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Fecha: 20030817

Título: A Cristo le dimos carne mortal, y Cristo nos entrega la Carne que comunica vida eterna

Original en audio: 8 min. 35 seg.


Hermanos:

Cada uno de los Evangelios tiene una particularidad. El Evangelio de Juan, por ejemplo, presenta una cosa muy interesante, y es que nunca, o casi nunca, las preguntas que le hacen a Cristo, Él las responde.

Es algo interesante; siempre queda como en suspenso la pregunta. Por poner el caso, hoy le cuestionan: "¿Cómo puede Éste darnos a comer su Carne?" San Juan 6,52. Y en realidad, pues, Cristo no da una respuesta.

"¿Cómo puede Él darnos a comer su Carne?" San Juan 6,52. Esa pregunta se puede mirar de dos maneras.

Se puede mirar como una pregunta de incredulidad. En ese momento, esos judíos interpelan con incredulidad. "¿Cómo puede Éste darnos a comer su Carne?" San Juan 6,52. Preguntan como diciendo: "¡Eso es imposible!"

Pero, también se puede mirar con admiración: "¿Cómo puede Éste llegar a tanto? ¿Cómo ha inventado un camino? ¿Cómo nos ha regalado una manera para darnos a comer su Carne?"

La pregunta puede ser dicha con incredulidad, como afirmando: "Es imposible que nos dé a comer su Carne". O, la pregunta puede ser dicha con admiración, como afirmando: "Él nos da su Carne. ¡Qué maravilla! ¿Cómo pudo hacerlo?"

Y es muy bonito, porque nosotros vamos a tomar esta pregunta que ellos dijeron con incredulidad, y la vamos a decir con admiración: "¡Qué maravilla que Él haya encontrado un camino para darnos su Carne!" Ese es el primer punto de meditación que les dejo.

Cuando estemos ante el Sagrario en la Iglesia, cuando miremos la fracción del Pan en la Eucaristía, cuando nos acerquemos a comulgar, miremos esa Hostia y digamos: "¿Cómo llegó a tanto? ¿Cómo puede darnos su Carne? ¿Cómo puede amarme tanto?" Punto número uno

Ahora vamos al punto número dos. Este punto lo tomamos de una reflexión de Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás dice: "Todo lo que Cristo recibió de nosotros cuando llegó al mundo, todo lo entregó por nosotros cuando salió del mundo".

El Evangelio de Juan expresa en el capítulo dieciséis en palabras de Cristo: "Salí del Padre y vine al mundo. Ahora, dejo el mundo y voy al Padre" San Juan 16,28.

El Evangelio de Juan nos presenta la Encarnación como la llegada del Verbo de Dios desde el seno del Padre, y la glorificación como la salida de Cristo de este mundo hacia la gloria del Padre.

Pero, todo lo que Cristo recibió de nosotros cuando llegó al mundo, todo lo entregó con amor por nosotros cuando salió del mundo. ¡Esto es muy bello! Todo lo que Cristo aceptó por mí, todo lo entregó por mi salvación. Entonces, Cristo, al llegar a este mundo, recibió nuestra carne. Por eso, hablamos del misterio de la Encarnación.

Cristo recibió nuestra carne; Cristo se encarnó: "El Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria" San Juan 1,14. Cristo aceptó nuestra carne. ¿Para qué? Para entregarla por nosotros. ¡Eso es muy lindo! ¡Eso es muy hermoso!

Cristo entrega por mí lo que aceptó por mí. De manera que Cristo en la Eucaristía, nos está entregando todo lo que recibió de nosotros. Pero, lo que nosotros le dimos a Él, fue nuestra debilidad, y lo que Él nos da en la Eucaristía, es su fortaleza.

Lo que nosotros le entregamos a Él, fue nuestra mortalidad, y lo que Él nos entrega a nosotros, es la inmortalidad. La carne que nosotros le dimos a Él, es carne que sirvió de instrumento para el pecado. La Carne Santísima que Él nos da en la Eucaristía, es instrumento de santidad.

Nosotros le entregamos a Él toda nuestra fragilidad. Él nos entrega a nosotros toda la fuerza, todo el poder, toda la vida. Como han dicho tantos predicadores: "Nosotros le dimos a Él la muerte; Él nos dio su vida". ¡Segundo punto de meditación!

El primer punto de meditación, acuérdate: "¿Cómo puede Éste darnos su Carne?" San Juan 6,52. "¡Cuánto me ama!" Hoy, cuando comulgues, di eso en tu corazón cuando mires la Hostia: "¿Cómo pudo Él llegar a tanto?"

Segundo punto, lo que hemos dicho: "Lo que recibió de mí, lo entregó por mí, pero lo entregó mejorado. Yo le di carne mortal; Él me da la Carne que comunica vida eterna".

El tercer y último punto de meditación hoy: ¡Qué tal esa frase de Cristo! "Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida" San Juan 6,55.

¡A ver! Si uno mira el texto griego de este capítulo sexto de San Juan, ve que hay otra traducción posible, que suena muy significativa en español: "Mi Carne es la comida de verdad; mi Sangre es la bebida de verdad" San Juan 6,55.

¿Qué quiere decir eso? Quiere decir, que es la comida que verdaderamente alimenta, es el alimento que verdaderamente alimenta. No es un juego de palabras. ¡Alimento que verdaderamente alimenta!

Porque, los demás alimentos, -no nos cansaremos de decirlo-, no comunican vida; aplazan la muerte. Las papas fritas, el juguito, el sandwich, el tamal, los frijolitos, aplazan la muerte.

¡Aplazan la muerte! ¡No comunican la vida! Detienen la muerte; no traen la vida. La única Carne, el único Pan que trae la vida, es el Alimento que verdaderamente alimenta, es el Pan de verdad, es Jesucristo.

¡Qué bueno encontrarnos con Cristo! ¡Qué bueno comer ese Alimento que verdaderamente alimenta! Cristo no viene a nosotros para aplazarnos la muerte, sino para acercarnos la vida. ¡Posee la vida! ¡Comunica la vida!

Es impresionante, -termino con esta sencilla historia-, para uno como sacerdote atender a las personas cuando ya están llegando a la hora de la muerte, cuando están agonizando.

Normalmente, uno lleva la Eucaristía, que en ese instante recibe el nombre de viático, porque es para el viaje. El enfermito puede comulgar si uno lleva la Eucaristía. Y es impresionante, hermanos, ver con cuánta hambre, con cuánta luz, con cuánta fe y esperanza, tantos moribundos comulgan.

¡Qué lindo comulgar y sentir!: "Ahora que me comí a Cristo, hay algo en mí que no va a morir". ¡Eso tienes que sentir tú! "Ahora que comí a Cristo, hay algo en mí que nunca va a morir".