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Fecha: 20090111

Título: El secreto de Jesus es cumplir la voluntad del Padre Celestial

Original en audio: 11 min. 31 seg.

Esta es la fiesta del bautismo de Jesucristo, con esta fiesta termina lo que llamamos el tiempo de Navidad, y la primera pregunta que tenemos que hacernos es ¿por qué la Navidad termina con el Bautismo del Señor?

Estábamos celebrando hace poco, en muchos países, el domingo pasado estábamos celebrando la Epifanía, estábamos celebrando la manifestación de Jesucristo, entonces por ahí puede venir la explicación, mira, viene el nacimiento, viene la Epifanía y viene el bautismo, esos son como los tres pasos de este tiempo de Navidad.

El nacimiento de Jesucristo, su manifestación a los magos venidos de oriente y luego su manifestación como Mesías. Cristo manifestado como ser humano, en el regazo de María, Cristo manifestado como rey de Israel ante los magos de Oriente, Cristo manifestado como Mesías de Dios en el Jordán.

La palabra que domina la Navidad es la palabra manifestación, de lo que se trata precisamente es de conocer el amor de Dios, como he dicho en otras ocasiones, Dios no nos empezó a amar cuando Cristo nació, Dios no nos empezó a amar cuando llegaron los Magos de Oriente, Dios no nos empezó a amar cuando Juan empezó a predicar en el Jordán, pero ese amor de Dios estaba como escondido, estaba como oculto a nosotros, y un amor que uno no conoce es una vida que uno no tiene.

El amor que no conocemos no nos da vida, solo nos trae vida el amor que conocemos, el amor que recibimos, el amor que celebramos, y por eso, durante toda la Navidad lo que estamos cantando, lo que estamos celebrando es el amor se mostró, el amor se manifestó, dice el evangelista Juan, que Cristo, el Hijo, estaba como vuelto hacia el Padre y ahora se ha vuelto hacia nosotros y así nos ha dado a conocer las riquezas del amor que están en el Padre celestial.

Dice también el evangelista Juan, “a Dios nadie lo ha visto nunca” (1 Juan 4, 12) pero este Jesús, este Cristo nos lo ha dado a conocer, es decir, la carne de Cristo el nacimiento de Cristo, la Epifanía de Cristo y el Bautismo de Cristo, todo pertenece a una misma secuencia de manifestación del amor, a través de la carne de Cristo, a través de la Epifanía, a través del bautismo, lo que está sucediendo es que el amor se está dando a conocer, esa es tal vez la primera frase que podemos tomar como fundamental, como central en este momento.

¿Qué es la Navidad? es la celebración del amor que se ha dado a conocer, Dios ha ido mostrando, ha ido manifestando su amor, en este sentido va el comienzo de la Carta a los Hebreos “de muchas maneras nos habló Dios en otro tiempo por medio de los profetas pero en estos tiempos que son los últimos nos ha hablado a través del Hijo” (Carta a los Hebreos 1, 1-2).

El Hijo Jesucristo es la culminación de la revelación que venía desde antiguo, Dios ya le habló palabras de amor a Abraham, Dios habló palabras de perdón a David, Dios habló palabras de sabiduría a Salomón, Dios habló palabras de coraje a los Macabeos, palabras de valor, palabras de valentía, Dios habló palabras de esperanza y de reforma de las costumbres a través de los profetas, Dios ya venía hablando, pero esa secuencia, esa revelación progresiva tenía que tener un momento culminante y ese momento culminante, ese ápice y vértice de toda la revelación, ese es Jesucristo, por eso San Pablo nos dice que solo cuando llegó la plenitud de los tiempos apareció Cristo (Gálatas 4, 4-5).

Cristo es la plenitud del tiempo, Cristo es la manifestación plena, Cristo es como nos dice el evangelio de Lucas, es el sol mismo que nace de lo alto, (San Lucas 1, 78-79) no nace de abajo sino nace de lo alto, porque viene del Padre celestial y es el día sin ocaso como también lo llama el Libro del Apocalipsis.

Ese es Jesucristo y esta es la fiesta del bautismo del Señor, cada uno de nosotros tiene también su propia historia, cada uno de nosotros ha ido también escuchando la voz de Dios de a poquitos. Hace un momento, estábamos aquí reunidos con los niños, para esos niños esa fue una primera Epifanía tal vez o en todo caso una de las primeras, niños de 2, 3,4 añitos.

A mí me fascina el ejercicio de presentar a los niños el Santísimo Sacramento del altar, muchos se sienten extrañados, pero yo creo que si hay algo que se parece al rostro de los Santos Ángeles son los niños cuando miran la eucaristía, los que estaban aquí cerca pudieron ver la mirada de estos niños, es una combinación de asombro, de alegría, confianza, dulzura, amor, para ellos ya Jesús estaba dándoles una pequeña Epifanía, estaba manifestándoseles y así también nosotros, en nuestra historia, cuantas manifestaciones ha tenido el amor de Dios en tu vida, supongo que muchas, Dios te ha hablado para hacerle una parodia a la Carta a los Hebreos, Dios te ha hablado de muchas maneras, de muchas formas, Dios ha tenido sus profetas contigo.

Dios te ha dado voces, te ha llamado, a veces a través de su palabra directamente porque has leído la Biblia, otras veces a través de la predicación de alguien, quizás este mismo congreso, esta asamblea de oración ha sido una epifanía para ti, quizás tu en esta asamblea has descubierto algo que no sabias, quizás en cierto momento tú has sentido que Jesús es una realidad, es una verdad, no es una pura historia, no es una fábula del pasado, es presencia y es vida y es realidad, y está aquí hoy con nosotros, es decir, que eso que cuenta la Biblia de una serie de manifestaciones que llegan hasta la plenitud en Jesucristo, eso también se cumple en nosotros.

Y si queremos que esta eucaristía que estamos celebrando signifique algo, esta eucaristía tiene que ser epifanía para ti, tiene que ser manifestación, en esta eucaristía ha de mostrase más el corazón de Cristo y has de recibir más de la luz que el te trae, ese es el primer punto de esta reflexión, Jesús que se manifiesta, Jesús que al manifestarse nos revela el amor de Dios, la serie de manifestaciones de ese amor a lo largo de la Biblia, que tiene su vértice, que tiene su plenitud en Jesucristo, lo mismo que te sucede a ti en tu propia vida.

Si miramos el evangelio nos damos cuenta que tuvo de particular esta manifestación, resulta que el bautismo del Señor es algo así como la frontera entre la vida oculta y el ministerio público de Cristo.

El bautismo que recibió Jesucristo fue el momento de transición entre esa etapa en que El estaba como escondido a los ojos del mundo aunque siempre presente a los ojos del Padre, y ese otro periodo de su vida en que El se muestra y se manifiesta a través de la predicación del Reino de Dios a través de los milagros, a través de los exorcismos y sobre todo a través de ese camino que tendrá también una suprema epifanía en la cruz, porque en el portal de Belén El se mostró a unos pocos a José, a María, a los pastores.

En la visita de los Reyes magos se mostró a unos pocos a estos hombres venidos de oriente, pero luego cuando empezó su ministerio público se mostró a mas y mas personas, sobre todo se mostró a los más pequeños, a los más pobres, a los más pecadores, la letra “P” es muy importante, es la “P” de los publicanos, es la “P” de las prostitutas; pero sobre todo es la “P” de los pequeños, los pobres y los pecadores.

En su ministerio público que empezó a raíz del bautismo, Jesucristo manifiesta el amor de Dios, sobre todo para esos de la letra “P” prostitutas y publicanos, pero sobre todo los pecadores, los pequeños y los pobres y esos somos también nosotros, y Jesús nos llamó felices a nosotros, felices los que somos pobres, felices los que estamos en necesidad, felices los que no estamos saciados con las cosas de este mundo, felices los que nos sentimos incompletos, felices los que tenemos razones para llorar y para clamar y para esperar en Dios.

Felices, felices nosotros porque solo los incompletos pueden ser completados, la manifestación de Cristo es sobre todo para los incompletos, y por eso tenemos que aprender a mirar como una misericordia de Dios que nuestra vida sea incompleta, porque a través de aquellas cosas en las que nos sentimos incompletos, descubrimos también en primer lugar que hay un hambre infinita en nosotros que no podrá ser saciada por ningún ser humano, por ningún dinero, por ningún placer, por ningún lugar, por ningún trabajo, pero sobre todo descubrimos que esa hambre infinita encuentra respuesta en el alimento infinito.

Los alimentos de esta tierra son alimentos finitos, son alimentos que acaban, y por eso varios de ustedes tienen cara de hambre, y yo les podría preguntar ¿pero qué pasó, no hubo desayuno hoy? Y ustedes dirían -sí hubo pero eso fue hace ratito padre - ya eso se agotó, y por eso necesitamos nuevo alimento.

Hay un alimento que no se agota, hay un alimento infinito que responde al hambre infinita, y esa hambre infinita es la que está presente en los de la letra “P” los pequeños, los pobres, los pecadores, especialmente nosotros los pecadores, especialmente los que sufrimos porque alcanzamos a contemplar lo que sería una vida justa y coherente, pero a la vez nos sentimos lejanos de esa vida, la sentimos más allá de nuestro alcance, especialmente nosotros empezamos a experimentar el anhelo de un Dios que no acaba, el anhelo de un pan que no termina, de nutrirnos, es ese el pan del cielo, esa es finalmente la eucaristía.

El bautismo del Señor, es la frontera, es la transición entre su ministerio privado o digamos mejor su vida oculta, y su ministerio público, a través de ese servicio abierto, a través de ese servicio público, a la causa del reino.

Jesús manifestó que clase de Dios es Dios y esta es la frase más importante del evangelio quizás, porque no hay frase más peligrosa que decir yo ya conozco a Dios, aquel que dice conocer a Dios, se encuentra en el grave peligro, se encuentra en la gravísima tentación de no querer conocerlo más.

No terminaremos de conocer a Dios, porque no terminaremos jamás de explorar las riquezas del ministerio de Cristo, a través de sus exorcismos, a través de sus sanaciones, a través de su predicación, a través de lo que hizo y de lo que dejó de hacer, a través de lo que dijo y de lo que cayó, a través de lo que hizo y a través de lo que padeció, Jesucristo reveló cual es el estilo de Dios para que no creamos que conocemos a Dios.

El momento más feliz para un cristiano que esté enamorado de Cristo es llegar a un pasaje del evangelio que no comprende completamente, lo mejor que te puede suceder es llegar a esos pasajes del evangelio en los que Jesús te desconcierta, así como me desconcierta a mí.

Si Jesús te dice una de esas frases que El sabe decir, una de esas frases que lo deja a uno como mirando estrellas, y uno dice ¿qué querrá decir esto? ¿Quién podrá practicar esto? ¿esto para quien lo dirá? ¿Que será lo que quiere decir? Cuando llegamos a esas frases considerémonos bienaventurados, porque son esos los momentos en los que descubrimos que no conocemos a Dios, son esos los momentos en los que podemos aprender un poquito más de quien es Dios.

No hay ser más peligroso en esta tierra que el que cree que ya conoce a Dios, el que cree que ya conoce a Dios cree que ya conoce la verdad y cree que ya puede andar con un martillo criticando, juzgando y hundiendo a los demás porque Él es el único que conoce. Decía Santo Tomás de Aquino “de Dios es muchísimo más que lo que no conocemos que lo que sí conocemos”. Pero es paradójico porque en su ministerio público Cristo está manifestando a Dios y es paradójico que en esa manifestación lo que aprendemos es que no sabemos, por eso decía San Agustín, “hay de mí que ni siquiera se cuanto ignoro”.

Nosotros nos acercamos a este Jesucristo dispuestos a aprender todos los días dispuestos a recibirle todos los días como maestro ya que El por misericordia quiere recibirnos todos los días como discípulos, pésimos discípulos seríamos si no quisiéramos aprender de este maestro.

Entonces ¿que significa el bautismo del Señor? La transición entre la vida oculta y el ministerio público, el servicio abierto al reino de Dios ¿Y dónde está el secreto de ese ministerio público de Cristo? ¿eran unos poderes que El tenía? ¿Qué clase de poderes? Anda por ahí circulando un libro que hace muchísimo daño, un libro que tiene un título inocente pero que es sumamente perverso, absténganse de comprarlo, jamás lo recomienden, desháganse de modo que quede ilegible, ese libro se llama “Un Curso de Milagros” ese libro lo venden en muchas librerías, espero que jamás en una librería católica, pero lo venden en muchas librerías, es un libro que trae muchísimos malos entendidos, es un libro que genera espantosa confusión en las mentes, jamás lo compren, si lo tienen desháganse de él de manera que quede ilegible y no le haga daño a nadie más.

Entre las cosas que dice el libro “Un Curso de Milagros” es que se supone que le va a enseñar a uno como obtener curación y como hacerle curación a otras personas, o sea que casi equivale como a un manual de magia para el siglo XXI y la gran teoría de este libro, que es la misma teoría que aparece en muchas más literatura del estilo de la Nueva era, la New Age, la gran teoría de este libro es que las curaciones se logran a través de concentración mental.

Según este libro lo que uno tiene que hacer para una curación es lo siguientes pasos: y al contarles esto les quito la tentación de gastar su dinero envenenándose. Manera de hacer milagros, usted se relaja, pone la mente en blanco respira profundamente acumula su energía mental, la localiza sobre la palma de su mano y luego pone la palma de su mano sobre la parte enferma de la persona que usted quiere curar.

Según ese libro esa es la manera de hacer milagros, poder mental, poder de la mente, según ese libro esa es también la manera que utilizaba Jesucristo para curar, según ese libro las curaciones que hacia Cristo eran fruto de la energía mental de Cristo y como Cristo hacía ejercicios de meditación y de respiración según ese puerco libro, entonces Jesucristo se concentraba y se concentraba y el poder mental de Cristo era el que hacía las curaciones.

Según ese libro y según los libros que se le parecen, los milagros de Cristo eran acciones del poder mental, la energía mental de Cristo, y como esa energía mental también existe en cada uno de nosotros, según el puerco libro, entonces el asqueroso libro dice: que si uno acumula el poder mental entonces, por las instrucciones del bendito, que no es bendito sino puerco libro, usted puede hacer lo mismo que hizo Cristo, es decir, en resumen y sin chiste según este libro, el secreto de Cristo era mental, esa es la teoría de ese libro y esa es la teoría de la Nueva Era, que todo el secreto de Cristo era la mente, la concentración de la mente, concentrar la mente en un punto, dejar la mente en blanco, o si uno es uno oscurito de piel, dejar la mente en un solo punto.

Según ellos el secreto de Cristo era la mente, el poder mental, concentrarse uno, concentrarse mas y mas y a través de esa concentración lograr lo que uno quiere, esa es la definición de la magia, la magia es la acumulación de mi voluntad para lograr mi propósito, esa es la magia.

La magia es apelar a las fuerzas invisibles para lograr lo que yo quiero, cuando yo quiero por virtud de mi voluntad, eso se llama magia y la magia es la gran tentación del corazón humano, la magia fue la que se opuso a Moisés cuando Moisés llegó donde el Faraón, la magia fue lo que trajeron las esposas y concubinas de Salomón a Jerusalén y con eso envenenaron el alma del pueblo, la magia fue lo que tuvo esa perversa mujer, esa otra mujer llamada Jezabel que quería asesinar al profeta Elías.

La magia consiste en que el poder está en mi, la magia consiste en que se hace mi voluntad, la magia consiste en que mi capricho, mi deseo van por encima de lo que sea y yo utilizo, oiga esa palabra, yo utilizo las fuerzas invisibles, yo las utilizo, no sé si utilicé el verbo claro utilizar.

Todo mago utiliza las fuerzas de la mente o los demonios o lo que sea con tal de lograr un propósito, la magia es la pretensión de usar a Dios y si yo he llamado puerco libro a ese libro que describe así la vida de Cristo es porque es un puerco libro, y es un puerco libro porque quiere decir que el secreto de Cristo era la magia ¡y eso se llama blasfemia!

El secreto de Cristo no era la magia, el secreto de Cristo no es usar la divinidad para lo que yo quiero, esa es la magia usar la divinidad, usar el poder mental para lo que yo quiero, la magia me deja a mí en el centro, en la magia yo quiero ser el Dios que recibe los beneficios, los placeres, las utilidades, las victorias para mí, esa es la magia.

Que un libro quiera decir que la gente haga magia ya es un desastre; pero que se pretenda explicar la vida de Cristo con magia es un insulto, es una blasfemia, hace mucho daño, muchísimo y por eso yo te invito hoy a que hagas un propósito sincero de apartar de tu vida, de tu familia, de tu hogar y de tu casa todo lo que tenga aspecto de magia, la magia es “yo uso” “yo utilizo” lo invisible para lograr lo visible a favor mío, eso se llama magia.

Ese no era el secreto de Cristo, es muy fácil demostrar a través de los evangelios que el secreto de Cristo no era la magia, cuando yo conocí de ese libro que se vende abundantemente en Colombia y en otros sitios, ojalá no llegara esa clase de basura a este país, cuando yo conocí ese libro primero me dio risa y luego me dio rabia ¿por qué me dio risa? porque la persona que escribió eso se ve que no conoce nada de la Biblia, pero nada.

Haber, miremos el evangelio haber como son los milagros de Cristo, en una ocasión entra Jesús a una sinagoga había un hombre que tenía la mano seca, Jesús le dice párate en medio, estaban en esa sinagoga numerosos fariseos, nos dice el evangelista, Jesús echando en torno una mirada de ira les dijo, se puede o no se puede curar en sábado, ellos se quedaron callados, el evangelista continúa, Jesús lleno de enojo, de decepción, de tristeza le dice al hombre que está ahí parado, oye tu extiende tu mano y el hombre la extiende y queda curada (San Marcos 3, 1-5).

Ahora yo te hago esta pregunta, ¿está Jesús en relajación mental? Estaba muerto de ira de ver la dureza de la gente ¿estaba Jesús concentrando las fuerzas de su mente sobre la parte enferma? Entonces el secreto de Cristo no es la magia y el secreto de la vida cristiana no es la magia, el secreto de Cristo no es la magia y el secreto de la vida cristiana no es la magia.

¿Dónde puedo conocer yo el secreto de Cristo? ¿sabes dónde? En la fiesta de hoy, si yo le fuera a cambiar el nombre a la fiesta de hoy, si yo le fuera a poner un nombre con “marketing” un nombre publicitario a la fiesta que estamos celebrando hoy ¿sabes como la llamaría? “El secreto de Jesucristo” esa es la fiesta de hoy ¿sabes por qué? Pues miremos mas atentamente el evangelio según san Marcos que ha sido proclamado, “por esos días vino Jesús de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán, al salir Jesús del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu en figura de paloma descendía sobre El (San Marcos 1, 9-11).

¿Cuál es el secreto de Jesús? El Espíritu Santo, el secreto de Jesús es el Espíritu Santo, el secreto de Jesús no es el poder mental, el secreto de Jesús no es poner su ego, su yo, su proyecto, su plan, el secreto de Él es recibir la unción del Padre para que se cumpla el plan del Padre para que la gloria sea para el Padre y para que reine el Padre Dios, ese es el secreto, el secreto de Él, su secreto escondido, su secreto maravilloso, la intimidad de su misión, la profundidad de su oración, todo eso es el Espíritu Santo.

Hay un libro, no sé si les he hablado el que se llama “Un curso de milagros” el puerco libro llamado “Curso de milagros” quiere decirnos que el secreto de Cristo era la magia en la versión poder mental, porque la magia tiene muchas versiones, está el horóscopo, está la lectura de la mano, está el tarot, está el hi chin, está el feng chui y está el chop suey, a no ese es un plato chino.

Hay muchas versiones de magia, el libro, que para tratarlo con cariño llamaremos “puerco libro” dice que el secreto de Cristo era el poder mental y dice que ese secreto tu también te lo puedes aplicar, con lo cual quiere que tú te conviertas en un Dios de bolsillo que no admite y que no reconoce y que no adora al verdadero Dios, es decir que ese libro está predicando idolatría, nosotros oraremos por las personas involucradas en ese libro, por las personas que lo venden, por las personas que lo han leído.

Pero hay una cosa, por supuesto que el secreto de Cristo no es la magia, pero el secreto de Cristo sí que lo puedes tener tu, porque el mismo Espíritu Santo que Cristo recibió en su bautismo es el Espíritu Santo que tú recibiste en tu bautismo, es el Espíritu Santo que tu recibiste en tu confirmación y es el Espíritu Santo que tu invocas en el nombre de Jesús cada vez que dices en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Es el mismo Espíritu Santo, ¿Cuál es la diferencia entre el secreto del Espíritu y el secreto de la magia? ya lo hemos explicado pero lo vamos a repetir para beneficio de aquellos que dejándose llevar por el hambre, el cansancio y ese sol delicioso que entra cayeron en somnolencia, lejos de criticarlos y fustigarlos con mas palabras duras repitámoslo para ellos, la diferencia entre el secreto de la magia y el secreto del Espíritu, muy fácil, el secreto de la magia es que se haga mi voluntad, el secreto del Espíritu es que yo haga la voluntad de Dios.

El secreto de la magia es que yo use a Dios, yo quiero usar a Dios para lo que yo quiero, “necesito marido como sea, hágale un rezo, una hechicería, mándele lo que sea, marido” como Lucas con las galletas. Otros dirán “esposa, necesito esposa como sea. Donde hay una esposa, esa bandera parece una esposa”.

La magia es para aquellos que están obsesionados con bienes finitos, la promesa de la magia es un bien finito para honra y gloria tuya y para que se cumpla tu voluntad. La acción del Espíritu es para un bien infinito, no es para que tú uses a Dios sino para que Dios te use a ti.

Al recibir la unción del Espíritu Santo en su bautismo Jesucristo se puso completamente en la voluntad del Padre, Jesucristo se entregó al poder de la voluntad del Padre, Jesucristo abrazó la voluntad del Padre y así abrazado a ella caminó sobre esta tierra y así abrazado a ella abrazó también la cruz, porque esa era la voluntad del Padre y abrazado a la cruz derramó su sangre para que tu y yo tuviéramos vida según el designio del Padre, ese es Jesucristo y ese es el Espíritu Santo.

¿Qué hemos aprendido hoy? Hemos aprendido que toda la Navidad está en clave de manifestación y que hay una serie de manifestaciones en nuestra vida que tienen su plenitud en Jesús. Hemos aprendido también en qué consiste el bautismo de Cristo es la transición a su ministerio público y hemos aprendido que esta fiesta la podemos llamar el secreto de Jesús.

Nos falta el último punto, y cuál es la diferencia entre el bautismo que recibió Jesús y el bautismo que hemos recibido nosotros ¿cual fue esa diferencia? esta parte es más sencilla, el bautismo que recibió Jesús era señal de arrepentimiento de los pecados, ese era el bautismo que predicaba ese gran hombre llamado Juan que por el oficio que tenía lo llamamos Juan el Bautista.

Ese Bautismo tenía como propósito manifestar el arrepentimiento; pero hasta ahí llegaba, ese bautismo era una manera de ponerse uno ante Dios y decirle “Señor ¿sabe que? he fallado, realmente he fallado, es más, he fallado, hasta ahí llegaba ese bautismo.

El arrepentimiento es una cosa maravillosa porque el arrepentimiento abre la puerta para que Dios pueda empezar a orar, pero el bautismo de Juan no iba más lejos, sólo era preparación, era arrepentimiento.

Jesús recibió ese bautismo porque pertenecía a un pueblo que estaba arrepentido de sus pecados, de la misma naturaleza que al participar de la misma manera que al participar de nuestra naturaleza, Cristo participó de las debilidades propias de nuestra naturaleza, así también siendo parte del pueblo elegido tomó sobre sí las cargas del pueblo elegido, un pueblo pecador.

Pero la gran riqueza no está en el bautismo de Juan y por eso Juan mismo dijo “detrás de mi viene uno que es mayor que yo” el grande y verdadero bautismo está en Jesucristo ¿porque que es lo que recibimos nosotros en nuestro bautismo? La participación de la obra que Cristo realizó en la cruz.

Nosotros somos bautizados en el nombre de Cristo para recibir la obra que Cristo hizo, nosotros somos bautizados en el nombre de Cristo no solamente para expresar arrepentimiento sino sobre todo para aceptar misericordioso perdón, filiación adoptiva y vida nueva en Cristo, ¿esa vida nueva en Cristo como se nos comunica? con la efusión del Espíritu, es decir, en el bautismo recibimos este mismo Espíritu que recibió Cristo.

Mis hermanos, que fiesta tan grande y tan importante es esta del bautismo del Señor, es la fiesta del secreto de Jesús, es la fiesta en que comprendemos que solo puede hacer la voluntad de Dios aquel que tiene el Espíritu de Dios.

Que la gracia, que el poder, que la belleza de esta fiesta se adueñen de nosotros para que también a imagen de Cristo sirvamos al Padre Celestial con alegría y con abundante fruto. Amén.