Bo24003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20060918

Título: Jesus es el Ungido el Hijo de Dios y lo reconocemos en la Cruz

Original en audio: 23 min. 15 seg.


¿Qué es lo más propio de Jesús? ¿Cómo podemos reconocerlo? ¿Cómo podemos saber qué es lo esencial de su mensaje? ¿Qué es lo primero y lo más importante que Él realiza en nuestras vidas? Todas estas preguntas están relacionadas entre sí y están relacionadas con el evangelio de hoy.

Jesús fue un gran poeta, Jesús fue un buen pensador, algunos lo consideran un buen filósofo, fue un hombre lleno de sensatez, capaz de dar principios para regular la vida de la sociedad, en eso se parece a los moralistas o a los políticos.

Jesús fue muchas cosas. ¿Qué es lo propio de Él? Hizo milagros, expulsó demonios y habló de una manera no sólo profunda sino fácil de recordar, entre paréntesis, es de las cosas que más le admiro, Jesús tenía que enseñar, pero en condiciones muy difíciles.

Los que hemos tenido alguna responsabilidad de enseñanza, de ser profesores, pues admiramos, yo creo a Jesucristo, porque imagínate lo que implica enseñar en las condiciones que Él lo hizo y lograr que la enseñanza quede tan profundamente grabada, que veinte siglos después sigue presente.

Y la verdad es que las escenas del Evangelio, y especialmente las parábolas, que son muy del estilo de Jesús, una vez que uno las escucha se le quedan, es un método pedagógico muy bien usado, o sea que Él fue también un gran maestro, un gran pedagogo.

¿Qué es lo propio de Jesús? La gente se fijaba en distintos aspectos de la vida de Él, hay una expresión que aprendí hace poquito en este idioma inglés, que aprendí en este país, se dice de algunas personas o de alguien que tiene así como tantas, distintas facetas y al mismo tiempo sobresalen muchas de ellas: “Más grande que la vida”.

Es una expresión un poco extraña, como que una sola vida le quedaba pequeña como para todo lo que tenía que hacer.

Yo creo que algo así se le podría aplicar a Jesús, en tantas facetas distintas sobresale Jesús, que uno podría preguntarse, ¿pero qué es lo más propio de El? Y por eso la pregunta de hoy es una pregunta fundamental: “Quien dice la gente que soy yo” San Marcos 8,27, esa pregunta pues quiere decir en qué se está fijando la gente.

Entonces unos se fijaron en el aspecto de la conversión, relacionaron a Jesús con Juan el Bautista; otros se fijaron en el aspecto de los milagros y de la palabra libre, ardiente como el fuego, poderosa, y relacionaron a Jesús con Elías.

Y en general la gente lo sentía próximo a los antiguos profetas, pero eso no es lo más propio de Jesús, todo eso es Jesús, así como podríamos decir, es un gran pedagogo, es un gran taumaturgo, es un buen orador, es un filosofo competente, es un poeta, todo eso es verdad.

Pero Jesús es más que eso, y hay algo esencial que aparece en la lectura de hoy, El vuelve a preguntar y Pedro responde: “El Mesías” San Marcos 8,29.

Jesús no le dice que está correcto en esta versión de San Marcos; pero es evidente que Él sí acepta eso.

¿Qué quiere decir la palabra Mesías? Mesías en hebreo quiere decir ungido, es la misma palabra que Cristo en griego, que quiere decir eso, “ungido”, el que tiene un toque del cielo, un toque de lo alto, hay algo del cielo en este Señor, hay un Espíritu que habita en Él, hay algo inexplicable, es una unción.

Algo de ese sentido de ungido lo tenemos en nuestras lenguas cuando decimos que alguien tiene mucho carisma.

El carisma no es algo que viene únicamente del entrenamiento, una persona puede entrenar mucho para educar la voz, por ejemplo, pero tener carisma es como tener algo que es más allá del entrenamiento y más allá de los dotes naturales, algo como más allá de lo que alcanzan nuestros sentidos, tiene que ver con eso.

El mesías, es el ungido, el que está tocado, penetrado por la acción de Dios y consagrado por Dios, es un término religioso.

En el Antiguo Testamento se llamaba Mesías al rey; el rey, cuando hubo reyes como David, era el ungido, usualmente un profeta, era el encargado de ungir al rey. ¿Y como lo ungía? Derramando un aceite perfumado, aceite que penetra, el agua escurre, el aceite penetra la piel, un aceite perfumado, ése es el ungido, ungido por Dios y eso se significaba, por medio de ese aceite.

Ese era el Mesías y Pedro le dice ahora a Jesús: “Tu eres el Mesías, tu eres el ungido” San Marcos 8,29, en eso hay algo profundamente cierto y tan es así, que nosotros seguimos llamando a Jesús el Mesías, cuando cada vez que decimos la palabra Jesucristo, estamos diciendo una abreviatura que quiere decir Jesús de Nazaret, quiere decir el Ungido de Dios. Jesús de Nazaret es el Cristo de Dios.

Si Él es el Ungido, no quiere decir solamente una persona que estudió mucho, una persona puede estudiar mucho y saber muchos libros; pero el conocimiento del Ungido es un conocimiento que viene de lo alto, es mucho más que estudiar; hay gente que puede de pronto ejercitar sus poderes mentales, si eso existe, eso siempre estará en discusión para los científicos.

De pronto, a fuerza de concentración alguien puede curar a los enfermos, se habla de esas técnicas de curación mucho hoy en día; pero el ungido no es alguien que cura porque tiene mucha concentración, es alguien que cura porque está penetrado, está tocado por el cielo, consagrado por Dios.

Entonces es muy profundo lo que dice Pedro, pero resulta que el rey también era el poderoso y era lo que dicen de los presidentes: "Es el comandante en jefe", el jefe de las tropas; y Jesús no quiere que se mire su mesianismo, no quiere que se mire su unción únicamente en esos términos demasiado guerreros, demasiado políticos. Y aquí viene la segunda parte del evangelio de hoy.

Jesús sí admite que se le llame Mesías, que se le llame Ungido; pero entra a explicar qué quiere decir el Ungido, y como que no le fue muy bien, porque empezó a decir que al Mesías tenían que rechazarlo, que tenía que sufrir, que tenían que torturarlo y que iba a morir, y eso como que no entraba en ninguno de los oídos de ellos y, sobre todo, no entró en los oídos de Pedro.

Entonces Pedro como que empezó a pensar: “Este Jesús como que se nos está enloqueciendo; necesita un buen conejo”, pero tuvo un acto de caridad con Jesús, lo llamó allá aparte, que los demás no se den cuenta que el Maestro se equivocó en este caso.

Entonces se lo llevó por allá aparte para corregirlo en privado y le dijo Pedro, que no que eso no era por ahí y Jesús le dice esa palabra tan fuerte: “Apártate detrás mí, Satanás, tus pensamientos no son los de Dios” San Marcos 8,33.

Bueno, digamos que cuando le dicen a uno que Jesús es el Ungido, eso como que tiene sentido; pero cuando Jesús nos invita a reconocer su misión particular, su manera de ser ungido, ser el Cristo de Dios, yo creo que nosotros, lo mismo que Pedro, nos quedamos sin entender, al fin, cuál es el sentido de todo ese sufrimiento, cuánto dolor. ¿Por qué el Ungido tiene que sufrir así?

Y bueno, la noticia es también que eso no es solamente para Cristo, sino también para los seguidores de Cristo, para nosotros los cristianos, porque el evangelio de hoy termina diciendo: “El que no renuncia a sí mismo, el que no cargue con su cruz, no es digno del evangelio. El que quiera salvar su vida la perderá" San Marcos 8,35.

Entonces, ¿por qué el Ungido tiene que pasar por todo eso? Uno ve que hay otras personas que tienen como un toque de cielo, como un toque de misterio, si no de cielo por lo menos de misterio, hay gente impresionante en esta tierra, eso no todos los impresionantes están en la Iglesia Católica, ni más faltaba.

Hay gente que tienen una predicación bien poderosa, tienen carisma para la predicación, yo únicamente una vez vi predicar a este famoso evangelista norteamericano, Bill Graham, y sí, uno puede quejarse de muchas cosas de él, pero que el hombre tiene un don lo tiene, es impresionante, no es católico, es muy anciano; pero tiene un poder impresionante.

¿Y qué vamos a decir de este querido personaje, el Dalai Lama? Tampoco es católico, tampoco es cristiano siquiera; pero uno ve la manera cómo el Dalai Lama toca los corazones de la gente y el hombre entra a un estadio repleto y la gente siente algo, eso no todo será malo, ahí tiene que haber algo poderoso, tiene que haber algo bueno.

Pero la diferencia está en que este Jesús dice que la manera de lograr la salvación, la manera de realizar su misión propia es a través de la cruz, y aquí llegamos a la quinta esencia, aquí llegamos al mensaje central del evangelio y aquí llegamos, yo creo, al centro del Corazón de Jesús.

Ahí, en la cercanía, en la amistad y en la intimidad con sus discípulos, Él les abre su corazón, les dice cómo entiende su propia vida, les dice lo que Él espera de su existencia, lo terrible que se le viene encima.

¿Pero cuál es el amanecer que Él logra ver después de esa noche? Es realmente una confidencia, es un mensaje muy profundo, es el mensaje de un amigo que le abre el corazón a sus amigos. Y yo creo que hoy Jesús, en esta Eucaristía, también quiere abrirnos el corazón a nosotros y quiere contarnos el secreto de la cruz.

Porque la cruz es el misterio de misterios en la vida de Jesús; es el centro mismo de su Corazón, y si ustedes me preguntan a mí, es lo que hace a Jesús distinto a todos esos personajes que pueden ser muy interesantes, como el Dalai Lama, como Confucio, como Mahoma, o como Bill Graham incluso.

Hay algo que es particularísimo de Jesús, y es la Cruz, y uno se queda preguntando y rechazando la cruz: "¿Por qué tiene que ser así? Teóricamente las cosas deberían ser diferentes, el mundo debería ser sensato".

Tengo muy fresca la memora del Dalai Lama, por una conferencia suya que estuve viendo, una conferencia que dio en Stanford, California, y es un mensaje tan sensato, este hombre no viene con palabras rebuscadas, más bien a lo que viene es decirle a cada persona: "Mira, conócete a ti mismo, sé dueño primero de ti, de tus dolores, de tus angustias y de tus alegrías; camina en la humildad y en la mansedumbre con otros".

Son cosas supremamente sensatas y uno como que quisiera, una parte de mí, les confieso, como que quisiera que el mundo, es decir, que la humanidad, fuera lo suficientemente sensata para que le bastaran esa clase de palabras.

Yo digo, ojalá el mundo razonara, ojalá pudiéramos comprender esa clase de mensaje, que lo han dicho muchos antes del Dalai Lama, mucha gente, y una ventaja que tiene este señor, me parece a mí, es que es bastante humilde y bastante abierto a aprender de otros.

O sea que este mensaje ha estado muchas veces en labios de mucha gente; en realidad, todos los grandes sabios como que terminan diciendo cosas parecidas: la humildad, el conocimiento de uno mismo, la necesidad de perdonar, el fijarse más en lo positivo y construir a partir de ahí, todo eso lo ha dicho mucha gente, pero el grave problema es que eso no tiene poder en algunas zonas del corazón humano y ahí es donde parece que entra el misterio grande de la Cruz.

Si uno sintiera siempre amor por lo bueno, amor por el bien, estaríamos bien, estaríamos salvados, no habría problema.

Si cada persona buscara solamente lo que es verdadero, lo que es justo, lo que es bello y lo que es bueno, bastarían algunos cuantos maestros como el Dalai Lama, bastarían unos cuantos filósofos como Confucio o bastarían, incluso, unos como Séneca, allá entre los romanos, bastarían unos cuantos de esos y ya estaríamos arreglados, estaríamos salvados.

Pero el problemas es que el bien no siempre es capaz de encantar, de cautivar, de fascinar nuestros corazones; y el otro problema es que el mal, incluso la perversidad, las tinieblas, a veces tienen encanto, tienen atracción en nuestro corazón, y no estoy hablando de ninguna posesión diabólica, estoy hablando del placer que uno siente en la vanidad, en el orgullo, en la venganza, en la mentira, estoy hablando del placer que se siente de usar a las personas y botarlas.

Hacer alianzas falsas, subir sobre otros, pasar por encima de ellos, eso tiene encanto; ¿por qué el mundo está lleno de violencias sino es porque tiene encanto? Eso tiene encanto, el ser poderoso, el ser fuerte, así eso suponga a veces mentir, el corazón humano, lamentablemente no está así abierto: "Venga la luz a iluminarme y yo haré lo que la luz me diga"; no, el corazón humano es resistente, es vengativo.

Muchos de nosotros sentimos cierto placer en recordar lo que nos han hecho, ¿por qué hay trabajo para los psicólogos si no es por eso? Los psicólogos tienen trabajo porque las personas guardan por allá sus resentimientos y sus traumas y porque el uno hirió al otro.

¿Por qué hay gente que se aprovecha de los niños? ¿Por qué hay gente que miente? ¿Por qué somos tan indiferentes unos con otros? ¿Por qué uno prefiere la comodidad de una vida sin compromisos aún sabiendo que muchos pueden estar muriendo de hambre o lo que sea?

"Pero bueno, a mí me tocó en esta vida, si hay reencarnación, dirán algunos, si hay reencarnación, por lo menos en esta vida a mi me tocó mi comidita completa; yo con eso tengo". ¿Por qué uno es así? ¿Por qué uno tiene esa cobija de egoísmo que es tan fácil, que es tan tentadora?

Las raíces del mal son supremamente profundas en el corazón humano, y yo creo que uno tarda un poco en comprender eso; pero cuando lo comprende también empieza a comprender por qué se necesita la Cruz de Cristo.

Como estas raíces del mal son profundas, también son poderosas; y como esas raíces son profundas, también son escondidas, y uno mismo no se da cuenta de eso, uno no se da cuenta de todo lo egoísta que uno es uno, no se da cuenta de eso, sólo en determinadas circunstancias límite.

Aquí, la otra vez hablábamos de esa película del "Titanic", cuando llega el momento que ya no queda sino un bote salvavidas, ahí se nos acaba la cortesía y se nos acaba todo: "Venga a patadas con esa viejita, ahógueme a ese niño; me salvo yo", ahí le sale a uno el egoísmo, en esas circunstancias límite.

En circunstancias limite aparece con toda claridad que uno sí gusta, que uno sí saborea la venganza; en circunstancias límite aparece que uno si es uno un egoísta terrible; en circunstancias limite sí aparece que a uno sí le gusta desquitarse de los otros y que hay muchos placeres ilícitos y muchas infidelidades, que están por allá metidas profundamente en el corazón, entonces es ahí donde entra la Cruz, es que la Cruz es una circunstancia límite, la Cruz es el límite.

Decía este gran predicador norteamericano, Fulton Sheen, decía él que uno no puede mirar la cruz sin hacerse preguntas: "¿Qué hace ese tipo allá? ¿Pero por qué no hizo nada? ¿Pero por qué no estaban sus amigos? ¿Es que no había justicia en ese país?"

Empieza a hacerte preguntas y deja que esas preguntas te guíen y empezarás a descubrir por qué se necesita eso que parece tan inútil, la Cruz de Cristo. Es decir, la Cruz es, a ver, inventémonos una palabra en español, es el gran desnudadero; la Cruz no es el lugar sólo donde Cristo está desnudo, sino donde el corazón humano se desnuda.

Delante de la Cruz, que es la circunstancia limite por excelencia, uno empieza a descubrir todo eso: "Bueno, yo digo que amo, pero frente a ese amor, ¿yo amo? Yo digo que quiero la justicia, pero cuando alguien es tratado así, ¿quiero la justicia?"

Y así sucesivamente. "Yo hablo de la humildad y la importancia de ser respetuosos, pero cuando miro a Jesús en su Pasión, ¿qué pasa conmigo? Es decir, Jesús en la cruz es un espejo que trae una luz abrumadora, aplastante sobre el corazón humano.

Jesús en la Cruz es la aparición misma de todas esas raíces que uno tiene en el corazón, ahí donde aparece que uno no es tan simpático como uno creía, uno es simpático; pero muchas veces por conveniencia, uno es simpático y es amable cuando le conviene.

Pero con aquellas personas que son inútiles, que son torpes, que no tienen ninguna utilidad para mi, tal vez no soy simpático, entonces ¿cuál es mi simpatía? ¿Cuál es mi cariño sino una forma de egoísmo? y así sucesivamente tendríamos que examinar aquí todas nuestras conciencias y se nos iría mucho tiempo.

La Cruz, la Cruz es el desnudadero, y lo propio de Jesús, en lo que Jesús le gana al Dalai Lama, -admirando yo al Dalai Lama-, en lo que Jesús le gana al Dalai Lama es en eso, en ese sacrificio último, en esa manera de terminar su vida, en esa manera de ofrecerse en honor del Padre y para salvación nuestra y trayendo luz a nuestros corazones.

De esa manera, Jesús se vuelve radicalmente único; pero claro, su sacrificio no termina ahí, sino que va más allá, hasta la gloria de su Resurrección, y de eso tenemos que hablar en otra ocasión.

Hermanos míos, yo solamente les pido, apreciemos el tesoro de lo que significa creer en Jesús. Yo quisiera tener mejores palabras para expresar este misterio, para que todos nos enamoráramos de Jesucristo, para que entendamos que a Jesús no se le puede cambiar por nadie.

Y no es que uno deje de querer a la gente, ni deje de admirar lo que hay de bueno en tantas personas; pero Jesús, este Jesús, el de la Cruz, hizo por mí algo que nadie puede hacer.