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Fecha: 19970112

Título: El mismo torrente de Espiritu que bautizo a Cristo es el que bautiza a cada cristiano

Original en audio: 6 min. 3 seg.


Esta fiesta sirve de quicio entre el tiempo de Navidad y el tiempo Ordinario.

La Navidad termina con la Epifanía, y pertenece a las múltiples celebraciones de la Epifanía, esto es, de la manifestación de Verbo Encarnado, esta fiesta del Bautismo del Señor

En el tiempo de Navidad hemos celebrado no sólo el ingreso del Verbo en nuestra historia, no sólo su Encarnación del Verbo, sino también las primeras manifestaciones de la gloria de este Verbo en nuestra carne mortal.

Y como una especie de cierre de estas manifestaciones, que empezaron con la Adoración de los Magos, la Iglesia está celebrando hoy el Bautismo del Señor, donde ya no es el testimonio de unos Sabios de Oriente, sino el testimonio del Padre y el testimonio del Espíritu Santo, el que muestra claramente quién es Ése que está recibiendo hoy el Bautismo, y que en sí está bautizando al universo.

"Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle" San Marcos 1,11. "Este es mi Hijo, el Amado" San Marcos 1,311, ¿y cuál es el amor que el Padre le tiene al Hijo? El don del Espíritu Santo. El amor que el Padre le tiene al Hijo es el Espíritu, y el amor que el Hijo le tiene al Padre es el mismo Espíritu. Y de esa manera, Cristo amado, ungido por el Espíritu, se convierte en Cristo amoroso, en Cristo amante.

Cristo, que recibe el amor del Espíritu, se convierte también en el dador del Espíritu. Porque no se puede recibir este amor que existe entre el Padre y el Hijo, sin transmitir este amor. Así como el viento no existe quieto, así el amor no existe sino amando. Y Por eso, cuando el amor por esencia, cuando este amor personal que es el Espíritu Santo toma una vida, al mismo tiempo la hace amada y amante.

No se puede recibir el viento y encerrarlo, uno no puede encerrar al viento. Pues bien, así también este amor no se se puede encerrar. El que pretende recibir amor, pero no dar amor, se queda con una falsificación del amor, se queda con un veneno, se queda con una mentira. Y cuando el agua no corre, sino que se estanca, se pudre. El agua de los ríos, que corren, está fresca; el agua de los floreros, detenida y confinada a un pequeño recipiente, se pudre.

Así también quiere Cristo que el Espíritu del Padre, torrente de amor, río de agua viva, viento impetuoso que ha llegado hasta Él y que lo ha convertido en el gran Amado del Padre, también en su condición mortal, quiere Crsito que ese amor, pasando a través de Él, después de ungirlo a Él y de hacerlo Cristo a Ël, nos haga cristos a nosotros.

Es hermoso pensar que al principio de la Navidad oíamos el Nombre santísimo del Salvador: "Se llamará Jesús" San Mateo 1,21. Y hoy se completa el Nombre Jesús, porque si ya se llamaba Jesús desde el Nacimiento, sólo se llama en verdad Cristo desde su Bautismo.

Y hoy, entonces, al despedir el tiempo de Navidad ya ha quedado completo el Nombre de nuestro Redentor: Se llama Jesús, el Cristo. Ya sabemos que se llama Jesucristo. Es Jesús, Jeshúa, nombre que significa "Dios salva". ¿Y cómo salva? Porque es Cristo, porque tiene la unción, porque ha sido ungido, porque ha sido untado, porque es poseído por el Espíritu, porque el Espíritu se comunica a Él sin medida.

Ese volumen de Espíritu, ese torrente de Espíritu, que bautiza hoy a Cristo, es el mismo Espíritu que bautiza a cada cristiano. Y ese Bautismo del Espíritu, que estaba apenas prefigurado en el Bautismo de agua, en el Bautismo de Juan, es el Bautismo que nosotros hemos recibido, para también nosotros irnos en ese viento, dejarnos llevar por ese torrente, navegar en esa corriente de gracia, de ternura, de amor.

¡Ay, que ninguno de nosotros quiera detener esa agua! Porque lo único que presenciará es cómo se le pudre el amor en el alma. No vamos a detener, no vamos a apresar ese viento. Más bien, que sea Él el que nos aprese a nosotros, que sea Él el que nos lleve a donde Él quiera, y que a través de nosotros haga brillar con fuerza el rostro de este Hijo, el Amado.

¡Que sepa el mundo que Dios nos ama! ¡Que sepa el mundo cuán grande es su amor!

Amén..