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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura está tomada del primer libro de los Reyes en el capítulo 17, el Evangelio es de San marcos en el capítulo 12. Hay algo que tienen en común estas dos lecturas, en ambos casos se nos habla de viudas, recordemos que en la Biblia la viuda lo mismo que el huérfano y el extranjero, son la imagen de aquellas personas que no tienen protección, podemos decir que representan a los más vulnerables de la sociedad; lo normal de aquellos tiempos bíblicos era que el hombre de la casa, defendía los intereses de la familia, de modo que un hombre casado defendía y alimentaba a su familia, cuidaba a sus hijos. Cuando desaparece el hombre entonces la condición de la viuda y del huérfano es bastante incierta. Este comentario es importante para poder aplicar lo que vamos a aprender hoy a nuestro propio tiempo, es posible que las viudas, los huérfanos los extranjeros o inmigrantes que conocemos están en una situación un poco diferente a la que nos describe la Biblia, pero debemos aplicar lo que la Biblia nos enseña a aquellas poblaciones vulnerables que conocemos en nuestro tiempo. Es posible que los desplazados por la violencia, los adultos mayores, las comunidades indígenas, o que minorías étnicas ocupan hoy el lugar que las viudas y los huérfanos tenían en la Biblia.

En ambos casos sin embargo, tanto en el primer libro de los Reyes y como en el Evangelio de San Marcos, lo que se destaca de estas viudas es que son personas generosas; en el primer caso aquella viuda de Sarepta prepara un panecillo para el profeta arriesgando lo poco que le quedaba; en el Evangelio una mujer muy pobre y además viuda, da para limosna del templo lo poco que tenía para vivir. De inmediato nos podemos preguntar y quizás sea una pregunta un poco antipática pero ¡esa manera de obrar no habría que considerarla una irresponsabilidad?, teniendo necesidades propias y además en el caso de la primera lectura, necesidades de un hijo a quien cuidar, ¿no es irresponsable lo que estas mujeres hacen?; ¡no lo es!, pero no lo es desde una perspectiva de un Dios que es fiel y generoso; desperdiciar el dinero por desperdiciarlo es irresponsabilidad; quedarse sin recursos como en una especie de apuesta al vacío es irresponsabilidad; pero cuando es el Señor quien se hace presente en nuestra vida, cuando es Él quien nos gobierna, cuando es Él quien nos ha mostrado de tantas maneras su bondad, su presencia, su providencia entonces entendemos que apoyar lo que Él nos muestra no es irresponsabilidad, incluso podría mirarse como una especie de inversión, es decir, aquel que le da a Dios, aquel que apoya la causa de Dios lejos de perder, está preparándose para recibir en abundancia.

No necesariamente los bienes que vamos a recibir son de la misma clase que los bienes que damos, pero en lo que podemos estar seguros es que en el plan del Señor eso que recibiremos es mucho mejor de lo que hemos dado.

La enseñanza es: acercarnos al Señor, entrar en sus caminos, beber de su fuente, experimentar su providencia y luego no tener temor para ser generosos con Él, bien se dice: “Él nunca se deja ganar en generosidad”.