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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20061119

Título: ¿Que estamos haciendo con nuestra vida y con el mundo?

Original en audio: 18 min. 23 seg.


Este es el domingo número 33 durante el año litúrgico, como lo indica precisamente el título en la hoja que hemos recibido.

Y en total son 34 domingos durante el año, llamados así, "durante el año". Hay más domingos en un año. Esos otros domingos corresponden a los otros tiempos litúrgicos, es decir, Adviento y Navidad, por una parte; Cuaresma y Pascua por otra parte. Es decir que nosotros cristianos católicos celebramos el misterio de Cristo de esa manera.

Tenemos un primer tiempo que se llama Adviento que dura como un mes, son cuatro domingos; y a ese le sigue otro tiempo que se llama Navidad. Esos forman una pareja. Obviamente se encuentran al final del año civil.

Empiezan más o menos al final de noviembre, esa es una pareja: Adviento-Navidad, dura en total como unas seis, siete semanas. Después tenemos la otra pareja de tiempos litúrgicos que son: Cuaresma-Pascua.

La Cuaresma empieza con el Miércoles de Ceniza, dura siete semanas, culmina con la Semana Santa, tiene su cumbre en la celebración de la Pascua de Cristo: la muerte y la resurrección de Cristo, y después viene otro tiempo llamado tiempo pascual que va hasta Pentecostés.

Tal vez estas cosas son muy conocidas por ustedes, me perdonan si las repito, pero para algunos puede servir tener un mapa y orientarnos a ver qué es lo que estamos celebrando.

Entonces, Adviento y Navidad, por una parte; Cuaresma y Pascua, por la otra parte. La Pascua dura como unas siete semanas. Hay unas semanas que están en Adviento-Navidad, otras semanas que están en Cuaresma-Pascua.

El resto de las semanas se llaman las semanas “durante el año”, que son la mayoría de las semanas. Son en total 33 o 34, como en este caso estamos ya en el domingo número 33, estamos a punto de terminar el año litúrgico. La próxima semana, el próximo domingo vamos a tener la celebración de Cristo Rey que es la culminación del año litúrgico, y la siguiente semana empezamos nuevo año litúrgico, otra vez Adviento y Navidad.

Una pequeña pausa, llega el Miércoles de Ceniza, Cuaresma-Pascua y siguen todos los domingos durante el año hasta llegar como a noviembre del año entrante, donde empieza el otro año litúrgico.

Esa es la manera como nosotros celebramos a Cristo. Como nos podemos dar cuenta, lo más importante que tenemos es la muerte de Cristo y su resurrección, ese es el centro y está entre Cuaresma y Pascua.

Eso es lo más importante de todo y eso es lo que sobre todo celebramos; junto a eso también celebramos el nacimiento de Cristo, que es lo que está entre Adviento y Navidad. Y el resto del año, todos estos otros domingos lo que hacemos es escuchar las enseñanzas de Cristo para tratar de poner nuestra vida más y más de acuerdo con lo que nos enseñó nuestro Maestro, nuestro Fundador y nuestro Señor.

Entonces, con ese mapa mental ya sabemos que se está acabando el año, y por eso las lecturas hablan de final. Se habla aquí del final. Pero resulta que el final no es un solo final sino que hay varios finales. En las lecturas de hoy aparecen tres finales distintos y creo que si uno los descubre hace un poco más de sentido esto que hemos leído.

Por una parte está el final personal, por otra parte está el final cósmico y por otra parte está el final de Jerusalén. Son los tres finales que están entrelazados en estas lecturas, sobre todo, en la primera del libro de Daniel y en el evangelio tomado de san Marcos.

El final personal es lo que uno llama la muerte. Si hay algo que tenemos seguro, siempre se dice, la muerte. Cada uno de nosotros está por un tiempo limitado en esta vida. Y tiene que enfrentar, junto con la muerte el sentido de la vida.

Cuando uno descubre que los días están contados, no sabemos el número, pero están contados, eso tiene un impacto: "¿Entonces qué voy a hacer con mi vida? ¿Para qué es mi vida? Se me han concedido, cuarenta, cincuenta, sesenta años, podrían ser más".

Pero esos años son limitados, "¿qué voy a hacer con mi vida? ¿Qué sentido tiene vivir?" La consideración sobre el final personal ha sido un motivo de conversión para mucha gente. Muchas personas han cambiado la vida cuando han pensado seriamente en el final personal, o sea en la muerte.

La muerte para nosotros, cristianos católicos, no es una tragedia simplemente; es un hecho que lo aceptamos y que comprendemos que le da un carácter especial a nuestra existencia. Además, nosotros no creemos que sea el final, el final final o el final último, porque creemos que hay un destino más allá. Es algo misterioso, es algo difícil de describir, pero es parte de nuestra fe. Nosotros creemos que hay algo que trasciende, hay algo que traspasa la puerta de la muerte.

Pero el hecho de que uno va a morir, eso tiene una implicación muy seria para la vida. Seria no quiere decir trágica, pero sí profunda: "¿Qué voy a hacer con mi vida? Estoy trabajando, gano un dinero, me gasto ese dinero". ¿Entonces para eso es la vida? ¿Ganar dinero, gastar dinero?

Para otras personas el negocio es distinto: “Yo trabajo fuerte hasta el viernes, el viernes, el sábado, y si puedo, el domingo me emborracho hasta lo que no pueda, a lo que me dé el organismo. Entonces, me contengo, me hago violencia de lunes a jueves, el viernes a medio día, y el viernes suelto las amarras como se abren las puertas de un dique y a beber y a gozar.” Esa es otra manera de ver la vida.

Otras personas encuentran el sentido de su vida, qué sé yo, en alguna otra forma de placer; o quieren encontrar conocimiento, quieren encontrar poder.

Cualquier persona que se ponga a pensar seriamente en su final personal tiene que dar una respuesta sobre eso, y el hecho es que muchas de esas respuestas, si uno las toma en serio, no lo dejan satisfecho.

Si uno examina seriamente eso de “trabajar, trabajar, trabajar y luego me emborracho, y vuelvo y trabajo y trabajo y me doy otra borrachera, y luego otra, pero esa borrachera va a ser peor que todas, después de eso me emborracharé hasta que no sepa ni quién soy.”

Si uno mira con cierto detalle, pues eso lo deja insatisfecho. Es decir, después de la última y peor de todas las borracheras, ¿que sigue? Pues otra más grande. Y para eso estoy en esta tierra, hasta el día en que no me aguante el hígado, se me despedaza el hígado, no me encontrarán el hígado sino un gancho y ya se acabó mi vida, eso fue lo que hice.

Me entrevistan a la hora de la muerte: "-¿Qué hizo usted en la vida?" "-Peleé con mi hígado hasta destruirlo". No satisface, pero hay gente que hace eso.

Eses es el final personal, pero estas lecturas de fin de año son para eso, para que uno piense: "¿Qué estoy haciendo?" No todo el mundo se dedica a emborracharse, otros se dedican a drogarse, otros se dedican a hacer dinero, otros se dedican a aprender muchas cosas, aprender, aprender, estudiar muchísimo, aprender, saberlo todo sobre todo, morir con una buena bibliografía. Hay gente que tiene esa otra inclinación.

Otros encuentran el sentido de su vida en una causa: "Vamos a pelear por la liberación de los países pobres", "vamos a pelear por la justicia", "vamos a pelear para que haya equidad en esta tierra", "o vamos a luchar por la igualdad de género", "o vamos a luchar por...", bueno, distintas causas.

Yo no voy a dar respuestas aquí sobre esas preguntas. Lo que sí digo es que ese es el final personal y que es bueno preguntárselo uno para no ir como ciego. Nosotros no podemos llegar a la hora de la muerte ciegos, sintiendo que nos escamotearon la vida: "¿Qué se me hizo la vida? No sé, no sé, pero ya se acabó".

Luego está el final cósmico. El final cósmico quiere decir que, bueno, que el mundo también se va a acabar, que la historia también se va a acabar. Como ustedes saben soy amigo y entusiasta de los temas científicos, fue como mi primera vocación: la ciencia.

Entonces yo tuve un impacto emocional violento, que casi me lleva al psiquiatra cuando descubrí que el sol se está hinchando. Si ustedes no lo sabían, si nadie les había contado, permítanme que los desengañe.

El sol se está hinchando, el sol se va a seguir hinchando, va a seguir creciendo, se pondrá inmenso, inmenso. Es un proceso muy lento, tardará unos miles de millones de años, o sea que ya nos habremos muerto todos. Pero el sol se está hinchando.

El destino que tienen las estrellas del tamaño del sol, es inflarse, se van dilatando y el hecho es que llegará un momento en que el sol ocupará algo más de la mitad del cielo que vemos en la tierra.

Será un disco rojo que no calentará casi. Y seguirá creciendo más, se volverá inmenso, y llenará todo lo que alcanzamos a ver del cielo y seguirá creciendo el sol. Eso es lo que va a pasar con el sol.

Y no contento con eso, el sol un día se va a engullir este planeta. Gracias a la ciencia sabemos que el sol se va a tragar este planeta. No importa lo que ustedes hayan ahorrado, todo se irá al sol.

Eso nos recuerda de un modo dramático, que hay un final. ¿Habremos encontrado otro planeta a dónde ir? Es un poco difícil saberlo. La estrella que está más cercana está a 4 o 5 millones o sólo años luz, pero un año luz es la distancia que recorre la luz en un año, que son 9 mil no sé cuántos trillones de kilómetros. Es muy difícil que encontremos otra estrella. Además, no sabemos si cuando hayamos llegado allá, se haya hinchado también esa estrella.

Hermanos, la vida está contada, también para el planeta Tierra la vida está contada. Hay un final para la historia, hay un final para la vida. Eso es lo que nos recuerda aquí Jesús.

Claro, Él utiliza un lenguaje que no es el da la ciencia, porque la Biblia no es un libro de ciencia. Pero Él nos recuerda que se van a acabar estas cosas que conocemos: el cielo, las estrellas, la luna; eso no es para siempre; eso se va a acabar, si no lo hemos acabado nosotros primero.

Entonces significa que también hay un destino para toda la humanidad. No es sólo el final de cada uno de nosotros, sino hay un final para toda la humanidad.

¿Qué fue lo que hizo la humanidad sobre el planeta Tierra? Últimamente muchos científicos comparan a la humanidad, o sea todos nosotros, con los virus. Dicen que nosotros somos como una enfermedad que le dio a la Tierra.

Es una enfermedad que se ha ido propagando porque estamos destruyendo el planeta Tierra. De una manera agresiva estamos acabando con los mares. Los últimos cálculos de científicos británicos dicen que queda pescado hasta el año 2050, por lo menos las especies que se consiguen aquí alrededor.

Claro, cuando yo decía que el sol se estaba hinchando ustedes se reían y se reían. Ay, cuando los dejen sin pescado, ahí les voy a ver la cara. Es posible que estén vivos algunos de los aquí presentes. Entonces, para el 2050 se habrá acabado el pescado aquí.

Es decir, como especie humana lo que nosotros estamos haciendo con el planeta Tierra es devastar este planeta. Estamos acabando, por cada no sé cuantas hectáreas que se destruyen para hacer papel, se siembra una. Estamos destruyendo el planeta activamente. Lo que hace un cáncer en el cuerpo humano, eso estamos haciendo los humanos en el planeta Tierra.

Entonces es dramático y no hay conciencia en mucha gente. Estamos destruyendo el planeta. ¿Cuál fue el sentido de la humanidad? Un poco de gente matando a otra gente para gobernar un planeta que todos estábamos destruyendo.

Hoy Jesús nos invita a que pensemos son sólo en el final de mi vida, sino en el final de nuestras vidas. ¿Para qué existe la humanidad? ¿Únicamente para destruir un planeta? ¿Para eso existimos? ¿Para qué estamos aquí? El Génesis dice que nosotros estamos aquí para hacer la presencia del señorío de Dios.

Eso es lo que significa el verbo hebreo dominar. Dominar no es manejar como a uno se le dé la gana, dominar es ser la presencia del Señor, del dueño de la casa. Eso es lo que significa.

Y según el Génesis la especie humana está en el planeta Tierra para ser la presencia viva del señorío de Dios en la naturaleza. ¿Somos eso? No. Muchas veces tratamos a este planeta solamente como si fuera una cantera ilimitada de recursos. Y estamos destruyendo la atmósfera, destruyendo los mares, destruyendo las selvas con una irresponsabilidad pasmosa.

Si la Tierra fuera del tamaño de una pelota de básquet, toda la atmósfera que conocemos tendría una altura menor a un milímetro. Uno cree que la atmósfera es algo grande. Si la Tierra fuera de este tamaño, la atmósfera tendría menos de un milímetro, y ese es todo el aire que tenemos para sobrevivir.

Para los que no lo sepan, el planeta Venus tuvo atmósfera en un tiempo, el planeta Marte tuvo atmósfera en un tiempo y se acabaron esas atmósferas; las atmósferas no son eternas, se pueden acabar por distintas circunstancias, en el caso de Marte no se debió a los marcianos, pero en el caso de la Tierra sí puede deberse a nosotros los terrícolas. Estamos envenenando, estamos acabando el planeta.

Entonces, no sólo en el plano natural sino en el plano social, para qué existe aquí. Es decir, ¿tiene sentido que haya tantos pueblos matando a otros pueblos, peleando por unos pedazos de tierra? ¿Tiene sentido que en algunas partes del mundo la gente muere de indigestión y de hastío, y en otras partes la gente muere de hambre, de angustia y de necesidad?

Hoy Jesús nos invita a que nos preguntemos eso: ¿cuál es nuestra cuota de responsabilidad con el destino de la humanidad entera?

Y el último capítulo es mucho más corto, Jesús relaciona todo eso con el final de Jerusalén porque para el pueblo al que Él le estaba hablando, Jerusalén, era lo más estable del mundo y Jesús les dice no, Jerusalén se acaba también.

Y les dice: “Antes de que acabe esta generación se habrán cumplido estas palabras” San Marcos 13,30. Eso fue terrible; Jesús murió hacia el año 30 de nuestra era, y en el año 70 los romanos estaban destruyendo Jerusalén.

Como sabemos, los judíos solo vinieron a recuperar la independencia como a mediados del siglo XX.

Bueno, pidamos al Señor que nosotros tengamos responsabilidad con la vida personal. En resumen, fuera de todo chiste, aunque no es chiste que el sol se está hinchando, mírenlo mañana con más detalle, lo podrán notar.

Entonces, fuera de todo chiste, las dos preguntas grandes de hoy son: ¿Qué estoy haciendo con mi vida, que es limitada? ¿Y cuál es mi responsabilidad en cuanto al destino de esta humanidad?

Con esas preguntas, con ese cuestionamiento que nos quiere llevar a conversión, sigamos nuestra celebración.