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Fecha: 20060402

Título: Miremos los ojos y el rostro de Cristo

Original en audio: 16 min. 18 seg.


“Queremos ver a Jesús” San Juan 12,21, esa fue la petición que hicieron estos judíos de lengua griega de los que nos habla el evangelio.

Habían oído hablar de Jesús, seguramente de sus milagros, de su predicación poderosa, sabían que tenía fama de profeta y querían verlo, utilizaron lo que tenían a mano.

Entre los discípulos de Jesús habían unos que tenían nombre emparentados con el griego, Filipos, por ejemplo, es un nombre grieg;, Andreas es un nombre griego, entonces ellos se fueron por ese lado y buscaron una oportunidad para ver a Jesús.

Jesús quiere estar cerca y quiere ser visible a todos, pero ustedes saben, es difícil para la gente importante, es difícil, ahí se nota, hubo que seguir un tramite ¿no? Hablar con Felipe, fue Felipe y habló con Andrés, Felipe y Andrés fueron y hablaron con Jesús.

Esto nos puede recordar los trámites que tenemos que hacer cuando queremos hablar con gente importante. Si yo quiero hablar con el Arzobispo aquí de Dublín seguramente yo no me aparezco allá cualquier día a las tres de la tarde y le digo: “¿Nos tomamos un cafecito? ¿Quieres un té?”

Seguramente tengo que hablar con algún Felipe que tiene que hablar con algún Andrés y que tiene que ir por allá; pero Jesús quiere evitar los trámites, quiere vencer la burocracia, y la manera de vencer la burocracia se llama la Cruz.

Cristo levantado en la Cruz está para todos, y está visible para todos, y está cerca para todos, desde luego, no se trata solamente del objeto material, además, a los crucificados en esa época no es que los levantaran mucho, algunos estudios dicen que apenas era una cosa como levantar la persona un metro o metro y medio; de lo que se trataba era de matar torturando al pobre infeliz que quedaba ahí.

Entonces no era necesario elevarlo diez o doce metros. Algunos cuadros representan la cruz de Cristo como si fuera un poste muy alto por allá, no era esa la costumbre y no era eso necesario.

Pero Cristo está levantado en la cruz no porque esté a una altura del cielo o del suelo, digo mejor, sino porque Cristo levantado en la cruz está cerca de una realidad que nos toca a todos, que es la realidad del sufrimiento.

Es decir, la montaña en la que se subió Cristo, es la montaña de los dolores humanos; y la cruz en la que se subió Cristo, es el sufrimiento intolerable en que se puede volver la vida humana.

En ciertas circunstancias, Cristo subido en la cruz, es Cristo solidario de todos los que sufren, es Cristo del que está cercano de todos los que padecen más allá de lo que tiene nombre en esta tierra; Cristo, subido en la cruz, es el Cristo que puedo sentir más cercano. Cuando tengo un problema, cuando tengo dificultades o dolores busco a alguien que sepa entenderme.

Cuando tengo dificultades o dolores prefiero aquellos oídos que conocen la dificultad y el dolor, no sé si a ustedes les haya pasado que uno tiene distintas clases de amigos, y algunos amigos son como para las fiestas, para la pasarla bien, como decimos en algunos países, para la rumba; amigos para disfrutar el rato, para reírse; amigos para bailar, para gozar.

Pero cuando llega un problema realmente serio, cuando me siento muy cuestionado, cuando me dicen, por ejemplo: "Parece que lo tuyo es cáncer y pinta mal", yo no busco a mis amigos de fiesta, de rumba: “-Hola, ¿cómo te va? ¿Dónde es la tomata hoy? ¿Dónde nos tomamos unos cuantos vinos?” “-No, hombre, vengo a contarte que tengo un cáncer terrible”.

Tal vez los amigos de la fiesta no son los que necesito en ese momento, en cambio sí conozco otras personas que sí saben de dolor, tengo otro grupito de amigos que también tienen problemas, tal vez a esos sí los llamo en ese momento.

A ustedes mismos les pudo haber pasado, en el lugar de trabajo o en el estudio, ¿no? Que hay gente que siempre se burla, si ven a uno que es creyente y le han visto una cruz, si lo ven yendo a Misa o esas cosas, siempre hay gente que se burla de uno, pero muchas veces, cuando ellos con los otros tienen sus problemas, entonces ahí sí lo buscan a uno, al rezandero, al aburrido, entonces ahí si lo buscan a uno.

Jesús, con su propio sufrimiento, con su sufrimiento extremos, se hizo cercano a todos los extremos de vida humana.

Ahora hay cantidad de programas en la televisión que tienen la palabra "extremo", el maquillaje o la transformación extrema los deportes extremos, Jesús es un extremo, Jesús es el extremo del amor y es el extremo del sufrimiento.

Si los católicos fuéramos mas creativos, si supiéramos más de publicidad y la aprovecháramos más en Semana Santa podríamos poner unos letreros bien grandes: “Sufrimiento Extremo”, de pronto llegaría mucha gente a ver qué es lo que va a suceder, si van a torturar a alguien o qué es lo que va a pasar, porque ahí sí entra un poco de morbosidad y de sadismo en el corazón humano, eso lo han estudiado los psicoanalistas.

Jesús es el sufrimiento extremo, y resulta que todos pasamos por distintas clases de sufrimiento y normalmente cuando uno pasa por un sufrimiento que es muy serio, que no es juego, que no tiene solución, que realmente me quita las bases, es que no sé dónde pararme, es que no sé que hacer, en ese momento, desde esa montaña de sufrimiento, casi lo único que puedo hacer es mirar la otra montaña, que es el calvario donde miro a Jesús.

Mientras uno está pasando la vida más o menos bien, esto es muy difícil de entender, muy difícil, “Ay, por qué esos santos tan adoloridos que tienen ustedes”.

Como nosotros, católicos, representamos muchas veces el martirio de los santos o los sufrimientos de Cristo, camino de la cruz, ¿no? “Ay, ¿pero por qué los representan así? Tantas llagas, tanta sangre! ¡No, hombre! Presenten una religión así alegre, así como mis amigos de rumba, mis amigos de la fiesta".

Lo que pasa es que si presentamos, Jesús es muy alegre, pero si presentamos al Jesús de la fiesta y el de pasarlo bien, ¿qué vamos a hacer todos nosotros cuando nos sintamos ahogados de dolor? ¿Cuando no encontremos una salida?

Si uno no tiene un Jesús a quien mirar, la única posibilidad es matarse, y como Jesús lamentablemente lo estamos escondiendo o lo estamos dejando esconder, entonces la gente, subida a su propia cruz de dolor, no encuentra otra opción.

Entonces dicen: "Esto no tiene sentido; yo voy a acabar de un solo tirón con esto", y lamentablemente, en esos casos de suicidio, es que nadie logra una explicación completa, y dicen: “Pero, ¡cómo! Si él tenía sus amigos, él tenía su novia; pero, ¡cómo!, si él era un buen muchacho y estaba haciendo bien las cosas”.

Bueno, entonces preguntémonos, si tenía sus amigos, ¿tenía amigos para sus horas de dolor? ¿O todos sus amigos solo eran para las horas de fiesta?

Hagamos la lista de los amigos y miremos cuáles de esos amigos conocían del dolor y tenían una palabra de esperanza, porque no sólo es la gente que conozca del dolor; si nos reunimos todos aquí a llorar porque el mundo es duro, tampoco lograríamos mucho.

Necesitábamos y necesitamos de Jesús, que es el único que, montado allá en la cruz del dolor, tiene unas expresiones de amor sublimes, ése es el que necesitamos.

Y si nosotros levantamos esa cruz de Cristo y no nos avergonzamos de la cruz de Cristo, entonces esa cruz va a salvar a muchos, porque cuando se sientan demasiado agobiados, que eso le puede pasar a usted o a mí, pues uno siempre podrá, desde la montaña del dolor de uno, uno siempre podrá mirar a Jesús, que eso fue lo que le pasó, por ejemplo, al ladrón, ése que se salvó, al que Jesús le dijo que estaría con el en el paraíso.

Ese hombre estaba padeciendo lo mismo que Jesús; pero la salvación de él fue que miró a Jesús y como miró a Jesús, entonces le dijo: “Acuérdate de mi” San Lucas 23,42, y eso fue lo que le salvó.

Lo mismo nos pasa a nosotros; pero eso es muy difícil de entender, sobre todo si está uno muy bien en la vida, no le duele una muela, como decimos en mi país, si no le duele una muela, si está bien, si tiene buen dinero, si tiene buenos placeres y puede estar bien.

Pero eso es una trampa del enemigo, hay una Santa dominica, Santa Catalina, que dice que eso es una trampa del enemigo malo, que uno viva distraído, que uno nunca piense en Dios, que uno nunca se interese por Dios, para que cuando le llegue a uno un golpe demasiado fuerte, no encuentre ni a quien acudir y se lance a la desesperación.

Jesús quiere ser visible, estos griegos querían ver a Jesús, como seguramente nosotros también queremos ver a Jesús, y por eso Jesús se subió ahí.

Pero hay otra enseñanza pequeña que quiero compartir de aquí. Si Jesús está ahí en la cruz del dolor y del amor, ese es un camino también para encontrarse con Jesús personalmente, desde luego, soy católico y amo a mi Iglesia, pero una cosa que no me gusta mucho de la Iglesia Católica es que a veces las imágenes, sobre todo las imágenes de los santos, tienden a hacerlas como si fueran actores o actrices de Holywood.

Han visto ustedes que todos los santos, resultan bonitos, preciosos los santos; y las santas, preciosas, esas sirven para portada de revista.

A mí personalmente me deja una gran soledad eso, porque yo digo, nosotros los gordos, calvos, feos, ¿qué esperanza me queda? Pero no es solamente esa anécdota, es que el rostro de Jesús, sobre todo el rostro de Jesús en la cruz, el rostro del sufrimiento, no es un rostro bonito, y si uno busca a Jesús en los rostros bonitos, muy poquito va a encontrar, porque Él está subido en la cruz del dolor.

Entonces muchas veces el mejor lugar para encontrar a Cristo es en el rostro del hermano que sufre, en esas arrugas creadas por la angustia, en esos ojos que piden auxilio, ahí Jesús nos está mirando.

Y en ese sentido los publicistas irlandeses merecen una felicitación, por ejemplo, los que trabajan con la Agencia católica "troquera"; ustedes han visto las fotos, por ejemplo, de esa niña que está con un saco, está cargando alguna cosa pesada, y el letrero dice: "Ella no tendría que salir a trabajar, debería poder salir a jugar".

Bueno, está perfecta la frase, pero además esta el rostro de la niña, que es el rostro de muchos niños en el Tercer Mundo, son los ojos de esa niña, como marcada por una maldición, como castigada antes de tiempo, al mismo tiempo tan inocente y tan dolida, uno mira esos ojos y yo digo: "Ahí Jesús nos está mirando también, ahí también nos mira Jesús".

Y en los mismos muchachos, estos que se desesperan y llegan al suicidio, en esos ojos atormentados hay un poquito de la Pasión de Jesucristo, ahí podemos encontrar algo de Jesús y ahí podemos servir a Jesús también.

Si uno intenta quedarse solo con los rostros bonitos entonces le estará haciendo caso a ese cantante de "rock and roll", que entiendo que se suicidó finalmente, él que decía que hay que morir rápido y morir joven para tener un cadáver bien parecido.

Pues sí, hay gente que vive así, se rodean de rostros bonitos, todo tiene que ser perfecto, pero al mismo tiempo todo es tan vacío. Jesús, desde la cruz, nos invita hoy a salir también de ese dolor y a mirar esos ojos, como los de esa niña trabajadora agobiada, condenada.

Y yo les tengo que decir que todo lo que he visto de troquera, lo que tienen en publicidad es buenísima, las fotos que sacan son perfectas, elocuentes y muchas veces nos están mostrando a Jesús así, sufriendo.

Amigos queridos, vienen días muy importantes, vienen los días de Semana Santa, vienen días para mirar y admirar a Jesucristo.

Quédense, por favor, les invito, en sus ratos libres de esa Semana Santa, aquí o donde vayan a ir, quédense mirando los ojos de Cristo, quédense mirando ese amor, impriman en su corazón esos ojos, porque estoy seguro que son los ojos que más vamos a necesitar cuando vayamos a salir de esta tierra.