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Fecha: 20000917

Título: La Cruz es el simbolo de Cristo

Original en audio: 19 min. 41 seg.


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A veces es buena idea tratar de sintetizar el mensaje del domingo, el mensaje de las Lecturas, como en un solo pensamiento, en una sola frase porque, como las lecturas son diversas, se pueden relacionar también de diverso modo. Uno a veces puede quedarse con mucho y sin nada; por eso puede ser una buena idea concretarse, y tratar de sacar algo definido.

En los domingos, la mejor manera de buscar esta idea central o este pensamiento básico es relacionar la primera lectura y el Evangelio; ahí suele estar como la clave. La segunda lectura, que normalmente es tomada de la Carta de los Apóstoles, sobre todo de San Pablo, aunque hoy era de Santiago, nos traen o un tema secundario o un tema que se relaciona de otra manera con el tema principal.

Entonces, vamos con el tema principal para que nos quede algo definido, porque los textos que hemos escuchado no son nuevos para nosotros. Jesús que les pregunta: "¿Qué dice la gente y ¿Quién soy Yo para ustedes?. (véase San Marcos 8, 27-29). Eso lo hemos oído varias veces. Y luego, en la primera lectura, menos conocida pero suficientemente recordada por todos los que estamos aquí, nos habla de cómo hay una descripción del Siervo de Dios, una descripción velada, un poco extraña.

El libro de Isaías tiene cuatro cánticos del Siervo de Dios y este que hemos escuchado es uno de esos cuatro cánticos.

Bueno, vamos con esa idea entonces: hay una descripción extraña en la primera lectura, que nos presenta sufrimiento, temor de haber fracasado, desconsuelo, fruto incierto ante un esfuerzo grande. La segunda lectura -que no entramos en ella ahora- y, luego, el Evangelio, que nos habla de Cristo que quiere ser conocido fundamentalmente en términos de su cruz, su dolor, su rechazo. Por eso creo que una frase que puede sintetizar el tema principal de hoy es: "La Cruz es la señal de Cristo".

Cuando Pedro le dijo a Jesús: "Tú eres el Mesías" (véase Marcos 8, 29), se lo dijo, ¿por que? Se lo dijo porque le había oído predicar, le había visto sanar enfermos, había visto que la Palabra de Cristo tiene autoridad sobre los elementos de la naturaleza, y tenía poder para arrojar a los demonios. Cristo había mostrado ese poder y, seguramente, cuando Pedro le dijo a Cristo: "Tú eres el Mesías", (véase Marcos 8, 29) estaba pensando en eso, en el poder de esas palabras, en el poder de eso milagros, en la grandeza de elocuencia, y el derroche de Espíritu que había en Jesús. Pedro estaba mirando a eso.

Jesús cambia ese lenguaje, Jesús no quiere ser conocido así. Él es el Mesías, pero no quiere que el carácter esté asociado con ese poder, con esa elocuencia, con esos milagros, con esos exorcismos.

¿Cómo quiere ser conocido Él?

El Evangelio de hoy nos da la respuesta: El quiere ser conocido de esta manera: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, tiene que ser ejecutado" (véase Marcos 8, 31). El verbo griego que se utiliza aquí es un verbo que indica la necesidad de lo que es es forzoso, es preciso, es necesario, tiene que suceder, tiene que ser rechazado.

El Hijo del Hombre tiene que ser rechazado, maltratado, torturado, ejecutado; sólo ahí, sólo en ese Rostro, quiero ser reconocido Yo.

La Cruz es la señal de Cristo, y así podemos entender un poco ese pasaje de la primera lectura "no oculté el rostro a insultos y salivazos, mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido". (véase Isaías 50, 7).

De manera que Jesús despedazado, Jesús roto, es la realización de lo que estaba profetizado en Isaías; Isaías había hablado del Siervo de Dios como Alguien que no oculta el rostro a salivazos, como Alguien que tiene su fuerza solamente en Dios, y eso se cumple en Jesucristo. Y así es como quiere Cristo que le conozcamos, y el que reconozca a Cristo así, conoce verdaderamente a Cristo; el que no quiera conocer a Cristo así, el que quiera quedarse sólo con la versión de Pedro, puede cometer el mismo error de Pedro. ¿Y cuál fue el error de Pedro?

Pues se metió de consejero, consejero sin sueldo, se lo llevó aparte y se puso a increparlo:"no, ¿Cómo así?", "¿pero, por qué?"...

Jesús obra drásticamente, duramente con Pedro: "Quítate de mi vista", le llama con el nombre más abominable: "satanás", (véase Marcos 8, 33) pero, "quítate de mi vista", no es exactamente la traducción tampoco. Como sabemos, tal vez algunos conocemos lo que le dice Jesús, es: detrás de mí, fíjate en el texto: "Jesús se volvió, y de cara a los discípulos...", ( véase Marcos 8, 33). Se volvió, es decir, lo puso a la espalda, ¿Por qué? Alguien podría decir, porque como lo que estaba diciendo Pedro no era un consejo según Dios sino un consejo según el demonio, alguien podría decir: "le fastidió la cara de Pedro", pero no parece que ese sea el caso, porque Jesús cuando aborda a verdaderos posesos nunca retira la mirada, es el demonio el que tiene que irse, es el demonio el que tiene que esconderse. Jesús nunca esconde la mirada, osea, que ni aún en el caso extremo de suponer que Pedro estaba dando un consejo infernal, no parece que el gesto de Cristo sea porque hubiera una obra del demonio ahí en Pedro.

Jesús lo pone a la espalda y le dice: "detrás de mí", haga cola, usted es el que va detrás y yo soy el que va adelante; usted va detrás de mi; el que sabe como son las cosas aquí soy Yo, y usted es discípulo, usted no es mi maestro. Detrás de mí. Tú piensas como los hombres, no como Dios.

Bueno, nos van quedando cosas claras, la Cruz es la señal de Jesucristo, Cristo quiere ser conocido así, y si uno no quiere conocer a Cristo así, seguramente comete el error de Pedro que es empezar a darle consejos a Dios, y entonces Dios nos va a decir: devuélvase al kinder, empiece de nuevo su discípulado, aprenda las cosas en orden y no se le olvide Quién es el que va adelante nuestro.

Pero nos podemos hacer una pregunta: ¿Y por qué eso?

Inmediatamente antes del evangelio, yo estaba contemplando el Cristo que preside esta hermosa capilla; es un Cristo hecho según ese arte colonial, según ese modo tan dramático, tan patético del arte de aquella época: la piel se ve rota, escandalosamente rota; las llagas, la sangre; es una figura deforme, realmente, y aquí estamos hablando de que la Cruz es la señal de Cristo y de que cristo quiere ser conocido ante todo como el Crucificado. Y ya que tenemos esa imagen aquí, peguntémonos: ¿y por qué, con todo respeto, ¿y por qué Tú quieres ser conocido así?

En esta misma capilla hay algunas imágenes de angelitos; hay una imagen de la Virgen, ¡qué imagen tan linda!, eso atrae, ¿quién no quiere estar cerca de esa belleza? En cambio, esta imagen tan espantosa casi que aleja. Uno quiere estar cerca de lo bello, lo cálido, lo acogedor, como esta imagen de María; uno no se siente tan atraído por una imagen tan cruel, tan deforme como esta de Cristo, pero Cristo dice que quiere ser conocido así, y nosotros nos preguntamos: ¿por qué?

Creo que se nos va a pasar la vida, y se va a pasar toda la historia de la Iglesia, y el día en que Cristo vuelva, por la mañana, estaremos preguntándonos: ¿Por qué?, ¿Por qué tanto?, ¿Por qué?, y creo que si nos repitiéramos la pregunta todos los días, cada día encontraríamos un poquito más de respuesta.

Los grandes místicos como Marta Robin, en realidad, fueron discípulos del Crucificado, eso no lo podemos olvidar, y cada día aprendieron del Crucificado, ¿y qué puede uno empezar a aprender del Crucificado? ¿qué puede uno deducir de ahí, ¿o qué puede inspirarle a uno?, ¿o por qué eso?; ¿por qué quieres ser conocido así, Cristo?; ¿por qué la Cruz tiene que ser tu señal?

La primera lectura creo que nos ayuda, nos ayuda mucho. Dice este texto, que sabemos es profético, y se cumple en Nuestro Señor, después de "no oculté el rostro a insultos y salivazos" (véase Isaías 50, 6) . Dice: "Mi Señor me ayudaba, (véase Isaías 50, 7). A ver, los insultos, la crueldad, vienen de los hombres, la ayuda viene de Dios. ¿Qué es lo que le dice Cristo a Pedro?: "tú piensas como los hombres, tú no piensas como Dios", (véase Marcos 8, 33). Es decir que Cristo descarta la propuesta de los hombres y acoge la propuesta, el mandato la obediencia que le impone Dios, su Padre. Y la primera lectura nos dice que esos hombres cubren de insultos y salivazos a este pobre, pero Él dice "mi Señor me ayudaba" (véase Isaías 50, 7).

¿Qué aprendemos de esto?, ¿Cuál es la lección que nos da hoy esta presentación de la Cruz?

Aprendemos que sólo en la Cruz aparece el tamaño del auxilio de Dios; sólo en la Cruz, porque resulta que es el Crucificado, así como está lleno de llagas en todo su cuerpo, está rodeado de enemigos y de odio; todos conocemos el pasaje de la Cruz, los evangelistas son demasiado claros, sobrios, pero el Crucificado está rodeado de odio, rodeado de inquinas, rodeado de venganzas, rodeado de todo el terror que puede dar Satanás, de todo lo que puede presionar el mundo, o sea, que la condición del Crucificado es la condición peor, es la condición más dura, más injusta, es la condición más espantosa; el que vence en las condiciones más espantosas, es el verdadero vencedor.

Esa es la lección de Cristo y, por eso, quiere ser conocido como el Crucificado, porque el que vence en las peores circunstacias, ese muestra cuál es el tamaño de ayuda, cuál es el tamaño de amor que lo está soportando. Fíjate en lo que dice Isaías: "tengo cerca a mi abogado quien pleiteará contra mi" (véase Isaías 50, 8).Es una palabra profética, que si la aplicamos a Cristo, ¿qué nos dice?, fíjate lo que El pregunta: "¿quién pleiteará contra mi?" (véase Isaías 50, 8).

Señor Jesús, todo el mundo está pleiteando contra Ti ¿ y por que no tienes miedo?. Le responde:"porque mi Señor me ayuda y por eso no quedo confundido" (véase ), es decir, que en la Cruz precisamente, porque no hay ninguna ayuda, porque toda la maldad de los hombres se vuelca sobre el Cuerpo y el Alma de Jesús, precisamente en la Cruz, donde eso sucede, queda claro el tamaño del amor de Dios; como no hay ninguna ayuda de esta tierra, el Cielo aparece.

Cuando se desarma, cuando se derrumba toda la ayuda humana, tira por tierra todo lo que podrían hacer los hombres; entonces aparece todo lo que Dios puede hacer, y por eso la Cruz es la profunda revelación de Dios.

Para entender esto un poco mejor comparemos lo que pensaba Pedro, y por qué lo pensaba, y lo que dijo Jesús y por qué lo dijo. No es descabellado lo que hemos propuesto como hipótesis: Pedro le dijo: "Tú eres el Mesías" (véase Marcos 8,29) en razón de las predicaciones, los milagros, mejor dicho, toda la parte espectacular, llamémoslo así, de Cristo. ¿Por qué Cristo no quiere ser conocido así? porque resulta que toda esa parte espectacular, toda esa parte maravillosa entraña muchos malos entendidos y muchas ambigüedades, el que está a la hora de los milagros no sabemos por que está, el que está a la hora de Cruz sabemos por Quién está.

A la hora de los milagros estará todo el mundo, todos, a la hora de Cruz sólo están los que son, los que verdaderamente han hecho el curso de discípulos; no es que sean malos los milagros, no es que sean malas las manifestaciones maravillosas que Dios da, pero es que para esas manifestaciones hay demasiado público, para adorar el Amor Crucificado hay muy poquita gente y "no se sacia el ojo de ver" ( véase ) dice alguno de los libros sapiensales, y de ver cosas y de sentir cosas, de eso no se cansa la gente, pero de estar ante el Crucificado, de estar ante ese Amor, de eso sí se cansan los corazones, y se aburren y se van a ver otras cosas, es decir, que si Cristo hubiera querido ser conocido a la manera de Pedro, pues nunca, nunca, tendríamos certeza de cuál es discípulo de Èl.

Cristo quiere ser conocido y reconocido como el Crucificado, porque la Cruz es el lugar de la Verdad para el discípulo, porque sólo ahí aparece la verdad del discípulo, porque sólo ahí se revela la Verdad de Dios, osea, que fijate que en la Cruz aparece la Verdad de Dios, porque es el Único que puede ayudar; y la verdad del hombre, porque el que es discípulo del Crucificado, es discípulo de Dios. El que es discípulo a la hora de los milagros, es discípulo de sus conveniencias, de sus necesidades de su curiosidad; es discípulo de los que sea, no sabemos, pero probablemente sí o probablemente no.

Muy sintomático que en los momentos grandes del ministerio de Cristo, cuando todo el mundo habla bien de Èl, la Virgen no aparece, la única vez que aparece la Virgen cerca del ministerio de Cristo es cuando iban a recogerlo, porque decían que estaba loco; un momento que fue muy parecido al de la Cruz. Cuando todo funciona muy bien, la Virgen no aparece, no es el momento de los verdaderos discípulos, en cambio, cuando llega la hora de la Cruz, ahí si está la Virgen; eso tiene que enseñarnos algo: la Cruz es el lugar para el verdadero discípulo, la Cruz hace aparecer la verdad del discípulo, la verdad del hombre. Y la Cruz hace aparecer la Verdad de Dios.

La Cruz es la señal de Cristo y la Cruz es la señal del cristiano.

Que Dios, en su Amor, inspire nuestros corazones y nuestros pensamientos de manera que tengamos siempre nuestra alma orientada, fascinada, poseída por el misterio de la Cruz en donde Dios aparece con toda su Verdad y nosotros aparecemos con toda nuestra verdad.

Amén.