hazte creyente" San Juan 20,27.

Esta frase me impresiona mucho. Porque, cuando Jesús decidió renovar mi vida religiosa y renovar mi sacerdocio, un día me manifestó eso mismo. Y yo me quedé sorprendido. El Señor me dijo: "Hazte creyente" San Juan 20,27.

Yo creía que creía. Pero, no sabía lo que significaba creer. Me parece que apenas estoy empezando a aprenderlo.

"Hazte creyente" San Juan 20,27. Ese es el evangelio de la fe: "Aprende a creer; aprende a conocer lo que significa creer".

¡Creer es tantas cosas! Creer quiere decir que ya no estás nadando con tus propias fuerzas, sino que eres habitante de ese barco inmenso, de esa nave inmensa, esa arca de salvación que es la comunidad de creyentes, que es la Santa Iglesia.

Este es también el evangelio de la ternura y del amor. ¿Cómo no reconocer la ternura de Jesucristo, que después de haber sido tan odiado, se presenta donde los discípulos con una palabra de paz?

No se presentó diciendo: "Bueno, ¿quién fue el que me abandonó?" No se presentó diciendo: "A ver, ¿quién fue el que me crucificó? ¡Espere! Vamos a arreglar este asuntico".

No llegó a reclamar venganza. Llegó a reclamar los corazones que había lavado previamente, que había purificado con su Sangre. ¡Es tan tierno Jesús!

Y luego, Jesucristo es rechazado, o no es aceptado por este discípulo, por Tomás, que no podía creer. ¡No podía creer Tomás! ¡Y Cristo llega donde él con esa ternura! Le expresa: "Mira, aquí están mis heridas. ¡Aquí están mis heridas!" San Juan 20,27.

Es el Jesús que comprende nuestras miserias. Es el Jesús que sabe que nos cuesta trabajo, que cuesta trabajo. ¡Es que no es fácil! Si a veces te cuesta creer, puedes estar seguro de una cosa: Jesús lo sabe y lo entiende.

Es un evangelio con mucha ternura; es un evangelio con mucha compasión. Y Jesucristo, que se manifiesta aquí, es un Jesús dispuesto a comprendernos, es un Jesús dispuesto a amarnos por encima de todo.

Por eso mismo, a mí me gusta decir que este es el evangelio de la esperanza. Porque, es el evangelio que muestra, que ninguna tranca dejará por fuera a Nuestro Señor.

Los discípulos tenían las puertas trancadas. ¡Yo he conocido tantas vidas trancadas! Trancadas, cerradas, selladas, con candado, clave, caja fuerte y botaron la llave. ¡Hay tantas vidas cerradas y selladas!

A mí me da esperanza pensar, que ninguna cerradura es demasiado difícil para Jesús. Este evangelio me trae muchísima esperanza, porque ninguna puerta lo va a detener. Este evangelio me trae mucha esperanza, porque me indica que Él es más grande, que Él es más fuerte, que Él es más astuto, que Él se sale con la suya.

Y si hemos conocido personas que están cerradas, que están encerradas por miedo, por soberbia, por egoísmo, que están cerradas o encerradas, porque aprendieron a desconfiar del resto de la humanidad, hermano, solamente leamos este evangelio y aprendamos a esperar. Jesús también puede entrar a esos corazones.

Jesús se sabe todas las llaves, Jesús se sabe todas las cerraduras, Jesús sabe cómo se destranca el corazón humano. Y el corazón humano se destranca fundamentalmente con esa palabra que hoy estamos celebrando, con la palabra misericordia.

Porque, no hay vida humana que no requiera de misericordia. Todos la requerimos, todos la esperamos. Y estoy seguro que va a ser ésta la llave que abrirá los corazones que a nosotros nos parecen imposibles.

Mas, nuestra tentación es lograr la victoria por otros medios. Sin embargo, el único medio de llegar a todos los corazones, es la misericordia.

Si tú tienes estrategias inteligentísimas, tal vez haya otra persona que tenga otra estrategia más inteligente que la tuya. Si tú tienes habilidades, tal vez haya otro más habilidoso. Si tú te crees muy astuto, tal vez haya otro más astuto que tú.

Pero, ponte en el carril de la misericordia, entra en el camino de la misericordia y tú verás que las vidas pueden abrirse. Yo, hoy, me comprometo con ustedes, y quiero que ustedes se comprometan conmigo, a usar más esta llave. Porque, esta es la llave que pudo abrir el corazón de Tomás.

Ustedes se imaginan que a Tomás le tuvieron que discutir los otros: "-Que sí vimos". "-¡Ah! Eso fueron alucinaciones". "-¡Que sí vimos!" "-Eso son ustedes que se dejaron convencer por las mujeres". "-¡¡Que sí vimos!!" "-¡No! Eso no hay ninguna demostración en la Escritura que sea determinante y apodíctica en ese punto".

Es Jesús mismo con su compasión el que abre ese corazón. Hoy, en la Iglesia, hay muchos que son como Tomás. ¡Muchos! ¡Tantos que son como Tomás! Hay varios: tal vez el párroco allá donde tú vives es como un pequeño Tomás, como un gran Tomás, y tiene desconfianza.

A veces en nuestras comunidades, encontramos sacerdotes así, o encontramos superiores religiosos que son así. Encontramos gente resistente, que no nos cree, que no nos acepta. Son escépticos.

Y la tentación de uno es hacer toldo aparte, es hacer un partido aparte, llenarse uno de fuerza y conquistar por la fuerza. ¡Ese no es el camino!

El camino no es hacer partidos de oposición para lograr la victoria y la conquista del poder. Así no funciona la Iglesia. El verdadero camino para lograr la unidad en la Iglesia, es siempre el camino de la misericordia.

Detrás de todo desconfiado, hay siempre un asustado. Y en el centro de todo asustado, hay siempre una última esperanza: "¿Y qué tal que fuera verdad?"

Tomás estaba más trancado que los que estaban trancados. Tomás estaba más encerrado que todos. Pero, en el centro de su corazón escéptico, duro, asustado, irónico, tal vez, en el centro de ese pecho, había todavía un espacio.

Como decía ese programa de televisión que recordamos los que somos mayores y estamos entrando en los años dorados: Había un espacio, "así de chiquitico". No obstante, en ese espacio, "así de chiquitico", pudo caber la misericordia.

La misericordia sabe hacerse pequeñita. ¡Pequeñita! ¡Pequeñita hasta que entra! Pero, cuando entra, es reina y señora. Y Jesús sabe entrar en los espacios más pequeños. Jesús sabe colarse por las grietas más pequeñas.

Tengamos esperanza en el poder de la misericordia. Entreguemos, hoy, al poder de la misericordia de Jesucristo, a nuestros hermanos que están sufriendo en el alma o en el cuerpo, a los países que padecen violencia, entre otros, el nuestro.

Entreguemos en manos de la misericordia a los incrédulos, a los ateos, a los que se burlan de la Iglesia, a los que dicen que le hacen un favor a la humanidad propagando el homosexualismo, o propagando el aborto libre, o destruyendo a la familia.

¡Y algunos hasta de buena fe creen que eso es mejor para la sociedad! "¡Si! ¡Si! ¡Que haya eso! Pues, hartas parejas homosexuales existen. ¡Eso está bien!" Entreguemos todo al poder de la misericordia de Cristo.

Con esas personas hay que argumentar. Hay que dar razones, hay que tener cuidado con las reformas legales que quieren hacer y que van en contra de la familia.

Pero, más que cualquier discusión, lo que necesitamos es saber tener este lenguaje, poder mirar a los ojos y tener las llagas de Cristo en nuestras propias manos, para lograr ser presencia del Resucitado.

¿Y los que no creen en milagros? ¿Qué hay que hacer con los que no creen en milagros? Hay que esperar a que tengan un problema y hacerles un milagro.

Eso es lo que hay que hacer con los que no creen en milagros. No discutan mucho, les invito. No llenemos a la Iglesia, no llenemos a la Casa de Dios de discusiones, de argumentos y de peleas. No llenemos los conventos de peleas y de discusiones. No llenemos a la Iglesia de partidos y de oposiciones.

Llenemos la Casa de Dios de misericordia y de compasión. Y si alguien no te entiende, gánale entendiéndolo tú. Y si alguien es duro contigo, gánale. ¡Gánale comprendiéndolo! ¡Gana como ganó Cristo en la Cruz! Gana como sigue ganando Jesús día por día, como sigue atrayendo Él a más y más corazones.

Sigamos, hermanos, esta celebración, que es celebración de fe, de esperanza y de amor. Vamos a aceptarle a Jesús la invitación que nos hizo, y vamos a creer más.

¡Vamos a creer más! A mí, ¡cómo me gusta esa expresión! Me parece que es de San León Magno, o en todo caso es de uno de los Padres de la Iglesia: "¡Mira cómo tienes mejor Dios de lo que pensabas!"

Tenemos un Dios que es mejor Dios de lo que pensábamos, un Dios que nos ama más de lo que creíamos, un Dios que nos entiende más de lo que nosotros mismos nos entendemos, y un Dios que quiere hacer por nosotros cosas que ni siquiera nos alcanzamos a imaginar.