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Fecha: 20000730

Tìtulo: En la Pascua de Cristo se sella una nueva Alianza

Original en audio: 22 min. 31 seg.


En el rito romano actual, los domingos de cada año tienen su propia serie de evangelios, por ejemplo, nosotros estamos en el ciclo B, el año entrante será el ciclo C, el año pasado era el ciclo A, esos son los tres ciclos del domingo.

Cada ciclo tiene los textos tomados de uno de los evangelistas, el ciclo A de Mateo, el ciclo B de Marcos y el ciclo C de Lucas. Como el evangelio de Marcos es más corto, tiene como una especie de paréntesis en el que nosotros escuchamos al evangelio según San Juan, una parte del evangelio de Juan.

Estamos en el ciclo B, de Marcos, precisamente; y hoy, que este es el domingo numero 17 del tiempo ordinario, hemos empezado como ese paréntesis del evangelio de Juan; porque claro, si los Evangelistas son cuatro y los ciclos son tres, entonces hay uno que está por fuera, el que está por fuera es Juan, ¿y cuándo se escucha Juan? Juan se escucha todos los años, especialmente durante la época de la Pascua.

El tiempo de la Pascua está lleno de evangelios de San Juan, textos del evangelio tomados de Juan, y el evangelio de Juan también se escucha en los domingos ordinarios durante el ciclo B.

Nosotros, en este domingo numero 17, hemos empezado esta lectura de Juan que nos ocupará varios domingos, ¿hasta cuando? Pues vamos a mirarlo aquí, aquí aparece hasta cuando está el evangelio, realmente se trata del capítulo sexto de Juan, es decir, desde el domingo 17, hoy, hasta el domingo veinte, es decir, cuatro domingos nosotros tomamos las lecturas de San Juan.

Bueno, esta es la explicación de por qué aparece este evangelio. A mí me gusta hacer estos comentarios, incluso durante el tiempo de la homilía, que no sé si sería lo más apropiado, porque creo que es muy importante; sobre todo, cuando tenemos la práctica frecuente y amorosa a la Santa Misa, pues que nos ubiquemos en las lecturas y que sepamos, por decirlo de alguna manera, sepamos de donde venimos y para donde vamos.

Esto quiere decir, que los textos del evangelio que vamos a escuchar en los próximos tres domingos son todos del capítulo sexto del evangelio de Juan, y el tema central de este capítulo sexto es la multiplicación de los panes, por eso está este evangelio.

Otra cosa que hay que saber, para saber aprovechar con más provecho estas lecturas, es que normalmente, a lo largo del año, el evangelio es el que da la tónica principal; y de acuerdo con ese evangelio, entonces se ha buscado, sobre todo en textos del Antiguo Testamento, pasajes como paralelos.

Por ejemplo, aquí se trata de la multiplicación de los panes realizada por Jesucristo, y la primera lectura, pues, es otra multiplicación de los panes realizada en este otro caso por mandato o por la intercesión o por la disposición del profeta Eliseo.

Dicho sea entre paréntesis, Eliseo es el gran profeta taumaturgo del Antiguo Testamento, taumaturgo significa el que realiza milagros, y realmente los milagros de Eliseo son múltiples y sorprendentes, la vida de Eliseo está llena está colmada de milagros.

Como tendremos ocasión de reflexionar sobre que significa esa multiplicación de panes, que fue mucho más que calmarle el hambre a la gente. Fue una señal, una verdadera señal que dio Cristo, y así la llama Juan, "señal" San Juan 6,14.

Como ya habrá ocasión de hablar específicamente sobre eso en los próximos domingos, yo hoy solo quiero hacer un comentario que me surge de la comparación entre los milagros de Eliseo, de milagros que el evangelista Juan nos cuenta como realizados por Cristo.

Porque es que en efecto, si nosotros repasamos ese segundo libro de los Reyes, el comienzo de este libro de los Reyes y el final libro del primer libro de los Reyes, si nosotros repasamos, ahí están los milagros más espectaculares que nos podamos imaginar, Eliseo realizó milagros sorprendentes, eso incluye resurrección de muertos, incluye la transformación de cosas en la naturaleza, esta multiplicación de panes.

Realmente, Eliseo fue un hombre, podríamos decir, un carismático con todas las letras, un hombre como poseído por el Espíritu de Dios.

Eliseo fue discípulo de otro profeta de nombre parecido, Elías, pero si hacemos la cuenta, por lo menos numéricamente, Eliseo realizó más milagros que Elías. O sea que yo casi quiero hablar más de este aspecto milagroso o taumatúrgico de Eliseo, casi hablar más de eso que otra cosa, casi es lo que puedo decir, con las lecturas de hoy.

Es que una vez, subido a un taxi, la señora que conducía el vehículo vio mi atuendo de sacerdote católico, y me dijo con mucho orgullo que ella pertenecía a un grupo cristiano, a un grupo pentecostal y entonces soltó esta frase: “Yo creo que Dios está ahí donde se transforman las cosas y las personas se llenan de milagros, ahí es donde está Dios; y yo donde he visto milagros, es en este grupo en el que me encuentro”.

Me parece que la memoria o la inteligencia, la perspicacia no me dio en ese momento para haberle respondido con caridad y gentileza, pero con claridad, lo que hubiera podido y debido decirle: "Bueno, ¿pero usted no nota que hay muchísimos milagros en el Antiguo Testamento? Eliseo realizó tantos milagros, tantos.

Una vez, a uno de sus colaboradores se le cayó un hacha, entonces, Eliseo hizo que el hacha flotara, o sea que la gente que vive en medio del asombro tendría que volverse eliseana, no tiene necesidad de volverse cristiana, porque el cristianismo no cuenta a veces tantos milagros, aunque ha habido santos que han realizado muchos milagros.

Pero Eliseo es un profeta sorprendente, es un profeta asombroso en la cantidad de milagros y hoy se nos cuenta uno de los milagros, multiplicó panes.

O sea que la pregunta que nos interesa es: ¿cuál es la diferencia? El parecido es clarísimo, ¿pero cuál es la diferencia entre el milagro de Cristo y el milagro de Eliseo? A mí me parece que casi todo, -sé que es osado-, pero casi todo lo que se dice que hizo Cristo parece que ya lo hizo Eliseo en el Antiguo Testamento; curar enfermos, transformar las cosas de la naturaleza, multiplicar panes, parece que ya lo hizo prácticamente todo.

¿Cuál es la diferencia entre los milagros de Eliseo y los milagros de Jesucristo? ¿En dónde está la diferencia? Esto es muy importante saberlo, porque si no lo sabemos, entones el día que aparezca un grupo que haga más milagros, allá nos tendrán.

¿Son los puros milagros, es la estadística de milagros la que uno tiene que revisar para saber a que grupo se adhiere? ¿El que haga los milagros más grandes o más numerosos ése es el que tiene la prueba de Dios? ¿O hay algo nuevo o hay algo distinto?

El tema es apasionante, porque la hora fundamental de nuestra salvación, la hora de la cruz no tuvo como muchos milagros. Pues a la muerte de Cristo sucedieron cosas extraordinarias, nos dice el evangelio “que se oscureció el sol, se quebraron las piedras, pero no fue tiempo de muchos milagros, nuestra salvación no está marcada por algo así extraordinario y milagroso, fuera del milagro del amor.

Es decir, yo lo que quiero que percibamos es que los milagros son bonitos; pero los milagros son secundarios, los milagros son instrumentos que pueden apuntar, que pueden ayudar, que pueden acercar y en ese sentido Jesús, con sus milagros, hizo señales que condujeron y que conducen hacia la maravilla del Reino de Dios.

Pero el Reino mismo no depende de los milagros ni de cosas extraordinarias; porque la cruz, repito, salvo lo extraordinario del amor, pues no tiene muchos milagros.

Un hombre destrozado, un hombre flagelado, un hombre humillado, que finalmente se muere bajo el peso, podríamos decir de la tortura, bajo el peso del padecimiento al que se le ha sometido, eso no tiene, perdón por lo que voy a decir, pero eso, hasta cierto sentido, no tiene nada de extraordinario.

Cualquier persona que la destrocen así físicamente también se muere, y sin embargo, en eso que aparentemente carece de milagros, en eso, está el centro de nuestra vida.

¿Cual es la diferencia entre Eliseo y Jesús? ¿Por qué nosotros somos cristianos y no somos eliseanos? ¿Por qué nosotros ponemos nuestra fe en la salvación que trajo Cristo cuando no hizo milagros? Porque es que los milagros abandonaron a Cristo, por así decirlo, cuando llegó el final de su vida, o sea que los milagros no son el centro.

La gente corre y seguirá corriendo detrás de los milagros y los milagros pueden ayudar y a nosotros también nos ayudan en ciertas circunstancias; pero la fe es algo distinto, la fe es algo maravilloso, la fe es algo que no depende de esas cosas.

¿Entonces de que depende la fe? Si la fe no depende de esos milagros y otros pueden hacer incluso otros milagros, tanto que Jesús dice en el evangelio de Juan: “El que cree en mí, hará señales como los que yo hago y aún mayores” San Juan 14,12, y no quiere decir que si otra persona hace señales mayores como las que hizo Cristo, entonces tenemos que pasarnos a la fe en esa persona, ¡Dios nos libre!

Y de hecho así ha sucedido, hay milagros realizados por santos que superan a los milagros realizados por Cristo, cosas extrañas que han sucedido a los santos, milagros que superan a lo que le pasó a Cristo, un ejemplo de eso, diga usted de los santos que han vivido sin comer nada distinto de la Eucaristía, y muchos de ellos han vivido mucho más de cuarenta días que parece que Nuestro Señor estuvo en ayuno.

Pero es que la vida cristiana no es una competencia ascética, la vida cristiana no es que haga cosas más extraordinarias, más extrañas, más asombrosas. Jesús realiza milagros, sí, pero estos milagros de Jesús tienen un sentido diferente, no se trata del puro asombro y ni que Jesús está en competencia, ni antes ni después de nadie con sus milagros; es algo diferente.

Eso diferente es lo que intentamos encontrar a lo largo del texto que hemos leído. ¿Qué sacó en conclusión la gente? "Éste es el profeta que tenía que venir al mundo" San Juan 6,14. Querían hacerlo rey, rey-profeta, y no cabe duda, que de acuerdo con los estudiosos, que hay además un vínculo entre esta multiplicación de los panes y la Pascua.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Bueno, que es lo nuevo que trae Cristo aparte del milagro, porque los milagros los ha hecho mucha gente, ¿qué es lo nuevo que trae Cristo? Lo nuevo es que estas señales cobran todo su sentido, todo su significado a la luz de un acontecimiento único, posterior, soberano, centralismo que se llama la Pascua.

Lo nuevo de los milagros de Cristo es que son milagros de cara a la Pascua, en el centro del sacrificio de Cristo, de la vida de Cristo, la muerte de Cristo, está esta palabra, la Pascua.

Si la gente está diciendo que "este es el profeta que tenía que venir al mundo" San Juan 6,14, y está diciendo que lo quieren por rey, esto significa que estas personas han ido mas allá en algún sentido, han ido mas allá de esa señal y presienten que en El hay como una respuesta definitiva, hay un algo que trasciende a llenarse de pan.

El milagro de Cristo va mas allá del llenarse de pan, el milagro de Cristo apunta hacia una realidad, esa realidad trascendente, esa realidad última. Es que ahí hay un pan que es Él mismo, y ese pan es el que alimenta, ese es el alimento que verdaderamente alimenta, el que sacia completamente al ser humano.

Es decir, que el milagro de Cristo son señales de una victoria definitiva, mientras que los milagros de estos profetas no son señales de una victoria definitiva.

Se murió Eliseo, maravillosos sus milagros, espectaculares sus predicaciones; pero esa no es la victoria definitiva. Lo nuevo que traen los milagros de Cristo, es que son señales de una victoria definitiva.

Si Cristo limpia al leproso, eso puede que lo haya hecho otra gente; pero Cristo lo realiza no sólo como una misericordia para el leproso, sino como una señal de que Él puede limpiar toda suciedad que hay del ser humano.

De modo que la enfermedad curada es al mismo tiempo la señal de algo más profundo que es la limpieza integral, total y definitiva. Los milagros de Cristo apuntan hacia lo total, hacia lo definitivo; los milagros de los profetas, siendo maravillosos en sí mismos, incluso comparados materialmente iguales o superiores a los de Cristo, no tienen esa connotación, esa dirección, esa significación que va hasta lo total y hasta lo definitivo.

Lo nuevo que trae Jesucristo es lo total y lo definitivo, es lo mismo que sucede con su ofrenda, esta es la Sangre de la Alianza nueva y eterna, la Alianza perfecta, la Alianza total y definitiva.

Siguiente pregunta: ¿por qué Jesús trae esa señal de lo total y definitivo? ¿Por qué? ¿Por qué sabemos eso? Porque todo lo puede esperar el ser humano de su unión con Dios, es decir, en la Alianza nueva lo puedo esperar todo y para siempre de Dios, o sea que los milagros de Cristo apuntan a eso nuevo que vino a realizarse por su Pascua, lo total y lo definitivo de una Alianza inquebrantable.

Nos falta un puntico para completar el razonamiento: ¿Y por qué esta Alianza es total y definitiva? Porque es la Alianza en la que Dios derrama su Espíritu Santo. Cuando el Espíritu de Dios obra en mí, la Alianza es total y definitiva, ¿por qué? Porque entonces Dios en mí me hace fiel, lo que no tenía la Alianza de Moisés.

La Alianza de Moisés me proponía verdades deseables, razonables; pero no me daba los recursos, no me daba la fuerza, de manera que era la fidelidad de Dios de un lado y la fidelidad mía del otro lado, en cambio, cuando viene el Espíritu Santo a mí, es la fidelidad de Dios de un lado y la fidelidad de Dios otra vez del otro lado, esa Alianza no puede fallar.

Ahora es Dios es el que es fiel en sí mismo y el que es fiel en los que acogen su Alianza; es Dios mismo el que preserva la Alianza, y por eso la Alianza sellada con la Sangre, la Alianza sellada con la Pascua de Cristo, es una Alianza que no puede fallar; porque es la Alianza en el Espíritu, es la Alianza en la que Dios ha derramado su Espíritu.

¿Por qué sólo se derrama el Espíritu Santo con la Pascua de Cristo? Porque sólo la Pascua de Cristo restablece la justicia entre las relaciones entre Dios y el hombre y, por consiguiente, Dios puede así perdonar en justicia al hombre y comunicarle de su propia vida, es decir, darle el Espíritu, por eso la clave está en la Pascua de Cristo.

Lo que tenemos hasta aquí es que los milagros, mirados materialmente, no nos llevan muy lejos, más bien no pueden desorientar, porque ya vemos que hay profetas que hicieron grandes y espectaculares y numerosos milagros; y en otras religiones pueden suceder cosas extrañísimas e incluso gente que no está en plena comunión, hasta donde nosotros sabemos, con Dios, pueden verse deslumbrada por los milagros y decir, como la señora taxista, "me voy para allá".

Los milagros en su materialidad no son la respuesta, pero los milagros tienen una capacidad significativa, que en el caso de los profetas no va mucho mas allá de la obra realizada; en cambio, en el caso de Cristo apunta hacia lo total y definitivo a través de su propia Pascua.

Este pensamiento lo expresa Santo Tomás de Aquino diciendo que lo nuevo del Nuevo Testamento es el don del Espíritu Santo, lo nuevo del Nuevo Testamento no es la elocuencia de la predicación o de los predicadores, no son nuevas penitencias, no son nuevas disposiciones legales, no son nuevos ritos, no son nuevos textos, no son nuevos milagros, lo nuevo del Nuevo Testamento es que ahora se difunde, se derrama el Espíritu de Dios que completa una Alianza que no puede fallar.

Es hermosísimo, a eso vamos a llegar por allá en otros domingos, cuando Jesús diga eso de que "el espíritu es el que da vida; la carne no sirve de nada" San Juan 6,63.

No es maniqueísmo, no es desprecio a la materia, es la conciencia de que sólo cuando se derrama el Espíritu de Dios, cuando el Espíritu completa la Alianza del lado mío, sólo en ese momento es posible la unión real con Dios, y sólo en ese momento alcanzo lo total y lo definitivo, el alimento total y definitivo, el perdón total y definitivo, la salud total y definitiva, la vida total y definitiva.

Esto es lo nuevo que me trae mi Señor Jesucristo, con su sacrificio Pascual quita el obstáculo que es el pecado y abre el camino para el derramamiento del Espíritu y con ese don del Espíritu se completa una Alianza.

Los milagros apenas sugieren esto, apenas entreabren esa puerta; pero si uno, movido por el Espíritu Santo entra por esa puertecita, lo que se encuentra es una maravilla, Dios quiere hacer Alianza completa, perfecta total conmigo.

Sigamos esta celebración, sabiendo que esa Alianza tiene su expresión y realización privilegiada precisamente sobre el altar. Lo total y lo definitivo saluda a nuestro tiempo tan pasajero, tan contingente; nuestro tiempo frágil, nuestro tiempo tan pasajero se ve visitado por El Eterno, precisamente aquí, en la Eucaristía.

Continuemos, pues, esta celebración, y al acoger a Cristo con su Cuerpo y con su Sangre en nuestra boca y en nuestro corazón, alabémosle en el espíritu, alabémosle con todo nuestro corazón, porque ahí tenemos prenda de algo que nunca, nunca va a acabar.