Bp02003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20030427

Título: "Jesus, yo confio en ti"

Original en audio: 10 min. 11 seg.


Tomemos algunas frases del evangelio del día de hoy y de las lecturas que nos regala la Iglesia, para llevarlas como ofrendas de amor con que Dios nos despide de este encuentro tan bello.

Miremos ese saludo que da Jesucristo: “La paz” San Juan 20,19, es el saludo cuando se llega a la casa, es el saludo cuando se ve a un amigo.

Jesús viene a visitar a los suyos y los saluda como se saluda a un amigo, como se saluda a los de casa; así también quiere llegar Jesús a nuestras casas, quiere llegar y saludarnos como amigos y quiere entrar así a nuestras casas.

Pero maravillémonos de este saludo, porque Cristo fue despedido de esta tierra con odio, con clavos, con azotes; y nosotros, los pecadores, sacamos a Cristo de esta tierra con látigo, con clavos, con espinas y mira el saludo que nos da, la paz.

Esa paz muestra la grandeza del corazón de Cristo, pero esa paz también nos muestra que Cristo es el vencedor.

El demonio quiso sumergir a Jesús en la piscina del odio, quiso meter a Jesús en el lago de la venganza, quiso ahogar a Jesús en la guerra, en la venganza, en la violencia, en el odio; pero mira el saludo que da Cristo, la paz. No ganó el demonio, ganó Jesucristo.

Y dice luego el Señor: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” San Juan 20,21.

¿Eso qué quiere decir? Que a nosotros también el mundo va a tratar de meternos en la piscina del odio, el mundo va a tratar de meternos en el lago de la venganza, el mundo va a tratar de ahogarnos en el pozo de la indiferencia, de la incredulidad.

Pero nosotros también, unidos a Jesucristo, vamos a salir vencedores, nosotros también vamos a vencer, nosotros, con la fuerza que Jesús nos va a dar, nosotros vamos a vencer, porque así como el Padre envió a Jesucristo, así Jesús nos envía a nosotros.

Ten en cuenta una cosa, tú estuviste aquí en una cruzada que está terminando ahora hermosamente, tú estuviste en la cruzada, el mundo no. Cuando tú salgas por esas puertas, te vas a encontrar que el mundo no entró en oración, cuando salgas por esas puertas te vas a dar cuenta de que el mundo no entró en alabanza.

Tú estuviste en alabanza y en oración el mundo no; cuando tú salgas vas a encontrar el frío en tu cara y en tu corazón y vas a encontrar que el mundo trata de meterte en la piscina del odio, en la piscina de la venganza, en el pozo de la indiferencia, van a tratar de ahogar el fuego que Cristo encendió.

Pero tú no eres enviado por cualquiera, es Cristo Jesús el que te envía, y Cristo conoce el hielo del mundo, y lo ha vencido con el fuego del Espíritu.

Estos no son inventos míos, acuérdate que estaban once reunidos y esos vieron a Jesús, había uno que estaba afuera, ¿cómo se llamaba? Tomás, y Tomás, el que estaba por fuera, estaba en el frío, en el hielo del mundo, por eso cuando llegó Tomás no creía, porque venía del frío, del hielo del mundo, porque se le había pegado el hielo del mundo; pero vamos a vencer.

Jesús se le aparece a Tomás, otra enseñanza más, cuando Tomás habló, él no veía a Jesús, pero Jesús sí veía a Tomás San Juan 20, 24-28, y aquí no sabe uno qué admirar más, hermanos, porque resulta que Jesús escuchó la blasfemia, la incredulidad de Tomás, la escuchó.

Jesús escucha cuando tú dices, o cuando yo digo, y cuando hemos dicho todas las tonterías que hemos dicho, cuando nosotros decimos: “Dios no me escucha, Dios no me quiere, ¿dónde está Dios?”

Cuando nos burlamos de Dios o cuando otros se burlan de Dios, Cristo oye todo, todo lo oye, todo lo conoce, ¿y por qué no se aparece Cristo a darle de bofetadas a Tomás? Porque tiene compasión.

Cristo nos conoce tanto como nos compadece, Cristo tiene tanta sabiduría como misericordia, y así como conoce hasta el fondo la iniquidad de nuestro pecado, conoce hasta el fondo la profundidad del corazón del Padre y por eso, así como conoce lo que nosotros somos, así también conoce quién es Dios, su Padre, y nos compadece.

Cuando vayas a tu trabajo o a tu casa, encontrarás a muchos Tomás, aquí era fácil, porque era uno contra once, pero así va a ser muy difícil; aquí eran once creyentes y un incrédulo, de pronto en la fábrica donde tu estás, es un creyente y mil incrédulos; pero el que está en ti, dice la Primera Carta de Juan, el que está en ti es más fuerte que el que está en el mundo, por eso ganas tú, tú ganas.

¿Cómo le ganó Cristo a Tomás? Tomás hubiera podido, pero Cristo estaba oyendo lo que decía Tomás, hubiera podido aparecérsele y decirle: “Pedazo de tonto, desagradecido, todo lo que hago por ti y ahora no me puedes creer”. Pero eso no lo hizo. ¿Cómo le ganó Cristo a Tomás? Compadeciéndose de él, amando, entendiendo que cuesta trabajo creer.

Cuando llegues a tu empresa, cuando llegues a tu barrio, cuando llegues a tu casa y encuentres a Tomás que se burla de ti y que no cree en ti, no pretendas ganártelo a bofetadas o a gritos, gánalo con el poder secreto, con el arma secreta del corazón del Padre, esa arma se llama “misericordia”, gánatelo con misericordia.

Finalmente Jesús le dice a Tomas: “tu crees porque me has visto, dichosos los que creen sin haber visto” San Juan 20,29. Esa es una bienaventuranza maravillosa, porque para la mayor parte de nosotros, lo que creemos es gigantesco comparado con lo que hemos visto.

Y sin embargo, hay que ver las señales que Dios nos da, pero creer sin ver, creer porque nos fiamos de Dios, porque confiamos en Él, porque nos entregamos a Él, es algo que le agrada a Dios.

Los judíos vivían obsesionados con el problema de la Ley de Moisés, y una vez le preguntaron a Jesús: "¿Qué es lo que tenemos que hacer para agradar a Dios?" Y ellos esperaban que dijera: “Mira, vete al capitulo tal del Éxodo”, en esa época la Biblia no estaba dividida en capítulos, vete a tal parte, busca tal precepto".

"Si quieres agradar a Dios, ¡fíate de Dios, créele!" La frase de hoy, domingo de la misericordia, "Jesús, confío en ti", Jesús, confío en ti", "Jesús, confío en ti, esa frase, hermanos, esa frase le agrada a Dios, ¿y por qué a Dios le agrada tanto que yo diga esa frase? Parece una frase de niño, parece una frase de tontos, parece una frase de débiles.

¿Por qué le agrada tanto? Porque cuando yo le digo a Dios: “Voy a hacer esto para agradarte”, lo que yo hago, eso sale de mi tamaño; pero cuando yo le digo a Dios: “Yo confío en ti, para agradarte”, sale de su tamaño.

¡Aleluya!