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Fecha: 19970907

Título: Hace oir los sordos y hablar a los mudos

Original en audio: 14 min. 3 seg.


El Evangelista Marcos nos presenta un milagro de Jesús. Milagros semejantes logra la medicina, logra la terapia de lenguaje; el resultado en un caso como este, o en otros, tal vez se puede conseguir por otros medios, pero lo interesante en este evangelio no es solamente el resultado sino, precisamente, el modo.

¿Qué fue lo que hizo Cristo? ¿Y qué enseñanza sale de ahí? Porque, efectivamente, en los milagros de Cristo hay que considerar dos cosas. primero, que brotan de un corazón que se compadece de la miseria: a la miseria nuestra, le corresponde la misericordia de Jesús; y esa misericordia logra una obra buena, una obra de amor en favor del desvalido y del pobre.

Este es un aspecto: que se hace un bien a alguien, pero repito: ese bien a veces se podría conseguir por otros medios, por ejemplo, en la multiplicación de los panes, hay un milagro, pero el hecho mismo de darle pan a cinco mil o más personas, se puede conseguir por otros medios.

Entonces, el primer aspecto a considerar en los milagros del Señor es que brotan de su corazón misericordioso y le hacen bien a personas necesitadas.

Pero el segundo aspecto es quizá el más importante y el más interesante. Y es que en cada milagro Cristo nos está contando algo, nos está revelando algo: de quién y de cómo es Dios.

No nos dicen los Evangelios que Cristo haya puesto, por ejemplo, una central de sanación, una especie de Centro Médico, dividido con sus distintos departamentos: departamento psiquiátrico, departamento de bacteriología, departamento de órganos de los sentidos. Cristo no tenía una especie de gran clínica para que a allá llegaran todas las personas.

Había muchos ciegos y Él no los sanó a todos, eso hay que decirlo abiertamente; había muchos leprosos y Él no los sanó a todos; y había también muchos pecadores y, por lo menos, en su ministerio público, no tenemos testimonio de que haya decretado absoluciones generales para toda Palestina, o cosa parecida.

Esto quiere decir que cada milagro y cada obra de Cristo, no sólo es un bien para una persona, sino una enseñanza para todos los que sabemos de esa maravilla, de esa obra de amor.

Es lo que sucede especialmente, como lo destaca algún predicador, con ese milagro de la aparición al Apóstol Tomás, al Apóstol incrédulo. Sanando la incredulidad de un solo hombre, de Tomás, ayudó a la fe no sólo de ese hombre, sino a todos los que escuchamos esa predicación.

Y lo mismo se puede decir del perdón que le concedió al Apóstol Pedro: Pedro negó a Jesús, le dió miedo y negó al Señor. Jesús mira a Pedro, suscita en él el arrepentimiento, y luego lo conduce, amorosamente, a la plena reconciliación. Lo reestablece en su dignidad y, de nuevo, le encomienda el rebaño.

Ese perdón concedido a un solo hombre: a Pedro, se convierte en un bien para todos nosotros porque, ¿quién de nosotros no ha negado al Señor alguna vez? ¿Y quién de nosotros no es, quizá, el cobarde que teme mostrar su fe?

Muchas veces y en muchos casos, como que la lucecita de la fe a duras penas alcanza para que el corazoncito de uno no esté en tinieblas, a duras penas; pero tener vigor para llevar a otros a la fe, pocas veces lo tenemos, muy pocas veces.

Y esa pobreza nuestra es más grande que cualquier ceguera, que cualquier mudez y que cualquier lepra. Y esto es lo que sana Cristo con el testimonio de sus milagros.

Pues bien, con el milagro que ha hecho el Señor es evidente la obra de amor por este pobre tartamudo, pero en lo que significa ese milagro, tenemos muchísimo para meditar, y muchísimo más para recibir nosotros.

El Evangelista San Marcos sitúa geográficamente el milagro: "Volvía Jesús de la región de Tiro" San Marcos 7,31. Esto queda al norte de Palestina.


Geográficamente, las regiones son estas: hacia el sur: Judea con su capital Jerusalén; un poquito más al norte, Samaría y, más al norte de Samaría, Galilea; y más al norte de Galilea, está la región que va a dar a la zona que habitaron los fenicios: Tiro y Sidón.

Una región de confusa fe, una región de multiplicación y confusión de credos, porque es una región que que todavía conservaba algunas huellas de la fe de Israel, pero mezclada con todos los cultos, especialmente a Baal y a una diosa llamada Astarté. Estos cultos estaban allá revueltos.

O sea que este milagro es un milagro hecho en la confusión. El enfermito este, era un tartamudo: no podía entender las palabras y, consiguientemente, tampoco podía hablar.

Quienes conocen de terapia de lenguaje, nos podrán explicar mejor; y los fonoaudiólogos nos podrán explicar mejor lo que sucede aquí. Efectivamente, cuando una persona tiene grandes dificultades de audición, pues tiene también graves dificultades en el habla. Esto era lo que sucedía aquí.

Pero lo interesante es que, la situación geográfica, la situación religiosa y la situación de salud de este hombre, guardan paralelo.

Miremos: geográficamente, se encuentra entre Galilea y Fenicia, es decir, una región con lo más enrevesado de credos, religiones, cultos, mejor dicho, se parece a Bogotá en donde, el uno me saca una piedra, y el otro la esencia de un extraña flor, y el otro me ofrece una vela para que me vaya mejor.

Entonces, en esta región, donde cada uno ofrece una cosa, y donde cada quien tiene su religión, hay una confusión geográfica, hay una confusión religiosa y hay una confusión en la palabra.

Esa triple confusión la va recorriendo Jesucristo: viene de Tiro y de Sidón, y avanza hacia Galilea, y se encuentra con este hombre. Aquí viene lo interesante: le presentan un sordo y tartamudo, y le piden que le imponga las manos.

Es la gente la que inicia la obra de misericordia. Este es como el aspecto positivo, podríamos decir, de la Comunidad de la Iglesia: la Comunidad es la que lleva a los enfermos hasta Cristo, hasta ahí, maravilloso.

Pero, mira lo que sigue: Jesús lo apartó de la gente, y aquí está la parte, diríamos, negativa de la Comunidad: la gente nos puede llevar hacia Cristo, pero la gente, también, nos puede confundir. Por eso todo cristiano necesita, en algún momento, salirse de la muchedumbre y estarse a solas con Jesús.

Si no nos retiramos alguna vez en la vida a pensar qué es lo que creemos y quiénes somos, permaneceremos con Tiro, Sidón, Fenicia, Astarté, Baal, Yhavé, Samaría y muchísimos nombres más en la cabeza.

Necesitamos retirarnos y acercanos a Jesucristo para que El sane confusiones, porque muchos de nosotros tenemos, en lugar de cerebro, una especie de "mute", y en esa sopa de ideas, de credos y de cosas, ahí, más o menos, nos movilizamos.

Entonces, de acuerdo con el contexto, con el diálogo y con la conversación, vamos repondiendo: Cuando nos conviene ser católicos, nos casamos por la Iglesia, pero cuando nos conviene ser Nueva Era, o ser escépticos, gnósticos o lo que sea, nos metemos con todo.

Nosotros somos también gente tartamuda a la que la cogieron desprevenidamente y le dijeron: ¿usted qué es lo que cree?

Uno empezaría a decir: "Eh....eh... eh...., hum..., hum..., hum...., sí..., o sea...." ¡Tartamudo! somos tartamudos: no sabemos hablar, no sabemos decir nuestra fe.

Solución: hay que apartarse un momento de la gente. Aunque la gente nos pueda ayudar en el encuentro con Jesús, hay momentos en que hay que apartarse de la gente.

"A solas con él, le metió los dedos en los oídos, con su saliva le tocó la lengua" San Marcos 7,33.

Jesús une su humanidad hasta límites que nos fastidian aquí en Occidente. Jesús une su humanidad a la humanidad de este hombre.

En la comprensión de que Jesús es tan humano como yo, y desde luego, tan divino como el Padre, en esa comprensión encuentro la sanación de mi tartamudez.

Dice hermosamente San agustín: "Buscaba afanosamente camino a la verdad y no lo encontré hasta que me abracé al mediador de Dios y los hombres: Cristo Jesús".

Jesús "suspira" San Marcos 7,34. Ese aliento de Jesús es como un anuncio del Espíritu Santo. Esa obra del Espíritu le da una nueva respiración a la persona que, al fin, logra sanar su confusión y, entonces, escucha claramente la palabra de Dios.

Al que tiene los oídos tapados todo le suena más o menos semejante. Una persona que está enferma de los oídos lo que oye son murmullos de muy bajos decibeles que no le dejan percibir las palabras claramente. Para el sordo no existen idiomas ni existen discursos, existen, si a caso, vibraciones que no logra entender.

Por fin, logra escuchar la palabra de Dios este hombre y, simultáneamente, se le desata la lengua. Porque cuando se acaba la confusión, ya uno sabe que no es lo mismo ser cualquier cosa.

Señores, se ha acabado el "mute": ya no hay revuelto en la cabeza. Ya, poco a poco, las ideas se van decantando y la persona puede decir en qué cree.

Hay que decir una palabra sobre lo último: Jesús les manda que no se lo digan a nadie. Aquí se queda uno como un poco extrañado: ¿por qué Jesús le manda eso? Era un milagro bonito, valía la pena contarlo, sin embrago Jesús quería, y no le hicieron caso, que el milagro fuera interiorizado.

Acuérdate que dijimos que había tres confusiones:confusión geográfica,confusión religiosa y, confusión fisiológica, porque no podía hablar: era un tartamudo.

Este hombre, cuando se va sanando de su confusión fisiológica, es decir, cuando ya no tartamudea, cuando ya puede hablar, ya cree que está resuelto todo.

Se parece a tantos cristianos que reciben bendiciones de Dios, por ejemplo, en un congreso de sanación: yo he visto milagros de esos. Que no crea, el que no quiera creer, pero yo he visto esos milagros.

Usted va a un congreso de sanación y se sanan las personas, eso ha sucedido. Y la persona se sana, pero le hace falta tener en cuenta lo que dice aquí Cristo: primero, interioriza lo tuyo. No se trata solamente que te hayas curado de una enfermedad; se trata de sanarte de tu confusión espiritual. El sordomudo no le hizo caso a Jesús, lamentablemente.

Pero, Bueno, la gente se puso muy contenta, y le dijo a Cristo un piropo, un elogio muy hermoso:"todo lo ha hecho bien" San Marcos 7,37, en griego se dice: Kalós, panta pepóieken La gente, entusiasmada, siente amor por Ese que ha venido a sanarlos.

Bueno, que cada quien saque su propia enseñanza. El que tenga confusiones ya sabe lo que puede hacer para mejorar sus ideas. Y que todos alabemos la piedad de Cristo.

Amén.