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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090215

Título: La misericordia puede vencer todas nuestras dificultades

Original en audio: 16 min. 53 seg.


Hermanos:

Tal vez la palabra más importante del evangelio de hoy y de las lecturas de hoy es eso que encontramos al comienzo del evangelio: la palabra "conmovido" San Marcos 1,41. "Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó" San Marcos 1,41.

Tocó al leproso diciendo: "Queda purificado" San Marcos 1,41, y así lo curó. Yo creo que esa palabra es muy importante, porque es la palabra que destruye el destino triste y construye el destino feliz.

¿Qué destino le podía esperar a ese leproso? La primera lectura nos lo cuenta, lo único que le podía esperar al leproso era la pobreza, consumirse en su enfermedad, vivir en la soledad, morir en la miseria.

Es decir, la condición de los leprosos en aquella época se parecía mucho a un comienzo del infierno. El infierno es como esa absoluta soledad, esa privación de todo amor, de todo intercambio, de todo encuentro.

Lo único que queda es la amargura y, seguramente, con la amargura, el odio. Eso era lo que le podía esperar al leproso. Ese era el destino triste, el destino de desgracia que le aguardaba. Pero ese destino cambia, y cambia en el momento en que se encuentra con Jesús.

Como hemos dicho varias veces, el evangelio de Marcos quiere que nosotros miremos a Jesús en acción, Jesús actuando; y en este caso es muy patente: Jesús con su presencia, con su acción le cambia un destino de desgracia a esta persona, se lo cambia en un destino de alegría.

Una alegría tan grande que sin embargo alcanza a caber en ese corazón y se convierte en un mensaje: él tiene que contarle a todo el mundo que ha sido curado.

¿Y de dónde surge, cuál es el poder que tiene Cristo para hacerle ese cambio a las personas, de dónde viene esa fuerza que Él tiene? Esa fuerza está concentrada en la palabra "conmovido" San Marcos 1,41. Conmoverse, como lo indica su raíz, es sacudirse, ser movido, ser afectado.

Cristo es afectado por nuestro dolor, le afecta, le interesa, le importa, lo mueve. Nuestro dolor, nuestra miseria, nuestra soledad, tiene un impacto en el corazón de Él. El corazón de Él no es indiferente, ajeno, duro. Es un corazón próximo, es un corazón genuina y perfectamente humano. Es el corazón que refleja la verdadera y más profunda humanidad.

Y ese corazón infinitamente humano, sensible, se deja impactar, se deja afectar del dolor nuestro. Esa es la conmoción, esa es la fuente de la misericordia. Esa palabra va a ser muy importante, yo creo, en el futuro de nuestra vida.

La palabra misericordia. La palabra misericordia tiene mucho que ver con la palabra conmoción o conmoverse. Porque la misericordia es el poder cargar en el corazón la miseria de otro. "Cordis" en latín significa eso: corazón. Es tomar la miseria del otro y ponerla en el corazón.

Este mensaje es muy importante porque todos nosotros tenemos necesidad. No pasamos, creo yo, por esta situación de lepra y además, la lepra no es hoy lo que era en esa época, pero hay otras lepras hoy, y otras cosas que nos hacen sentir aislados, excluídos.

Hay otras cosas que nos hunden en la soledad, en el frío, en la amargura y probablemente en el odio. Y también nosotros necesitamos encontrarnos con alguien a quien le importe que estamos así; alguien que sea capaz de conmoverse; alguien a quien le interese cómo estamos, o si estamos o si no estamos. Y ése es el mensaje intensamente actual que tiene esta lectura.

Pero también necesitamos de esta lectura y necesitamos de este Cristo, porque se ha convertido como una especie de norma para la sociedad, el individualismo, el egoísmo. Nosotros mismos somos tentados de llevar una vida que sólo se fija en sus propias metas: "Esto es lo que yo quiero conseguir, "esto es lo que yo quiero hacer; y lo quiero hacer para mí, para mi disfrute, para mi satisfacción, para mi honra, para mi placer".

No nos damos cuenta, tal vez, que en la medida en que cada uno se concentra únicamente en sus metas, pues cada uno se va metiendo también en una especie de cárcel, y así vivimos todos como este leproso: aislados los unos de los otros.

No tiene nada de extraño que en ese contexto nos empiecen a visitar enfermedades mentales y espirituales y emocionales, como por ejemplo una pegajosa depresión. Una tristeza que está como en el aire y que afecta a muchísimas personas hoy.

Es decir, que Jesús no solamente se conmueve, no solamente tiene esa misericordia, sino que quiere, seguramente, transformar nuestros corazones para que también nosotros aprendamos a dejarnos afectar por la otra persona, por lo que vive.

Para que salgamos un poco de ese mundo de pronto reducido, únicamente de los propios intereses y nos abramos al dolor, tal vez, o a la soledad tal vez, de otros. Y así Jesús nos acepta y luego nos hace capaces de aceptar a los hermanos.

Una última palabra que quiero decir hoy es que observemos cómo Jesús cura al leproso y lo convierte en un misionero, lo envía en misión. Lamentablemente, en medio de su entusiasmo, porque fue curado, parece que el leproso no le hizo caso a Jesús.

Es interesante que Jesús quien había curado al leproso, y sólo Jesús podía curarlo, lo envía donde el sacerdote, "ve a presentarte al sacerdote" San Marcos 1,44, le dice.

En una de las iglesias más hermosas que tiene nuestra fe católica, la Basílica de San Pablo extramuros en Roma, hay un conjunto grande de confesionarios, que están puestos a lo largo de las naves de la Basílica.

Tal vez son como unos veinte confesionarios, y arriba de la puerta de cada uno de ellos, aparece una frase tomada del Evangelio, una frase que es una invitación a apreciar al sacramento de la Confesión.

Por ejemplo, aquello que está en el evangelio de Lucas cuando el pastor se alegra porque ha encontrado a su oveja. Cuando vamos a la confesión es como eso: es darle a Jesús la alegría de encontrarnos, Él es el Pastor y nosotros su rebaño.

Pues una de las frases que está ahí es esta del evangelio de hoy. En esa Basílica una de las frases que está en un confesionario es: "'Ve a presentarte al sacerdote'" San Marcos 1,44.

Como dije, parece que este hombre que fue curado no le hizo caso a Jesús; mal hecho. Pero nosotros somos invitados a eso: Jesús es el que hace la obra, pero el mismo Jesús es el que nos dice: "Ve a presentarte al sacerdote" San Marcos 1,44.

Y uno se pregunta ¿por qué? Si era Jesús el que iba a curarlo y si era Jesús el que lo había curado, ¿para qué lo manda donde el sacerdote, qué va a agregar el sacerdote?

Entonces hay gente que efectivamente dice: "Como el sacerdote no agrega nada, entonces no hay que ir donde el sacerdote". Claro que eso es desobedecer a Jesús. Por ejemplo, hay católicos que dicen: "Yo no me confieso, yo lo hago delante de una imagen y me arrepiento o yo pienso en Cristo y me arrepiento y le pido perdón".

O la mayor parte de los protestantes pues dicen lo mismo, ¿no? "Yo me acerco a Jesús y como Jesús es el que cura, el sacerdote no es el que cura".

Pero es misterioso y es real a la vez que Jesús envió a este hombre: "ve donde el sacerdote, ve a presentarte al sacerdote" San Marcos 1,44. Y esto me hace acordar de un texto que está en el libro Eclesiástico, ahí en la Biblia, donde se habla del médico.

Porque al fin y al cabo una de las funciones del sacerdote es ser como un médico para las almas. Y entonces dice el libro Eclesiástico: "Al médico también lo creó Dios y es instrumento suyo" Eclesiástico 38,12.

De manera que es verdad que todos los bienes, pero es cierto que Dios también utiliza personas. Digamos el caso de estos protestantes que no creen en la confesión; ellos no creen en la confesión, pero sí van a escuchar a un buen predicador; ellos no creen en la confesión, pero sí van a un buen concierto de música cristiana.

¿Y a qué van? A tener un encuentro con Dios. Y uno podría decir: "-¿cómo vas a oír a ese predicador, por más famoso que sea, si todo viene de Dios?" Y el amigo protestante tendría que decir: "-Pues sí, todo viene de Dios, pero es que me gusta cómo a través de ese predicador llega la enseñanza. Todo viene de Dios, pero es que me gusta ir donde tal cantante porque a través de él, Dios me da un mensaje o levanta mi corazón con alegría".

Pues algo así es lo que tenemos que entender también acá: es solamente Cristo el que cura, pero hay que ir donde el sacerdote entre otras cosas, porque con mucha frecuencia, a través de ese sacerdote, con todas las limitaciones que tenemos los sacerdotes, a través de ese sacerdote, Dios también sigue dando instrucciones adicionales.

Recordemos que no sólamente se trata de curarse, sino de recibir tratamiento. Muchas veces uno tiene que recibir una terapia; por eso en el sacramento de la confesión a nosotros nos dan una terapia que ahí la llaman "penitencia".

Muy a menudo la penitencia es una cosa que creo que no la estamos viviendo bien en la Iglesia Católica, porque tanto sacerdotes como fieles lo que estamos esperando es que cuando llega ese momento nos pongan a rezar unas cuantas Avemarías o Padrenuestros.

Pero en realidad no debería llamarse penitencia, debería llamarse "terapia". Uno se confiesa y necesita una terapia, una terapia para no reincidir, y sobre todo una terapia para sanar el daño que el pecado le dejó a uno, porque el pecado siempre deja un daño.

Entonces Jesús cura, pero la terapia que necesita la persona muy a menudo tiene que darla otra persona. Y es el mismo Dios de quien vienen todos los bienes. Pero Dios se goza utilizando distintos recursos: un buen libro, una buena canción, una buena predicación, una buena confesión.

¿Y quiénes somos nosotros para desobedecer a Cristo? Cristo me dice "ve donde el sacerdote" San Marcos 1,44, pues yo voy, y eso se aplica también a mí. Yo también tengo que confesarme, y tengo que ir donde el sacerdote.

Y también el sacerdote ahí para mí es una expresión de Cristo. Y también a mí, y también al Papa, lo mismo que al obispo le da instrucciones por que así obra Cristo.

Es muy hermoso el evangelio de hoy: es una promesa de que Cristo puede cambiar incluso el destino más amargo, más solitario, más desesperado. es Cristo el que lo cambia y es Cristo también el que nos envía a terapia.

El leproso no siguió esa terapia, vamos a excusarlo a él, su situación era demasiado dura, pero nosotros sigamos el consejo de Cristo, y digo esto entre otras cosas, porque se va acercando el tiempo de la Cuaresma, ya no estamos lejos.

Y cuando empecemos la Cuaresma, yo creo que un propósito que tenemos que hacernos todos, es hacer esa buena confesión que no hemos hecho en años, o en muchos meses, tal vez.

Hacer una buena confesión, una confesión en la cual nosotros recibamos la terapia, y por eso, al oír al sacerdote lo que nosotros queremos es escuchar a Cristo que es el único que sana, que es el único que ilumina, pero que también quiere obrar a través de distintas personas, así como utilizó a nuestros padres, utiliza catequistas y predicadores y misioneros.

Hoy sigamos esta celebración, sigamos esta proclamación de nuestra fe y del amor que hemos recibido, ante todo reconociendo que no hay lepra que le quede grande a Cristo, y reconociendo que en el centro de su corazón hay una fuerza que es la que puede vencer todas nuestras dificultades y se llama la misericordia.