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De Wiki de FrayNelson
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En las lecturas de hoy encontramos la resistencia que muchas veces el pueblo de Dios tuvo hacía el Señor, en estas circunstancias también nos vemos reflejados nosotros. El capítulo segundo del profeta Ezequiel nos provee con la primera lectura y lo que Dios le anuncia a este profeta es que el pueblo al que es enviado, es rebelde, así lo llama de hecho: “Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo –porque son un pueblo rebelde–sabrán que hay un profeta en medio de ellos” (Ez 2,5).

En Evangelio tomado del capítulo sexto de San Marcos, encontramos nuevamente la resistencia del pueblo, esta vez se trata de la gente de Nazaret; son resistentes porque creen que conocen a Cristo, ha vivido entre ellos, los parientes de Jesús, los que la Biblia a veces llama “sus hermanos y sus hermanas” (cf. Mc 6,3), han estado en medio de ese pueblo de Nazaret y por eso los nazarenos no creen posible que alguien que han visto crecer, que ha estado en medio de ellos ahora venga a enseñarles con una sabiduría celestial y venga a sanarlos con un poder que viene de lo alto; así que también hay resistencia al amor y al poder de Dios.

Por supuesto tenemos que preguntarnos: ¿cuál es la fuente de esta resistencia?, ¿por qué nos sucede a nosotros?; eso significa que los que estamos perdiendo somos nosotros. ¿De dónde viene esta resistencia?; hay un texto de San Pablo que puede iluminarnos, dice Pablo: “si alguna vez conocimos a Cristo,según la carne ya no”(cf. 2Co 5,16); una de las maneras de entender este pasaje es dándonos cuenta que a veces queremos medir a Dios con nuestra medida, es decir lo que yo pueda entender, eso es lo que me parece verdadero; lo que yo pueda necesitar, esas son las puertas que yo abro; lo que yo pueda querer eso es lo que estoy dispuesto a hacer por Dios. Esto es lo que significa medir a Dios con nuestra medida con lo que sabemos, entendemos, queremos y podemos. Una vez que descubrimos ´que ahí está la fuente de resistencia, entendemos también dónde puede estar la fuente de nuestra conversión, porque si medimos a Dios con lo que nosotros queremos, seguramente nos estamos perdiendo de lo que Él pueda querer de nosotros; si medimos a Dios con lo que nosotros estamos dispuestos a hacer, quiere decir que seguramente nos vamos a quedar por fuera de su plan; si medimos a Dios con lo que nosotros necesitamos, quiere decir que nos ponemos por fuera de su plan de sus misericordias.

El Papa Benedicto XVI recordaba varias veces que el acto de la fe empieza siempre por una profunda confianza: “tú eres Señor, quien mejor me conoce, tú eres Señor quien puede rebasar con tu bondad mi necesidad, tú puedes rebasar con tu ternura mis heridas, tú puedes desbordar con tus planes mis planes”.

Que este mensaje quede profundamente en nuestros corazones, no más resistencias al plan de Dios, no vamos a medir a Dios con nuestra mezquina y diminuta medida; vamos a abrir el corazón para que sea Él obrando a su tamaño y haga verdaderos prodigios en nosotros.