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Fecha: 20090208

Título: Miremos a Cristo en estos verbos: Cristo en movimiento, Cristo que sana, Cristo que ensena, Cristo que exorciza, Cristo que ora

Original en audio: 22 min. 34 seg.


Hermanos:

Como hemos dicho en algunas reflexiones de domingos anteriores, durante este año estamos escuchando sobre todo el evangelio según San Marcos; y también hemos dicho que Marcos es el Evangelista que le da una preferencia a las obras de Jesús. Podemos decir que Marcos nos presenta a Jesús en acción.

En español, o supongo yo que en todas las lenguas, las palabras que sirven para describir las acciones son los verbos. Entonces, una manera de leer y de aprovechar el evangelio de hoy es mirar los verbos, es decir, cuáles son esas acciones que Jesús realiza.

Y encontramos, por supuesto, una serie de acciones: Jesús fue, eso es el verbo ir; nos dice que Jesús tomó de la mano a la enferma; nos cuentan que Jesús curó a muchas personas; que expulsó muchos demonios; que se puso a orar, que se puso a predicar; es decir, hay una serie de acciones que describen lo que podríamos llamar "la vida de Jesús, cómo vivió Jesús, qué fue lo que hizo Jesús" Porque, repito, este es el tema principal del evangelio de Marcos.

Y lo que encontramos que Jesús hace, por lo menos en este primer capítulo, -porque estamos todavía en el primer capítulo de San Marcos-, lo que Jesús hace se puede resumir en cinco verbos. Lo primero es: Jesús está en movimiento, Él no está simplemente esperando a que la gente le llegue. Jesús se mueve, está en movimiento, sale al encuentro de la necesidad de las personas. Lo vemos al principio del evangelio cuando Él va a la casa de la suegra de Pedro. Jesús está en movimiento, Jesús se mueve.

Lo vemos también al final: Pedro le cuenta a Jesús que la gente está encantada con Él, está muy feliz y de algún modo quieren retenerlo; pero Jesús es, podríamos decir, libre, o más que libre, necesita continuar ese movimiento y le dice a Pedro: "Vámonos a otra parte a predicar, a otros lugares" San Marcos 1,38.

Es decir, no podemos retenerlo. Es como un amor inmenso que no se le pueden poner barreras. Jesús sigue su camino, Jesús avanza, llega hasta nosotros, sale a nuestro encuentro, quiere transformarnos, pero luego quiere seguir. Es como una carrera buscando a hombres y mujeres, algunos de los cuales no tienen fuerzas para salir a buscarlo a Él.

La suegra de Pedro estaba tendida en cama. Por supuesto, la enfermedad y posiblemente la edad, hacían de esta mujer una prisionera de ese lecho. Jesús llega hasta ese lugar porque esta persona no se puede mover. Este es el primer verbo: Jesús se mueve. Y es maravilloso percibir este movimiento como una explosión de vida, como una manifestación del amor que es solícito.

Más o menos como podemos verlo, en otras expresiones de amor, digamos los papás: los papás no se quedan en su habitación mirando la televisión a ver si el bebé que está en el primer piso se le ocurre subir y decir: "Mamá, ¿me pudieras amamantar, por favor?" No, la mamá está solícita. La mamá ama a su bebé y sale al encuentro de él, le mira atentamente, lo cuida, quiere adelantarse a la necesidad del bebé porque lo ama.

Jesús, de un modo semejante, está en movimiento y sale a nuestro encuentro. ¿Y qué hace Jesús cuando nos encuentra? Hace tres cosas. Según este texto del Evangelio lo que Jesús hace es: predicar, sanar y exorcizar.

Lo que Jasús hace, tal vez para ponerlo en un orden más lógico, es ante todo sanar, porque la vida va dejando muchas heridas, y junto con la heridas a uno le va quedando el miedo, y junto con el miedo uno se va volviendo sordo y encerrado en sí mismo. Y a medida que pasan los años es muy fácil ser prisioneros si no de la enfermedad sí por lo menos del miedo y del prejuicio; y quedamos ahí como encarcelados en ese miedo o en ese prejuicio. Entonces Jesús sana. Este verbo es fundamental y en el evangelio de Marcos, en realidad en todos los Evangelios, lo encontramos con frecuencia.

La sanación es la ocasión privilegiada del encuentro con Cristo, hasta el punto que una persona que no necesitara nada de Jesús difícilmente se podría encontrar con Jesús; algo así como una persona que tiene perfecta, perfecta salud, quizás vería muy poco al médico, aunque hoy por hoy tenemos conciencia de la necesidad de hacerse revisiones en la salud, pues, por saber que nada esté funcionando mal.

Pero, creo que la comparación sirve. Sólo cuando uno descubre la propia enfermedad, descubre al que es capaz de curar esa enfermedad. O sea que cuando decimos que Jesús sana, también estamos diciendo que el corazón humano tiene que ser explorado en su necesidad profunda.

El corazón humano, y eso significa cada uno de nosotros, tiene que aprender a buscar en esas áreas que no amamos, que no nos gustan de nosotros; esas áreas son los dolores, las soledades, las búsquedas, las nostalgias, los resentimientos, los temores; en esas áreas, en esos sótanos del corazón, ahí es donde muchas veces Jesús nos va a poner una cita, una cita con su amor que sana. Es imposible encontrarse con Jesús que sana, sin encontrar al mismo tiempo la enfermedad, la dolencia o la carencia que uno tiene. Este es el primer verbo: sanar.

El segundo verbo de Jesús es el verbo predicar; Jesús es un Maestro, Jesús enseña. Aunque Marcos no nos trae tantos discursos de Jesús, como por ejemplo sí los trae San Mateo, o como los trae Lucas, incluso en este evangelio vamos a encontrar una serie de parábolas y una serie de predicaciones de Jesús. Jesús enseña y su palabra ilumina la vida de la gente. Podemos decir que la palabra de Jesús le ayuda a las personas, nos ayuda a nosotros a mirar las cosas, a mirar la gente, a mirarnos a nosotros mismos, a mirar a Dios también de otra manera.

Y en esta revelación, en esta palabra de Jesús hay algo maravilloso, algo que nunca deja de maravillarme a mí, y es que son palabras que parece que no se agotan nunca. Cada vez que las reflexionamos, cada vez que pensamos con verdadera atención en lo que Jesús ha dicho, como que encontramos nuevas aplicaciones. Sus palabras son como manantiales que siguen dando vida, que siguen dando esperanza, que siguen también cuestionando muchas veces.

Por ejemplo, en esas palabras tan breves que aparecen el día de hoy: "Vámonos a otra parte a predicar, también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido" San Marcos 1,38. Esa palabra de Jesús uno la puede interpretar: "Por eso he salido de Nazaret", pero una reflexión más profunda nos lleva a descubrir finalmente: "Para eso he nacido, para eso he nacido del vientre de mi madre; esta es mi misión, esta es mi vida". Y todavía más, uno puede llegar incluso a afirmar: "Por eso he salido de Dios Padre, por eso he venido aquí".

De modo que las palabras de Jesús son como manantiales, y haremos muy bien, hermanos, si nos acostumbramos a pensar más de una vez en esas palabras. Yo creo que uno comete un error cuando cree que ya conoce a Jesús, cuando cree que ya conoce las palabras de Jesús. Basta con pensarlas una vez más y seguramente encontramos todavía un poco más de luz.

Y así como antes dije que uno tiene que reconocerse enfermo de algo para poder encontrar a Jesús como médico, así también uno tiene que reconocerse ignorante, uno tiene que reconocerse capaz de ser enseñado, uno tiene que reconocer que no lo sabe todo. Así como la persona que cree que está sana completamente nunca verá a Jesús como médico, así también la persona que cree que se las sabe todas jamás encontrará con Jesús como maestro.

Y por eso, encontrarse con Jesús requiere un corazón, requiere un oído que es el oído del discípulo. Muchas veces lo mejor que podemos hacer es pedirle al mismo Jesús que nos ayude a entender su palabra como hacían los Apóstoles. Los Apóstoles le decían a Jesús con una súplica en realidad, una súplica amable, pero súplica: "A ver, explícanos esta parábola".

Yo creo que algo así tenemos que hacer nosotros cuando nos acercamos, por ejemplo, a celebrar la Misa; "Abre mi corazón, Jesús, ábrelo, ábrelo. Que yo pueda escuchar, que yo no siga solamente oyéndome a mí mismo todo el tiempo. Que no siga simplemente yo el eco de lo que el mundo me quiere vender o la manera como el mundo me quiere utilizar, o me quiere reclutar para toda clase de campañas, algunas buenas, otras regulares y otras malas".

Reconocernos capaces de ser enseñados significa reconocer que en ciertos momentos necesitamos una palabra externa, es decir, que no nos bastamos a nosotros mismos. Esta es una pequeña condición pero de inmensa importancia para llegar a encontrarse con Jesús. Y a veces yo creo que está en el plan de Dios que a uno le pasen muchas cosas, si a través de esas cosas algún día uno llega a la convicción: "Es verdad que no lo puedo todo; es verdad que necesito ayuda'.

De algún modo el Antiguo Testamento se puede resumir en esa convicción: la convicción de que no lo sé todo, la convicción de que no lo puedo todo. Si uno puede sacar como conclusión: "Sin ti, Señor, nada soy", en ese momento está lista, lista la visita, el encuentro, la cita con Dios.

Y luego está ese otro verbo, un verbo que no gusta a muchas personas hoy: Jesús es exorcista, Jesús expulsa los demonios. En este tiempo tan racionalista en que vivimos, en este tiempo en el que mucha gente sólo cree en lo que palpa y toca y le llega por los sentidos, pues mucha gente sencillamente no cree, bueno, no cree ni en el mismo Dios, mucho menos creer en que puede haber ángeles buenos o malos, y creen que todo eso son historias de histeria medieval o de ignorancia del mundo antiguo.

Lo cierto es que cuando uno reflexiona sobre el curso de la humanidad, cuando uno mira las cadenas que pesan sobre países enteros y la manera como parecen juntarse tantos factores para mantener prisioneras a las naciones y las culturas, es difícil no reconocer ahí una mano que está más allá de las manos humanas.

Yo lo podría decir de mi propio país y de pronto algunos de ustedes lo pueden decir de ustedes mismos, de sus propios países. Es difícil entender cómo se logra difundir con tanta eficacia la mentira. Es que los ejemplos son por docenas, pero yo voy a mencionar solamente tres y todos tienen que ver con el cuidado, con el respeto de la vida humana.

¿Cómo es posible, por ejemplo, que un país tras otro se considere que es un derecho el aborto, el aborto voluntario? ¿Cómo puede mirarse eso? ¿Cómo es que los Estados, las naciones, gastan tanto dinero para la aprobación del aborto y no invierten ese dinero en apoyar a la pobre mujer que con culpa o sin culpa, pero muchas veces sin culpa ha llegado a esa situación angustiosa de considerar la muerte de su propio bebé?

¿No es ese el momento donde los recursos del Estado tendrían que estar allí para ayudar a que esa persona, tal vez confundida, o tal vez violentada, o tal vez utilizada, pudiera tener mayor sensatez? Pero en vez de utilizar los recursos para defender la vida lo que vemos con facilidad es esa prisa, esa verdadera locura por aprobar la muerte.

¿Y cómo es posible que eso se mire como un derecho? Es tan irónico que las primeras propagandistas el movimiento feminista, por ejemplo en Estados Unidos, fueron todas mujeres que tuvieron la sensatez de decir que el aborto destruye a la mujer. Así como mata un ser humano, destruye la afectividad y la memoria y la psiquis de la mujer. Pero pasa el tiempo y resulta que hoy por hoy prácticamente todas las feministas son abortistas.

¿Cómo puede suceder que naciones enteras, naciones donde suceden avances tecnológicos impresionantes, donde hay tanta gente con tanta inteligencia, tantos libros y tantos estudios y todos sometidos, arrodillados ante ese ídolo, ante el ídolo de la muerte finalmente? Esto es extraño, y uno dice: "Es difícil creer que sólo hay manos humanas en esa clase de sucesos".

No tengo que repetir este mismo discurso cuando se trata de la eutanasia; entonces ya tenemos en Holanda que ya se puede pedir la eutanasia, ya los adolescentes pueden pedir la eutanasia si la vida se les vuelve insoportable por razones psíquicas o emocionales. Es decir, es el Estado repartiendo armas, prácticamente, para que se mate todo el que quiera. Y los holandeses son muy inteligentes y son una nación que tiene una historia llena de descubrimientos maravillosos, ¿cómo puede suceder eso? Y bueno, de ahí, de Holanda, puede pasar a otros países y otros, y otros.

¿Por qué esa cultura de la muerte? ¿Qué pasa ahí? Y cuando uno reflexiona en esto de la recesión económica, ¿pues no es verdad que estábamos todos como un poco engañados con eso de que la multiplicación de la oferta a través de hacer más eficientes los medios de producción iba a conducir necesariamente a una riqueza interminable? ¿No es ese un engaño que en este momento, pues, parece casi ingenuo, parece ridículo? Pero la gente que estaba implicada en esa adoración del sistema capitalista no era gente tonta, era gente supremamente inteligente dirigiendo instituciones financieras del más alto nivel.

¿Cómo es posible que el sistema financiero mundial estuviera apoyado en bases tan ingenuas, en una mentalidad tan miope? ¿Es que no da más la inteligencia humana para ver que la escalera de la codicia sólo puede llevar al abismo de la destrucción?

Esta clase de reflexiones no son una demostración de que existen ni ángeles ni demonios. Son simplemente un hecho que, a este servidor, lo mismo que a otras personas, nos hace caer en cuenta que tal vez lo que influye en los corazones y las mentes no es sólamente lo que ven en principio nuestros ojos. Es como si unas oleadas de muerte, de mentira, de odio, se propagara de distintas formas en los distintos continentes.

Yo nunca he podido entender, por ejemplo, esas oleadas de odio que recorren a tantas tribus en África. Un compañero mío de estudios es ahora misionero en Rwanda y él me cuenta de primera mano lo que le ha tocado ver, y uno se espanta, uno dice: "¿Pero cómo puede suceder eso?" Pero, claro, algunos allá tmbién se espantan cómo pueden suceder otras cosas que pasan en estos países.

En fin, el misterio del mal, por algo se le llama así, un misterio. Y los Evangelios nos advierten que dentro de esa maldad muchas veces hay más de lo que alcanzan a ver nuestros ojos. Y finalmente el mensaje que nos da el Evangelio es una Buena Noticia, porque lo que nos está diciendo es que Jesús es suficientemente poderoso para erradicar también, para arrancar también de raíz esa clase de engaños, para sacar esa clase de mentiras, las cuales, tarde o temprano, pues salen también a la luz.

Por ejemplo, todo este paraíso que nos quería vender el comunismo, pues muy poca gente, creo yo, le vaya a creer esos engaños, pero en su momento era un discurso que seducía a millones y millones de personas, y por ese discurso hubo quienes se hicieron matar.

En todo caso, Jesús tiene poder sobre lo que vemos, y tiene poder incluso sobre lo que no vemos o no alcanzamos a entender del todo. Y quizás hoy podemos mirar la obra de Jesús como exorcista sobre todo en esa clave: Más allá de lo que pueden comprender nuestras mentes está ese poder de Cristo.

Entonces llevamos cuatro verbos: Jesús que se mueve, Jesús que sana, Jesús que enseña, Jesús que expulsa los demonios. Y hay un quinto verbo, que no por ser el último es el menos importante: Jesús ora. Jesús no es Súperman, Jesús ora. Jesús, siendo tan grande como es, sabe ser el niño pequeño de Papá Dios.

Y yo creo que con esto nos da una lección simplemente maravillosa y tan necesaria. Es verdad que necesitamos muchas cosas para cambiar el mundo, pero sobre todo se necesitan muchas cosas para cambiarnos a nosotros. Y si el ser humano puede tener poder sobre el mundo, es solamente el amor, el amor de Dios el que termina teniendo poder sobre el corazón humano.

Miremos, mis hermanos, miremos a este Cristo en esos cinco verbos: Cristo en movimiento, Cristo que sana, Cristo que enseña, Cristo que exorciza, Cristo que ora. Y que ese ejemplo de Jesús fielmente seguido por nosotros hasta donde podemos, cada uno con sus fuerzas, nos ayude a llevar verdadera vida de hijos, porque finalmente eso es lo que quiso Cristo, que nosotros aprendiéramos a vivir como verdaderos hijos de Dios.