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Fecha: 20000604

Título: Con su Ascension, Cristo nos muestra las dos caras de la libertad: ser libres de y ser libres para

Original en audio: 9 min. 9 seg


Las apariciones de Cristo resucitado trajeron fe a los discípulos. Para los discípulos, la Cruz, había sido el final, la derrota, el fracaso total.

Cristo se aparece a ellos como Señor y les da pruebas de que está vivo y de que da vida; les muestra que ninguna barrera puede ya detenerlo, ni la roca pesada del sepulcro, ni la guardia del Procurador romano, ni las maquinaciones de los judíos de aquella época, ni las puertas cerradas por miedo a los mismos judíos.

Jesús resucitado atraviesa todas las barreras, como dice muy bien San Pablo: "La muerte ya no tiene poder sobre Él" Carta a los Romanos 6,9. Este es el primer elemento que debemos recordar en esta Fiesta de la Ascensión.

Ya no hay barreras para Jesucristo, Él entra estando las puertas cerradas; nadie le puede decir: "Hasta aquí no más"; Él entra, y el que atraviesa las puertas cerradas, ése también puede atravesar corazones encerrados y sellados, como era, por ejemplo, el corazón de Pablo, que estaba cerrado y sellado y que no podía creer.

Pero a ese corazón que estaba con las puertas cerradas, Cristo se le entró, porque no hay ninguna barrera que pueda detenerlo.

La Resurrección de Cristo es la caída de toda barrera, por eso dice San Pablo que toda nuestra fe depende de este misterio de la Resurrección, porque lo máximo que se le puede hacer a una persona es aniquilarla, destruirla, eso es lo máximo que pueden hacer los poderes de este mundo.

Lo peor que se le puede hacer a alguien es anularlo, cancelarlo, matarlo; pero eso ya lo intentaron con Cristo, y Cristo venció a los que hicieron eso, porque salió del sepulcro.

Cristo vence las barreras, rompe las cadenas; una piedra pesada no es pesada para Cristo; unas puertas cerradas no están cerradas para Cristo; un corazón incrédulo no es un corazón imposible para Cristo; una nación difícil no es una nación difícil para Cristo, y una situación imposible no es una situación imposible para Cristo.

Porque el Resucitado goza de libertad, es libre, libre para visitar mi alma, para entrar en mi casa, para meterse en mi corazón, para sacar la basura de mi vida. Cristo es libre para llegar a mi familia, para implantar el perdón donde sólo cabía el odio, para reemplazar los insultos con palabras de tolerancia.

Cristo es libre, Cristo es libre para llegar, y allí donde sólo había malos entendidos, traer el lenguaje que une a las personas; donde sólo había impureza, donde sólo había obscenidad, palabras de doble sentido y vulgaridad, entra Cristo con su Carne santa, virginal, cargada de la primavera de los cielos, y trae un perfume nuevo.

¡Cristo es libre! Este es el mensaje grande de la Resurrección.

Los Apóstoles, en cada una de las apariciones de Jesucristo, fueron aprendiendo lo que significaba esta libertad. ¡Cristo es libre! Pero Cristo conquistó esta libertad no sólo para Él. "A los que crean, -dice el evangelio-, los acompañarán estos signos" San Marcos 16,17, que son los signos de la libertad.

"Si a usted pretende el demonio asustarlo, sepa que usted expulsará demonios en mi nombre; si usted siente que hay barreras del idioma, de cultura, sepa que usted hablará nuevas lenguas; si pretenden acecharlo, enredarlo con las serpientes o con venenos mortales, usted saldrá victorioso".

Cristo ha conquistado su libertad no sólo para Él, sino para aquellos a quienes Él ama, que somos nosotros. ¡Cristo ganó nuestra libertad!

¿Y cuál es la razón para que yo sea libre? Que estoy unido al que es la Fuente de la libertad, y unido a Él, ya atravieso barreras, me entro en la vida de la gente, tengo una palabra que puede penetrar corazones; unido a Él soy instrumento de un Espíritu que es más fuerte que todas las maquinaciones de este mundo.

¡Es fantástico ser cristiano! ¡Es increíble creer! Es un tesoro que no se detiene ni en mi familia, ni en mi país, ni en mi pensamiento; es más grande que todo lo que yo puedo imaginar.

En cada una de sus apariciones, Cristo catequizó: Él da libertad, la verdadera libertad. Pero esta última aparición visible fue la más grande de todas.

Es hermoso sentirse libre de los venenos mortales, libre de las serpientes, libre de las rocas pesadas del sepulcro, libre de las barreras lingüísticas o culturales, pero toda esa se llama liberta de: libre de cadenas, libre de la muerte, libre del veneno de la serpiente.

Hoy aprendemos que la libertad de Cristo tiene otra dimensión: libres para, no sólo ser libres de, somos libres de nuestro pasado que queda atrás porque ha sido vencido por Jesús. Pero lo más hermoso no es ser libres del pasado, sino ser libres para el futuro en Dios, y eso es lo que Cristo enseñó con esta última aparición, que nosotros llamamos su ascensión.

Cuando el Resucitado, ante la vista de los Apóstoles, sube, sube, más hasta allá de todo límite conocido y penetra en el misterio de la nube, la nube en el Antiguo Testamento era la señal de la presencia de Dios; cuando Jesús sube, sube y nadie le puede detener, y entra en la nube, allá, allá, nos está diciendo la vocación última de la libertad.

No sólo somos libres del pecado, libres de las asechanzas del mundo, libres de los ataques del demonio. El demonio nos tienta de muchas maneras, intenta enredarnos con las tentaciones, con la tristeza, con el recuerdo del pasado; el demonio intenta enredarnos de muchos modos y lanza sus serpientes; no tenemos miedo, somos libres.

Pero hay una libertad que no sólo es ser libre de las serpientes ni de los venenos: "Soy libre para mi Dios; soy libre para el amor de Dios; soy libre para Él, ya no sólo tengo un pasado que ha quedado vencido, tengo un futuro maravilloso; tengo un futuro esplendoroso junto a Cristo; mi vocación, mi camino último está allá con Él, en el seno de Dios Padre, en el abrazo sin término del Reino de los Cielos.

¡Qué hermosa enseñanza! ¡Qué hermosos que Cristo nos muestre las dos cara de la libertad! Casi siempre cuando uno dice: "Soy libre", o "quiero ser libre", piensa en ser libre de; pero Cristo hoy nos enseña a ser libre para: "Soy libre para la vida, para el cielo; soy libre para el amor, para Dios, para mi Padre; soy libre para Él".

"Tengo un camino, tengo una casa; las puertas están abiertas: las abrió mi Señor y Salvador".