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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060528

Título: Nuestra vocacion es el Cielo

Original en audio: 12 min. 58 seg.


Quiero empezar contándoles una historia de la arqueología. Un grupo de científicos estaba investigando unos restos muy antiguos de decenas de miles de años en África. Se sabía que eran restos de alguna especie, probablemente, cercana a los humanos.

Como hay todo un proceso que explican los científicos y toda una serie de pasos que parece que se han dado hasta llegar a lo que llamamos el “homo sapiens”, entonces estos científicos estaban investigando sobre los restos que habían encontrado para ver si se trataba de un “australopitecus” o se trataba de un “homo faber” o un “homo erectus”, o no sé, todos esos nombres que ellos tienen para todas esas especies humanas, o humanoides, o en proceso de hominización.

Pero la historia importante va a que ellos querían saber si se trataba verdaderamente de seres humanos o si más bien tenía que dársele la clasificación de “primates”; finalmente hubo consenso: se trata de seres humanos.

¿Cómo llegaron ellos a esa conclusión? A través de esa investigación encontraron que algunos de esos restos habían sido sepultados y habían puesto, las personas que habían enterrado los cadáveres, habían puesto útiles personales. ¿Qué serían? Sencillos pedazos de piedra, por ejemplo, hachas o cosas parecidas.

Resulta que en esa época prehistórica, pues, un hacha era un lujo muy grande porque hacer un hacha tomaba mucho tiempo, y toma mucho tiempo. Hacer un hacha de piedra es una cosa bien difícil, y muchas de esas hachas, muchas de esas piedras afiladas tienen una capacidad cortante que asombra todavía hoy. Algunas veces es superior al del mismo metal que conocemos hoy.

Pero lo interesante es que los científicos hacían este razonamiento: si una persona se desprende de un hacha que es tan preciosa, para sepultarla con un cadáver, ahí hay algo, ahí hay algo.

Y esa parece que es una de las señales o una de las líneas divisorias más interesantes y más decisivas que han encontrado los científicos en la separación entre lo que es humano y lo que no es humano.

No se ha encontrado el primer chimpancé que tenga ese cuidado de enterrar a su amada chimpancé con algo. Los animales no toman ese tipo de cuidado. El que se murió, se murió.

En cambio, los humanos, incluso desde esas épocas, decenas de miles de años o centenares de miles de años siempre con una sensación de que tiene que haber algo, claro, es un misterio muy grande, ¿no? El misterio de la muerte es un misterio muy grande y no es tan fácil de resolver ese misterio: qué es lo que hay, qué es lo que realmente hay después de la muerte, eso es muy difícil de responder.

Pero lo que sí parece es que en todas las culturas ha habido siempre como primera tendencia esa sensación de que hay algo, hay algo, hay una aspiración al infinito, hay una aspiración a la eternidad, hay una aspiración a la inmortalidad. Y por eso encontramos ese deseo de sobrevivir, ese deseo de ser inmortales.

Toda esta historia científica y arqueológica es para destacar cómo el deseo de la eternidad, el deseo de la inmortalidad, el deseo de una vida que no acabe es algo que está tan profundamente escrito en el corazón humano, que incluso sirve de criterio para separar a los animales unos de otros, o mejor, para separarnos a nosotros de los demás animales.

Se han hecho descubrimientos sorprendentes últimamente en lo que se llama la inteligencia animal. Por ejemplo, se ha descubierto que los delfines son capaces de darse mutuamente especies de nombres.

Claro, el lenguaje de ellos es un lenguaje que a nosotros nos suena como especie de silbidos o pitos, pero parece que ellos utilizan un sistema elementalísimo, pero lo utilizan, un sistema de nombres para llamarse los unos a los otros.

Hay cosas sorprendentes. Otra noticia que sacaba "Scientific American" no hace mucho, era con respecto a los progresos que pueden hacer, por ejemplo, los orangutanes cuando se les entrena, cuando se les somete a ciertas pruebas y rompecabezas. Ponen a unos orangutanes chiquitos a resolver rompecabezas y les van desarrollando el cerebro hasta un cierto punto, no es que se logre todo.

Pues aunque nos asombren esas cosas sobre orangutanes, o ballenas, o delfines, o nos asombren otras cosas maravillosas, como las abejas ¿no? Las abejas son unas maravillas increíbles. Que yo sepa sólo este año, o si acaso el año pasado, se pudo aclarar el misterio del vuelo de las abejas.

Aerodinámicamente la abeja era una animal que se supone que no debería poder volar y resulta que, pues, vemos a las abejas volando, ¿cómo vuelan las abejas?

Utilizando cámaras extra rápidas lograron aclarar el vuelo de las abejas, pero eso fue en el año dos mil cinco o dos mil seis. Y así la naturaleza está llena de maravillas.

Las abejas, cuando encuentran un lugar donde hay buen polen, para contarle a las demás abejas dónde está ese polen, utilizan una danza especial, haciendo una especie de número ocho, y en ese número ocho, hay que imaginarse la geometría del número ocho, porque los ejes del número ocho, de acuerdo con la posición del sol, indican en dónde está el panal.

Pero eso fue descubierto también no hace mucho. Son sistemas realmente avanzados, es una cierta tecnología. Quien ve a las abejas y las abejas utilizan el ángulo de elevación del sol sobre el horizonte, cuando llegan al panal, como un indicador al hacer la danza de su número ocho o su especie de ocho que ellas no le darán ese nombre, para indicar en dónde está el alimento nuevo que encontraron.

Sí, la naturaleza está llena de maravillas: que los delfines se pongan nombres, y que los chimpancés resuelvan rompecabezas; pero la aspiración del infinito, esa es la fiesta en la que estamos hoy, mis hermanos, que nosotros tenemos un pedazo, tenemos un hueco, vamos a describirlo de esa manera, tenemos un hueco en el corazón; y no hemos encontrado otra especie, ¿quién sabe si habrá extraterrestres.

Pero por lo menos, en lo que hemos visto en esta tierra, no hemos encontrado otra especie que tenga ese mismo hueco, esa especie de deseo de infinito, esa especie de anhelo de Cielo. Y es muy importante que nosotros en esta fiesta de la Ascensión del Señor, recordemos eso, que nuestra vocación es el Cielo.

Decía el Cardenal Paul Poupard que trabaja en el diálogo entre la fe y la cultura; es el oficio de él allá en el Vaticano; decía el Cardenal Paul Poupard, que sí se puede sacar a Dios del corazón humano, pero el precio es despedazar el corazón humano.

Y efectivamente, allí donde no hay una referencia a Dios, la vida muy pronto se vuelve demasiado gris, se vuelve insoportable, le produce a uno ganas de vomitar. Esa expresión tan fuerte no es mía; es de un ateo, Jean Paul Sartre. Él decía que la vida le producía náusea, ¿no?

Esa es su famosa obra que sirvió de inspiración para que se suicidara una cantidad de gente. Leían a Jean Paul Sartre y quedaban listos para suicidarse.

Porque Sartre les describía el mundo de un modo tal, en el que no podía caber un Dios infinito, no podía caber una esperanza más allá de esta vida; y parece que cuando no hay esa esperanza, cuando no hay ninguna posibilidad de Cielo la vida se vuelve insoportable, y mejor es acabar con ella.

Tenemos el Cielo inscrito en nuestro corazón, hermanos; tenemos un hueco grande y ese hueco grande es el anhelo del infinito, de la comunión con Dios, de estar para siempre con Él.

Incluso esos seres primitivos, vamos a llamarlos. Tal vez la palabra no se ajusta antropológicamente hablando. Esos seres allá en África hace centenares de miles de años, ellos ya tenían ese hueco que tenemos nosotros, ese vacío, ese anhelo, y por eso no se sentían capaces de abandonar a los que iban muriendo, abandonarlos así no más. Sino que querían regalarle algo de amor a ese que había muerto.

Entonces, en esta fiesta de la Ascensión del Señor, démosle gracias a Jesús, porque Él nos ha mostrado un camino. Lo que nos está mostrando Jesús en su Ascensión es que ese hueco puede ser llenado, pero únicamente puede ser llenado por el infinito de Dios.

Claro, la frase que hay que repetir aquí es la que ya conocemos de San Agustín: "Nos hiciste, Señor, para ti; nuestro corazón estará inquieto hasta que pueda descansar en ti". Y yo creo que esa es la realidad del corazón humano.

Pidámosle al Señor que nosotros mismos nos saciémos, llenemos nuestros vacíos en Dios.

A nosotros no nos va a llenar nada de esta tierra. Incluso teniendo ciertas posibilidades económicas, incluso contando con buenos amigos y con un buen trabajo, incluso teniendo el afecto de unos hijos o de una esposa, si no hay ese infinito, ahí queda todavía ese hueco. Y por eso nosotros queremos llenar nuestro vacío, nuestro vacío más profundo únicamente en Dios.

Lo cual significa que no pongamos demasiada esperanza en nada ni en nadie de esta tierra. A veces uno se fía demasiado de las personas, demasiado,demasiado.

Y entonces uno empieza a exigirle demasiado a la gente, a exigirles demasiado a los hijos, o a exigirle demasiado a los papás, o esperar a que la esposa nunca se equivoque, y que sea siempre una maravilla que seduce, o a esperar que el esposo siempre sea sabio, y ecuánime, y fuerte, y amoroso. Empezamos a esperar el infinito de la gente, y la gente, pues, también tiene el mismo vacío de nosotros.

Es muy lindo tener una familia, es maravilloso tener amigos, es muy reconfortante tener un buen trabajo o tener salud, pero ese hueco del corazón humano lo puso Dios y únicamente lo llena Él.