Bo18001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19970803

Título: El trabajo apropiado para conseguir el pan vivo, es el trabajo de la fe.

Original en audio: 8 min. 35 seg.


Después de la multiplicación de los panes con que se sació la multitud, la Iglesia nos invita a acompañar a Jesucristo y a sus discípulos en esta escena, en este diálogo que hemos escuchado en el Santo Evangelio. Se nos ha hablado de trabajo y de panes; se nos ha hablado de la tierra y del Cielo; se nos ha hablado de Moisés y de Cristo.

Y con la bondad de Dios y el auxilio del Espíritu Santo hemos de descubrir cómo cada una de estas palabras y términos se relacionan. Pan de la tierra y pan del Cielo, pan que calma el hambre por un momento y pan que da la vida para siempre. Moisés que calma el hambre de Israel y Jesús que sacia el hambre de todo ser humano.

Vida abundante para el mundo, ya no para una multitud sino para todo aquel que crea. Nos ayude entonces el Espíritu de Dios porque aquél que tenga hambre de este pan quedará saciado, y aquél que trabaje en lo que Dios quiere encontrará su alimento.

Lo primero que hay que decir es la diferencia que hay entre el trabajo que agota la vida para aplacar la muerte; ese es el trabajo con el que ganamos el pan de cada día. Es un trabajo que cansa la vida, que la agota, aunque también en cierto sentido la realiza; cada uno se realiza a sí mismo en lo que va trabajando, pero por otra parte el pan que logra es sólo un pan que aplaza la muerte.

Creo que se podría utilizar esta expresión: “El pan que ganamos con el esfuerzo de nuestras manos no es un pan vivo, no es un pan que tenga vida sino es un pan que aplaza la muerte”. El pan, en cambio, que nos da Jesucristo no es un pan que detenga la muerte, que aplace la muerte sino que trae la vida. Y por consiguiente, el trabajo apropiado para conseguir ese pan que es vivo y que da vida no es el trabajo de nuestras manos sino el trabajo de la fe.

Le preguntan estos judíos a Cristo: “¿En qué tenemos que trabajar para hacer lo que Dios quiere?” San Juan 6,28, Y la respuesta de Cristo es: “Pues el trabajo es creer” San Juan 6,29, ese es todo el trabajo. Al trabajo que agota le corresponde el pan que aplaza la muerte, y al trabajo de creer le corresponde el pan que da la vida.

Jesucristo establece un profundo contraste entre ambos tipos de pan. Porque si uno sólo trabajó para aplazar la muerte, perdió, perdió el pan, perdió el trabajo y perdió la vida.

De modo que la pregunta existencial que en cierto modo subyace a este texto es: ¿qué de lo que usted hace tiene vida, tiene vida eterna? ¿Usted está trabajando para tener vida o para no tener muerte? ¿Usted está aplazando la muerte o usted está viviendo la vida? ¿Hay vida dentro de usted o simplemente hay un aplazamiento del absurdo, del sinsentido, de la disolución, de la noche, de la muerte?

Si solamente hemos trabajado por el pan que aplaza la muerte, terminarán nuestros días y con ellos terminarán nuestros panes y nuestros esfuerzos y todo habrá acabado. La invitación de Cristo es a tener una vida que no acabe, es a tener una vida que no se extinga, y por eso necesitamos una luz, una gracia, un alimento distinto del alimento que sólo aplaza la muerte. Y ese es el alimento que nos da Jesucristo y que es Él mismo.

Los alimentos que nosotros comemos son alimentos muertos. Primero matamos las cosas y entonces sí las podemos comer. Cortamos la corriente de la vida separando a la fruta del árbol. Cortamos la corriente de la vida sacrificando a un cordero, a una vaca, a un marrano o a lo que sea. Cortamos la corriente de la vida y comemos algo muerto.

Los vegetarianos cuando hacen propaganda a su régimen alimenticio dicen: “yo no como cadáver”, esa es una propaganda muy gráfica, porque efectivamente, uno come cadáver de pollo, cadáver de pescado, cadáver de res. Pero si uno piensa mejor las cosas, también el vegetariano ha tenido que cortar la corriente de la vida. También él ha tenido que separar de su lugar vital la planta, la hoja, la flor, el fruto o lo que sea para poder comérselo.

Nosotros separamos de la corriente de la vida a una fruta, a un animalito para comerlo. De manera que el vegetariano también corta la corriente de la vida. El problema no es si comer vegetales o comer animales, el problema es que nosotros para alimentar nuestra vida cortamos otras vidas. Y esta es la diferencia preciosa que tiene Cristo. A las cosas nosotros les arrancamos vida, arrancamos del árbol la fruta para hacerla nuestra, arrancamos la vida de una animal para poderlo comer.

En cambio a Cristo nadie le quita la vida, Él la da, esta es la gran diferencia. A Cristo no se le arrebata la vida, Él la regala. Podemos decir, y esto es muy hermoso, podemos decir que esa fruta, flor, hoja, ese fruto precioso que es Cristo, nunca se arrancó de Dios Padre. Yo tengo que arrancar la naranja del árbol para comérmela, pero Cristo no fue arrancado de Dios Padre, y por eso, al comerme al Cristo, no le quito la vida a Cristo, sino recibo la vida que Él me da.

Porque Cristo jamás se desprendió del Padre, cuando yo me alimento de Jesucristo, recibo de Él no un vaso de vida, sino un manantial, una corriente, un río de vida. Y al que tiene un río de vida en su corazón, no experimenta la muerte.

Vamos entonces a acercarnos a las fuentes mismas de la vida. Ya en los alimentos de esta tierra Dios nos había dado una señal de su generosidad, pero desbordó todos nuestros cálculos, y ante nuestros ojos asombrados y nuestro corazón agradecido, Él mismo se convierte en alimento. Sin separarse Cristo del Padre nos comunica de su mismo amor, de su misma ternura, de su misma gracia, de su misma vida.

Feliz el que se alimenta de este pan que atraviesa la muerte, Feliz el que se alimenta de este pan porque tendrá vida en su nombre para la eternidad.