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Fecha: 20000903

Título: Cristo nos invita a mirar hacia el interior, hacia la propia conciencia

Original en audio: 17 min. 42 seg.


Los fariseos creían que estaban dándole gloria a Dios, porque eran muy escrupulosos en la guarda de las prácticas externas. Cristo, como acabamos de escuchar, invita a mirar hacia el interior; a mirar hacia el corazón; a mirar hacia las intenciones; a mirar, podríamos decir, hacia la propia conciencia.

Tratemos de reflexionar un poco en lo que nos está diciendo Jesucristo, y tratemos de aplicarlo en nuestra propia vida. Quiero compartir con ustedes cuatro aplicaciones de este texto a nuestra situación actual:

Primera: en algunos de nosotros los problemas económicos, políticos; los problemas de orden público, y moral; nos llevan a decir frases insensatas. "Insensatas" Las llamo, si las comparo con lo que dice Cristo aquí en La Palabra, porque nosotros creemos que la vida se hace invivible de acuerdo con las circunstancias; y, Jesús nos dice que el verdadero valor de la vida no está en las circunstancias en las que uno vive, sino en lo que uno hace con esas circunstancias.

Uno no puede cambiar muchas circunstancias. Por lo menos, no podemos cambiarnos de siglo; no podemos saltar al siglo XXIII, ni podemos devolvernos al siglo XVII. Añorar épocas doradas, o soñar con paraísos que todavía no existen, y desear que alguien nos sacara como por los cabellos, y nos llevara a esos tiempos es cosa inútil, ilusoria, estéril.

No podemos cambiar muchas circunstancias, pero sí podemos cambiar lo que nosotros hacemos con esas circunstancias; y desde el punto de vista meramente humano, como sobre todo, desde el punto de vista de la fe; la historia nos cuenta abundantes testimonios sobre cómo unas personas que fueron mucho más grandes que sus circunstancia, dejaron al mundo mucho mejor que como lo encontraron.

Nosotros podemos escoger. Esta es la primera aplicación de La Palabra que les propongo. Podemos escoger, si queremos ser del coro de los que se lamentan, lloran, maldicen, y explican toda su mediocridad, desde la mediocridad exterior; o, si somos de esa otra raza en la cual está Jesucristo, en la cual están los santos, y en la cual hay muchos grandes hombres según la historia civil, y científica.

Si somos de esos otros hombres que más allá de las circunstancias, dieron una orientación nueva. El futuro no está hecho. El futuro lo harán algunas personas. Y, tú puedes escoger ser de las personas que le dan un rostro nuevo al futuro, o ser una de esas personas que como dice La Biblia en el libro Eclesiástico: “pasó como si no hubiera existido”

De manera que es muy práctica. Es aplicable La Palabra de Dios. ¿Qué quieres ser tú? ¿Quieres ser una víctima más de las circunstancias, o quieres tomar esto, y desde ahí, desde la fuerza que hay en tu interior, vivir de otra manera? Esta es la primera aplicación que propongo con esta lectura.

Segunda: cuando Cristo nos invita a mirar hacia el interior, hacia el corazón; también nos invita a mirar a las intenciones de las personas. Mi experiencia como sacerdote, y como consejero, algunas veces de jóvenes, de parejas, de familias, de religiosos; es que la mayor parte de la violencia en la familia, en las comunidades, en las ciudades, en los países; nace de no atender las intenciones que tuvieron las personas, ni siquiera las conocemos, y sin embargo las juzgamos.

Y, la cosa empieza en la familia. Un comentario desafortunado puede dañar la paz dentro de la pareja. Un comentario desafortunado puede hacer que lo que se quiso con muy buena intención, se convierta en una discusión. En una pelea. En una guerra.

Por favor, entendamos que es muy fácil equivocarse a la hora de juzgar a las otras personas, muchas veces, cuando pensamos que la otra persona es un gran orgulloso; tal vez, lo que le está sucediendo es algo distinto.

Tal vez, está preocupado. Tal vez, está triste. Tal vez, es tímido; pero nosotros al juzgar a la persona como orgullosa, y al condenarla rompemos la posibilidad de conocerla. Cuando Cristo nos invita a mirar hacia el interior, nos invita a dejar siempre un margen de error en nuestras opiniones.

Y ese margen de error es la diferencia entre un divorcio desastroso, y una familia feliz; porque, cuando se deja ese margen de error, entonces, yo me atrevo a acercarme a la otra persona. Es lo que los psicólogos consejeros de familia llaman “lenguaje asertivo.

Es muy distinto decirle a la otra persona: “¿tu por qué siempre estás contra mí? A decirle: “cuando me hablaste de esta manera, yo sentí que me estabas interpretando mal” La clave está en que aprendamos a mostrarle a las otras personas, sobre todo en el núcleo familiar, ¿cuáles eran nuestras intenciones?

Porque la gente, en general, no tiene la capacidad de adivinarnos, o sea que, esta segunda aplicación se refiere tanto al juicio que nosotros hacemos de los demás, como lo que nosotros tenemos que hacer para que los otros no se equivoquen al juzgarnos.

Si expresamos más claramente nuestras intenciones; de una manera reposada, y objetiva, podemos frenar mucha violencia antes de que empiece. Es una segunda aplicación de nuestra lectura.

Tercera aplicación: Jesucristo trata a estos fariseos de hipócritas. Hipócrita es el que aparenta lo que no es, y por eso también podemos interpretar esta lectura como un llamado profundo a ser auténticos.

Y de nuevo, yo quisiera que esta aplicación pueda dirigir, o ser entendida en el ámbito de la familia. Si pretendemos que los niños no mientan, pero cuando llama alguien por teléfono, le decimos al niño: “diga que no estoy” Estamos enseñando a mentir, y somos hipócritas.

Si queremos luchar contra los vicios, por ejemplo contra la droga, y vivimos en medio del alcoholismo, pues estamos diciendo en el fondo este mensaje: “si quieres ser feliz, ¡fúgate! ¡Huye!" Y no es raro escuchar entre jóvenes drogadictos la expresión: “mi papá, o mi mamá, o mi familia, es familia de alcohólicos. Las adicciones se engendran, y se repiten las unas a las otras.

Ser auténtico, vencer la hipocresía, significa ser “transparente”, como nos gusta decir hoy. Séneca, un filosofo no cristiano, un estoico, tiene una cantidad de expresiones que sin embargo, son muy próximas a la moral cristiana. Una de esas expresiones era: “yo vivo como en público. No tengo nada que ocultar. Soy el mismo en todas partes”

Realmente, necesitamos un baño de transparencia en todas nuestras instituciones, en las relaciones de afecto, en las relaciones entre padres e hijos. Necesitamos un baño de autenticidad. Ser lo que aparecemos, y aparecer como somos. Esta es una tercera aplicación de la lectura que nos ha presentado en Evangelio de hoy.

Y la cuarta, y última aplicación proviene de aquello que dice Cristo “Del corazón nace…” Y empieza a contarnos un catálogo de pecados: “robos, adulterios, asesinatos, envidias, soberbia que nacen del corazón” Si todo eso nace del corazón, entonces, hay que seguir el consejo que da uno de los libros sapienciales: “guarda el corazón, cuida el corazón”

Hay que educar el corazón también. Cuando uno habla con jóvenes parejas que ya tienen niños pequeñitos; un tema obligado es el asunto del colegio, de la educación, dónde y cómo quieren educar los hijos.

Como nuestra comunidad es tan cercana al quehacer educativo; yo le pongo mucho cuidado a los criterios con que las parejas eligen el futuro para sus hijos. El niño tiene que estar en un colegio de calendario B, es obvio, debe ser un colegio bilingüe, que tenga énfasis en sistemas; una buena preparación en matemáticas. Grandes resultados en el ICFES, y que le deje como lanzado a un futuro, entendido como éxito profesional.

¿Son malas estas cosas? Yo creo que no. Saber otra lengua, especialmente en nuestro caso, pues es obvio, saber inglés; tener buena preparación en sistemas, en matemáticas. Eso es importantísimo. Pero, lo que me duele, y lo que me aterra es que los criterios emocionales, y morales; espirituales, afectivos, lo que tiene que ver con la solidaridad; lo que tiene que ver con la misericordia, ni siquiera les pasa por la cabeza.

Se mira cuánto inglés aprenden. Qué relaciones comerciales tienen. Qué clase de gente está en ese colegio, para ver si van a tener buenos contactos, ¡será! Empresariales. Se miran otras cosas, pero muchas veces, esta parte la del corazón no se piensa.

Yo creo que un papá que le esté buscando colegio al niño, tiene que hacerse con responsabilidad, y a conciencia esta pregunta: ¿en este colegio, o en este club, o en esta barrita de amigos, o en lo que sea, qué van hacer con el corazón de mi niña? ¿Qué van hacer con el corazón de mi niño? ¿Qué van hacer con ese corazón?

No tiene que ser el único criterio. Todo es importante: el inglés, computadores, las matemáticas, la tecnología, los resultados del ICFES, pero ¿cómo vamos a descuidar lo que es más importante?

Yo recomendaría a las parejas que están buscando colegios, o a los que piensan cambiar de colegio, que hablaran con los alumnos de los últimos grados. Una experiencia que me permite advertirles, a menudo no es muy feliz.

Si usted va a matricular a su hijo en un colegio, antes de ilusionarse y deslumbrarse con el ICFES, y con la inteligencia y los súper laboratorios, y súper computadores, el altísimo nivel de idiomas; antes de todo eso, yo le invito a que usted en un descanso, en un recreo, hable con los muchachos de grado décimo, de grado undécimo.

Con toda seguridad, su muchacho, y su niña van a ser uno de ellos en unos pocos años. ¿Qué corazón tienen esos muchachos? ¿Qué conversaciones tienen? ¿Pasan los exámenes? Así, dice Cristo, en ese corazón conciben los propósitos de la inmoralidad sexual, de los robos, de los asesinatos, de los adulterios, de las maldades, de los engaños, de los desenfrenos, de la envidia, del orgullo.

¿Cómo forman los corazones aquí? ¿Qué hacen con los afectos, y con los valores aquí? Es una pregunta que podemos sacar como aplicación de esta lectura.

Dios infunde en nosotros Espíritu Santo, y especialmente, a los que son papás, y a los que somos educadores, nos dé luz abundante, porque es demasiado lo que está en juego.


Amén.