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Fecha: 20030112

Título: En el Bautismo Dios nos declara su amor

Original en audio: 11 min. 31 seg.


Hermanos:

Les invito que miremos con los ojos del corazón esta escena tan hermosa del evangelio de hoy, el bautismo de Nuestro Señor Jesucristo.

Observemos una cosa, mis amigos, Jesús recibió nuestra naturaleza, tuvo un Cuerpo como el nuestro en todo semejante al nuestro; pero con su vida, con su amor, con su Espíritu, con su gracia y con su gloria transformó nuestra naturaleza.

De manera que Él recibió de nosotros una naturaleza humana; pero si ahora lo contemplamos en lo más alto de los cielos a la derecha de Dios Padre, ¿qué tenemos que decir? Que Jesús recibió nuestra naturaleza, pero transformó nuestra naturaleza. Algo así es lo que hay que decir sobre el día de hoy, vemos a Jesús que recibió el bautismo de Juan, Jesús recibió el bautismo, pero transformó el bautismo.

De manera que después de que Jesús se bautizó, el bautismo ya significa algo mucho más perfecto, infinitamente mejor que lo que ofrecía Juan, porque Juan solamente ofrecía el reconocimiento humilde de nuestra condición de pecadores.

Es una cosa muy importante, es un acto de justicia ante Dios, es un acto de humildad, pero no es la transformación de nuestro ser; en cambio, Jesucristo, que es el que tiene poder para bautizarnos con el Espíritu Santo, Jesucristo transformó ese bautismo y lo que nosotros recibimos en la gracia del bautismo, como hoy estos niños que fueron bautizados, lo que nosotros hoy recibimos, es mucho más grande.

Porque es verdad que reconocemos que somos pecadores, pero lo más grande no es lo que nosotros reconocemos, lo más grande es que en el nuevo bautismo Dios nos reconoce a nosotros, Dios reconoce en nosotros la imagen de su Hijo, Dios en el bautismo nuevo, ese bautismo que hemos recibido, Dios nos mira a través de los ojos de Jesús.

Los ojos de Jesús son la ventana a través de la cual nos mira Papá Dios, y nos regala su amor, y nos regala su poder, y nos regala su misericordia, y su sabiduría.

Por eso, hermanos, lo primero que tenemos que decir hoy es: Cristo recibió nuestra naturaleza y transformó nuestra naturaleza; Cristo recibió el Bautismo y transformó el Bautismo.

Ahora miremos un poco en qué consiste esta transformación, aprendamos del bautismo de Cristo, y así reconoceremos la dignidad de nuestro propio bautismo.

¿Qué pasó cuando bautizaron a Jesús? Pasaron tres cosas: se abrieron los cielos, descendió el Espíritu y se oyó la voz del Padre, tres cosas y esas tres cosas suceden también en nuestro Bautismo: se abren los cielos, ¿qué quiere decir eso? Que hay un camino, que hay una confianza, que hay un lenguaje, que hay una cercanía, nosotros ya no podemos pensar en un Dios que está lejos de nosotros, porque Dios se nos acercó en Cristo Jesús.

Se abrieron los cielos, pudimos y podemos entre ver nuestra patria, podemos hablar con confianza de hijos, podemos sentir que somos escuchados y amados como son escuchados y amados los hijos.

¡Qué importante, mis hermanos, saber que los cielos están abiertos! ¡Qué importante, mis hermanos, saber que esa es nuestra casa y que nuestra casa ya tiene la puerta abierta. Si uno se reconoce habitante de ese cielo, que ya tiene las puertas abiertas, les aseguro que uno corta con el pecado.

Cuando una persona se revuelca en los vicios, por ejemplo el adulterio, la mentira, la venganza, el alcoholismo, cuando una persona se revuelca como un marrano en su vicio, esa persona no conoce la dignidad que tiene, no conoce lo que Dios ha hecho por ella, esa persona no conoce que es hijo de Dios y que los cielos están abiertos.

Cuando uno sabe a qué casa pertenece, uno se porta como hijo de esa casa. Eso es lo primero que significa el bautismo, se abrieron los cielos.

Segundo: “El Espíritu Santo descendió como una paloma” San Marcos 1,10, ¿y qué viene hacer el Espíritu Santo en nosotros? Maravillas, hermanos, el Espíritu Santo jamás permanece ocioso, si el Espíritu Santo viene a nosotros nos enseña a orar, porque San Pablo nos dice que "uno no sabe orar, es el Espíritu Santo el que le ayuda a orar verdaderamente” Carta a los Romanos 8,26.

Si el Espíritu Santo viene a nosotros, entonces se va a cumplir lo que dijo la segunda lectura, dice aquí: “Pasó Él haciendo el bien”, Hechos de los Apòstoles 10,38, dice San Pedro refiriéndose a Nuestro Señor Jesucristo, “pasó haciendo el bien y curando a los que estaban bajo el dominio del diablo” Hechos de los Apóstoles 10,38.

Si tenemos el Espíritu Santo en nosotros, con el Espíritu podemos pisotear las obras de la serpiente, podemos vencer las estrategias del demonio, es mucho lo que hace el Espíritu; además, ustedes saben muy bien que el Espíritu Santo es el que da los dones, el don de la sabiduría, por ejemplo, es el que nos da el discernimiento, el don del temor de Dios, el don de la ciencia, el don de la fortaleza.

Con el Espíritu Santo en nosotros vamos a ser personas nuevas. El Espíritu de Dios obrando en nosotros hace maravillas y eso sucede también en el bautismo, porque dice el texto de hoy: “El Espíritu Santo descendió como una paloma” San Marcos 1,10.

En tercer lugar, se oyó la voz del Padre, ¿qué dijo papá Dios en aquella ocasión? Dijo: “Tú eres mi hijo muy amado, en ti tengo mi complacencia” San Marcos 1,11. Cristo es el Hijo predilecto, es el Hijo que agrada a Dios.

Eso es lo que hace el bautismo en nosotros, hace que nosotros seamos agradables a Dios, agradar viene de la misma raíz de agradecer y de agraciar, es decir, tener gracia delante de, encontrar gracia delante de Dios.

El que vive el bautismo, es como si estuviera oyendo una voz del cielo que le dice en todas partes: “Tú eres mi hijo amado, tú eres mi hija amada; me gusta tu vida, me gusta lo que haces, me gusta lo que dices, me gusta lo que piensas”. Y con esa fuerza de esa voz, ¿nosotros qué tenemos? Tenemos alegría, tenemos paz.

El que siente el amor de Dios en el corazón no anda mendigando amores en esta tierra. Y fijémonos, hermanos, que casi todos los pecados que cometemos son por estar mendigando amor; una persona que se siente amada de Dios puede dar amor y puede recibir amor; pero jamás estará mendigando amor.

Una cosa es dar amor, una cosa es recibir amor y otra cosa es mendigar amor, y nosotros cometemos muchos pecados porque andamos mendigando amor, porque no encontramos paz en el corazón. La paz y la alegría nacen de sentir que el corazón nos rebota, nos palpita, porque sabemos que Dios nos ama y esto nos lo da el bautismo.

Bueno, eso fue lo que aprendimos el día de hoy, aprendimos cuatro cosas que las voy a repetir. Primera: que Cristo recibió nuestra naturaleza y transformó nuestra naturaleza, de la misma manera Cristo recibió el bautismo, pero transformó el bautismo, ahora el bautismo es otra cosa, eso fue lo primero que dijimos.

Segundo: que el bautismo nos abre los cielos, somos de la casa de Dios. Tercera cosa: que con el bautismo viene a nosotros la fuerza del Espíritu Santo, que nos defiende del enemigo, que nos santifica interiormente y que nos concede sus dones y carismas.

Y como cuarto punto de esta homilía, hemos aprendido que en el bautismo oímos la voz del Padre que nos declara su amor y cuando nos sentimos poseídos por el amor de Dios, sentimos una paz y una alegría muy grande y ya no vivimos como mendigos sino como hijos.

Que Dios el Señor, en esta fiesta del bautismo, nos enseñe a vivir con gozo, a vivir con gratitud y a vivir con responsabilidad nuestro bautismo, esto que lo recordemos todos, pero que lo aprendan especialmente quienes fueron bautizados por misericordia de Dios.

Amén.