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Fecha: 20030323

Título: La libertad que Dios nos regalo

Original en audio: 20 min. 31 seg.


En la primera lectura hemos escuchado la proclamación de los mandamientos, pero lo más interesante es la razón que da Dios para que nosotros obedezcamos.

Miremos el texto y descubramos por qué Dios pide obediencia: “Yo soy el señor tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud” Exodo 20,1, esta es la razón: “Yo te he dado libertad”.

Los mandamientos, pues, son caminos de libertad, son la manera que tenemos de no recaer en la esclavitud.

Dios nos ha dado los mandamientos para que sigamos siendo libres, para que conservemos la libertad, porque cada una de las cosas prohibida por los mandamientos, es una esclavitud; "no seas esclavo de las cosas, de tus pasiones, de los placeres, de la codicia, de la conveniencia", etc.

En realidad, todos los mandamientos lo que están diciendo es eso: “Ya te saqué de la esclavitud, no recaigas nuevamente en ella, aprecia, conoce tu libertad, mira lo que significa ser libre y conserva esa libertad, no recaigas en la esclavitud”.

Ésta, es la primera enseñanza que nos dan las lecturas de hoy, los mandamientos han sido dados por Dios como un código que quiere preservar nuestra libertad, lo primero que afirma el Señor en esta proclamación de los mandamientos es: “No tendrás otros dioses frente a mí”, “no te harás ídolos” Exodo 20,3.

De una manera un poco literal, los protestantes toman este texto para decirnos que nosotros somos idólatras, porque tenemos imágenes de Cristo, de la Vírgen, o imágenes de los Santos.

Pero es una interpretación un poco pobre, por varias razones. Primera: si ellos quieren que nosotros obedezcamos este texto, entonces tendríamos que seguir obedeciendo toda la Ley de Moisés; si ellos le van a dar esa interpretación literal a este texto, entonces, pues que también dejemos de comer carne de cerdo, y hasta donde yo sé, los protestantes comen carne de cerdo.

Y además estos mandamientos dicen que uno no debe hacer telas pegando retazos de distintas prendas, y también dicen que hay que circuncidar al hijo mayor, o a los varones de la casa, entonces habrán que seguir circuncidando gente porque la Biblia dice.

El hecho de que la Biblia diga, no significa que hay que seguirlohaciendo; la Biblia dice: “Circuncidarás a tus varones” Génesis 17,10, pero eso no significa que tengamos que seguir circuncidando varones, sin embargo, el mandato de no tener ídolos es muy importante.

Lo grave no son las imágenes, porque una imagen cuando se utiliza bien, (porque también hay maneras de utilizar mal las imágenes), nos ayuda a recoger nuestro espíritu y nuestro corazón, a descubrir con nuestra mente la grandeza de la santidad que Dios ha traído, para eso sirven las imágenes; una imagen no es un ídolo porque uno no está adorando a ese pedazo de yeso o de madera.

Cuando uno utiliza bien las imágenes, la atención, el amor y el acto que uno realiza no va a esa madera, a ese yeso, a ese cemento, ¡claro que no! Sucede que uno está pensando y descubriendo las maravillas de Dios ahí, pero sí hay que cuidarse de ídolos.

Y de hecho, la lectura del evangelio nos muestra como para los judíos se les había vuelto un ídolo ese templo, pues ellos se sentían muy orgullosos de ese templo, y una de las razones para matar a Jesús fue, “para que no nos destruyan el templo”, donde puede observarse claramente que el templo se había convertido en un ídolo para ellos.

Hay muchas cosas que pueden ser ídolos dentro de la vida de uno, hay muchas cosas que nos roban la atención, hay muchas cosas que nos roban el afecto, muchas cosas que tienen poder sobre nosotros.

¿Qué hago para descubrir si una cosa o una persona es un ídolo para mí? Hay varias señales. Por aquello de las listas, mencionemos unas cuatro señales que indican si algo se está convirtiendo o se ha convertido en un ídolo para mi vida.

Lo primero y más evidente es que tiene poder sobre mí, es decir, que ya no soy capaz de decidir nada contrario a lo que me diga ese vicio, persona o adicción que tengo, en otras palabras quiere decir que el ídolo tiene libertad y poder sobre mi.

Creo que un caso impresionante es el de las adicciones, es un caso manifiesto, la persona que le roba el dinero a la mamá viuda para poder drogarse y sabe en su conciencia que está haciendo algo asqueroso, repugnante, antinatural, pero es más fuerte la adicción, la necesidad y por eso pasa por encima de su conciencia; el ídolo tiene poder sobre la persona.

Hay muchas cosas que pueden tener poder sobre nosotros y hay que irlas descubriendo y desenmascarando.

Otra cosa importante con respecto a los ídolos es ésta: notemos a que a Dios nadie nos lo puede quitar del corazón, y por eso, como Dios es el principio y fuente de la paz, un alma que está verdaderamente en Dios es un alma que sabe conservar la paz, en medio de contradicciones y dificultades.

Los ídolos son enemigos de la paz, precisamente porque atrapan de tal manera nuestro corazón, son enemigos de la paz.

Hace pocos días el periódico hablaba sobre una adicción, ahí lo referían a las mujeres que son adictas al afecto, adictas a un hombre, refiriéndose a esas relaciones enfermizas de mujeres que en realidad reciben muy poca atención, muy poco tiempo, muy poco amor.

Y sin embargo son como esclavas y una y otra vez están diciendo: "Sí, yo sé que él es infiel, que él es mala persona, que nunca aparece, que no tiene nunca un detalle, pero es que no puedo estar sin esa persona".

Y daban ahí señales de esa adicción al afecto, por ejemplo, si él dijo que iba a llamar y no llama, la persona presenta los mismos síntomas del adicto a la droga cuando no le llega su dosis, es una angustia, ansiedad, la persona no tiene paz por dentro; los ídolos nos roban la paz. Esta es una segunda señal de la idolatría: los ídolos nos quitan la paz".

Una tercera señal que encontramos es que los ídolos nos impiden obedecer a Dios, y nos impiden una relación con Dios, Jesús dice: “No podéis seguir al Dios y al dinero" San Mateo 6,24, San Lucas 16,13 y el Éxodo, capitulo veinte nos ha dicho: "No tendrás otros dioses delante de mí" Exodo 20,3.

El idolatra no puede obedecer a Dios, y a menudo encuentra que tampoco puede orar, se siente tonto orando, siente que está perdiendo el tiempo, siente que no vale la pena, siente que ya es demasiado tarde, siente que eso no tiene sentido, o lo contrario, no siente nada, es un vacío, la oración no le atrae, gravísimo, seguramente hay un ídolo en su corazón.

En cuarto lugar, los ídolos cierran el corazón al amor a los hermanos, incluso los amores más entrañables, más naturales, y más bellos.

Pensemos en el adicto al alcohol: sabe que sus hijos necesitan cuadernos y que debe pagar la pensión para que nos los saquen del colegio, para que puedan graduarse, para que puedan recibir sus calificaciones, sabe que los hijos están necesitando eso, pero es más fuerte el amor al alcohol que el amor al hijo.

El ídolo seca el alma, la idolatría seca el corazón, cierra el amor; el que es idolatra, por ejemplo, del placer sexual, característicamente tiene una absoluta indiferencia frente al dolor, frente a la pobreza, vive para su placer, vive para su bienestar, vive para su comodidad, para su lucro.

Y qué decir del codicioso, qué decir del avaro, el amor al dinero lo hace durísimo, impenetrable le da un corazón de bronce, que no se compadece, nada le duele, sólo le duelen sus problemas, sus fracasos; son los síntomas de la idolatría.

Queridos hermanos, como se ve, de eso es de lo que quiere librarnos Dios cuando nos da los mandamientos; un ídolo tiene poder sobre ti y te quita libertad, un ídolo te va a quitar la paz, un ídolo no se deja reconocer el rostro de Dios, te oscurece la mente, te impide orar; un ídolo te cierra a amar a los hermanos. Éstas son las principales características de la idolatría.

Y hay muchas cosas que se pueden volver ídolo para nosotros, incluso cosas buenas, uno siempre toma ejemplos de la droga o del alcohol, pero hay muchas cosas buenas que se pueden volver ídolos también.

El deseo de tener buena fama es una cosa buena, quién va a decir que es una cosa buena que anden hablando mal de uno o que uno sea materia de escándalo. Este deseo de tener buna fama es algo bueno, pero cuando uno se vuelve esclavo del "que dirán" y de la opinión pública hasta hacer lo que sea por lavar su imagen, pues entonces ya eso se convirtió en una idolatría.

El estudio es una cosa buena, la tranquilidad de hogar es una cosa buena, pero si yo por estar en la tranquilidad de mi hogar, no salgo y no ofrezco a la sociedad y a la Iglesia lo que puedo brindar.

Cuántas personas he conocido con cualidades de predicación, de enseñanza, que podrían hacer mucho bien, y nunca tienen una tarde para ayudar a una catequesis, nunca tienen un rato para reunirse con unas personas y dar una enseñanza.

Con todo lo que té has recibido cuánto podrías dar, "pues talvez si, pero es que..." Se presentan los problemas de la fe, ¿no? "Las pantuflas, el perro, la pensión, la pijama, la pereza", y entonces con todas esas "pes" encima de esas personas..., han comido, pero sólo para sí mismos, no son capaces de compartir.

Esa comodidad de vivir sólo para sí mismo también se opone al servicio de Dios.

Y desde luego, pues hay todos estos que nos mencionan los mandamientos, la venganza, la envidia, la mentira, etc. Dios quiere que estemos y que vivamos libres, y nos ha dado sus mandamientos para que seamos libres.

Los diez mandamientos son un código de libertad, y por eso no se desobedece impunemente a los mandamientos, no se desobedece impunemente a Dios. lo que Dios dio por amor y para nuestro bien, no puede ser desobedecido sin que nos hagamos daño y sin que nos sobrevengan los males.

Si Dios dijo: “No adulteres, no forniques, no mientas, no robes, no envidies”, quiere decir que si nosotros desobedecemos a esos mandamientos, entonces sufriremos las consecuencias de la esclavitud que eso trae, y eso es lo que vemos en nuestra sociedad, la cual padece sobretodo por esa desobediencia a Dios.

El gran remedio de la sociedad es la obediencia a Dios, pero al parecer cuesta mucho trabajo que esto sea entendido y obedecido.

Aun en las cosas más santas se entran nuestros intereses, (eso nos lo muestra el evangelio de hoy), ¡que cosa más linda es ofrecer con amor sacrificios al señor, pues bien, eso se había convertido en un mercado, y por eso la acción drástica que toma Jesucristo, la cual seguramente nos impacta, esa íra santa del Señor.

Pero hoy quiero terminar estas palabras invitándoles, hermanos, a que nosotros le pidamos a Jesús que haga esta purificación, porque lo que estaba haciendo Jesús ahí no era estallando de rabia, lo que estaba haciendo era purificando el templo.

Y eso es lo que nosotros necesitamos, seguramente nuestra vida y nuestra alma es un templo! (así lo llama San Pablo), somos templo, pero un templo que debe ser purificado, por tanto hay que sacarle mucha idolatría a nuestro corazón, pero muchas veces uno no tiene fuerzas, precisamente porque en sus mieles y dulzuras los ídolos nos van envolviendo y nos van impidiendo.

Como casi cualquier cosa se puede volver un ídolo, incluso una mascota, un hijo, un esposo, la fama de una persona, los estudios, los libros, el conocimiento (cuánta gente se volvió atea porque sintió que en su cabeza tenía el universo entero, y ya no necesitaba de Dios), fíjate como una cosa buena se tornó en mala, pero como los ídolos tienen tanto poder sobre nosotros, necesitamos alguien más poderoso para que nos libere y eso es lo que trae Jesucristo.

Por eso no nos asuste Jesucristo en esta actitud tan vigorosa del evangelio de hoy, todo lo contrario, este es el día para decirle al Señor en nuestro camino cuaresmal: "Señor, libérame y límpiame también a mi".

"Muéstrame cuáles son mis idolatrías y quítamelas; límpiame, Señor, purifícame y quítame lo que me está estorbando, eso es peso muerto y con ese peso no puedo avanzar ágilmente en tu camino". Este es el evangelio para pedirle al Señor que nos limpie y nos purifique.

No recuerdo una escena más fuerte de Cristo que ésta en el templo precisamente mostrando que aun en las cosas más bellas y espirituales a veces se revuelven intereses que no son los de Dios.

Entonces tenemos que pedirle, " ¿Señor, no será que a este gusto por la predicación se le ha pegado un cierto ídolo de vanidad? Si es así, límpiame, Señor, purifícame, quita eso que no es tuyo. ¿No será que en este deseo de colaborar también hay un afán de protagonismo y una cierta soberbia? De ser así, límpiame, Señor". Y así sucesivamente.

¿Cuántas cosas se pueden unir a nuestras intenciones? Hay personas que buscan la religión como buscar una droga, como una especie de escape: "Señor, ¿será que yo a veces estoy buscando las oraciones y los retiros y la espiritualidad, huyendo de problemas? Si es así, si esta es una huida o escondite de mi comodidad y de mi cobardía, límpiame, Señor".

Este es el evangelio para pedirle al Señor que nos libere de todos nuestros ídolos, especialmente de los ídolos que se nos van pegando en el camino del servicio a Dios, porque son muchos.

Por ejemplo, se nos puede entrar el orgullo, la vanidad, un cierto fariseísmo: "Señor, si este camino en el que estoy va a traer como consecuencia que yo me considere del equipo de los buenos y que empiece a juzgar a todos mis vecinos o al resto de mi familia o a mis compañeros de trabajo, y que yo me vuelva verdugo de la raza humana y que crea que estoy muy alto, Dios mío, libérame de esa hipocrecía, de esa mentira, de esa crueldad y de esa manera de juzgar a los demás".

Pidamos al Señor libertad. El mensaje, en resumen, de la Palabra de Dios hoy es, libertad. Libertad que Dios nos ha dado sacándonos de Egipto, liberándonos del pecado; libertad que tenemos que conservar a través de los mandamientos; libertad que Cristo nos devuelve cuando nos purifica, como purificó el templo.