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Fecha: 20030824

Tìtulo: "Que la mujer sea docil al marido como al Senor", quiere decir que el marido, en su casa, debe ser como Jesucristo

Original en audio: 18 min. 48 seg.


Queridos Hermanos:

Con las lecturas de la Santa Misa en el domingo, pasa como con las comidas, especialmente en el almuerzo, que tiene sopa y seco, tiene dos platos distintos; y hay almuerzos en donde uno entiende bien la sopa, pero no entiende qué es lo que querían hacer con el seco.

Y otras veces es al contrario, todo lo que Dios nos da es de mucho alimento, pero a veces entiende uno mejor una cosa y a veces entiende mejor otra.

En los domingos, el plato principal está formado por una pareja, que es la primera lectura con el evangelio, si ustedes miran las lecturas de los domingos, entenderá que hay siempre hay una relación muy cercana entre la primera lectura y el evangelio.

En el domingo de hoy, por ejemplo, encontramos a Josué que confronta a los jefes, a los dirigentes del pueblo de Israel y les dice, mire: "Elijan a quién van a servir, si van a servir a los dioses antiguos de Mesopotamia, sin van a servir a los dioses nuevos que ahora se encuentran aquí en esta tierra, los dioses de los amorreos, los heveos, los jebuceos, los filisteos o si van a servir al Señor. Mi familia y yo vamos a servir al Señor” Josué 24,15.

Eso fue lo que dijo Josué, es decir, Josué confrontó a la gente.

Otro Josué, es decir nuestro Señor Jesucristo, también confrontó a los discípulos, porque cuando Jesús empezó a hablar que Él era el pan de vida, eso no es tan fácil de creer, ni de entender, ni de vivir, eso que hemos tenido hoy, de llenarnos de amor, arrobarnos de amor ante Jesucristo Eucaristía, eso es un regalo muy lindo; pero eso no lo tiene todo el mundo.

Lamentablemente, hay personas que dicen creer en Cristo, y seguramente dicen creer en Cristo, pero no les alcanza la cuerda para creer en la Eucaristía y se apartan de ese misterio, como les pasa a la mayoría de los protestantes.

Y por eso dicen: "No, pues este pan es un signo, no se atreven a decir que es Jesús, no se atreven a decir: “Tenemos que adorarle”, ahí no les llega la cuerda, hasta allá no alcanza.

Quiere decir que por eso muchos discípulos se fueron y Jesús entonces confronta a la gente, confronta a los suyos y les dice: “¿Ustedes también quieren irse?" San Juan 6,67, y entonces San Pedro le dice: "Nosotros sabemos que tú eres el Santo de Dios" San Juan 6,69.

Qué bonito, esto es como un momento de confrontación y es más interesante todavía, porque el nombre de Josué, lo mismo que el nombre de Jesús, se dicen exactamente con el mismo nombre en arameo o en hebreo, “Joshua”. De manera que un Joshua, que nosotros traducimos por Josué, confronta a la gente, eso en la primera lectura.

Y otro Joshua, Joshua de Nazaret, Jesús Nuestro Señor, confronta a la gente en el evangelio; este es el plato principal de hoy que está jugoso, sustancioso, vea, está muy saludable.

Qué bonito tomar esa escena de Josué y enviarnos mentalmente hasta esa escena y preguntarnos nosotros si estamos sirviendo a los ídolos antiguos, si estamos sirviendo a los dioses nuevos, o si verdaderamente estamos pegados al Señor que nos ha liberado del poder del faraón.

O aplicarnos el evangelio, mirar a Jesucristo y poder decirle lo que le dijo Pedro: "¿A quién vamos a ir? Si tú tienes palaras de vida eterna” San Juan 6,68, ¡qué hermoso repetir esas frases y enseñarlas en la casa y compartirlas con gusto con nuestros amigos!

Ese es el plato principal; pero a veces ese plato principal es tan grande, es tan abundante, que a uno ya no le cabe el otro plato; vamos a suponer que el plato principal es el seco y entonces uno como que deja la sopa porque el seco se ve tan apetitoso y tan grande.

Yo voy a intentar decir unas palabras sobre la sopa, es decir, sobre el otro platico, es decir, sobre la otra lecturita que queda ahí tan escondidita, como que nadie le pone cuidado, pobrecita, chiquita esta lectura.

Puedo apostar que casi nadie hoy predicó sobre esta lectura en las parroquias, seguramente lo que más se predicó fue lo de Josué y lo de: "Tú tienes palabras de vida eterna" San Juan 6,68, que es bellísimo, pero acuérdese que eso era solamente un plato.

Vamos a darle una miradita a la sopa, vamos a darle una miradita a la segunda lectura, es una carta de Pablo a los Efesios, allá es donde Pablo dice esas palabras que les gustan tanto a los señores, dice san Pablo: "Las mujeres deben ser dóciles a sus maridos" Carta a los Efesios 5,22.

Ah, ese es el momento en que los señores se acomodan y dicen: "¿Si oyó, mija?" Ahí es cuando se sienten ellos: "¡Que cosa tan bien escrita! Palabra de Dios", eso son felices.

Yo pensé que aquí iban a pasar esta lectura para que la hiciera un hombre, para que ustedes vean, porque me parece que la dama leyó muy bien, pero dijo con timidez: "Palabra de Dios"; pero si lo hubiera dicho un hombre, hubiera dicho: "¡Palabra de Dios!", se hubiera sentido feliz.

Pero yo quiero decir una palabra sobre esta Palabra de Dios; porque es muy hermoso lo que dice San Pablo; dice: "Las mujeres deben ser dóciles a sus maridos como al Señor" Carta a los Efesios 5,22.

La gente cree que esa palabra es para las mujeres, y no, señor, esa palabra es para los maridos.

Figúrese usted por allá hubo un señor que le quiso dar trastorno, tranquilo, tranquilo, esto es sobretodo para los maridos, esta palabra de este otro plato, vamos a decir que es la sopa, esta palabra es sobre todo para los maridos, esto que estamos leyendo aquí.

Vamos a analizar la frase que dice Pablo: "Que la mujer sea dócil al marido como al Señor" Carta a los Efesios 5,22, ahora vamos a suponer que un hombre casado reflexiona sobre este texto: "Que mi mujer sea dócil a mi como al Señor, como es dócil al Señor, al Señor Jesucristo, al Señor Dios, que mi mujer sea dócil a mí como es dócil a Jesucristo".

Pero ustedes recuerdan que Jesús dijo en el evangelio: "Nadie puede servir a dos señores" San Mateo 6,24; pero luego, si la mujer va a ser dócil al marido como es dócil al Señor, y nadie puede servir a dos señores, el que está sobrando es el marido, es decir, me explico, esperen, no se pongan nerviosos, (allá aplauden las mujeres).

Póngale cuidado, es que es bien interesante, es que San Pablo sabía lo que decía, y por ahí resultan unas monjas liberadas, dizque teólogas: "Es que san Pablo era machista", vieja, cállese”, San Pablo machista todo lo contrario.

Fíjese, repetimos, es claro en la Biblia que hay un solo Señor, y dice san Pablo: “Que la mujer sea dócil al marido como al Señor” Carta a los Efesios 5,22; pero la mujer no puede tener dos señores, ¿qué quiere decir? Que el marido tiene que aprender a ser presencia y expresión de la voluntad de Jesucristo en la casa, el marido tiene que ser Cristo en la casa.

Porque si una es la voluntad del Señor Dios y otra es la voluntad del marido, ese marido está sometiendo a la esposa a que obedezca dos voluntades en contradicción, y eso nunca lo puede querer Dios.

Por eso, esta lectura, lo que les esta diciendo a las mujeres, -porque en realidad a las mujeres no les está diciendo nada nuevo-, lo que les esta diciendo a las mujeres es que vivan en su matrimonio, que vivan en el hogar su fe.

Lo grave viene es para los maridos, por eso digo, porque al marido, imagínese lo que le toca ser, porque el pobre marido, que en todo es digno de compasión, le toca ser Jesús en la casa, ser la presencia de Jesucristo en la casa, ser la expresión del Señor en la casa, eso es lo que tiene que ser.

Por eso dice aquí: “Como el marido es cabeza de su mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia” Carta a los Efesios 5,23. Entonces, si tu quieres ser cabeza, si tu eres marido y quieres ser cabeza, descubre, por favor, qué clase de cabeza tienes que ser: tienes que ser cabeza como Cristo, y por eso lo que hizo Cristo por la Iglesia, eso tienes que ser tú en la casa.

Ahora dime si este es un texto machista, esto es la cosa más terrible para un hombre casado, ustedes noten a la salida cómo salen los hombres con la mano en el pecho, esto es terrible para un hombre casado, imagínese lo que le está diciendo San Pablo “como Cristo amó, salvó, se entregó a la Iglesia” Carta a los Efesios 5,25.

Eso le toca a usted, hermanito, lo que usted ve que Cristo hace por la Iglesia, eso es lo que tiene que hacer usted en la casa.

De manera que la Biblia nunca pone como iguales al hombre y la mujer, en el sentido como pudiera darse en una empresa, en la que un socio tiene una opinión y en la que el otro socio tiene otra opinión, no; la Biblia afirma la autoridad del varón, pero le dice al varón: "Tienes que ser como Jesucristo, tienes que liderar como Jesucristo, tienes que tener la autoridad de Jesucristo".

Entonces, en la casa, el que tiene que tener la autoridad es el varón, eso no lo pongamos en duda, porque la Biblia es clara, es el hombre el que tiene que tener la autoridad, pero no el autoritarismo, tiene que tener la autoridad, como la tuvo Jesucristo.

Cuando uno entiende este texto así, uno descubre que no solo no es un texto machista, sino que es un texto que libera profundamente de ataduras, tanto al hombre como a la mujer.

Es un texto hermosísimo, que nos está mostrando cuál ha de ser el orden en la casa. En la casa no es que tiene la autoridad el que más grite, ni tiene la autoridad el que gane más plata, ni tiene la autoridad el es más agresivo en la casa; ha de tener autoridad este hombre que se asemeja a Jesucristo, es él, el que se convierte en expresión de Jesucristo.

Por eso, hoy hago un llamado cordial y amoroso a todos los hombres casados, especialmente los que se encuentran hoy aquí, hago un llamado a que redescubran su hermosa vocación cristiana: ustedes son Jesucristo en la casa, ustedes son eso, y por eso el hombre tiene que ir primero, primero en todo.

Por ejemplo, es una desfiguración del hogar eso del hombre criando barriga, mientras la mujer cría a los hijos, el cría la barriga.

Y llega el domingo, y este barrigón, claro que yo no tengo autoridad moral, llega el domingo, y este barrigón manda a la mujer y manda a los hijos para la Misa: "–Vayan ustedes, vayan; yo estoy aquí mirando el televisor, o leyendo el periódico o lo que sea". ¡No, señor! Tú eres el señor en la casa, eres el primero que tienes que dar el ritmo.

Si nosotros leemos en el Antiguo Testamento, el lugar de oración por excelencia es el hogar, y el lugar para hacer la oración, que es el hogar, tiene que ser presidido por el hombre, es el hombre el primero que llama a oración a los hijos, es el hombre el que llama a oración a la esposa, es el hombre el que se interesa por la salvación de la esposa.

Esa es la gran revolución que trae esta poquita de sopa que les quería compartir, eso es lo que trae, que es el hombre el que tiene que hacer eso. ¿Y cuándo eso no se hace? Porque alguien podría decir: "Pues, ah, bueno, ¿pero entonces?" Pues que lo haga la mujer, eso da más o menos lo mismo.

No, para la Biblia no es lo mismo el hombre y la mujer como redimidos por Jesucristo y como habitación del Espíritu, amén, perfecto, pero por algo Dios nos hizo distintos.

¿Qué pasa cuando el hombre no asume su liderazgo? ¿Qué pasa cuando eso no sucede? Que somete a la mujer, a la esposa, a una tortura horrible; porque los hijos, especialmente los hijos varones, cuando ya crecen y alcanzan doce o trece años, y a veces antes, entonces ya sacan una conclusión: "Yo quiero ser como mi papá, yo no me someto a la autoridad de mi mamá", y ahí se destruye el criterio de educación y de formación religiosa y moral en el hogar.

El hombre tiene que ir delante preocupado de todo, amoroso con todos, un hombre casado, que amorosamente asume esta palabra, es un espejo muy hermoso de la vida de Jesús.

¡Qué lindo es ver un hombre que tiene esa conciencia de su vocación, que siente que su familia es su pequeña barca y la va guiando, no con autoritarismo ni con violencia, sino con amor, con ejemplo y con testimonio, y va llevando a cada uno.

Cuando se encuentra un hombre así, la esposa de ese hombre se siente feliz. Es feo para una mujer sentir el autoritarismo de un hombre; pero no es feo sino muy hermoso para la mujer, sentir que tiene al lado un hombre de autoridad.

¡Qué horrible para una mujer sentir que el hombre que tiene al lado no la respalda en las cosas que ella necesita para la educación de los hijos! ¡Qué alegría para una mujer cuando siente que su esposo es el primero en dar la nota segura del criterio moral de la educación de todos en la casa!

Para felicidad de las esposas y para la santidad de los esposos, miren qué mensaje tan lindo nos ha regalado San Pablo hoy.

Como estoy seguro que muchos de los que están aquí aman su vocación de papás y de esposos, y como estoy seguro que muchos, que tal vez no estaban tan convencidos, hoy van a salir convencidos, demos un aplauso al Señor.