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Fecha: 19970601

Título: No debemos olvidar que en la celebracion del Cuerpo de Cristo se celebra tambien la Sangre de Cristo

Original en audio: 3 min. 49 seg.


De acuerdo con el testimonio del Evangelista Marcos, sólo un salmo, una breve oración separa el momento de beber el cáliz de la Sangre del Señor y el momento de encontrar ese cáliz en la oración en llanto de la Sangre de Getsemaní.

Un salmo, sólo un salmo separa la Cena de despedida de Cristo de su oración, de su ofrenda, de su intercesión en el Huerto de los Olivos.

Apenas hay un salmo de distancia entre esa Cena de hermanos y la soledad de Getsemaní; sólo hay un salmo de diferencia entre este Cristo, a quien vemos aquí como tan dueño de la situación, tan dueño de sí mismo, y ese otro Cristo, a quien escuchamos gemir, llorar, suplicar, que incluso, si fuera posible, ese cáliz, el cáliz de la Pasión, no tuviera que beberlo.

De manera que sólo hay un salmo de distancia del cáliz de la Pasión, del cáliz de la Cena. Ofrece Cristo el cáliz de la Cena y un salmo después se ve precisado a ofrecer el cáliz de la Pasión.

Primero ha consagrado la sangre de la vid, el vino, se ha consagrado como Sangre suya; y después ha de consagrar su propia Sangre como Vino de la nueva alianza. Y así hay sólo un salmo de distancia entre estas dos consagraciones: la sangre de la vid, que se vuelve Sangre de Cristo, y la Sangre de Cristo, que se vuelve Vino de la Nueva Alianza, en el dolor de la Pasión.

Y es preciso hablar así, especialmente de la Sangre, en la solemnidad de este día, porque las lecturas de este ciclo B insisten más que las otras en el misterio de la Sangre de Cristo.

Podemos recordar ciertamente que esta solemnidad funde en una lo que antes eran dos celebraciones: la celebración del Cuerpo de Cristo, todavía hoy recordada por sus palabras en latín "Corpus Christi", y la celebración de la Sangre de Cristo, una celebración litúrgicamente menor que la anterior, que iba durante bastante tiempo en fecha distinta a la del Corpus Christi, la celebración del Sanguis Christi, Sanguis Dómine.

Y casi siempre, cuando llegamos a esta solemnidad, el énfasis se pone por entero en la celebración del Cuerpo de Cristo, y se nos ha olvidado que en los antepasados, en el origen de la celebración que hoy tiene la Iglesia en esta fecha, está también la celebración de la Sangre del Señor.

Pero si se nos ha olvidado a nosotros, no se la ha olvidado a las lecturas que hemos escuchado, que cada una, a su manera, presenta ese misterio de la Sangre que es redención y que es fuente de una Nueva Alianza.