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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20001105

Título: El amor a Dios y al projimo es el resumen de todo el cristianismo

Original en audio: 6 min. 36 seg.


Hermanos:

Es muy hermoso saber que el mensaje cristiano se puede resumir, porque las cosas breves las podemos llevar más cerca del corazón, las cosas demasiado complicadas nunca bajan de la cabeza, las cosas cortas y precisas pronto llegan al corazón. Pero es todavía mejor que ese resumen de todo el cristianismo, está dado por la palabra amor, amor a Dios, amor al prójimo.

Hace unos años, fue popular una canción cuya letra no comparto enteramente, pero tenía un corito como pegajoso que decía que Jesús es verbo y no es sustantivo.

Olvidándome del resto de la canción y voy a tomar a Jesús como un verbo, a Jesús como ese verbo que nos enseña a conjugar el amor, porque Cristo no sólo predicó amor, no sólo puso al amor como centro de su mensaje, sino que Él mismo es la expresión visible, ordenada, cercana, accesible, total del amor.

Miren de cuántas maneras se puede conjugar Jesús amor, por lo pronto, podemos decir que en Jesucristo se cumple perfectamente lo que el mismo Cristo nos dijo hoy: en Él, Él mismo es el amor total a Dios y el amor radical, irrevocable al prójimo.

El que quiera ver cómo están unidos estos dos amores que mire hacia Jesucristo, en Él se conjugan esos dos amores, de lo cual aprendemos que no es buen cristianismo, ni una espiritualidad que se olvida del hermano, ni un trabajo por los hombres que no tienen el horizonte de Dios.

Este espiritualismo que huye de las personas, termina siendo algo subjetivo, mental, emocional, intimista, estéril.

Si queremos mostrar este espiritualismo que sólo podemos poner entre comillas, pensemos en algo como la meditación trascendental, me entierro en mí mismo y pongo a funcionar las ondas de mi cerebro mientras digo la sílaba "mmmmm" y con ese "mmmmm" en la cabeza, estoy metido dentro de mí mismo, y yo conmigo tengo una experiencia que se supone que me trae paz mientras digo esa sílaba.

Entonces, eso termina en esterilidad, pero no caigamos en el otro extremo, otras personas creen que el cristianismo se reduce a hacer el bien a los demás. Varias veces sucede y tal vez usted tenga en la familia, gente que más o menos dice esto: “Yo creo en Dios pero a mi manera".

"Yo no tengo la necesidad de estar yendo a Misa ni estar con muchas oraciones, simplemente, si le puedo hacer el bien a alguien, se lo hago; si me tengo que desprender de mi dinero, pues lo hago, y eso vale más que tanta rezadera y que tanta beatería". Tal vez usted en algún momento de su vida dijo eso, o tal vez en su casa alguien lo está diciendo.

Pero los que predican ese amor filantrópico, humanitario, se olvidan de que la necesidad más grande, la necesidad mas profunda del ser humano no es un mendrugo de pan, la necesidad más grande del ser humano no es un techo, no es un vestido, hay un ansia infinita de sentido, hay un hambre infinito de amor que no la va llenar ningún pan, ningún vaso de agua, ninguna doctrina sobre el pescado o sobre enseñar a pescar.

Hermosas las obras humanitarias, pero si no le estás dando a tu prójimo el pan de Dios, poco es el pan que le estás dando y por eso, el amor al prójimo, desprendido, cercenado, mutilado del amor de Dios, ese amor recortado del amor de Dios; una amor así, no termina de servir al ser humano, porque lo deja sin la respuesta principal, que es la respuesta por el amor profundo, la respuesta por el sentido pleno y la respuesta por la vida eterna.

Las cosas que el ser humano necesita y que solo las puede resolver aquel que tiene un horizonte de trascendencia: dar trabajo, cosa buena; dar pan, muy bueno; girar un cheque para orfanatos, ancianatos o lo que sea, muy bueno, sobre todo para calmar un poco la conciencia.

Pero sin quitar todas esas cosas, hay un pan sublime, hay un pan de cielo y ese es el que Cristo nos trasmite cuando no desliga la ceguera del cuerpo de la ceguera espiritual y el hambre del cuerpo del hambre del alma.

En Jesucristo, está el resumen del verdadero amor, en Jesucristo está la verdadera expresión del verdadero amor y en Él aprendemos que no se puede separar amar al prójimo de amar a Dios, ni se puede separar el amor de Dios del verdadero y radical amor del prójimo, que tiene su fuente en el amor que Dios nos ha dado.

Amén.