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Normalmente el Evangelio para los domingos durante el año que nos encontramos es tomado de San Marcos. Marcos es el evangelista que caracteriza a este que se llama el ciclo B; así como el ciclo A tiene como autor a San Mateo y el C a San Lucas. Pero hay excepciones, sucede que el Evangelio de Marcos es más corto que los de Mateo y Lucas, Estos tres se conocen como Evangelios Sinópticos. Marcos tiene 16 capítulos, mientras que Mateo tiene 28 y Lucas tiene 24, eso hace que los años en que leemos a San Marcos se lea todo el Evangelio, pero al ser más corto hay algunos domingos en los que se leen textos del Evangelio de San Juan. Este es el caso en el domingo en que nos encontramos.

Hoy es el caso milagro de la multiplicación de los panes, uno de los milagros más reconocidos de Nuestro Señor Jesucristo, de hecho es casi el único milagro que aparece en los cuatro evangelios. No es entonces extraño que muchas personas tiendan a interpretar de una manera deficiente este milagro, quizás tratando de hacerlo un poco más digerible, un poco más fácil de aceptar para nuestra mentalidad actual que suele ser bastante racionalista y cientificista.

Para la mentalidad cientificista, para la mentalidad que considera que la única vía de conocimiento es la ciencia, los milagros en general son cosas imposibles, siempre tiene que haber algún engaño o tiene que haber algún símbolo, es decir algo que se interpreta de manera acelerada; pero el cientificismo no admite milagros, para el cientificismo solo exite sólo el conocimiento serio y que por supuesto es el de la ciencia de ahí en adelante todo lo demás sería magia.

Pues bien, el testimonio que nos dan los Evangelios, no solo en este caso, sino en muchos otros nos presenta a Jesús como verdadero Señor sobre la creación; como muy bien decía el Papa Benedicto: si negamos el hecho de que puede haber milagros sobre la materia real y concreta, sobre las cosas materiales, si Dios no tuviera, por así decirlo, derecho a interrumpir, cambiar, superar las leyes de la naturaleza, entonces Dios más bien parecería estar sometido a esas leyes y entonces serían estas leyes tendrían el poder sobre Dios; por el contrario lo que nos enseñan los Evangelios y lo que aprendemos del testimonio y de las obras de los santos, es que efectivamente sí que hay obras prodigiosas de Dios, sí es verdad que suceden.

Aquellos que intentan dar una explicación puramente racionalista, puramente en términos morales, por ejemplo de este milagro de la multiplicación de los panes , diciendo que fue algo así como una corriente de solidaridad, una especie de compartir contagioso que se fue volviendo la norma, que se fue volviendo común en aquella multitud; los que intentan hacer ese tipo de interpretaciones, no sólo niegan el el texto que nos ha entregado el Espíritu Santo, sino que se encuentran en graves dificultades porque luego van a tener que explicarnos todos los demás milagros, entonces cuando Cristo caminó sobre las aguas, era que había una serie de piedras y Cristo hábilmente ponía sus pies sobre las piedras, eso es lo que nos quieren decir. Cuando Cristo curó al leproso lo que sucede es que él únicamente lo que tenía era una especie de sucio sobre la piel y Cristo se lo quitó, ¡por favor no le le robemos la gloria a Jesucristo!, grande es es el Señor, grandes son sus obras, lo mostró el testimonio de los evangelistas y lo han mostrado los santos que ciertamente han hecho de parte de Dios, con el poder de Dios cosas sencillas e inexplicables. No le quitemos la gloria de Dios, bendita sea la multiplicación de los panes, bendita la curación del leproso, bendito el caminar Cristo sobre el agua; benditas cada una de las señales que Él nos da para que reconozcamos que sólo Él es el Señor, Señor de poder, de sabiduría y de todo amor.