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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000910

Título: Los oidos del sordo se abriran, la lengua del mudo cantara

Original en audio: 16 min. 46 seg.


Hermanos:

Siempre es muy provechoso describir un poco cuál es el orden que llevan las lecturas dentro de la Misa.

Si hacemos memoria, llevamos como tres o cuatro domingos oyendo sobre la multiplicación de los panes, según el relato de San Juan.

Hoy, la lectura está tomada del evangelio según San Marcos. La verdad es que este Evangelista, Marcos, es el que nos está acompañando durante todo este año 2000, porque hay que saber que cada año, en los domingos, la Iglesia nos manda como compañero de camino a un evangelista.

Eso quiere decir que durante todo este año 2000 estamos oyendo, sobre todo, a Marcos; el año entrante, escucharemos a Lucas, y en el año 2002, si Dios lo permite, a Mateo. Luego, vuelve a empezar el ciclo, en realidad, el ciclo empieza por Mateo.

Cada año los domingos tienen un evangelista. Esto es lo que se llama un "Ciclo." Este es el Ciclo de Marcos que se llama el Ciclo B; el año entrante es el de Lucas, el Ciclo C; y el siguiente, vuelve a ser Mateo, Ciclo A.

Como el de Marcos es un evangelio relativamente más corto que los otros, porque tiene apenas dieciséis capítulos, mientras que los otros tienen veinticuatro o veintiocho, entonces, en una parte del Ciclo de Marcos, introducimos un paréntesis, que es el que acabamos de terminar el domingo pasado: un paréntesis en el que hemos escuchado una parte de San Juan.

Ustedes, tal vez, se preguntarán: "¿En qué otro momento escuchamos el evangelio de Juan, que es tan hermoso? Porque los tres Ciclos que he mencionado se refieren a los tres primeros evangelios: Ciclo A: Mateo, Ciclo B: Marcos, Ciclo C: Lucas.

Respuesta: el evangelio de Juan lo escuchamos: un pedacito, en el Ciclo B, como acaba de pasarnos a nosotros; y una parte importante la oímos en la Pascua. Durante la Pascua oímos mucho del evangelio de San Juan, especialmente de todos esos discursos que este Evangelista presenta como conversación de Cristo después de la Última Cena.

Yo sé que todas estas explicaciones pueden parecer un poquito técnicas, o pueden parecer una clase de liturgia, pero es que con ustedes no nos vemos mucho, nos encontramos por aquí los domingos, y sé que este espacio tiene que servir también como de catequesis, hay que ser realistas, con el objetivo no de cansar ni de confundir a nadie, sino con el objetivo de que usted sepa, cuando entre a la iglesia, en qué plan estamos, qué lectura es la que vamos haciendo.

Ahora, por ejemplo, nos encontramos en el capítulo séptimo de San Marcos. Y vamos a seguir oyendo este evangelio, ¿hasta cuándo? Hasta que termine el año litúrgico. El Año Litúrgico termina con la gran fiesta de Cristo Rey que tendrá lugar hacia el último domingo de noviembre. O sea que nos quedan estos meses para oír a Marcos, oír a un evangelista que nos presenta un enfoque particular sobre Cristo.

Los evangelios no nos dan biografías de Cristo, como se escribe, por ejemplo, una biografía de Napoleón Bonaparte o de Simón Bolivar.

Los Evangelios son testimonios, miradas llenas de fe y de amor de gente que descubrió el amor de Dios hecho presente.

En la hoja donde están las lecturas, usted ha podido seguir la Primera Lectura que dice: "Llega vuestro Dios, viene en Persona" Isaías 35,4. Esta realidad, "Dios en Persona," es lo que hemos descubierto en Jesucristo y es un acontecimiento tan grande, que cada persona que lo realiza, o mejor, que lo contempla, da un testimonio particular.

De tantos testimonios que hay sobre Cristo, la Iglesia Católica tiene cuatro testimonios que son, por decirlo así, normativos.

Esos cuatro testimonios son precisamente los cuatro evengelios; cada uno de ellos es un testimonio, una manera de contar que Dios vino en persona, que es verdad que El vino a salvarnos, que nos amó y con su amor nos sanó; que nos amó y con su amor nos liberó. Nos salvó. No sólo la alegría hizo posible el perdón.

Este año, entonces, todos somos discípulos del testimonio de San Marcos: estamos oyendo a San Marcos.

Yo quiero decir una palabra sobre cuáles son las características de este testimonio. Porque uno de los males por los que la gente no aprovecha la Misa, y se aburre en Misa es porque siente que siempre le están repitiendo las mismas historias.

Yo creo que un papel que tiene el predicador en la Misa es ayudar para que todos descubramos cuéles son las particularidades que tiene este enfoque, porque cuando descubrimos esas particularidades, es como si estuviéramos sacando tesoros de una Mina Inagotable que se llama la Palabra de Dios.

Lo que tiene que hacer un predicador, pienso yo, es más o menos lo que hace un mesero en un restaurante: el mesero va hasta donde usted se encuentra y le presenta el menú, y le dice: para hoy tenemos esto, y esto, y esto, y usted le pregunta: "Bueno, "¿y en qué consiste este plato?" Y el mesero le responde: "Mire, este plato es carne, preparada de tal manera; está muy buena y le va a gustar mucho".

Eso es lo que tiene que hacer un predicador: el alimento no es mío, el alimento me lo da la Iglesia, y tiene su fuente en Dios; yo soy como un mesero, y lo que a mí me toca es ír al corazón suyo, acercarme a través de ejemplos, y a través del amor pastoral que Cristo infunde en mí, acercarme donde usted y decirle: "Mire, para hoy tenemos a San Marcos, capítulo 7; está muy bueno, está nutritivo, está sabroso, apetitoso; le va a hacer mucho bien".

"Tenga en cuenta que el evangelio de hoy tiene estas características; no se vaya a perder nuestro recomendado del día; alimentese bien, y vaya bien alimentado para su casa porque lo espera una semana que, tal vez, va a ser dura".

El evangelio de San Marcos, ¿qué características tiene? No voy a hacer toda la clase de Teología aquí, aunque me encanta la Teología, además, tengo el gusto de ayudar en la formación de mis hermanos frailes y, realmente, disfruto la Teología.

Marcos es un evangelio que, sobre todo, nos presenta a Cristo en acción. Mateo, en cambio, nos presenta a Cristo sobre todo, como Maestro. En el evangelio de Mateo es en donde hay más discursos de Jesús.

Podemos decir que Mateo era un gran alumno, sin llegar a ser un "nerd"; un buen alumno, le gustaba aprender, y él tuvo una mirada sobre todo de discípulo, como el que toma muchos apuntes. El evangelio de Mateo tiene muchos discursos. El evangelio de Lucas, en cambio, es como una exploración en los sentimientos de Cristo.

Estuve en Roma esta Semana Santa, les cuento, y en la Basílica patriarcal, de las mayores de Roma, que se llama Basílica de Santa María la Mayor. Estaban confesando cantidad de gente y en muchos días regalaban a la puerta un librito; ese librito contenía el evangelio de Lucas y algunos salmos, ¿por qué? Porque en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, se confiesa muchísima gente.

Nosotros, los dominicos, somos los confesores oficiales de esa Basílica, y allá regalaban el evangelio de San Lucas, que es el que trae la parábola del hijo pródigo.

Lucas es un hombre sensible a la misericordia, a la ternura, a la mansedumbre de Cristo; ese es Lucas. Lucas se pasea por el corazón de Jesucristo. Mateo, se deleita con los discursos de Cristo; a Marcos, le encanta ver a Cristo en acción: sanando gente, expulsando demonios, haciendo milagros, transformando las vidas; ese es Marcos.

Y el evangelio que hemos leído, por ejemplo, en este domingo, nos presenta así a Cristo: en acción. No es un Cristo que explique muchas cosas, es un Cristo que obra y que, con sus actos, pone a la gente a pensar, como Mateo, y a sentir, como Lucas, y a contemplar, como Juan.

Los actos de Jesús en elevangelio de Marcos son raros. Hoy, por ejemplo, hizo algo que a nosotros nos causa extrañeza y, ¿por qué no decirlo? Asco: le metió los dedos en los oídos al sordomudo; tocó, con su dedo ensalivado, la lengua de este pobre que no podía hablar bien.

Jesús obra, se acerca, se implica, transforma la vida, se mete con nosotros: ese es el mensaje de Marcos en todo su evangelio y,especialmente en el evangelio de hoy. ¿Y qué produce eso en la gente?. Una sensación de limpieza, de amor, de libertad, de alegría. Dios se metió conmigo, Dios no me tuvo asco.

Pero, a nosotros, eso que hizo Jesús con la saliva nos produce cierta repulsión; pero ese pobre hombre excluido, aislado del mundo; ese hombre que recibió la caricia de Cristo; ese hombre lo que sintió fue: Dios no me tiene asco, Dios se mete conmigo, toca mi enfermedad y mi miseria, y me sana.

Dios es bueno, y eso es lo que la gente decía: "Todo lo hace bien" San Marcos 7,37. ¡Qué maravilla Jesucristo!

Marcos quiere que nosotros sintamos que Jesucristo es una maravilla, y que Cristo, que fue capaz de tocar con su dedo la lengua del enfermo, Cristo puede llegar a tocar tu cuerpo enfermo, tu alma desecha, tu historia rota; Cristo puede llegar hasta a tocarte, a abrazarte, es un Cristo en acción.

Quedémonos con esa imagen. Alegrémonos porque la Iglesia, fíjate cómo, cada domingo nos alimenta; cada domingo nos nutre; cada domingo hace que nos vayamos a nuestras casas saciados del Pan del Cielo, el mismo Pan que comemos en la Eucaristía.

Si te parece muy raro que Cristo tocara con su dedo la lengua de este enfermo, que no te parezca raro que el Cuerpo de Cristo toque tu mano, tu boca o tu lengua, cuando vayas a comulgar.

Cristo no tiene asco de ti; Cristo, con su Carne Santísima, con su Alma Purísima, llega a ti y te transforma, te ama.

Dichoso el que comulgue de Cristo y pueda dar testimonio de este amor.

Amén.