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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970921

Título: A partir de la crudeza de nuestra propia vida, podemos encontrar la luz de Dios

Original en audio: 14min. 8 seg.

Queridos amigos:

La tercera de las lecturas que hacemos en la Santa Misa los domingos, es siempre tomada del Evangelio. Seguramente, ya sabemos todos, que la palabra Evangelio quiere decir: “buena noticia”

Uno podría comenzar la lectura en la misa diciendo: “les anuncio la buena noticia según San Marcos” San Marcos por este domingo. Desde luego que eso cambiaría según el pasaje escogido; y, yo me hago una pregunta: ¿cómo descubrirle la cara de buena noticia a las lecturas de hoy?

Yo siento que las lecturas de hoy están como muy fuertes y muy cargadas de tintas oscuras. La lectura del Libro de la Sabiduría nos ha contado lo que le pasa a la gente buena.

El bueno, el justo, el honrado es atacado, ridiculizado, puesto a prueba. ¡Con que llegó muy honradito! ¡Vamos a ver cómo sigue! Es un comentario que se hace en una empresa cuando llega un nuevo empleado. Y, hay comentarios, igualmente, irónicos e igualmente absolutos; por ejemplo, con respecto a la pureza.

Una muchacha entra a la universidad, y hay comentarios sobre: “¡olvídate de eso, del colegio y las monjitas!” “¡Has llegado a la universidad, eres toda una mujer; por consiguiente, debes iniciarte. Hay que comenzar, siempre hay una primera vez!”

El libro de la Sabiduría, entonces, nos cuenta cómo el bien es puesto en ridículo, es atacado, es objeto de suspicacia, pero esto no sólo sucede en el mundo; esto también sucede, por ejemplo, entre sacerdotes y religiosos.

Mis amigos que están aquí presentes, están recién llegados. Ellos han hecho hace poco, en julio, hace unos poquitos meses, su primera profesión religiosa; después ¿de qué? Después de un tiempo inicial que se llama: “el noviciado”

Han hecho su noviciado; se han enamorado de Jesucristo. Vienen con ese fervor. ¿Qué sucede, a veces, al religioso joven, y no sólo en el mundo, sino aquí, en medio de los conventos? En algunas ocasiones, la piedad, o el fervor de un religioso es mirado con risita, o con desconfianza por otros.

Como quien dice: “esa piedad, ese fervorín no te va a durar mucho” Y, así con muchas otras cosas. Esa ha sido la primera lectura. Yo vuelvo a mi pregunta: ¿Qué buena noticia puede ser eso, si lo que se nos está diciendo es que el bien resulta atacado, ridiculizado un poco, en todas partes, también dentro de la iglesia.

Esto no quiere decir que suceda siempre así, pero que sucede muchas veces. Bueno, supongamos que uno logró resistir el impacto de esa primera lectura. Vamos a la segunda.

La segunda es lo que coloquialmente llamamos nosotros los colombianos, “una vaciada” Eso es lo que los judíos llamaban “una diatriba” Es una especie de género literario, y todo es regaño.

Yo creo que los que se alejaron de la iglesia porque decían que sólo se regañaba, y hoy estén volviendo a los templos, van a decir: “lo mismo que yo conocí, permiso vuelvo, y me retiro”

Mire el regaño que nos da el Apóstol Santiago, dice por ejemplo: “donde hay envidia y rivalidad, hay toda clase de obras malas, ¿de dónde viene que haya entre vosotros luchas, y peleas? Pues, de las pasiones que luchan en vuestro propio cuerpo. Cometéis homicidio si sentís envidia y no podéis obtenerlo lucháis, y peleáis, pero no obtenéis porque no lo pedís de Dios, y si lo pedís; no lo recibís, porque pedís mal. Pedís para gastarlo en vuestras pasiones” Eso se llama en buen castellano “un regaño” Se llama: “Una vaciada”

Pasamos al Evangelio. El evangelio se llama: “buena noticia” Y ¿qué escuchamos? Que Jesús que es nuestra esperanza, que es nuestra alegría; hoy sólo tiene palabras como más bien tristes, o casi todas son tristes: “al Hijo del Hombre” Evidentemente, lo dice refiriéndose a Él “lo van a matar, lo van a entregar a sus enemigos, y lo van a matar”

¿Cómo sacar una buena noticia de aquí? ¿Qué pretende la Iglesia al ofrecernos estas lecturas? ¿Qué sentido tiene que nosotros vengamos a escuchar estas palabras? ¿Dónde está el mensaje de alegría, de esperanza? Yo diría que lo primero que se necesita para que haya esperanza, y alegría es que no haya engaño.

Supongamos, por ejemplo, que nos reunimos más o menos los mismos que estamos aquí, y un fulano más o menos como yo, les dice: “sabemos que Colombia ha sufrido mucho, y ha pasado por una situación económica desastrosa, pero ¡alégrense, mañana, todos los que no tenían trabajo, lo van a conseguir!

Y, ¡si hay algún enfermo; tranquilo, en esta semana se va a curar! ¡Si alguien tiene hambre, no se afane; pronto se va a saciar! ¡Vayan! ¡Alégrense! ¡Descansen! ¡No hay problemas! ¿¡Qué problemas hay en Colombia?! ¡No hay problemas! ¡Paz, dicha y prosperidad!

Supongamos que ese discurso convenciera a alguna persona, y que esa persona sonriera, y dijera: “hay que padre tan querido. Este padre si me da alegría. Este padre si me da consuelo, que Dios lo bendiga “

¡Que, Dios lo bendiga! ¿Hasta cuándo? Hasta mañana lunes, porque mañana nos estrellamos con la realidad de la vida, y nos estrellamos con que efectivamente el mal sigue siendo causa de dolor en tantas vidas, y el bien sigue siendo ridiculizado.

Como quien dice, la primera enseñanza de hoy es que la verdadera paz, y la verdadera alegría sólo pueden tener su base en la verdad; sobre la base de la verdad, de la realidad la Palabra de Dios puede traerle paz y gozo en nuestra vida.

Y que lo demás se llama escapismo, Huida, Retirada. Pero cada una de esas retiradas, esos escapismos mentales, tienen las mismas características, y la misma estructura del que se droga. Mientras está en su sueño, en su éxtasis se siente muy bien, pero cuando vuelve a la realidad se siente peor de lo que estaba.

Entonces, la primera enseñanza para nosotros es: “si. Dios tiene un mensaje de salvación, y de esperanza, pero este mensaje empieza en la realidad de nuestra vida. Dios no nos ilusiona. Lo que Dios promete, no lo promete como un mal político, ni lo promete como una especie de huida de nuestra realidad. A partir de la crudeza de nuestra propia vida, podemos encontrar la luz de Dios”

Una segunda enseñanza, sumamente práctica, es que la Sagrada Escritura es el libro más real que existe. En la Sagrada Escritura no aparece el mundo, más o menos, con estos términos: “y que bonito fuera que los pajaritos cantaran, y todos sonrieran, y nadie robara, y todos cantaran, y juntos danzáramos”

La Biblia no es el libro de: “qué bonito fuera” La Biblia es el libro de lo que es; y, puesto que el corazón humano apesta muchas veces, por eso, hay páginas de la Biblia que traen el aroma de la muerte, del egoísmo, de la envidia, y de las demás cosas que han salido en esta lectura.

Tercer paso, ¿cuál es la diferencia entre la Biblia, y el existencialismo? Hoy, creo que hay menos existencialistas que en otra época. Además, hay un existencialismo ateo, y otro que no es ateo. Yo me refiero al ateo.

Algunos de los aquí presentes leyeron, o, por lo menos, hicieron el intento de leer una obra como La Náusea, de Jean Paul Sartre. Usted toma La Náusea, probablemente, siente lo que dice su título, y la va leyendo, y va sintiendo que esta vida es una porquería.

Como decía Sartre, usted va sintiendo, que: “el infierno son los otros” Va sintiendo que esta vida apesta; después de eso coge un libro, por ejemplo, de este filósofo Fioran, y usted llega a la conclusión de que “la humanidad es asquerosa”

De ahí sigue para leer a Tomas Job, y llega a la conclusión de que: “el hombre es lobo para el hombre” Finalmente, poco antes de pegarse el tiro lee a Schopenhauer, o cualquiera de estos y llega a la conclusión de que todos somos unos desgraciados, y que esta vida es un basurero.

Pregunta: ¿cuál es la diferencia entre Schopenhauer, Nietzsche, o yo no sé cuántos otros señores, y la Biblia? Se supone que ambos hablan de las tristezas, y crudezas de la vida. ¿Cuál es la diferencia?

La diferencia está en que el existencialismo, o cosas que se le puedan parecer, hablan del mal como término de la vida humana. Es decir, nuestras desgracias son simplemente nuestras desgracias. Ahí, no hay más que hacer.

La Biblia en cambio sin negar, sin maquillar, sin desdibujar el verdadero rostro del dolor humano; muestra cómo a partir de ese mismo dolor, Dios trae luz, y trae esperanza.

¿De qué manera? Cuando alguno se arriesga, como se arriesgó Jesucristo. Cuando alguno apuesta, como apostó el justo de la primera Lectura del Libro de la Sabiduría.

Cuando alguno se arriesga a amar, esto no lo puede el corazón humano por sus propias fuerzas. Porque, cuando se contempla el espectáculo de envidias y egoísmo que es la historia humana; uno no se sienten muchas ganas de amar.

Pero cuando uno se siente amado; cuando uno se reconoce amado; cuando uno ha recibido como están recibiendo estos hermanos; como he recibido yo mismo el perdón de Dios.

Cuando uno sabe lo que significa ser perdonado, uno descubre que también uno puede darle una sonrisa de amor a la otra persona sin maquillarle su dolor, sin negárselo, sin escapismos. Uno puede en medio de esta tiniebla encender una luz, una sonrisa, una esperanza; eso fue lo que hizo Cristo; con la ventaja para nosotros de que Cristo creó una especie de reacción en cadena con la gracia poderosa de su Espíritu, el fosforito, la cerilla que encendió Jesucristo se ha ido propagando en los corazones de una cantidad de hombres, y mujeres que hoy creemos que el amor es posible.

Hoy, aunque sabemos que aunque la historia humana tiene tanto de que arrepentirse, Dios no se ha arrepentido de hacer la humanidad, sino que está dispuesto a perdonar, está dispuesto a acoger, está dispuesto a que recomencemos.

Para eso hay que ser como niños. Vamos aceptarle esta oferta a Dios. Él ha empeñado su palabra de amor en favor de nosotros, y para que nunca lo olvidemos dice Santo Tomas de Aquino: “nos ha dejado el memorial de amor en la Santísima Eucaristía” Esa es la Buena Nueva.

Amén