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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000319

Titulo: "Este es mi Hijo amado, escuchadle"

Original en audio: 9 min. 3 seg.


Hermanos:

Un ejercicio saludable para sacarle provecho a las lecturas que oímos en la Santa Misa, es preguntarse qué tienen en común.

A veces es difícil, otras veces es obvio, otras veces como hoy, hay que hacer de pronto un pequeño esfuerzo, pero realmente aparece ese elemento o esos elementos comunes.

Dios puede hacer muchas cosas con las lecturas que nos regala, porque cada lectura es como un plato delicioso y nutritivo que puede comerse de varias maneras. Una de las maneras es buscar este elemento común, por ejemplo, una palabra que se repite.

Hoy hemos escuchado lecturas de tres partes de la biblia: el Génesis, capítulo veintidós; de la Carta a los Romanos, en el capítulo ocho, y el Evangelio según San Marcos en el capítulo ocho, y encontramos un elemento en común: la palabra hijo.

En la primera lectura lo que se nos cuenta es que Abrahán siente que la voz de Dios le hace una exigencia inaudita: "¡Sacrifícame a tu hijo!"

En la segunda lectura lo que se nos cuenta es más asombroso aún, porque el sacrificio de Abrahán se pidió pero no se cumplió; la segunda lectura, la de la Carta a los Romanos, nos cuenta un sacrificio que ya no fue el hijo de una familia humana sino el Hijo eterno de Dios, que entrega la vida que había recibido de nosotros para nuestra salvación.

Aquí vamos entendiendo: la primera lectura nos cuenta un sacrificio espantoso que no se cumple, la segunda lectura nos cuenta un sacrificio salvador, salvífico, que da salvación y ese sí se cumple. Ese es el sacrificio del que nos habla Pablo. ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Esta es como una bandera para nosotros.

Cuando vengan las tentaciones y nos aturdan con su fuerza, cuando las persecuciones exteriores y las zozobras por el curso de los acontecimientos del mundo nos hagan temblar, esta bandera hay que levantarla: ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios?

Dice Pablo: "Dios es el que absuelve" Carta a los Romanos 8,31. Él no se quedó ni con su propio hijo, -Abraham sí pudo quedarse con su hijo-, Dios no se quedó con su propio hijo, lo entregó. Abraham no tuvo que entregarlo.

Estuvo dispuesto, y es un inmenso mérito, pero no tuvo que entregarlo. Dios sí lo entregó y no era el hijo de Abraham, era el Hijo de Dios.

La tercera lectura nos cuenta ese pasaje hermosísimo de la transfiguración. La transfiguración del Señor tiene su propia fecha, el seis de agosto celebramos la fiesta litúrgica de la Transfiguración del Señor.

¿Por qué aparece la Transfiguración en este segundo domingo de Cuaresma? ¿por qué? De acuerdo con el tema que traemos del hijo sacrificado, entendemos por qué aparece esta lectura de la transfiguración.

La clave está en la frase que dice papá Dios: -Este es mi Hijo" San Marcos 9,7 (otra vez la palabra hijo); "Este es mi Hijo muy querido" San Marcos 9,7.

Dios Padre como que nos deja sentir una chispita, un destello de ese amor inconmensurable por su Hijo y lo deja sentir con una efusión de gloria que deja atónitos a los apóstoles: "Este es mi Hijo muy querido" San Marcos 9,7.

Y cuando nuestro corazón está abierto por ver, abierto al corazón de Dios; viene el mandato: "Escuchadlo" San Marcos 9,7.

Por eso está esta lectura en Cuaresma, para que salga esta frase, para que Dios Padre nos diga a nosotros, a cada uno de nosotros, en todo tiempo, pero sobre todo en Cuaresma: "Mi Hijo, el que ha sido ofrecido por su salvación, mi Hijo el de la cruz, Él es un Maestro, la Palabra que necesitas, el alimento de su desierto, yo le amo, escúchale".

Esa palabra atraviesa toda la Cuaresma: "¡Escucha!" "¡Escucha!"

Oye otra versión: cuando se presenta un pleito, por ejemplo judicial, siempre hay varias versiones. Pregunta: ¿has oído la versión la versión de Dios? oímos la versión del gobierno, la versión de la policía, la versión de los guerrilleros, la versión de los paramilitares.

Cada uno de nosotros tiene su propia versión sobre el mundo y oímos todo género de cosas: que hay que tener optimismo, que todo depende de una actitud mental nuestra, que cambiemos de actitud y cambia el país, que este país está siendo gobernado desde fuera, que se ha perdido la soberanía, de aquello se puede oír.

Este tiempo, es un tiempo para decirle a Colombia: "¡Escucha, escucha la versión de Jesucristo, escucha la propuesta de Dios! Desde luego, antes de preguntarle a Dios qué piensa sobre el mundo o sobre Colombia, vale la pena hacerle esas preguntas con respecto a nuestra vida.

En este tiempo de Cuaresma, tiempo para preguntarle a Dios que busca mi vida: hay que escuchar, oír, oír la voz de Dios en la conciencia, en la predicación de la Iglesia, y sobre todo en la misma Palabra que se nos ofrece como alimento.

¡Qué hermosura, un hijo ofrecido y no sacrificado, el hijo de Abraham; un Hijo ofrecido y sacrificado, el Hijo de Dios, en Él brilla todo el amor del Padre y a Él hay que escuchar, porque en Él está el plan para mi vida, para tu vida y para la vida del mundo.