Bo07005a

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Fecha: 20120219

Título: Cristo y solo Cristo conoce el verdadero estado de cada corazon

Original en audio: 4 min. 17 seg.


El evangelio de hoy nos trae un pasaje que manifiesta, a la vez, la misericordia y el poder de Cristo.

Para los que estamos acostumbrados a acercarnos al Evangelio, no tiene nada de extraño que Jesús haga una curación, pero la manera como sucede este milagro en el pasaje de hoy es toda una enseñanza.

Jesús está predicado, se encuentra en una casa, sin duda un lugar amplio, pero todavía insuficiente para la multitud que quiere escucharle. Se acercan unos hombres que traen un paralítico en una camilla; como no encuentran manera de acercarlo a Jesús, entonces levantan una parte del techo y bajan al paralítico para que quede enfrente del Maestro.

Primera cosa para subrayar: Como bien lo dice el evangelio, "Jesús ve la fe de ellos" San Marcos 2,5. Qué hermoso saber que nuestra fe puede ayudar a otros, qué hermoso saber que poniendo a nuestros hermanos y hermanas a los pies de Cristo estamos ejerciendo nuestra fe y estamos dando ocasión para que ellos experimenten esa sanación, esa transformación, ese amor que de otra manera no conocerían.

Así que la primera lección es: Pon a trabajar tu fe. Y poner a trabajar la fe es ponerla a cargar a tu hermano, cárgalo en el nombre del Señor para ponerlo a los pies del Señor.

Segunda cosa que llama la atención: el paralítico queda junto a Cristo. La parálisis de este hombre es visible a todos los que se encuentran en la casa; pero este señor, este hombre no sólo tiene esa parálisis, esa, la podía ver todo el mundo, pero hay otra que sólo la ve Cristo y es la parálisis del corazón, es la parálisis a la que nos lleva el pecado.

Porque efectivamente, lo que hace el pecado es frenarnos, el pecado frena nuestra capacidad de amor, el pecado frena nuestra capacidad de entender, el pecado frena nuestra capacidad de perdonar, el pecado nos va atando y de tanto amarrarnos nos paraliza.

Pues Jesús se da cuenta de que existe esa otra parálisis en este hombre, y entonces aquí viene la segunda enseñanza: Cristo y solo Cristo conoce el verdadero estado de cada corazón; Cristo y solo Cristo sabe cuál es la parálisis que hay que curar en primer lugar en cada persona; Cristo y solo Cristo tiene poder para liberarnos de esa parálisis. Y con esto nos está enseñando cómo la verdadera caridad siempre tiene que tocar ese interior del corazón.

A veces se piensa que la caridad únicamente es lo que se ve en términos de alimentos, vivienda, ropa, promoción humana; Jesús nos muestra que en primer lugar debe estar esa liberación interior, algo que se olvida con mucha frecuencia cuando hablamos de compromiso social.

Y por último notemos algo: Este Cristo que libera al paralítico, que lo levanta a la vista de todos, hace ese milagro como una señal del poder que tiene; es decir, los milagros son señales de Cristo, no son un fin, son apenas un medio para que nosotros reconozcamos que Dios verdaderamente está visitando a su pueblo.

Demos gracias al Señor por este milagro, y pidamos también nosotros ser liberados de nuestras parálisis.

Amén.